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LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS
Joaquín Bochaca

Primera parte      Segunda Parte    TERCERA PARTE

PROLOGO

PARTE I

PARTE II

PARTE III

LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD

EL SAQUEO DE ALEMANIA

LOS CONSEJOS DE LA VENGANZA

DOS ACTITUDES

SEVICIAS CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL

DEPORTACIONES MASIVAS DE ALEMANES EN EL ESTE DE EUROPA

LA " REEDUCACIÓN " DE ALEMANIA

EL CASO WIESENTHAL

TRAFICO DE ESCLAVOS EN EL SIGLO XX

PATTON Y MORGAN

LOS "AUSLANDSDEUTSCHE"

LOS EXPOLIOS TERRITORIALES

EL EXTRAÑO CASO DE AUSTRIA

LA OPERACIÓN "KEELHAUL "

LA LIBERACIÓN DE EUROPA

EL CASO DE ITALIA

LAS PARADOJAS INGLESAS

RESUMEN NUMÉRICO DE LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS

LOS BUENOS Y LOS INTELECTUALES

FINIS CORONAT OPUS

EPILOGO: LOS ZÁNGANOS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE


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LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD
Siguiendo el camino que nos hemos trazado, tras los "Crímenes contra la Paz" y los "Crímenes de Guerra" -para usar la terminología del Tribunal de Nuremberg-, vamos a ocupamos ahora de los denominados "Crímenes contra la Humanidad", es decir, "los referentes a los malos tratos contra grupos raciales, civiles o religiosos determinados en razón a su pertenencia a los mismos".

El primero de los crímenes que contra "la Humanidad" se cometió fue, a nuestro Juicio, la prolongación innecesaria de la guerra. La exigencia de una rendición incondicional fue oficialmente definida en la Conferencia de Casablanca. Según varios autores norteamericanos, biógrafos de Roosevelt, fue el Secretario del Tesoro, Henry Morgenthau, quien se mantuvo, en Casablanca, permanente junto al Presidente para que permaneciera inflexible y no aceptara fórmulas de compromiso de paz negociada, tal como hubiera preferido, posiblemente, Churchill. [511]. En todo caso, fuera o no Morgenthau el instigador, lo esencial es recordar que, como hemos visto al estudiar los "Crímenes contra la Paz", Roosevelt era, virtualmente, un prisionero de su Brain Trust, y era éste quien tomaba las decisiones. Pero lo que no se puede negar a Morgenthau es que fue él el autor del siniestro plan de su nombre. En efecto, por el plan Morgenthau se planeaba convertir Alemania en un "país pastoril", privándole de todos sus recursos. De este modo, se especifica cínicamente en el Plan Morgenthau "Alemania, en pocos años, se convertirá en un país de unos 40 millones de habitantes, en vez de 90 millones". El Plan Morgenthau, adoptado en la Conferencia de Quebec, es una grandiosa e innegable prueba histórica de que el Alto Mando del Sionismo preparó, a sangre fría, asesinar a una Nación. Un escritor Judío, William L. Newman, afirmó que "el propósito de este Plan es transformar a Alemania en un país nómada y pastoril, con un mínimo de agricultura". [512]. El Plan Morgenthau empezó a ponerse en práctica al día siguiente del Armisticio del 9 de mayo de 1945, y sólo se detuvo al cabo de dos años, por imperativos de la "guerra fría" y por un cambio de política de los Poderes Fácticos.

* * *

Pero si el Plan Morgenthau no se llevó íntegramente a la práctica, sí se llevó a la práctica el menos conocido Plan Kauffmann. Theodore Nathan Kauffmann, un sionista de pasaporte norteamericano pero nacido en Alemania publicó en 1941, unos meses antes de que su patria de adopción entrara oficialmente en la guerra, un libro [513] en el que afirmaba que, al final de la contienda, Alemania debería ser completamente desmembrada. La población civil alemana, hombres y mujeres, sería esterilizada, con objeto de asegurar la extinción total de Alemania. Los soldados presos o los desmovilizados, tras ser esterilizados, deberían trabajar como esclavos para los países aliados.

El libro alcanzó una notable difusión en todo el mundo, incluyendo Alemania. Hemos dicho que el Plan Kauffmann se llevó a la práctica, aunque no literalmente. Desde luego Alemania sí fue desmembrada; desde luego millones de soldados alemanes sí trabajaron como esclavos durante muchos años, como más adelante veremos, pero los alemanes no fueron esterilizados... físicamente. Pero sí lo fueron espiritualmente, al menos en una gran parte, hasta el punto de que hoy día Alemania tiene una demografía regresiva; tiene más óbitos que nacimientos. Pero sigamos adelante. Y mencionemos el libro de otro hebreo, Maurice León Dodd [514] en el que el autor proclama que los alemanes que sobrevivan a los bombardeos aéreos deberán ser vendidos como esclavos a las colonias anglosajonas o francesas, o regalados a los rusos. Otro correligionario suyo, Charles G. Haertmann [515] exige el exterminio físico de los alemanes, o "al menos, el 90 por ciento".

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Einzig Palil, un sionista de nacionalidad canadiense sostiene una posición similar [516] exigiendo el desmembramiento de Alemania y la total demolición de su industria. Ivor Duncan, sionista inglés, en un divulgadísimo artículo periodístico titulado "La secuela del Pangermanismo" aconsejaba la esterilización de 40 millones de alemanes [517] aquilatando el costo total de esa optación en unos 5 millones de libras esterlinas. Todavía otro sionista, Douglas Miller, éste de nacionalidad norteamericana, estimaba que 80 millones de alemanes eran demasiados. Humanitario el hombre, rechazaba los sistemas drásticos, pero preconizaba una regulación de las importaciones y las exportaciones, de manera que unos cuarenta millones de alemanes perecieran de hambre [518].

Pero el ejemplo más curioso es el libro de otro sionista, éste de Nueva York, Maurice Gomberg "A New World Moral Order for Permanent Peace and Freedom" (Un nuevo orden moral mundial para la paz y la libertad permanente). Este Gomberg era un hombre enteradísimo de los entresijos de la Gran Política Mundial. En su libro aparece un mapa de lo que será el mundo después de la guerra. En dicho mapa Rusia se ha anexionado media Polonia, los Estados Bálticos, Rutenia Transcarpática, Besarabina, Bukovina, Prusia Oriental, y Carelia Septentrional. También se ha anexionado las Kuriles y el Sur de la isla de Sakhalin, así como Manchuria. China, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Albania, Yugoeslavia, y Bulgaria aparecen como estados "vasallos" de la URSS. Alemania está partida en dos trozos. También se hallan divididas Corea, Indochina y Berlín. Este reparto del mundo, como sabemos, coincidiría con el que, cuatro años después, acordarían Roosevelt y Stalin con un Churchill cada vez más "descolgado" en Yalta. Aún hay más cosas en ese mapa "profético". Los imperios ultramarinos inglés, holandés y francés, han desaparecido, pasando como "vasallos", ora a la URSS, ora a los USA... ¡Qué premonición más fantástica!...

¿No parece increíble?... Sobre todo, si tenemos en cuenta que el libro fue escrito antes de Pearl Harbour, es decir, antes de la entrada de los Estados Unidos en la contienda.

Todo esto se sabía en Alemania y, como es natural, endureció aún más la resistencia del país, costando millones de vidas a alemanes y aliados la prolongación innecesaria de la guerra y siendo causa inmediata del hundimiento de los imperios coloniales de los enemigos de Alemania, excluyendo a la URSS y, por unos pocos años, a los USA. Debemos tener muy presente, que la exigencia de una rendición incondicional no tiene precedentes en la Historia Universal.

Morgenthau, además, organizó una "Sociedad para la Prevención de la III Guerra Mundial", en la que se exigía que todas las cláusulas relativas al desmembramiento de Alemania fueran llevadas a la práctica. Los bienes de los alemanes en países beligerantes, e incluso, neutrales, debían ser incautados por los gobiernos aliados. A los hombres de negocios americanos no se les concederían visados para visitar Alemania. No se concederían visados a alemanes para emigrar a los Estados Unidos. Sé prohibía el matrimonio de mujeres alemanas con soldados americanos. Las comunicaciones postales con Alemania no debían ser restauradas en dos años. Varias de estas exigencias se cumplirían al pie de la letra; otras no fue posible aplicarlas por su propia demagogia y por el cambio de política que las circunstancias impondrían a partir de 1948. Con todo, el daño causado a Alemania por esa pacífica sociedad. fue notable. ¿Quiénes eran sus componentes? Pues eran Juliys Goldstein, Isidor Lischutz, Emil Ludwig, Erich Mann, E. Amsel Mowre, Aarón Shipler, Louis Nizer, W.E. Shirer, F.W. Foerster, Guy Emery, Cedrik-Forster y el inevitable Morgenthau. Todos judíos. Será casualidad o lo que se quiera, pero todos esos pacíficos ciudadanos americanos eran judíos. Quien no era judío, pero sí cripto-comunista, como más tarde quedaría ampliamente demostrado, era Richard B. Scandrette, miembro prominente de la Comisión Americana de Reparaciones, creada bajo los auspicios de Morgenthau. Scandrette en un informe ante el Congreso [519] declaró

"No debemos tener misericordia para con la población civil, pues es culpable de haber asistido a Hitler hasta el final. Hay que mantener a ese país en un status puramente agrícola y pastoril; todas las industrias deben ser desmanteladas; los soldados alemanes deben servir como trabajadores forzosos en Rusia e Inglaterra. Nadie debe quedar exento de castigo, ni siquiera las Iglesias, que también son culpables en Alemania, especialmente la Católica". [516]

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EL SAQUEO DE ALEMANIA
Debemos abreviar. Sobre el saqueo de Alemania podría escribirse un libro del tamaño de una enciclopedia. Nos limitaremos a esquematizar al máximo, partiendo, como siempre, de fuentes de parte contraria, o, como mínimo, neutrales. Desde Mayo de 1945 hasta Junio de 1954, es decir, en 9 años, las expropiaciones impuestas a Alemania, según fuentes emanadas de la propia República Federal (que, como gobierno impuesto por Washington que es, es más antinazi que el estado de Israel), se desglosan así:

El saqueo de AlemaniaMillones DM
a)Valores confiscados según sentencias de los tribunales de "Desnazificación"108.500
b)Botín de las tropas de Ocupación [520]15.000
c)Confiscaciones "indirectas", tales como expropiación de la Flota Mercante, etc.138.100
d)Pérdida causada por la "reforma" monetaria impuesta por los Aliados Occidentales198.000
e)Pérdida causada por los "billetes de Ocupación" emitidos por los Aliados46.000
f)Desmantelamientos de fábricas [521]10.000
g)Pérdidas causadas por la limitación artificial del precio del carbón84.000
h)Confiscación de valores alemanes extranjeros18.000
TOTAL:617.600

Esas cifras, naturalmente, sólo abarcan datos que es posible conocer, y que han sido debidamente registrados [522]. Si se pudieran contabilizar las exacciones cometidas, a título individual y de las que no ha quedado constancia alguna, la cifra de 15.000.000.000 D.M. mencionada en el apartado b) quedaría ampliamente multiplicada [523].

Además, debe tenerse presente que rusos, franceses y americanos, por este orden, se dedicaron a destruir sistemáticamente todo lo que no pudieron llevarse. El valor de los bienes y propiedades deliberadamente destruidos en Alemania y Austria alcanzó la cifra meteórica de 320.000 millones de DM. Esta cifra no incluye el importe de los daños causados por los incendios intencionados de bosques y parques forestales en la Zona Francesa de ocupación: 14.000 millones D.M.

Tampoco puede valorarse el robo de las patentes de invención alemanas, por la sencilla razón de que tal valor era prácticamente incalculable. Fueron confiscadas nada menos que 346.000 patentes de invención. Según el periodista norteamericano Harry Reynolds [524]

"el office of Technical Services", de Washington anunció que, además, se habían encontrado cerca de un millón de inventos y "perfeccionamientos técnicos" en la Alemania Nacional-socialista. Tanto es así que rápidamente fue necesario confeccionar un nuevo diccionario alemán-inglés con 40.000 palabras técnicas y científicas nuevas, relativas a los inventos en cuestión".
El mismo periodista, dos días después, escribía:
"Fuentes oficiales anglo-norteamericanas han admitido que una valiosísima y sorprendente colección de secretos militares, científicos e industriales de incalculable valor ha pasado a manos de los Aliados... Agencias del Estado Mayor combinado anglo-americano han registrado toda Alemania encontrando una enorme cantidad de información sobre armas de guerra, incluyendo una bomba atómica, y nuevos datos en los campos de producción de petróleo, materias primas, productos sintéticos, procedimientos químicos y de ingeniería aerodinámica y construcciones de buques, así como de aviones y

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cohetes teledirigidos. Los rápidos progresos de los ejércitos aliados les impidieron poner en práctica la mayor parte de esos progresos tecnológicos. Los alemanes no sólo habían progresado significativamente en el perfeccionamiento de una bomba atómica y en la producción de agua pesada, sino que además estaban planeando: Un proyectil con piloto, con alcance de 4.800 kilómetros, que podría llevar pasajeros a través del Atlántico en 17 minutos.

Camuflaje contra radar. Motores ultramodernos de propulsión a chorro. Motores diesel de enfriamiento por aire. Mantequilla, alcohol, lubricantes para motores de aviación, jabón y gasolina extraídos del carbón . Torpedos eléctricos propulsados por agua salada . Los resultados de más de dos mil investigaciones hechas ya se han enviado a Washington". [525].

El Teniente Coronel John A. Keck, jefe del departamento técnico de los Servicios de Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos, reveló [526] que
"los técnicos alemanes llevaban muy avanzados sus planes para montar plataformas del espacio a 7.500 Kilómetros de la Tierra.

Hemos planeado llevar un gran grupo de sabios e investigadores alemanes a los Estados Unidos... Los sabios alemanes hacían planes con alcance para 50 y 100 años. Esos Investigadores tenían como metas lejanas las exploraciones de otros planetas mediante estaciones del espacio fuera del campo de gravedad. Los investigadores aliados han quedado profundamente impresionados por la solidez de las teorías germanas " [527].

El Coronel Bernard Bernstein, Director del Negociado de Monopolios y Bienes en el Extranjero, judío con pasaporte norteamericano, y que, además, ostentaba el cargo de agregado al Gobierno Militar Norteamericano en Alemania reveló en el Senado de los Estados Unidos que
"Alemania descubrió los dos gases venenosos más potentes del mundo. Estos gases, desconocidos por las autoridades multares aliadas, son capaces de penetrar cualquier máscara antigás de las conocidas" [528].
Se trataba de los gases Tabun y Saryn. El Tabun es incoloro e inodoro, a través de ojos y pulmones, paralizaba el sistema nervioso y mata en cinco minutos.

Naturalmente, todo esto es condicional pasado, pues el monstruo Hitler ya dijo en 1935 que nunca emplearía gases y no dio apoyo al desarrollo de esta arma que sus químicos habían descubierto. Se trataba de un arma criminal, ciertamente, pero era el arma absoluta, pues, como atestiguaba el técnico Bernstein, no existía careta antigás que pudiera oponérsele. El gas Saryn, por su parte podía paralizar el sistema muscular y matar en cuestión de minutos. Habían, igualmente, los químicos alemanes, descubierto los gases llamados psicoquímicos, uno de los cuales dejaba sumidos a los soldados en un sopor completo y otro les volvía totalmente apáticos aún ante los más poderosos estímulos.

Pedimos excusas por esta digresión, pero nos ha parecido oportuno traer a colación -al hablar de los inventos alemanes robados por los vencedores- este tema, que demuestra, creemos que irrefutablemente, que, aparte la bomba atómica -casi a punto- los alemanes disponían del arma absoluta y no la emplearon. Escrúpulos que los vencedores no experimentaron en Hiroshima, ni en Nagasaki, ni en Dresde, ni en mil otros lugares y circunstancias.

Para completar el cuadro del saqueo de Alemania -perpetrado por los que se decían partidarios y defensores del Derecho - hay que mencionar que se obligó, unos años más tarde, al sedicente "Gobierno de la República Federal de Alemania", implantado por los ocupantes norteamericanos, a reconocer una deuda de reparaciones de 3.600.000.000 de marcos, pagaderos al Estado de Israel, que ni siquiera existía cuando las pretendidas exterminaciones de Judíos tuvieron lugar [529]. Pero la realidad es que, hasta 1975, el Gobierno de Alemania Federal había pagado al de Tel Aviv la cifra astronómica de 52.400.000.000 marcos, estando previstos otros 27.600.000.000 marcos hasta, finales de 1980. Además de ello, Israel ha recibido de Alemania, gratuitamente, en mercancías solo, el equivalente de 750 millones de dólares, a saber, 60 unidades navales, 5 centrales térmicas construidas por los alemanes en Israel, modernización del sistema ferroviario y del puerto de Haifa, contribución a la canalización del desierto de Negev, equipamiento para la explotación de una mina de cobre, tractores, maquinaria, herramientas y 190 millones de dólares en petróleo. [530].

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Alemania Federal, en fin, paga reparaciones, a título individual, por los motivos más fútiles a Judíos dispersos por los cinco continentes, que alegan que a ellos o a sus ascendientes se les causaron daños, valorados en tanto y cuanto, y los "tribunales" les dan la razón. Como dijo Lord Halifax, el pariente por alianza del Rothschild londinense: Luchamos por la sustitución de la Fuerza Bruta por la Ley como Arbitro entre las Naciones. Cómo dijo Roosevelt: Luchamos en defensa del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Como dijo Stalin: Luchamos contra el Imperialismo y la opresión de los pueblos. Como dijo Churchill: Luchamos por la libertad.

Y, como colofón a tan sabias máximas; como dijo Roosevelt: Luchamos por la defensa de los principios cristianos.

¡No comment!

LOS CONSEJOS DE LA VENGANZA
La venganza, sabido es, suele ser mala consejera. Algunos ejemplos, relacionados con la ocupación de Alemania. Al firmarse la capitulación, Inglaterra se apoderó, como botín de guerra, de 97 ultramodernos submarinos del Reich. En vez de incorporarlos a su Flota, que bien los necesitaba, decidió sentenciarlos a muerte. La idea partió del propio Churchill, jefe del Gabinete de Guerra Inglés, ser contradictorio y hermético, en el que confluían las influencias de su ascendencia parcialmente judia [531] su patriotismo inglés "jingoísta" y reaccionario, y de su inestable salud, agravada por el desconsidera- do abuso del alcohol. [532]. Sólo un par de meses antes, Churchill intentaba, tímidamente, presionar a Roosevelt para que se aprovecharan los restos del poderío militar alemán para frenar a la URSS en su predecible marcha sobre Centro-Europa.

Pero un buen día, tal vez en pleno delirium tremens, ordena que se vuelen 97 submarinos de primera línea. Para la ejecución se escogió un lugar situado a 160 kilómetros al Este de Bloody Foreland, cerca de Islandia, precisamente donde la flota submarina alemana había hundido medio centenar de barcos aliados en una de sus más encarnizadas batallas, en 1942. Los ingleses obligaron a los prisioneros alemanes a atar los submarinos a varios barcos de guerra, que los remolcaron hasta la tumba de los barcos aliados, y allí se les colocaron cargas explosivas. De la calidad de los submarinos -del tipo Mark 25- dará idea el hecho de que al estallar las cargas de explosivos, no se hundieron, y fue preciso rematarlos a cañonazos.

En Essen, existía la fábrica de cañones más grande del mundo, integrada en el antiguo consorcio Krupp. En vez de utilizarla para la defensa de Europa, el gobierno laborista inglés dio orden de arrasarla hasta sus cimientos.

Tan sólo en la Zona Norteamericana de Ocupación, en los dos primeros años que siguieron a la guerra, los yankis utilizaron a 35.000 hombres para el desmantelamiento de fábricas. A veces ocurría que mientras esperaban la augusta resolución de las autoridades de ocupación, los obreros alemanes reparaban los daños causados por los bombardeos a sus fábricas y las ponían nuevamente a trabajar, pero entonces llegaban los equipos de desmantelamiento para destrozar todo lo que tan penosamente había sido reconstruido. Un caso típico fue el de la planta de carburante sintético de Ruhrchemie, cerca de Oberhausen, destruida a fin de que Alemania no fuera autárquica en combustibles, como había llegado a serio en tiempo de Hitler [533].

Los rusos, por su parte, destruyeron, por pura venganza, lo que no se pudieron llevar, pero quienes batieron el record en cuestiones de venganza pura, sin móvil de lucro alguno, fueron los franceses. El libro "Por Orden del Gobierno Militar", escrito por un alto oficial del ejército norteamericano, que no es precisamente tierno para con los propios yankis, es tremendamente acusador hacia los franceses. La fábrica de Salzgitter, el mayor complejo metalúrgico del Continente, fue dinamitada por orden personal del General Koenig. [534].

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Pocos años después, ingleses, franceses y americanos, debían rearmar apresuradamente a Alemania Occidental para que les sirviera de amortiguador ante su ex-aliado soviético. La venganza es mala consejera. Y lo es porque, por regla general, permite actualizar el viejo dicho de que "por la boca muere el pez". Por eso, precisamente, ha podido saberse quiénes fueron los instigadores y, allí donde no hubo riesgo personal, los ejecutores de las venganzas contra los alemanes, nazis o no. Habla el Judío, oficial del Ejército Norteamericano. David Salamon:
"Si hubiera tenido la oportunidad de escoger mi trabajo en esta guerra, hubiera escogido exactamente el que se me asignó. A través de Francia, a través de Alemania, para destruirlo todo. Nunca ha habido en la Historia otra guerra como esta. Estoy contento porque podré decir a mis nietos que estuve allí y tomé parte en la revancha. Doy, por ello, las gracias a Dios...

Cuando, por fin llegamos a Alemania, empezamos a destruirlo y devastarlo todo. Entonces me di cuenta de que esto es lo que yo esperaba, de que esto es aquello por lo que yo vivía. Lo único que sentía es no poder destrozar y matar más de lo que estaba destrozando y matando.

Cuando llegamos a Wiesbaden nuestro ritmo se hizo mis lento, porque ya no quedaba mucho por destrozar o por matar. Habíamos hecho un trabajo tan perfecto que debimos detenernos por un tiempo". [535].

En Alemania, en efecto, operó una "Brigada Judía", en calidad de tropa de ocupación, que se ilustró por sus desmanes. Tomamos diversos ejemplos, que nos han parecido por demás significativos, del libro Les Vengeurs, escrito por el judío Michel Bar-Zohar, que confiesa haber tomado parte en las acciones que describe.
"Poco tiempo después de haber llegado la Brigada Judía a Treviso, en el Tirol del Sur, se producen desórdenes en la ciudad: alemanes atacados, casas pertenecientes a nazis incendiadas, mujeres violadas. Estas violencias desordenadas perjudican la causa judía. Hay que encauzar el sentimiento de venganza que domina a todos los soldados judíos, y a ese propósito, los jefes de la Haganah [536] deciden confiar a un sólo grupo de hombres, particularmente seguros y conocidos por sus cualidades morales, el derecho de derramar sangre en nombre del pueblo judío". [537].

“Para llevar a cabo nuestros actos de venganza debíamos guardar el secreto para con el Ejército Británico, del que formaba parte la Brigada Judía. Los ingleses habrían desaprobado nuestros actos, aunque en numerosas ocasiones, también, hacían la vista gorda".

"En el transcurso de las semanas siguientes, en el Alto Adigio, en el Tirol Austriaco, en Klagenfurt, en Innsbruck, oficiales SS, jefes de la Gestapo, altos dignatarios nazis desaparecen.

A veces aparecen los cadáveres, pero la mayoría de esos hombres parecen haberse disipado en el aire. Aún hoy, los parientes más allegados de aquellos nazis ignoran qué fue de ellos". [538].

A menudo, los miembros de esa Brigada, que se irrogaban a sí mismos las facultades de juez y verdugo, se presentaban en casa de un alemán que había pertenecido al ejército, o a las SS, y le decían que estaba citado en la Comandancia Británica. El hombre les seguía, confiado, y nunca regresaba a casa. Por lo general, en la camioneta que utilizaban los titulados vengadores, le ahogaban con una soga enrollada en el cuello, y luego la arrojaban a una charca. También actuaban en los hospitales de las prisiones militares británicas, donde "extraños fallecimientos se producen entre los enfermos que gozaban de demasiado buena salud".

Otra perla:

"Estábamos en los camiones, cuenta Sam Halevy, actualmente granjero en la llanura al norte de Haifa. Por las autopistas alemanas solíamos adelantar a menudo a los ciclistas. La vista de un alemán bastaba para despertar nuestro deseo de venganza. En las cabinas, al lado del conductor, había chicos de la Brigada. En el momento que el "Dodge" llegaba a la altura del ciclista, la puerta del camión se abría violentamente. El hombre rodaba bajo las ruedas del vehículo y era aplastado. De ese modo, matamos a un cierto número." [539].
Los ingleses, finalmente, mandaron a la Brigada Judía a Bélgica, y posteriormente a Francia. El número de asesinatos imputable a esta Brigada oscila entre 200 y 300 [540]. Pero otro grupo más secreto, más implacable todavía, iba a tomar su relevo.

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"Aquellos hombres venían de la Europa del Este. Traían documentación falsa y dinero. Era un grupo muy misterioso. Sólo querían una cosa: vengarse. Eran unos 50, y parecían disponer de todo el dinero que necesitasen". [541].

Estos hombres, autodenominados "Grupo Nakam" (que, en hebreo, significa "Venganza") superaron largamente en eficiencia asesina a sus predecesores de la Brigada Judía. Dejemos hablar al judío Bar-Zohar:

"En el Estado Mayor del Grupo Nakam se elaboró un proyecto de cuyo alcance estábamos enterados algunos. Mucho tiempo y mucho dinero se consagraron a preparar aquel plan. Si lo lográbamos, sabíamos que cualquier otra acción sería superflua. Hoy, con la perspectiva de los años, aquel plan puede calificarse de diabólico. Se trataba de matar a millones de alemanes.

Digo bien, millones, así de golpe, sin distinción de edad ni sexo. La principal dificultad estribaba en que sólo queríamos matar alemanes. Ahora bien, en el antiguo territorio del Reich se encontraban soldados aliados y supervivientes de los antiguos campos alemanes. El plan consistía en el envenenamiento simultaneo de las fuentes, depósitos de agua, y canalizaciones de las principales ciudades, utilizando un poderoso veneno en grandes dosis. El temor a lo que pudiera suceder con muchos Judíos que no estuvieran en el secreto de la operación y las represalias de las autoridades de ocupación nos indujeron a abandonar el llamado Plan "A". Así fue como nos dedicamos principalmente al Plan "B". Tras algunos meses de búsqueda, escogimos nuestro terreno de acción, un campo de prisioneros cerca de Nuremberg, precisamente la ciudad que había sido la sede del nazismo. Allí habían sido concentrados 36.000 SS. Y hacia aquel campo se dirigió un pequeño grupo de reconocimiento, a principios de 1946, para ejecutar el primer acto de venganza...

Decidimos -dice Jacob Karmi- envenenar a los 36.000 SS, y yo fui encargado de la ejecución del proyecto. En primer lugar, conseguí que admitiesen a dos de mis hombres en la administración del campo: uno como chofer y otro como almacenero; luego conseguí que admitieran a más hombres míos en las oficinas..." [542].

Saltamos el relato, excesivamente prolijo, sobre cómo unos laboratorios les procuraron un poderosísimo veneno para introducir en el pan destinado a los prisioneros. Veneno que actuaba con cierta lentitud pero era inexorablemente mortal. Se escogió la noche del 13 al 14 de abril de 1946 para proceder al adulteramiento del pan; por una serie de circunstancias fortuitas, el plan fracasó parcialmente, pues solo pudieron envenenarse una mínima parte de los panes... Según cálculos de los vengadores Judíos, 4.300 prisioneros tuvieron molestias intestinales. Un millar aproximadamente, fue transportado de urgencia al hospital.

Durante los días siguientes a la operación, murieron de 700 a 800 prisioneros. Otros más atacados de parálisis, murieron en el transcurso del año. En total, los vengadores dan la cifra de unos mil muertos y varios miles de enfermos, muchos de los cuales morirían posiblemente también". [543].

El libro en cuestión es una verdadera "delicia". Habla de otros dos envenenamientos de pan, con numerosas víctimas (sin especificar cifras) en otros campos de prisioneros, así como de la colocación y explosión de minas en el interior de un campo (página 75); el incendio de un cinema "donde muchos alemanes perecieron (página 76); el nuevo proyecto de envenenamiento de los depósitos de agua de Berlín, Munich, Nuremberg, Frankfurt y Hamburgo (que fracasó por haberlo impedido las autoridades de ocupación), las innumerables ejecuciones de oficiales y soldados alemanes en campos de concentración por médicos judíos, etc. El libro, repetimos, lo ha escrito un Judío, Michel Bar-Zohar, que confiesa haber tomado parte en los actos que relata, vanagloriándose de ellos. Creemos que huelgan los comentarios. Si acaso uno sólo: ese judío experimentó la necesidad de inmortalizar sus venganzas, escribiéndolas él mismo. Nos tememos que le habrá hecho un flaco favor a los pobres "Gentiles" que simpatizan con la causa judía.

DOS ACTITUDES
El 11 de noviembre de 1918, la capitulación de Alemania fue firmada en un vagón de ferrocarril. La delegación alemana fue tratada de forma indigna por el comandante en jefe de las tropas aliadas, el mariscal francés Foch, quien ni se levantó para saludar a los delegados. Los franceses levantaron una lápida conmemorativa con la siguiente inscripción;
"Aquí sucumbió el 11 de noviembre de 1918 el criminal orgullo del Reich alemán, vencido por los pueblos libres a los cuales pretendía sojuzgar".

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El 21 de junio de 1940, Hitler, acompañado, entre otros, de su lugarteniente Rudolf Hess y del Mariscal del Aire Hermann Goering, recibe en el mismo lugar, y en el mismo vagón, a la delegación del armisticio francesa, precedida por el General Huntzinger. Hitler y sus acompañantes se levantan para saludar al contrincante derrotado. Las conversaciones se llevan de una forma correcta. En el preámbulo de armisticio alemán se dice:
"Francia ha sido derrotada tras una serie de sangrientas batallas y de una resistencia heroica. Por consiguiente, Alemania no tiene la intención de dar a las condiciones del Armisticio o conversaciones sobre el mismo un carácter despreciativo frente a un enemigo tan valeroso".
El 7 de mayo de 1945 se efectuó la firma de la rendición incondicional de Alemania ante los Aliados. Al presentarse el General Jodl, ninguno de los asistentes contestó a su saludo militar; ni siquiera se levantaron de la mesa. La diferencia de la actitud de los Aliados con relación a la que los alemanes tuvieron con los franceses cinco años antes era un signo premonitor de lo que iba a suceder a Alemania y al pueblo alemán al estallar la paz.

Pese al grosero trato recibido, el general Jodl se cuadró militarmente y dijo:

"Como consecuencia de esta firma, el pueblo y las fuerzas alemanas son entregadas, para bien o para mal, en manos de los vencedores. En esta guerra que ha durado más de 5 años, ese ejército y ese pueblo han sufrido probablemente más que cualquier otro en el mundo. En esta hora sólo puedo expresar la esperanza de que los vencedores los traten generosamente".

Como estamos viendo, la esperanza del General Jodl se vería completamente defraudada, y a él lo ahorcarían.

SEVICIAS CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL
Nunca un país ocupado ha sido tratado tan brutalmente como lo fue Alemania a partir de 1945 y durante, como mínimo, un año, por sus ocupantes. Los testimonios de vencedores honrados y neutrales son apabullantes en este aspecto. Todas las normas del Derecho Natural fueron conculcadas, con escarnio total de los ideales por los cuales los Aliados decían haber luchado. El ensañamiento contra la población civil adquirió caracteres patológicos, y no sólo en el Este, donde el Ejército Rojo se comportó en la paz -con la población civil- como se había comportado en la guerra.

La entrada de los rojos en Berlín, especialmente, fue apocalíptica.

"Prácticamente todas las mujeres, desde los siete años hasta las más ancianas, fueron repetidamente violadas..." [544].
"Tras las violaciones, muchas de ellas eran degolladas o destripadas; muchas de aquellas desgraciadas eran finalmente ultrajadas a bayonetazos". [545].
"En el Gran Berlín, el número de mujeres violadas no debió bajar del millón y medio". [546].
"Los soldados del Ejército Rojo, en Berlín y en todas partes, no fueron más que unos ladrones y unos violadores, en todos los casos, y muy frecuentemente, además, unos asesinos.
Una chica alemana que luego yo tomaría como secretaria, cuando tenía 17 años, debió ser hospitalizada, tras lograr huir de Berlín y llegar a nuestras líneas. Siete soldados rusos violaron por turno a la chica y a su madre en su apartamento... 230 mujeres alemanas fueron tratadas en el mismo hospital en un sólo día, a consecuencia de violaciones y sevicias".
Así se expresaba el General norteamericano Frank Howley, el 17 de Junio de 1945" [547].

Hay un libro anonadante, "Martirio y Heroísmo de la Mujer Alemana del Este" [548], prologado por el antiguo Obispo Auxiliar de Breslau -el único obispo superviviente tras el paso de los rusos- Joseph Ferche, en el que se dan detalles sobrecogedores sobre el trato dado a la población alemana de la zona ocupada por los rusos, y, en especial, a las mujeres. Algunos ejemplos tomados al azar:

"... Eran terribles las noches en que los rusos penetraban en las casas para saquear y deshonrar. Muchas conocidas mías fueron víctimas de los rusos. Quien se negaba era fusilada en la mayoría de los casos. Desde la muchacha, aún niña, hasta la anciana de 82 años -una señora conocida mía- corrieron esta suerte".
"Mi hija fue violada 23 veces" [549].

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"Así deshonraron a una venerable anciana de 80 años en presencia de su familia; una horda se lanzó sobre una muchacha de 13 años. La niña perdió la razón. En Herzogtswaldau todas las mujeres fueron violadas por rusos y polacos" [550].
"... Noche y día los rusos eran huéspedes. No se podían conducir más bestialmente al deshonrar a las muchachas o a las ancianas. ¡Cuántas veces se oía de noche el grito de socorro! Pero ¿quién podía prestar auxilio? Si uno se atrevía a hacerlo era fusilado al instante. Nada se podía impedir... [551]
"Elisabeth Thomas, hija del campesino Alois Thomas, fue sacada por los rusos de su casa y llevada a un pajar, donde la ataron a un palo después de deshonrarla y le cortaron los pies y las manos. Sus gritos de muerte se oían por todo el pueblo. Se la halló al día siguiente, casi enteramente carbonizada en el pajar incendiado por los rusos" [552].
"Los rusos se comportaban exactamente como animales. ¡Deshonraron salvajemente a mujeres de todas las edades. Los polacos demostraron ser unos buenos alumnos de los rusos" [553].
"En Wiese Pauliner, la Madre Superiora, que intentaba proteger a una alumna de los intentos lascivos de un polaco, fue atada a un pajar, golpeada con látigos y repetidamente violada. Al final, fue estrangulada" [554]
Tras los rusos y polacos, los que peor trataron a la población civil alemana, y en especial a las mujeres, fueron los franceses. En especial, los batallones de argelinos y marroquíes estacionados en Baviera se llevaron la palma en lo que a violaciones de mujeres se refiere. Salvando raras excepciones, el comportamiento de los ingleses fue bastante correcto en este sentido; no así en el de los saqueos, en el que los "gentlemen soldiers" del Ejército Británico casi igualaron los récords establecidos por rusos, polacos y franceses. En cuanto a los norteamericanos, sobre todo sus tropas de color, lograron también una buena marca en el capítulo de las violaciones, así como en el de las destrucciones gratuitas [555].

Las llamadas "altas autoridades morales" guardaron prudente silencio largo tiempo. Por fin, habló S. S. Pío XII, el día de Todos los Santos de 1945:

"Deseamos participar de todo corazón en todas vuestras preocupaciones y miserias al expresar especialmente Nuestra inquietud a éstos que viven en Berlín y en Alemania Oriental.

Conocemos bien su suerte, extremadamente dura y vemos casi con nuestros ojos las ruinas y terribles devastaciones en aquellas provincias, ciudades y lugares antes florecientes, producidas a consecuencia de la guerra. Sentimos con vosotros aquellos insultos y tratos indignos que sufrieron no pocas mujeres y muchachas alemanas ". [556]

Más vale tarde que nunca. Y eso que en el Vaticano, por ejemplo, poseían -no podían no poseerla- información de primerísima mano sobre las matanzas de sacerdotes cristianos, y casi todos ellos católicos, de Silesia. Los victimarios eran rusos y polacos. Por ejemplo, la lista oficial de sacerdotes católicos del Arzobispado de Breslau, asesinados entre 1945 y 1949 ascendió a 275. Sus nombres, apellidos y cargos aparecen relatados de forma impresionante [557].

También se posee la lista completa de los asesinados, en el mismo lapso de tiempo, en la Vicaría General de Branitz, diecisiete ministros de la Iglesia, y en la Vicaría General de Glatz, catorce sacerdotes más... y las doscientas monjas violadas y mutiladas en Neisse, por rusos y polacos [558].

Podríamos extendernos, a lo largo de páginas y más páginas, sobre el tema de las sevicias contra la población civil alemana, pero, ello, claro está, escaparía del ámbito de esta obra. Nos limitaremos a mencionar que el trato dado por los ocupantes alemanes a la población civil pacífica -no, naturalmente, a los partisanos- desde el Cabo Norte hasta Hendaya y desde Brest hasta Stalingrado fue, salvo rarísimas excepciones individuales, sancionadas por el propio Mando Alemán, extremadamente correcto. Churchill pretendió que los alemanes actuaban así movidos por móviles propagandísticos. No pasa de ser una opinión del alcohólico Primer Ministro, pues no creemos que el Todopoderoso le informara sobre las motivaciones de la

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conducta de los nazis. En todo caso, no cabe duda que los alemanes se hicieron a sí mismos mejor propaganda que los Aliados; incomparablemente mejor propaganda, máxime si se tiene en cuenta que éstos cometieron crímenes abominables contra poblaciones civiles inermes, y en tiempos de paz.

DEPORTACIONES MASIVAS DE ALEMANES EN EL ESTE DE EUROPA
Una de las finalidades de guerra definidas por los Aliados en la Carta del Atlántico incluía el de la libertad de residencia de los seres humanos en los territorios de su elección. No obstante, esa finalidad de guerra -como tantas otras- resultaría ser una burda patraña, sin más finalidad que reforzar el arsenal propagandístico de los Aliados. Tanto es así, que nada menos que el sabio Albert Schweitzer, en su discurso de recepción del Premio Nobel de la Paz en 1954, dijo:
"La violación más grave del derecho basado en la evolución histórica y en cualquier derecho humano en general consiste en privar a las poblaciones del derecho a ocupar el país en el que viven, obligándoles a trasladarse a otro lugar. El hecho de que las potencias vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial impusieran ese fatal destino a millones de seres humanos y, lo que es peor, de una manera absolutamente cruel, muestra cuan poco les importaban a esas potencias el restablecimiento de la prosperidad y el gobierno de la ley". [559]
Y, que nosotros sepamos, todavía no se le ha ocurrido a nadie calificar de "nazi" a Albert Schweitzer.

La deportación, como ganado, de dieciséis millones de alemanes residentes en el Este de Europa se decidió en la Conferencia de Potsdam por los señores Truman, Attle y Stalin. En números redondos, puede desglosarse así:

8.500.000 residentes en el Este de Alemania,
3.500.000 en los Sudetes,
   250.000 en los Estados Bálticos y el distrito de Memel,
   380.000 en Dantzig,
1.300.000 en la región de Posen,
   623.000 en Hungría,
   537.000 en Yugoeslavia,
   786.000 en Rumania y
   150.000 en Bulgaria [560].

Esos dieciséis millones largos de personas hicieron el desplazamiento a pié, tras abandonar todas sus pertenencias. No ha podido saberse con exactitud el número de muertos en el transcurso de ese éxodo, pero ningún comentarista serio baja de los dos millones de muertos, más una cifra incalculable, pero importante, de muertos a consecuencia de la infrahumana remoción de la población [561]. La mayor parte de los refugiados supervivientes se instalaron en lo que hoy se llama República Federal de Alemania, y en Austria, aunque casi tres millones y medio quedaron, por no habérseles permitido prolongar su viaje, en lo que hoy se denomina República Democrática de Alemania.

Para encontrar precedentes históricos a esa deportación en masa debemos reportarnos a los tiempos del Imperio Asirio, cuando Assurnasirpal y Assurbanipal, en los siglos VIII y VIl antes de Jesucristo deportaron a unos tres millones de personas de sus reinos. Esa práctica de éxodos forzosos se abandonó prácticamente en la Era Cristiana; el territorio de los enemigos vencidos podía ser repartido o anexionado, pero las poblaciones nativas podían permanecer en sus tierras y automáticamente pasaban a convertirse en sujetos del nuevo soberano.

Una excepción a esa regla general surgió, únicamente, en el Nuevo Mundo, donde la política yanki del llamado "destino manifiesto" trajo como consecuencia el progresivo desplazamiento de los indios americanos cada vez más hacia el Oeste, hasta terminar alojándolos en reservas, preludio de su exterminación física.

Inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial hubo el tratado greco-turco, para la remoción de dos millones de griegos de Asia Menor, particularmente de la región de Esmirna y Constantinopla; tratado que fue supervisado y aprobado por la Sociedad de Naciones, La remoción de los griegos se llevó a cabo en cuatro años y con relativo orden.

Posteriormente, y por necesidades bélicas, o lo que conceptuaron tales, los alemanes deportaron a buena parte de los judíos que cayeron bajo su zona de influencia -unos 3.200.000 como máximo- instalándolos en ghettos gigantescos, como el de Varsovia o el de Theresienstadt, y los americanos albergaron en Pine City, en California, a unos 300.000 japoneses de nacionalidad norteamericana, que nos les merecían credibilidad patriótica, en razón del color amarillento de su piel, a los campeones patentados del antiracismo militante. Pero las deportaciones de 1945-46, en plena paz, sin la excusa de los expedientes de tiempo de guerra, no tiene excusa ni justificación posible. Naturalmente, cuando una cifra es demasiado enorme,

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demasiado monstruosa, se convierte en una simple estadística, y, andando el tiempo, en una cifra que puede llegar a convertirse en sospechosa. Tal vez no choque demasiado a la consciencia del lector amigo el hallarse confrontado con una tal estadística, con un mero número de personas desarraigadas en cualquier lugar del mundo. Para comprender su importancia debiera ser necesario visualizar la cifra estadística en cuestión como personas concretas, reales, sufriendo la muy auténtica desgracia de perder de vista, para siempre, su suelo nativo, sus casas, sus enseres, sus animales, sus amigos. No es posible, para un ser humano, a menos de estrujarse materialmente el cerebro, lo que no es corriente en una época, como la actual, de perezosos mentales; no es posible, decíamos, percibir existencialmente, prácticamente, lo que representa una estadística de "16.000.000 de deportados", si no se ha visualizado, siquiera mentalmente, a la madre hambrienta con su hijo aterido de frío, arrastrándose cientos y cientos de kilómetros sobre la nieve; el anciano sólo en el mundo con la mirada perdida, y esto no tan sólo una vez, sino millones de veces.

Y eso no es todo. Hay más, mucho más. Ya hemos visto cómo los vencedores, y especialmente los soviéticos, trataron a la población civil, en el epígrafe titulado "Sevicias contra la población civil". Pero aún hay que añadir el uso de civiles, deportados en sentido inverso, y que no se incluyen en la mencionada estadística de los dieciséis millones de deportados, todos los cuales fueron llevados hacia el Oeste. Una cifra no inferior a cuatrocientos mil alemanes residentes en Polonia y Eslovaquia fueron deportados hacia el Este en condiciones infrahumanas [562]. Tampoco se incluyen los prisioneros de guerra tratados como esclavos en plena paz, y de los que luego hablaremos. Y queda, en fin, sin tasación posible, el valor de las propiedades, bienes y enseres de los casi dieciséis millones y medio de deportados.

Como dijo Sir Winston Churchill: "Luchamos por la Libertad".

LA "REEDUCACIÓN" DE ALEMANIA
En la Conferencia de Yalta, Roosevelt, Churchill y Stalin decidieron que el pueblo alemán debía ser reeducado. Como ciertos maestros de la más vetusta escuela, aquellos grandes demócratas creían que "la letra, con sangre entra", pues su proceso de "reeducación" se inició con la instauración de tribunales militares, apodados Tribunales de Desnazificación.

El hecho es que, en la lista original de "criminales de guerra" redactada por los juristas de las Naciones Unidas habían "sólo" 2.524 "criminales" alemanes, pero pronto las llamadas unidades especiales de Desnazificación organizaron una gigantesca cacería humana contra más de un millón de alemanes. El lugar que se eligió para procesar a los dirigentes del III Reich fue Nuremberg, donde se sentaron como jueces los representantes de las potencias culpables de los crímenes colectivos de Katyn, de Hiroshima, de Dresde, de Berlín, de Nagasaki... Numerosos autores se han ocupado de aquella parodia de juicio. Simplemente recordaremos, muy someramente, que: a) El principio Nullum crimen, nullam poenam sine lege fue dejado de lado. En efecto, hasta Nuremberg nadie podía ser acusado, y menos aún, condenado, por la comisión de actos que, cuando se afirma que fueron cometidos, no estaban sancionados por la Ley. A partir de Nuremberg, se implantó una legislación ex post facto. Así, por ejemplo, las leyes de guerra, dictadas por las Convenciones Internacionales de Ginebra y La Haya, de las que eran signatarias todas las potencias aliadas con la excepción de la URSS, no fueron tenidas en cuenta; en cambio, se inventaron una serie de "delitos y figuras" jurídicas, como las organizaciones criminales. Los miembros de tales organizaciones -las SS, las SA, el Frente del Trabajo, la Policía del Estado (Gestapo), etc.- eran culpables en principio y debían demostrar su inocencia.

b) El Tribunal admitió como pruebas los llamados "affidavits", es decir, declaraciones juradas de individuos que no se presentaban a declarar y que, por consiguiente, no podían ser contrainterrogados por la Defensa.

c) El Tribunal se reservaba el derecho a admitir ciertas pruebas y a rechazar otras, pero no definía a priori el criterio en que iba a basar su elección.

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d) Muy a menudo, a los acusados no se les permitía elegir abogado defensor. A Streicher, por ejemplo, se le impuso como defensor al judío Marx, que más que un defensor parecía un fiscal.

e) Los prisioneros fueron, a menudo, torturados. Streicher declaró ante el Tribunal que soldados negros del Ejército Americano le habían arrancado los dientes y, sujetándole la cabeza, hablan escupido dentro de su boca. A Sauckel se le apaleó y se le dijo que si no declaraba culpable se le entregaría a él, a su mujer y a sus hijos, a los rusos. Cuando denunció el hecho ante el Juez Kempner -otro judeo-americano- éste se negó a escucharle.

f) Contrariamente a los más elementales principios jurídicos, jueces, fiscales, "defensores" y funcionarios del Tribunal eran Juez y Parte. Nada menos que dos mil cuatrocientos de los tres mil funcionarios que participaron en tan grotesca mascarada pseudo-jurídica eran judíos [563].

Lo eran, incluso, los dos principales verdugos, Woods, de nacionalidad inglesa y Rosenthal de pasaporte canadiense, que explicaron muy gozosos a la prensa cómo habían hecho durar el mayor tiempo posible la agonía de los ejecutados [564].

* * *

El Juez Wennersturm, norteamericano, dimitió de su cargo en Nuremberg, en señal de protesta por los linchamientos legales que allí se estaban realizando. Lo mismo hizo el Juez Van Rhoden, también norteamericano. Una pléyade de escritores y juristas, ciudadanos de países que formaban parte del bando aliado manifestaron, de palabra y por escrito, su reprobación por la venganza judicial de Nuremberg; entre los más destacados podemos citar a Montgomery Belgion, Gilbert Murray, Michael F. Connors, Francis Neilson y Harry Elmer Barnes, norteamericanos; F.J.P. Veale, A.J.P. Taylor y David Hoggan, ingleses; Maurice Bardèche Paul Rassinier y el Profesor Faurisson, franceses; el suizo Hoffstetter, los americanos Austín J. App y Freda Utley; el portugués Alfredo Pimenta y muchos más. Aquella mascarada legal pretendía vestir con ropajes jurídicos la venganza de Morgenthau, cuyo siniestro Plan estaba siendo llevado a la práctica. Goering resumió con una sola frase el pensamiento de acusados y observadores imparciales:
"No era menester tanta comedia para matarnos".

El Autor es abogado, aunque -tal vez por ello- su fe en la llamada Justicia humana sea harto limitada. Prefiere no comentar la frase de aquél gran demócrata, Raymond Poincaré, de que "la Justicia Militar es a la Justicia lo que la Música Militar es a la Música", y desde luego, está convencido de que en los procesos políticos las sentencias son dictadas por las conveniencias igualmente políticas y no por una hipotética Justicia Inmanente. Hecha esta salvedad, el Autor se permite recordarle al lector amigo que los alemanes capturaron a numerosos políticos aliados de primerísimo rango que fueron bien tratados. Entre ellos se encontraban hombres de la talla de León Blum, el buda del Socialismo francés, judío y enemigo declarado del Reich; Paul Reynaud, Jefe del gobierno francés que les declaró la guerra; Edouard Daladier y Vincent Auriol Jefe del Partido Radical-Socialista y Presidente de la Asamblea Nacional; el Rey Leopoldo de Bélgica y el Presidente de la República Francesa, Albert Lebrun, ni siquiera fueron detenidos.

Podrá objetarse, con esa manía actual de hacerles procesos de intención a los muertos que si los alemanes hubiesen vencido también habrían ahorcado a sus adversarios políticos y que si tal no hicieron con los personajes mencionados fue porque esperaban a que llegara el final de la guerra. El argumento es pueril. Lo que los alemanes hubiesen hecho con los dirigentes aliados, de haber vencido no se sabe ni nunca podrá saberse con certeza. No se ha encontrado ningún documento nazi refiriéndose a proyectos de ejecuciones de enemigos políticos. Lo que se diga sobre lo que los alemanes hubieran hecho no son más que conjeturas sin fundamento. Pero creemos que hay indicios para suponer que no habrían ejecutado a los Churchill, Roosevelt, Stalin y demás corifeos aliados, por la razón de que ya tuvieron en sus manos a primerísimas figuras aliadas y les respetaron la vida. Los términos del Plan Morgenthau habían sido suficientemente aireados para que los nazis los conocieran y tomaran contra las mencionadas

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figuras una anticipada venganza. No lo hicieron. Es un hecho. Los Aliados si ejecutaron a los Vencidos -y no solamente a los jerarcas, sino a muchísimas Figuras de segundo y tercer rango- y aún hoy día, 36 años después del final de la guerra, continúan buscando nazis, juzgándolos y condenándolos. Esto también es un hecho. Todo lo demás son hipótesis sobre las que los poderes fácticos tratan de basar una insostenible coartada para sus crímenes legales contra la Humanidad.

* * *

El 30 de septiembre de 1945 fueron promulgadas las sentencias, fijándose la fecha del 15 de octubre para las ejecuciones de los jerarcas nazis de primer rango. El Mariscal Goering y el Dr. Ley, que habían sido condenados a muerte, se suicidaron. Sucesivamente, y por este orden fueron ahorcados: Joachim Von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores. Wilhelm Keitel, Jefe del Alto Estado Mayor de las FF.AA. Alfred Jodl, Jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht.

Julius Streicher, director del periódico antisemita Sturmer. Ernst Kaltenbrunner, Jefe del Departamento de Seguridad. Fritz Sauckel, Ministro de Trabajo. Hans Frank, Gobernador General de Polonia. Arthur Seyss-Inquart, Gobernador General de Austria. Wilhelm Frick, Ministro del Interior.

Alfred Rosenberg, teórico del Partido y Administrador de los territorios del Este. Baldur Von Schirach, Jefe de las Juventudes Hitlerianas, fue condenado a 20 años de cárcel, así como Albert Speer, Ministro de Armamentos. El Almirante Karl Doenitz fue condenado "sólo" a 10 años de presidio, pero no fue libertado hasta los 11, caso insólito, creemos, en toda la Historia del Derecho. Rudolf Hess, que había ido por su propia voluntad a Inglaterra a ofrecer la paz, fue condenado como "criminal de guerra" a cadena perpetua.

Creemos, se impone, un breve inciso para tratar someramente del caso Hess. Fuentes oficiales inglesas, para cubrirse ante el propio pueblo británico, llegaron a afirmar que las ofertas de paz de Hess no podían ser tomadas en consideración porque Hess estaba loco. Es inconcebible que a un loco se le meta en la cárcel, y no en un establecimiento psiquiátrico.

También es inconcebible que se mantenga a un anciano enfermo custodiado en una fortaleza, en Spandau, metido en una celda exigua, racionándosele, con un pasómetro atado a una pierna, hasta los pasos que puede dar al cabo del día; permitiéndosele recibir una sola visita al mes, de 15 minutos de duración, y censurándosele la correspondencia, cual si se creyera que, desde el interior de su celda estuviera preparando una insurrección nazi en cualquier lugar del mundo.

El trato dado a Hess es inhumano y sobre el tema se han escrito libros documentadísimos [565], lo que invalida cualquier argumentación basada en la ignorancia. Los "altos poderes morales" de este Planeta conocen muy bien el trato dado a Hess. No pueden no saberlo ni alegar ignorancia culpable. Ninguno ha pedido, oficialmente, la liberación del llamado "prisionero de la paz" ni siquiera una mejora en el trato que se le da. El Obispo de Canterbury y los Papas Juan XXIII y Paulo VI tuvieron tiempo, pese a sus múltiples ocupaciones, para pedir clemencia en pro de terroristas convictos y confesos y hasta les sobró tiempo para "olvidarse" de mandar pésames por la muerte de las víctimas de tales terroristas. Pero no consideraron útil hacer, siquiera, un pequeño gesto en pro de Hess, pese a habérseles solicitado repetidamente. Es humano. Demasiado humano, diría Nietzsche. Al fin y al cabo, ni Hess ni sus dispersos seguidores pueden turbar las serenas digestiones de tan elevadas instancias morales ni poner en peligro la cotización de las acciones del Banco del Espíritu Santo [566], pero los patronos de los señores terroristas sí pueden hacerlo. ¡Es triste!

Los Tribunales de Desnazificación prosiguieron su tarea incansablemente. Aún hoy día se juzga a septuagenarios y octogenarios acusados de actos que, cuando fueron cometidos, hace 35 o 40 años, no eran delitos. Aún hoy día se encarcela, se multa, se sanciona, se ahorca; para ello ha sido preciso que la República Federal Alemana, instaurada por los vencedores americanos, vulnere su propia Constitución al anular o prorrogar los plazos de prescripción de los supuestos crímenes nazis. Es muy difícil avanzar una cifra de condenados a muerte o a prisión por los jueces aliados o por sus esbirros con toga de la República Federal Alemana. El autor norteamericano Alfred M. de Zayas da la cifra de 1.347 condenados a muerte y unos 375.000

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condenados a prisión [567]. Otras fuentes más recientes, y emanadas de datos oficiales de la propia República Federal Alemana, especifican que el número de condenados a muerte se eleva, de momento, a 1.735 [568]. Y decimos "de momento" porque; repetimos, la "cacería" sigue. Y sigue con la misma tónica de odiosa y ridícula arbitrariedad cuya pauta ya fuera marcada por el Tribunal de Nuremberg. Pero es que la farsa de Nuremberg era, a su vez, complementada por otras farsas legales. Así, por ejemplo, se daba el caso de que cuando, para intentar dar una impresión de imparcialidad, un acusado era absuelto, inmediatamente era reclamado por otro tribunal desnazificador, que le codenaba por los mismos cargos que acababan de serle imputados y de los que le habían abbsuelto. Tal es el caso de Von Papen, Fritzsche y Schacht, que habían sido absueltos por el Tribunal de Nuremberg, pero fueron luego condenado a trabajos forzados por otro tribunal: Von Papen a 8 años y Fritsche a 9. Schacht, que basó su defensa en el hecho de haber traicionado a Hitler, "sólo" fue condenado a 8 años, aunque fue absuelto al cabo de un año.

Hubo verdaderas aberraciones jurídicas: los generales List, Milch y Schoerner y el Gran Almirante Raeder fueron condenados a cadena perpetua, pero lo curioso del caso es que, para este último, el Fiscal "sólo" pedía 20 años de cárcel. El hecho de que un juez sancione más de lo que pide el fiscal es no ya aberrante, sino que demuestra, si aún preciso fuera, la absoluta ausencia de la imparcialidad y del más mínimo sentido de justicia imperante en aquellos Tribunales.

Otro hecho curioso y aberrante, pero, a la vez, cómico: El piloto de caza de la Luftwaffe, Hartmann, que ostentaba el record mundial de derribos de aviones, pues había logrado abatir 352 aparatos soviéticos, fue condenado a 11 años de prisión por "boicot a la industria soviética de armamentos". Hay un detalle que conviene tener en cuenta a la hora de evaluar la magnitud de la barrabasada jurídica de la "desnazificación", y es que, además de los miles de condenas homologadas oficialmente, deben ser tenidas en cuenta las condenas in absentia, o por rebeldía, de numerosos altos cargos nazis, que lograron huir, sobre todo a Sudamérica y a los Países Árabes. El condenado in absentia de más alto rango fue, sin duda, Martín Bormann, cuyas huellas se evaporaron a pesar de haberse lanzado en su busca prácticamente toda la policía de los países aliados y los sabuesos israelitas. Debe tenerse, igualmente en consideración, que numerosos altos cargos, generales y gauleiters se suicidaron, antes que pasar por la ignominia de aquellos absurdos juicios, terminados siempre con veredictos insultantes para la dignidad y el sentido común. El suicidado de mayor renombre fue Heinrich Himmler, "Reichführer" de las SS [569], y, antes del fin de las hostilidades se habían suicidado Hitler, su esposa Eva Braun, Goebbels y toda su familia. No nos gusta hacer procesos de intención, pero creemos que si el Dr.

Ley, por ejemplo, fue condenado a muerte, (aunque también escapara al verdugo suicidándose) también hubieran incurrido en la misma condena Hitler, Goebbels, Himmler y muchos más.

El trato dado a los procesados fue infrahumano en la mayoría de los casos. El Juez Edward Le Roy Van Rhoden, norteamericano, denunció

"los métodos salvajes empleados por nuestros agentes fiscales, que actuaron casi siempre con una infrahumanidad total; apaleamientos y puntapiés bestiales; dientes arrancados a golpes y patadas y mandíbulas partidas".
Y este juez no tenía motivo alguno para testificar a favor de los alemanes, pues su hijo, aviador, fue herido en combate y estuvo 2 años prisionero en el campo de concentración de Dachau. [570]. Con tales métodos para obtener "confesiones", muchos presos murieron antes de comparecer ante sus Jueces. Víctimas de los tratos recibidos murieron en los campos de concentración aliados los generales Von Busch, Von Brauchitsch, Von Blomberg, Von Richtofen y Von Kleist. El caso de este último es revelador: Capturado por los ingleses fue entregado por estos al nuevo gobierno yugoeslavo de Tito; tras permanecer en cárceles yugoeslavas fue entregado a los rusos, que lo tuvieron en un campo de concentración sin juicio alguno, hasta que murió en 1954.

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Hubo alemanes que, por el simple hecho de haber sido miembros del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán fueron encarcelados. Naturalmente, no todos los miembros del

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Partido fueron a la cárcel, pues el N.S.D.A.P. llegó a tener 13 millones de afiliados, pero, en principio, cualquiera de ellos era susceptible de visitar las prisiones democráticas. El modus operandi era el siguiente: un alemán, acusado de haber pertenecido al NSDAP era interrogado en un campo de concentración, donde debía responder por escrito un quisquilloso cuestionario [571]. En el interior de los campos de concentración, los "tribunales" funcionan. Los internados son clasificados como "grandes criminales de guerra, o bien su culpabilidad es reconocida menor o inexistente y entonces son puestos en libertad. Algunos, que se hallaban comprendidos en la segunda categoría, abandonaron los campos, solamente en 1949, es decir, tras 4 años de detención arbitraria. Pero, nos dice el escritor francés Paul Serant,
"el liberado del campo de concentración no es devuelto a la vida normal. No es un criminal, pero sigue siendo culpable, sin especificar de qué es culpable. La libertad de que goza es una libertad disminuida. Por una sorprendente paradoja, la ley del 5 de marzo de 1946, que restringe sus derechos civiles, se titula "ley de la liberación" (Befreiungsgesetz). Esta ley, en efecto, no concierne a los nazis de primer rango; se aplica a todos los antiguos miembros de las formaciones Hitlerianas. Su primera consecuencia es que todos cuantos la sufren quedan excluidos de una ocupación regular. El número de personas a quienes alcanza esta ley es, de este modo, infinitamente superior al de los internados en los campos." [572].
Según otro historiador francés, Robert d´Harcourt,
"solo en la zona americana de ocupación encontramos a más de 3 millones de habitantes afectados por esta ley inicua (exactamente 3.294.318 según las estadísticas oficiales)". [573].
No hemos podido obtener datos sobre el numero de ciudadanos privados de derechos cívicos en las otras tres zonas de ocupación, inglesa, francesa y soviética, pero si aplicamos una sencilla regla de tres, teniendo en cuenta la población de estas zonas, llegaremos a la conclusión de que el número de ciudadanos de segunda clase instaurados por los vencedores debió rondar la cifra de los 10 millones de personas.

EL "CASO" WIESENTHAL
La sed de "justicia" de los buenos es inextinguible. Muchos alemanes pudieron escapar a los tribunales de desnazificación, huyendo a otros países. Pero hasta allí les siguió el ansia vindicativa de los vencedores de la guerra.

Simón Wiesenthal, un judío austríaco, poseedor de numerosos pasaportes, aunque parece que su verdadera nacionalidad es la israelita, es el auténtico deus ex machina de una organización judía que se dedica a raptar y ejecutar antiguos nazis en todos los países del mundo. Muchos de esos nazis ya no poseen, siquiera, la nacionalidad alemana, sino la de diversos países sudamericanos. Muy a menudo aparece en la prensa el relato sobre la desaparición, o el rapto de antiguos nazis, y su posterior reaparición, muertos, y frecuentemente, mutilados. Estos comandos de sedicentes justicieros judíos actúan con completa impunidad; su labor es conocida de todos los gobiernos. El Autor recuerda haber visualizado una interviú a Simón Wiesenthal en la TV Francesa, en 1967. El tal Wiesenthal se jactaba de hallarse en Francia para "hacer justicia" a un viejo ex-nazi; lanzaba Wiesenthal sus bravatas en un país teóricamente soberano, y a través de las ondas de una TV estatal. No se tomó ninguna medida contra él; al contrario, según testimonio unánime de la prensa francesa de aquellos días, Wiesenthal recibió innumerables ofertas de ayuda de comunistas, socialistas y judíos, que le abrumaron con denuncias contra alemanes residentes en Francia y contra "derechistas" franceses. [574].

La mayor "hazaña" de los servicios de Wiesenthal, o al menos, la más espectacular, consistió en el rapto del Teniente Coronel, habilitado a Coronel, Adolf Eichmann. Este obscuro personaje de la administración de los campos de concentración nazis, fue convertido, por la propaganda judía, en el "mayor criminal de la Historia". Fue secuestrado en Argentina y llevado

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a Israel, donde se le sometió a juicio. Eichmann no pudo hablar. Debía contestar a través de un micrófono, respondiendo simplemente por "si" o "no", y se encontraba encerrado en una jaula de cristal irrompible. Naturalmente, fue hallado culpable y ejecutado. De nada valieron las protestas de la República Argentina por esa flagrante violación a su soberanía. Incluso llevó el asunto a la Asamblea General de la ONU, donde fue paralizado por un veto del representante de los Estados Unidos, el judío Arthur J. Goldberg. [575]. Wiesenthal, continúa, incansable, sus hazañas. Se mueve tranquilamente a través de todas las fronteras. Nadie le inquieta. Todos le adulan. Las "altas autoridades morales" de este mundo asisten, impertérritas, a la prosecución de la venganza de Wiesenthal y sus adláteres. Ni una sola vez, ¡ni una! -se habría sabido- el pío Osservatore Romano se ha dignado o se "ha atrevido" a criticar la labor de ese señor que se erige a sí mismo en policía, juez, fiscal y verdugo de individuos a los que reprocha actos cometidos hace casi 40 años. Las "altas autoridades morales", aparentemente, no están para esas cosas. Bastante tienen con ocuparse del sexo de los ángeles.

A Wiesenthal, como, al fin y al cabo es lógico en esta época de transmutación de valores, se le acaba de conceder (Marzo de 1980) la Medalla del congreso de los Estados Unidos. No se le concedió ese galardón por un “ukase" unilateral de Carter, sino por votación, ampliamente mayoritaria, del cuerpo legislativo que se supone rige los destinos de la nación cuya propaganda nos la presenta como el baluarte de la Civilización Occidental.

TRAFICO DE ESCLAVOS EN EL SIGLO XX
El Plan Morgenthau preveía el uso de los prisioneros de guerra alemanes como mano de obra forzosa en los países que habían estado en guerra con el Reich. Esto se llevó a cabo con impávida rudeza desde el día en que cesaron las hostilidades. No ha sido posible llevar a cabo una investigación total y exhaustiva sobre el número de prisioneros de guerra retenidos como trabajadores forzosos al término de las hostilidades, dada la negativa soviética a facilitar datos en este sentido. Tampoco los occidentales (ingleses y franceses en especial) han querido dar datos sobre el particular. Pero, pese a todo, ha sido posible obtener algunos muy significativos, que a continuación exponemos.

Según la anglosajona Encyclopedia Chambers, en á epígrafe "Slave Labour" (Trabajo de Esclavos) se calcula que, al terminar la guerra, los rusos utilizaron como trabajadores forzosos a unos cinco millones de soldados alemanes, prisioneros de guerra, y a unos tres cuartos de millón de soldados presos de otras nacionalidades, mayormente rumanos e italianos, pero también húngaros, eslovacos, búlgaros y finlandeses. Muy poco se ha vuelto a saber de esos esclavos.

Ciñéndonos a casos particulares, y según datos de una revista alemana occidental obsesivamente antinazi [576] los soviéticos capturaron en el frente de Stalingrado a unos cien mil soldados alemanes. Seis mil de ellos, tan sólo, regresaros a la patria a finales de 1950, es decir, que permanecieron en un estado de esclavitud durante cinco años y medio, en plena paz.

Los otros noventa y cuatro mil perecieron a consecuencia del tratamiento digno de ESCLAVOS, que recibieron. Y si volvemos al caso general de los cinco millones de alemanes y los 750.000 europeos de otras nacionalidades guardados por los soviéticos como esclavos, los colaboradores de la Encyclopedia Chambers convienen en que es muy difícil establecer una cifra con visos de garantía relativa a los que perecieron en la esclavitud, pues no es posible demostrar, en términos JURÍDICOS, que la pretensión rusa de que los prisioneros, al término de su cautiverio, prefirieron quedarse en la Unión Soviética es una burda patraña. Las gestiones de la Cruz Roja para localizar, individualmente, a muchos prisioneros de guerra, sobre todo alemanes e italianos, fracasaron por completo. No creemos que los casi seis millones de esclavos perecieran pero sí es innegable que una parte importante de ellos murió a consecuencia de los malos tratos, y los restantes, dispersados como trabajadores forzosos a lo largo y ancho de toda la URSS, continúan en un "status" de esclavos sometidos al Dios-Estado Soviético, y perdidos para siempre para sus patrias, y para sí mismos en su condición de hombres libres.

Pero no fue sólo la URSS. El Gobierno Británico, varios años después del término de la Guerra fue severamente amonestado por la Cruz Roja Internacional, no sólo por utilizar prisioneros de guerra como trabajadores forzosos, sino por tratarles de forma infrahumana, hasta el extremo de dejarlos morir de inanición y de frió en muchos casos comprobados. Según informes de la Cruz Roja Internacional, un año y medio después del final de la guerra, Inglaterra tenía a 460.000 soldados alemanes trabajando forzosamente para ella. En esa época se calculó

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que el gobierno laboralista de S.M. Británica ganaba anualmente 250.000.000 de libras esterlinas con el alquiler de sus esclavos alemanes, Esos esclavos eran, en efecto, PRESTADOS a los agricultores e industriales ingleses por una cifra que oscilaba entre 7.50 y 10.00 Libras a la semana. A los esclavos se les pagaba un máximo de seis peniques (es decir, entre un 5 % y un 7,5 % de lo que le rendían al gobierno) para que pudieran pagarse el rancho que se les daba (!?). En honor del pueblo inglés sea dicho, se desató una tal oleada de indignación popular que, a finales de 1946, el gobierno del laborista Atlee debió comprometerse a liberar a los prisioneros a razón de 15.000 cada mes. Es decir, que la última tanda de prisioneros regreso a Alemania en Junio de 1949, cuatro largos años después del final de la contienda. [577]. La Cruz Roja Internacional desde su sede central en Ginebra ordenó el tratamiento de los Aliados a sus prisioneros de guerra, en términos de extremada claridad:
"Los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, dos años después del final de la guerra, están violando los Acuerdos de la Cruz Roja Internacional, en su inhumano tratamiento a los prisioneros de guerra, acuerdos que ellos solemnemente firmaron en 1929".
Observemos que la nota de la Cruz Roja Internacional no hace alusión a la URSS, que no había firmado tales acuerdos, y que nunca reconoció a la Cruz Roja Internacional.

Como creemos conocer algo del cinismo de la naturaleza humana, hablando en términos generales, nos consta que muchos replicarán que, teniendo en cuenta lo que los alemanes hicieron a sus prisioneros, el tratamiento dado a los prisioneros alemanes era válido y natural. A ello debe replicarse:

a) Los alemanes sólo utilizaron a prisioneros soviéticos como trabajadores en tiempo de guerra por no tener ninguna obligación en contrario, al no haber suscrito la URSS la Convención de Ginebra sobre prisioneros. Además, les constaba a los alemanes el tratamiento que sus propios prisioneros recibían en Rusia. En todo caso, la propia Convención de Ginebra autorizaba el empleo de prisioneros de guerra en determinados trabajos, como la agricultura y la industria no bélica. En tales menesteres fueron utilizados los prisioneros de guerra ingleses, franceses y americanos. En todo caso, habían trabajadores extranjeros en Alemania, sobre todo franceses, tal como se había previsto en las cláusulas del Armisticio. Otros franceses habían ido a trabajar VOLUNTARIAMENTE a Alemania [578]. Pero repetimos - y creemos que la salvedad es importante - todo sucedía en tiempo de guerra, mientras que el uso de esclavos por los campeones patentados del Derecho Internacional se hizo en tiempo de paz, y a sangre fría, en millones de casos, con fines mercantilistas, y durante cinco años, como mínimo, en la URSS, y cuatro en Inglaterra.

b) El tratamiento de Alemania a los prisioneros de guerra fue, salvo casos aislados, independientes de la voluntad del Mando, correcto. Allan Wood, uno de los más populares corresponsales de guerra británicos escribió:

"Lo más sorprendente de esta guerra en el Oeste, en lo que se refiere a atrocidades, es su escaso número. Son rarísimos los casos en que he podido constatar que los alemanes no trataran a sus prisioneros de acuerdo con las Convenciones de Ginebra y las recomendaciones de la Cruz Roja". [579].
El teniente Newton L. Marguiles, Juez del Cuerpo Jurídico del Ejercito Americano declaró:
"Los alemanes, incluso en los momentos de máxima desesperación, trataron a sus prisioneros correctamente y obedecieron la Convención de Ginebra a todos los respectos". [580].
Digamos, de paso, que el Teniente Marguiles era judío.

La Cruz Roja Americana, en 1945, reconoció oficialmente que el 99 % de los prisioneros de guerra americanos en Alemania regresaron sanos y salvos a sus hogares. [581].

Los Aliados, pues, no tienen, siquiera, la excusa de haber obrado en plan de represalia contra los prisioneros de guerra alemanes. Utilizaron a esclavos por que les convino y nada más.

Como dijo Sir Winston Churchill: "Luchamos por la libertad".

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PATTON Y MORGAN
Los abusos cometidos por las fuerzas de ocupación en Alemania llegaron a extremos tan bestiales que varios personajes aliados se opusieron - o trataron de oponerse - a ellos. Ya hemos hablado de la expoliación de Alemania; de los tribunales de desnazificación; de los destrozos deliberados; de la esclavización de los hombres y la deshonra de las mujeres; de las deportaciones masivas de poblaciones en condiciones infrahumanas... Pero hubo más. Hubo mil y una ofensas deliberadas, inscritas en el infame Plan Morgenthau. A los soldados Aliados se les prohibía CONFRATERNIZAR con la población civil. Estaba prohibido a los soldados americanos casarse con alemanas, pero no tener ayuntamiento carnal con ellas. Esto equivalía a reducir a las alemanas al "status" de prostitutas. Esta prohibición pronto caería en desuso, por su absoluta impracticabilidad, pero el hecho es que oficialmente subsistió. Como subsistieron mil vejaciones más. Lindbergh refiere [582] como los soldados americanos quemaban las sobras de sus alimentos para impedir que pudieran aprovecharlas famélicos civiles alemanes que merodeaban cerca de los cubos de basura del Ejercito.

También dice:

"En nuestro país, la prensa publica artículos sobre el modo cómo "liberamos" a los pueblos oprimidos. Aquí, nuestro soldados utilizan la palabra "liberar" para describir el modo de obtener botín. Todo lo que se coge en una casa alemana; todo lo que se le quita a un alemán es "liberado", según el lenguaje de nuestros soldados. Las cámaras fotográficas "Leica" son liberadas; los alimentos, las obras de arte, las ropas, son "liberadas". Un soldado que viola a una alemana, la está "liberando". [583].

"Hay niños alemanes, que nos miran mientras comemos... nuestros malditos reglamentos nos impiden darles de comer. Me acuerdo del soldado Barnes, que ha sido arrestado por haberle dado una tableta de chocolate a una niña harapienta. Es difícil mirarles a la cara a estos niños. Me siento avergonzado. Avergonzado de mí, de mi pueblo, mientras como y miro a esos niños. ¿Como podemos llegar a ser tan inhumanos?"(584].

Esto lo dice el Coronel Lindbergh, héroe nacional de los Estados Unidos, que llegó a ser propuesto Candidato a la Presidencia de su país, que luchó en la guerra con la aviación de su patria; que no era un nazi. Esto pudieron verlo muchos norteamericanos e ingleses decentes.

El General Patton, tal vez el más popular de los generales americanos, se opuso inmediatamente a la aplicación total o parcial, del Plan Morgenthau en su sector de ocupación. Pronto topó con otro general, de mayor rango que el: El General Eisenhower [585]. Son bien conocidas las discusiones violentísimas que opusieron a los dos hombres sobre el modo cómo tratar a la población civil alemana. Patton fue SENTENCIADO A MUERTE tras las bambalinas del escenario. Un día, el coche de Patton fue arrollado por un camión militar en lo que a muchos pareció un rarísimo accidente. El General fue trasladado a una ambulancia, y de allí a un hospital, donde se le apreciaron lesiones importantes, aunque no graves. Pero unos días después fallecía de un ataque al corazón. La muerte de Patton, en todo caso, fue oportunísima. El General había anunciado que pensaba trasladarse a los Estado Unidos, donde iba a denunciar públicamente lo que estaba sucediendo en Alemania. Pero no tuvo tiempo. Había tenido altercados con demasiada gente importante. El General Eisenhower debió tomar personalmente el teléfono y ordenarle que se detuviera antes de llegar a Berlín. En Yalta los nuevos "amos del mundo" habían acordado que serían los soviético los primeros en entrar en la capital alemana. Patton quiso evitar la vandálica entrada del Ejercito Rojo en la capital del Reich y se enemistó con Eisenhower. Un mes antes pudo haber entrado en Praga, pero también se lo impidió Eisenhower, dejándole clavado en el terreno con una orden. Las dificultades de Patton con los PODERES FÁCTICOS tras la ocupación de Alemania fueron tan grandes que Eisenhower lo destituyó como Jefe del III Ejército y le encomendó el mando de una unidad secundaria. Patton se sabía en peligro de muerte y así lo había comunicado a sus familiares y allegados. Se le temía por su prestigio - era el General americano de más renombre, pues Eisenhower no era más que un militar político - y sus palabras podían alertar a la opinión pública americana sobre lo que realmente estaba sucediendo en Alemania. Así se preparó su accidente, que no era, ni mucho menos, el primero.

El día 21 de Abril de 1945, su avión con el que se trasladaba al Cuartel General del III Ejercito en Fedfield (Inglaterra) fue atacado por lo que se supuso ser un caza alemán, pero luego resultó ser

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un "Spitfire" pilotado por un inexperto piloto polaco. El avión de Patton quedo acribillado, pero pudo aterrizar milagrosamente. El 3 de Mayo, unos días antes del final de la guerra, el "jeep" del General fue embestido por una carreta de bueyes, resultando Patton con heridas leves.

El 13 de Octubre de 1945 fue cuando se produjo la colisión con el camión. Cuando Patton parecía reponerse del incidente se le produjo el "ataque al corazón". El caso es que desde el 13 de Octubre sólo los médicos vieron a Patton, negándosele la posibilidad de recibir visitas. Hasta hace bien poco sólo se suponía que Patton había sido asesinado. Hoy día se sabe. Y se sabe por una razón muy sencilla. Porque un agente de la conocida O.S.S. (Office of Strategical Services) o espionaje militar americano, un tal Douglas Bazata, un judío de origen libanés, lo manifestó ante 450 invitados; de alto rango, ex-miembros de la O.S.S, en el Hotel Hilton de Washington, el 25 de Septiembre de 1979. Bazata dijo textualmente:

"Por diversos motivos políticos, muchos altísimos personajes odiaban a Patton. Yo sé quien le mató. Pero soy yo el que cobró por hacerlo. Diez mil dólares. El propio General William Donovan, director del O.S.S. me encomendó esa misión. Yo preparé el accidente. Como no murió en el acto se le incomunicó en el hospital donde se le mató con una inyección". [586].

La trágica suerte de Patton convenció a otros colegas o compatriotas honrados suyos de la inutilidad de enfrentarse a los PODERES FÁCTICOS. Y si aún quedaban dudas sobre quién mandaba realmente en Alemania el "caso Morgan" acabo de disiparlas.

El General Frederick Morgan era el encargado de la sección de abastecimientos de la Zona de Ocupación Inglesa en Alemania. Pronto tuvo dificultades con la U.N.R.R.A., un organismo de las Naciones Unidas cuya misión consistía en distribuir en Europa, entre la población civil, los víveres y medicamentos que la generosidad de los pueblos de los países aliados, y concretamente de los Estados Unidos, mandaba a Europa. Morgan manifestó en privado y en público que los funcionarios de la U.N.R.R.A. eran, en su inmensa mayoría, unos contrabandistas, que vendían en el mercado negro los donativos que recibían para ser gratuitamente distribuidos. Sobre los abusos de gran parte del personal de la U.N.R.R.A. se han escrito abundantes volúmenes. La honrada actitud de Morgan le ganó la inmediata enemistad de Morgenthau, quien le amenazó, por teléfono, con una destitución inmediata. Lógicamente, Morgan respondió que el era inglés y que un político norteamericano carecía de jurisdicción sobre él. Eso creía Morgan. El General Norteamericano Lucius D. Clay, Jefe de la Zona de Ocupación Norteamericana, comunicó personalmente a Morgan su cese, tras reprocharle haber proferido observaciones antisemitas.

Morgan respondió que no admitía injerencias de oficiales extranjeros, aunque fueran generales, en el Ejército Británico. Pero unas horas después se presentó el General Harold Isaac, del Cuerpo de Intendencia del Ejército Británico, con la orden de relevo. Y los caballeros de la U.N.R.R.A. pudieron continuar su trabajo, sin necesidad de oír desagradables observaciones antisemitas de un general inglés que era lo bastante ingenuo para creer que en el Ejército Británico sólo mandaban los ingleses. Desde luego, parece improbable que su sucesor, el "gentleman" Isaac, hiciera tal tipo de observaciones.

LOS AUSLANDSDEUTSCHE
Los alemanes residentes en el extranjero, o Auslandsdeutsche, sufrieron diversos tipos de persecuciones, desde las matanzas colectivas en Checoeslovaquia hasta la expoliación pura y simple en Bolivia. Aunque ya nos hemos ocupado de las deportaciones sufridas por dieciséis millones de alemanes en otro epígrafe, ahora vamos a tratar de los robos, sevicias y puros exterminios que tuvieron lugar desde los últimos días de la guerra hasta varios meses después de terminada la misma.

Vamos a empezar por el caso de los alemanes de Checoeslovaquia y el territorio de los Sudetes. Mayo de 1945. La guerra ha terminado, y Checoeslovaquia ya ha sido liberada. El país de los Sudetes, donde, desde hace siglos, viven alemanes en su inmensa mayoría, está sometido a la ley marcial. Residen, en 1945, tres millones y medio de alemanes. La administración civil es asumída por comités nacionales checos. El Presidente Benes había proclamado en un decreto:

"Los alemanes y los magiares no son seguros. Es preciso arrebatarles la administración del país y sus bienes personales".
Las granjas y el utillaje agrícola de los alemanes fueron confiscados.

Estas medidas fueron complementadas por otras, de orden policial: insignia-distintivo para los alemanes; limitación de las horas para salir de sus domicilios; prohibición de asistir al culto, de caminar por las aceras y de recibir cuidados médicos en los hospitales. El mismo Benes había declarado en un discurso:

"A los alemanes sólo hay que dejarles un pañuelo para engujarse las lagrimas".

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Por Radio Praga se llegó a dar la inicua consigna:
"¡ Muerte a todos los alemanes !".
En cada ciudad se creó un campo de concentración, pero en las grandes ciudades se crearon muchos. Sé instauraron, oficialmente, las penas corporales. Faltar al respeto a un policía o a un partisano checo costaba, si era "falta leve", diez latigazos. Si era falta conceptuada como grave, el fusilamiento.

He aquí qué dice Manfred Lutgenhort, testigo ocular de los hechos que describe:

"He aquí el caso de Helena Burger: "Aquí os traigo a esas cerdas alemanas", dijo el Profesor Zelenka, entregando a las turbas veinte mujeres, algunas de las cuales tenían sesenta y setenta años. Fueron salvajemente golpeadas. Luego, Helena Burger oyó una orden: "De rodillas, putas alemanas". Las mujeres se arrodillaron y se les cortaron los cabellos con bayonetas. Helena Burger se desvaneció, pero fue reanimada con un cubo de agua helada.

Luego, de un puntapié le rompieron dos costillas. Finalmente, se cortó de su pié un pedazo de carne de cuatro centímetros de profundidad. Cuando por la noche volvió a su casa, sus hijos no la reconocieron. Varias de sus compañeras de infortunio habían muerto a consecuencia de los golpes. Dos se habían suicidado. Otra se había vuelto loca. Tres semanas más tarde, Helena Burger fue transferida al campo de concentración de Hagibor, que contaba 1.200 detenidos repartidos en cuatro hangares. Durante la noche, una hermana de la Cruz Roja Checa tomaba nota de las mujeres jóvenes y bonitas, y por la noche conducía a los soldados rusos a sus hangares. Algunas mujeres fueron violadas hasta cuarenta y cinco veces en el curso de una noche " [587].

Ahora el testimonio del Ingeniero Franz Resch:

"En Bokowitz vi a miles de alemanes, hombres y mujeres, civiles y soldados, e incluso a criaturas de diez años, salvajemente asesinados. Las turbas apalearon a aquellos seres indefensos. Los cuerpos dislocados eran recubiertos de ácido clorhídrico, para aumentar los sufrimientos. Algunos todavía vivían cuando se les cortaron los dedos para arrebatarles sus anillos o alianzas. También vi, en el campo de Kladnow, cómo se vertía alquitrán hirviendo sobre las espaldas desnudas de ciertos internados, tras lo cual se les pegaba con bastones. Yo perdí el riñón derecho a consecuencia de los golpes recibidos. El 10 de Mayo, el día siguiente del fin oficial de la guerra -aún cuando Checoeslovaquia ya había sido liberada desde hacía más de un mes- llegó al campo de Kladnow un tren de carga, lleno de soldados alemanes heridos. Fueron concentrados en un descampado y se les lanzaron granadas de mano. La mayoría murieron" [588].

Las mismas escenas de horror se reproducían por todas partes. En Iglau, el alcalde, alemán, es juzgado y, sin permitírsele hablar, es condenado a ser escalpelado en pleno Tribunal.

Los alaridos fueron tan tremendos que el desgraciado se quebró las cuerdas vocales. 350 vecinos de Iglau fueron obligados a marchar, completamente desnudos, por la noche, a paso ligero; al que se detenía o se caía le remataban a culatazos. Tras 33 kilómetros de marcha de la muerte, no quedaban supervivientes. En vista de lo que estaba sucediendo, 1.200 alemanes de Iglau preferieron suicidarse [589]. En el campo de concentración de Freudenthal, los detenidos son golpeados hasta que los guardianes no pueden más. Algunos detenidos son enterrados vivos [590]. En el campo de Moraska Ostrava, la mujer de un campesino, encinta de ocho meses, fue golpeada en el vientre hasta que abortó. En trance de muerte le fueron cortados los senos [591].

Todos los habitantes de la ciudad de Saaz (unos 3.000 alemanes) fueron ametrallados por una unidad del Ejército checo, el 15 de Mayo, seis días después del fin de la guerra [592].

Pero el apoteosis tuvo lugar en Praga, donde vivían más de medio millón de alemanes. El 13 de Mayo de 1945 entró en Praga, procedente de Londres, Edouard Benes, el Gran Maestre de la Franc-Masonería Checa. Benes era el bel esprit, el niño mimado del progresismo europeo liberaloide y bien-pensante. Con Benes llegaba Massaryk, el otro buda del liberalismo ortodoxo.

El recibimiento que les prepararon sus secuaces, a cuyo frente se hallaba un comunista Judío, llamado Slansky, fue espectacular. Muchos alemanes fueron colgados por los pies de los grandes paneles de anuncios de la Plaza de San Wenceslao, y rociados con gasolina. Luego, cuando los

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dos grandes "humanitarios" llegaron, los cuerpos fueron quemados hasta formar antorchas vivientes [593].

En un libro de más de mil páginas, el Libro Blanco de los Sudetes Alemanes, se describen horrores sin precedentes en la historia de la Humanidad. Mujeres checas y Judías, armadas con porras, golpeaban los vientres de alemanas encintas hasta que se producía el aborto. En un solo campo de concentración morían diariamente diez mujeres a consecuencia de esas torturas [594]. En otro campo, los detenidos eran obligados a lamer los aplastados sesos de sus compañeros que habían sido golpeados hasta morir. A otros detenidos se les obligaba a comer excrementos infecciosos de sus compañeros que padecían disentería [595]. Los doctores checos y judíos rehusaron ayuda, médica a las mujeres alemanas que habían sido violadas por los soldados rusos. Centenares de miles perecieron o se suicidaron. Tal fue el caso, por ejemplo, de la ciudad de Brno, donde en un sólo día 275 mujeres cometieron suicidio [596]. En el estadio municipal de Praga, el 18 de Mayo, nueve días después de terminada la guerra, cinco mil prisioneros de las SS fueron ametrallados [597].

El número total de muertos en los Sudetes y en Checoeslovaquia asciende a unos 250.000, más los que perecieron en la subsiguiente deportación y los que lentamente agonizaron en los campos de trabajos forzados [598]. Es difícil evaluar el número de muertos en la deportación forzosa y aún más los fallecidos en los campos de trabajos forzados. Ningún testigo es de fiar en este sentido, ya que las cifras que han avanzado son de tercera o cuarta mano, y probablemente exageradas. En todo caso, a los 250.000 masacrados, según el Libro Blanco de los Sudetes Alemanes, en los meses que siguieron al final de la guerra, hay que añadir, como mínimo, otros 175.000 que murieron de malos tratos o de hambre en los campos de trabajo, según fuentes oficiales oeste-alemanas [599].

* * *

El exterminio de los alemanes residentes en Yugoeslavia fue llevado a cabo, para empezar, mediante una serie de matanzas realizadas sin orden ni método, y posteriormente gracias al apoyo jurídico de una legislación inicua decretada por el llamado "Comité Antifascista de Liberación de Yugoeslava", hecha pública el 21 de Noviembre de 1944. Ese "Comité" estaba precedido por el propio Mariscal Tito, actuando como Secretarios del mismo Moisés Pijade y Jakob Rankowitz. Esas leyes, entre otras cosas, prescribían que: a) Todas las personas de origen alemán que vivieran en Yugoeslavia perdían automáticamente la nacionalidad yugoeslava, aún cuando ellas o sus padres hubieran nacido en territorio yugoeslavo. Perdían igualmente la totalidad de sus derechos civiles y políticos.

b) Todos los bienes, muebles o inmuebles, de dichas personas, debían ser considerados como confiscados automáticamente por el Estado, que asumía su plena propiedad.

c) Las personas de origen étnico alemán no podían reclamar ningún derecho civil ni político; no tenían derecho a recurrir a los tribunales ni a utilizar las leyes existentes para proteger sus vidas, sus personas o sus bienes [600].

En una palabra, los alemanes eran considerados res nullius. Al no poderse considerar amparados por ninguna ley, cualquiera podía hacer con ellos, literalmente, lo que le pluguiera, desde robarlos hasta matarlos. Tenían, de hecho, menos derechos que un perro callejero. Esa legislación infame, sin precedentes en la historia de la Humanidad, era conocida de los Aliados Occidentales, los autores de las bellas frases sobre la Libertad y la Democracia. Winston

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Churchill tenía, como embajador personal itinerante junto al "Mariscal" Tito, a su hijo Randolph. Aún hay más: la increíble legislación que equiparaba a los alemanes de Yugoeslavia a menos que las bestias y los ponía al nivel de res nullius, es decir, de "cosas de nadie", fue leída por las emisoras de la BBC londinense. El Autor, entonces un niño, recuerda haberlo oído con verdadero estupor, y que le turbó profundamente escuchar la lectura de aquellos decretos precisamente después de un vibrante discurso de un jerifalte británico en el que se aseguraba que se luchaba para que fuera una realidad la doctrina de que los hombres eran iguales.

A consecuencia de esas leyes y su posterior aplicación, 250.000 alemanes fueron apartados de la Humanidad. Casi todos ellos eran campesinos, particularmente numerosos de la región de Marienbad (Maribor).

Sus tierras, sus aperos de labranza, sus muebles, incluso sus vestidos les fueron inmediatamente arrebatados. Todo lo que conservaban sobre sí lo tenían, pues, a precario. Todo alemán representaba un valor-trabajo, que podía ser vendido, transferido o cambiado por algo.

Podía ser alquilado, o incluso destruido por el Estado. En numerosos casos, los alemanes fueron alquilados a particulares, pero a veces fueron también alquilados o transferidos a otros estados, y especialmente a Rusia. Por otra parte, los alemanes no tenían ni derecho a vivir con su familia; no tenían ningún derecho sobre sus hijos que, en miles de casos, les fueron arrebatados sin explicaciones; no tenían ningún derecho a hacer o a no hacer nada; ni a permanecer en un lugar determinado o a irse sin permiso de sus "dueños". Literalmente, se habían convertido en objetos del Estado y de la Administración. Una tal situación no se había jamás producido en Europa; nunca habían existido en Europa hombres sin derecho a poseer nada ya que, incluso lo que llevaban encima no era de su propiedad; no podían adquirir, legar ni dar nada; no podían recibir nada; no tenían derecho a recibir alimentos ni ropa, y si recibían un mínimo vital, para asegurar su, supervivencia como esclavos, era a título gracioso y podía ser retirado a capricho del Estado.

La innovación mas grave instituida por dicha ley consistía en la prohibición de pedir protección a los tribunales o a las instituciones del Estado.

Esto significaba que los alemanes no tenían derecho a presentar una queja, y mucho menos, a querellarse contra nadie; significaba también que no tenían derecho a llevar consigo papel de identidad alguno, incluyendo su certificado de bautismo. Podían ser registrados en cualquier momento por cualquier ciudadano yugoeslavo, y si se les encontraba un papel podían Incurrir en cualquier castigo. De hecho, podían incurrir en cualquier sanción sin motivo alguno, pues el hecho de prohibirles presentar quejas o querellarse hacía de los alemanes hombres expuestos a cualquier mal trato, sin que a ningún yugoeslavo se le pidieran cuentas por ello. Todo yugoeslavo tenía jurisdicción sobre ellos, y podía convertirse, a la vez, en su juez y verdugo. Esta situación era agravada por una propaganda oficial, que hacía creer a los yugoeslavos que, infligiendo malos tratos a los alemanes, realizaban un acto de patriotismo.

Las leyes del 21 de Noviembre fueron confirmadas por otra ley del 29 de abril de 1945, por la que, además, se precisaba que tales leyes se aplicaban, no sólo a los alemanes, o descendientes de alemanes, residentes en Yugoeslavia sino incluso a los alemanes que se encontraran en Yugoeslavia por cualquier motivo, es decir, esencialmente, a los soldados alemanes, a los que se asimilaba igualmente a la condición de res nullius.

Estas leyes, huelga decirlo, tenía por finalidad el exterminio masivo de los alemanes residentes en Yugoeslavia, lo que se obtuvo por tres métodos: liquidación masiva, deportación masiva y exterminio por el hambre y los trabajos forzados en los campos de concentración.

Las liquidaciones masivas tuvieron lugar, casi totalmente, durante el periodo anárquico que precedió a las leyes del 21 de noviembre de 1944, y sus autores fueron los partisanos, que llegaron a exterminar a pueblos enteros. Tras las leyes del 21 de noviembre, las liquidaciones masivas cesaron y fueron reemplazadas por liquidaciones individuales permitidas por la ley, y que

"expresaban la tendencia al sadismo al que la nueva legislación dejaba libre curso" [601].

Hacia 1948 terminaron las liquidaciones individuales y una de las últimas víctimas fue el muy conocido Padre Adalbert Schmidt, benedictino, que pasó los 12 últimos años de su vida oponiéndose al Nacionalsocialismo por razones que él calificaba de teológicas. El Padre Adalbert que creía ciegamente en la Igualdad de los hombres, murió apaleado por sus "iguales" yugoeslavos que estuvieron zurrándole varias horas seguidas.

Pero el caso es que en 1948 quedaban ya muy pocos alemanes vivos en Yugoeslavia: apenas 42.000 que fueron finalmente enviados a Rusia como "mano de obra", es decir, como

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esclavos. Fueron enviados andando, y en invierno, lo que hace suponer que muchos morirían por el camino.

En todo caso, nada se ha vuelto a saber de ellos. En total, de la colonia alemana que habitaba en Yugoeslavia cuando empezó la guerra, compuesta de unos 250.000 sólo lograron salvarse, huyendo hacia Austria y entregándose a las tropas norteamericanas e inglesas, unos 10.000.

* * *

En los últimos días de la guerra, ya en Mayo de 1945, unos 80.000 soldados alemanes se rindieron a los ingleses en Austria, y fueron internados en un campo de concentración en Karnten. Casi al mismo tiempo, llegaron a ese campo los restos del Ejército Croata (unos 290.000 oficiales y soldados que se habían rendido a los ingleses y americanos). El 17 de mayo, esos 370.000 soldados fueron entregados a Tito.

Debe tenerse presente que esos soldados, prisioneros de guerra y miembros de los ejércitos regulares, estaban amparados por las Convenciones de Ginebra y La Haya y, por consiguiente, tenían derecho a un trato correcto. No obstante, en el curso de los tres primeros meses que siguieron al final de la guerra fueron liquidados sin ninguna acusación y sin ningún proceso, ya por medio de matanzas sistemáticas en los alrededores de Bleiburg [602] ya en el curso de la "marcha de la muerte", de Maribor a Ursac. En efecto, se ha podido observar, en el curso de la última guerra, que los comunistas llevaban a cabo una técnica determinada de exterminio, que consistía en hacer marchar, por la carretera o a través del campo, a grandes masas de población que querían destruir. Esto ha podido verificarse como realizado no sólo por los comunistas rusos, sino también, y muy especialmente, por los comunistas yugoeslavos y, concretamente, serbios.

La horrenda masacre de los prisioneros croatas y alemanes en Bleiburg es corrientemente conocida como "La Tragedia de Bleiburg". Los cadáveres de esos 370.000 soldados entregados a Tito por los angloamericanos han sido encontrados en las fosas colectivas siguientes:

En Maribor (Marienbad), unos 40.000 cadáveres;
en Kcevje, aproximadamente 30.000 cadáveres;
en Bleiburg unos 40.000 cadáveres en condiciones de mutilación atroces;
en Kranj, 2.500 cadáveres;
en Saint-Vid (Teskocelo) 25.000 cadáveres;
en Potudik, 2.000 cadáveres;
en Huda Luknja, unos 16.000 cadáveres;
en Bezigrad, 2.000 cadáveres,
en Hrastkik, 7.000 cadáveres;
en Lasko, 3.000 cadáveres;
en Reichelburg, 1.000 cadáveres;
en Kostenjevica, 7.000 cadáveres;
en Crna, 3.000 cadáveres;
en Kamnik, 1.000 cadáveres;
en Zagreb, once enormes fosas conteniendo unos 80.000 cadáveres;
en Cracano, 2.000 cadáveres;
en Sosice, 3.000 cadáveres;
en Vrgin Most, 7.000 cadáveres,
en Dubocac, unos 2.000 cadáveres;
en Patravski-Klostar, 2.000 cadáveres;
en Virovitica, 2.000 cadáveres;
en Butmir-Kasindon, 2.000 cadáveres;
en Kravarski, 5.000 cadáveres;
en Bjelovar, 8.000 cadáveres;
en Nasice, 4.000 cadáveres;
en Backi Jara, 5.000 cadáveres;
en Vrach, 2.500 cadáveres. [603].

Henos aquí ante un super-Katyn que, por su crueldad y su aterradora extensión es absolutamente único. Esas fosas colectivas se extienden sin interrupción desde la frontera austro-yugoeslava hasta la frontera yugoeslavo-rumana. Es de notar que el Gobierno yugoeslavo nunca ha negado la veracidad de los hechos. Cuando el titulado "Comité de Investigaciones sobre la Tragedia de Bleiburg ", presidido por los profesores universitarios norteamericanos John Prcela y Joseph Hesimovic, denunció el caso de Bleiburg a las Naciones Unidas, el delegado yugoeslavo respondió cínicamente que a los muertos había que enterrarlos, y que por eso se encontraban tantas fosas con cadáveres en territorio yugoeslavo [604].

Sólo nos resta añadir, antes de cerrar la exposición de los crímenes de los buenos en Yugoeslavia, que los principales acusados por el Comité de Investigaciones sobre la Tragedia de Bleiburg fueron Koca Popovic y Dusan Kvedr, aparte, naturalmente, el Mariscal Tito. Pues bien: Popovic fue Ministro de Asuntos Exteriores de Yugoeslavia y Kvedr embajador de Yugoeslavia en Bonn. No cabe duda: cuando mandan los buenos el Crimen paga buenos dividendos. Un ejemplo más: el "general" partisano Holjevac, especialista en el exterminio de soldados y civiles italianos en la zona de Trieste, fue nombrado Alcalde de Zagreb.

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* * *

La región del Bánato se extiende a lo largo de los Alpes de Transilvania, el Danubio y los ríos Tisza y Mures. En los tiempos de dominio turco, el Bánato, de ser una región fértil y próspera había pasado a convertirse en lugar desolado, por tal motivo hubo que recurrir a colonos alemanes que contribuyeron a su recuperación. Al final de la I Guerra Mundial, el Bánato, pese a constituir una unidad geográfica y económica, fue repartido entre Yugoeslavia, Hungría y Rumania [605].

No queremos extendernos más relatando actos de vesánica crueldad, aunque hay documentación sobre miles de casos, más vomitivos los unos que los otros. Mencionaremos únicamente que la "moda" en el Bánato húngaro consistía en atar a los campesinos alemanes, extendidos sobre mesas, de pies y manos, y abrirles en canal con cuchillos, dejándoles desangrarse tal y como se hace con los cerdos en Francia y España. En Cernje, en el Bánato húngaro, todos los alemanes de la ciudad -unos 5.000- fueron, para empezar, apaleados.

No se libraron ni los ancianos ni los niños. Luego, gitanos armados iban de casa en casa y hacían saber a las mujeres alemanas que aún no habían sido ejecutadas a palizas, que las iban a violar, y luego a decapitar. La violación y la muerte de las alemanas de Crnje empezaron el 24 de Octubre de 1944. Muchas escaparon a esa suerte, suicidándose. Familias enteras se daban voluntariamente la muerte. El sacristán Johann Joldscheck fue muerto por desangramiento, de la manera ya descrita; antes se le hizo contemplar la violación de su mujer y sus dos hijas por varios gitanos y la decapitación de su hijo [606]. No sigamos: toda la población alemana del Bánato, unas 200.000 personas, desapareció sin dejar rastro, pues tras las primeras orgías de asesinatos y torturas, los supervivientes fueron enviados hacia el Este, probablemente a Rusia, a pié [607].

En Polonia, la minoría alemana huyó, en su mayor parte, antes de la llegada del Ejército Rojo. Se calcula que sólo unos treinta y cinco mil civiles alemanes permanecieron en sus hogares en Polonia. Prácticamente todos fueron internados en el campo de concentración de Lamsdorf, donde el tratamiento que recibieron fue similar al descrito cuando nos ocupamos de los campos de concentración checos y yugoeslavos. Una particularidad de los polacos -o, en todo caso, de la chusma desmandada- consistía en el ensañamiento con mujeres y niños. Según el Doctor Esser, superviviente que logró evadirse a Alemania Occidental, seiscientos de los ochocientos niños que había en Lamsdorf murieron de inanición y malos tratos, aunque la mayoría de niños fueron llevados en camiones hacia el Este y nunca volvió a saberse de ellos. A los sacerdotes les estaba prohibido ejercer su ministerio. El cura católico de Lamsdorf rehusó en varios ocasiones la Extremaunción a detenidos moribundos, tal era el odio "racista" de ese hombre, sistemáticamente atizado por la propaganda oficial [608].

No hay cifras oficiales sobre las bajas sufridas por la población civil alemana residente en Polonia. Se sabe que unos 350 o 400 lograron evadirse a Occidente. La suerte de los demás se ignora oficialmente, aunque una comisión de juristas franceses independientes llegó a la conclusión de que debieron ser probablemente ejecutados o dejados morir de inanición, a menos de ser entregados a los rusos que hacían trabajar a sus cautivos hasta que perecían por extenuación física.

* * *

En todas partes, y en diversos grados, los Auslandsdeutsche fueron maltratados. Hubo países, como Bolivia, que decretaron la expropiación de los bienes inmuebles pertenecientes a alemanes, e incluso a ciudadanos bolivianos de origen alemán. Hubo otros, como la neutral Suiza, que entregó a los Aliados occidentales a ciudadanos propios, pero de ideas nacionalsocialistas y, con mayor "razón" a ciudadanos alemanes que residían en la Confederación Helvética, cuando se los reclamaban ingleses, franceses o americanos. Hubo de todo. Y, por haber, hasta hubo un ensordecedor silencio de los pastores espirituales de la Cristiandad. Algunos hablaron. Muy pocos. Los más, temerosos, callaron, mientras el gallo

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cantaba tres millones de veces en las antesalas de los palacios cardenalicios y Cristo era de nuevo crucificado, millones de veces, en las personas de innumerables desgraciados torturados, deshonrados, mutilados, asesinados.

LOS EXPOLIOS TERRITORIALES
Cuando Churchill y Roosevelt se reunieron, a bordo de un pacífico acorazado, en aguas de Terranova y firmaron lo que luego se llamaría la Carta del Atlántico, dogmatizaron que, a partir de entonces, se habrían acabado las anexiones territoriales. Decidieron que los países sólo aumentarían su sobera- nía territorial mediante plebiscitos libres y democráticos de las poblaciones que habitasen zonas litigiosas. En todo caso, además, las minorías tendrían sus derechos reconocidos y garantizados. Los dos estadistas democráticos consiguieron que Stalin pusiera su firma al pié de dichos acuerdos, que serían el embrión del arsenal ideológico de las Naciones Unidas, asociación de estados democráticos que iba a gobernar el mundo. Ya hemos visto cómo fueron tratadas las minorías en Yugoeslavia, en Checoeslovaquia, en Polonia y hasta en países neutrales. En cuanto a la intangibilidad de las fronteras salvo plebiscitos democráticos, diremos que, sin comicios y sin urnas, los Aliados dieron su bendición a los siguientes tijeretazos sobre el martirizado mapa de Europa: a) La Ciudad Libre de Dantzig fue incorporada a Polonia.

b) La URSS se incorporó Estonia.

c) La URSS se incorporó Letonia.

d) La URSS se incorporó Lituania.

e) La URSS se incorporó la Rutenia (antes checoeslovaca).

f) La URSS se incorporó Carelia Septentrional y Pétsamo.

g) La URSS se incorporó Besarabia.

h) La URSS se incorporó Bukovina.

i) La URSS se incorporó Memel.

j) La URSS se incorporó Prusia Oriental.

k) La URSS se incorporó el 35 % de Polonia.

l) A Polonia se la compensó con territorios indiscutiblemente alemanes, de manera que una nueva "Polonia" apareció en Centro-Europa, moviéndose hacia el Oeste.

m) Francia se quedó, por diez años, el territorio del Sarre.

n) Checoeslovaquia se quedó los Sudetes pese a que, en el Acuerdo de Munich, Inglaterra y Francia habían reconocido el carácter germánico de esos territorios.

o) Transilvania, la Alsacia-Lorena del Sudeste de Europa, volvió a soberanía rumana.

p) Croacia y Eslovaquia desaparecieron del mapa, nuevamente englobadas, por fuerza, en los conglomerados estatales de Yugoeslavia y Checoeslovaquia.

q) A Italia le fueron arrebatadas sus colonias.

r) La URSS se anexionó Skhalin del Sur.

s) La URSS se anexionó el Archipiélago de las Kuriles.

t) La URSS ocupó Manchuria, que luego pasaría a soberanía china

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u) Albania fue convertida en una "república" comunista y los 300.000 colonos italianos expulsados perdiéndolo todo.

v) Alemania fue dividida en cuatro zonas de ocupación. Cuando, tras no menos de seis años, los ocupantes se fueron -dejando a sus hombres de paja como gobernantes- el país quedó dividido en dos repúblicas independientes: la Federal, satélite de los Estados Unidos, y la Democrática, satélite de la URSS.

x) La división de Alemania quedó completada con la división de Berlín en dos zonas: una occidental y otra oriental. El "muro de la verguenza" fue construido por los comunistas, es cierto, pero los occidentales y, concretamente, los americanos, dejaron hacer.

Los campeones de la Democracia, autocráticamente, sin plebiscitos, sin zarandajas, porque sí, faltando clamorosamente a su palabra empeñada y a los ideales que habían servido para arrastrar a primera línea a millones de combatientes de buena fe, habían asestado dos docenas de golpes de bisturí al mapamundi, y se habían quedado tan tranquilos. Habían decidido que Prusia Oriental era Rusia, y Silesia y gran parte de Prusia Occidental, Polonia. Kant y Herder eran rusos, y Freiherr Von Eichendorff, Gerhardt Hauptmann, Ewald von Kleist y Schopenhauer, polacos. Ridículo y grotesco. Y, por supuesto, odioso.

EL EXTRAÑO CASO DE AUSTRIA
Integrada en el III Reich por el Anchluss de 1938, Austria, en 1945, recobraba oficialmente su independencia. No era, sin embargo, un país liberado como los demás. Los Aliados consideraban que los austríacos habían colaborado con excesivo entusiasmo con la Alemania Nazi y, en consecuencia, si por una parte aseguraban el renacimiento del Estado Austríaco, por otra dividían a Austria, como a Alemania, en cuatro zonas de ocupación y las decisiones del "gobierno" austríaco debían ser provisionalmente sometidas a la aprobación de un Consejo de Control de los llamados "Cuatro Grandes".

Austria, incluso, debió pagar unas módicas reparaciones de guerra. El hecho de que fueran módicas -simbólicas casi- no impide que fueran básicamente absurdas. ¿ Cómo diablos puede comprenderse que deba pagar reparaciones una víctima ?. En todo caso, una cosa es cierta: a los soldados Aliados les fue rigurosamente prohibido dedicarse a pillajes análogos a los que padecía el Reich ocupado. Por lo menos, a los Aliados occidentales. Los rusos, particularmente en la capital, Viena, cometieron numerosas tropelías, aunque en un grado incomparablemente menor al Apocalipsis de Berlín, por poner un ejemplo. Desde el 8 de Mayo de 1945, el nuevo "Gobierno" de Austria había promulgado una ley, llamada "ley de las prohibiciones". Por cierto, ¿ no es delicioso que un gobierno, titulado democrático, sea impuesto, sin elecciones, por las autoridades extranjeras de ocupación, y que su primera ley -al no ser votada por ningún Parlamento- sea, en realidad, un Decreto, y que ese Decreto democrático sea un compendio de prohibiciones ? A los austríacos, que, por fin, habían "recobrado" su libertad, se les prohibía:

a) Difundir ideas nacionalsocialistas,
b) Difundir ideas racistas,
c) Ejercer, por escrito o de palabra, críticas contra la Democracia,
d) Propugnar la unión de Austria con Alemania.

Además, se declaraba "fuera de la ley" al Partido Nacionalsocialista y a todas las organizaciones anexas.

También quedaban fuera de la protección de la Ley todos los individuos que hubieran pertenecido al Partido Nacional-socalista entre el 1 de Julio de 1933 y el 13 de Marzo de 1938, fecha del Anschluss. Los funcionarios incluidos en esa categoría eran destituidos y privados de pensión. Asimismo, los "fuera de la ley" no podían, en el futuro, ser funcionarios del Estado, ni directores de sociedad, ni ejercer determinadas profesiones liberales; igualmente se les privaba de disponer libremente de sus bienes muebles o inmuebles; es decir, no podían comprar ni vender nada, ni una casa, ni un solar, ni un piano de cola, ni una camisa.

"La suerte que preveía la ley para los miembros de las SS" -decía el escritor francés Sérant- "era todavía más severa; además de las sanciones indicadas debían estar sometidos a una estricta vigilancia de la policía, obligados a los trabajos más rudos o internados en las cárceles. Esta ley represiva fue pronto ampliada hasta incluir a los miembros del Partido Nacionalsocialista y a numerosas organizaciones represivas" [609].
Por último, la ley de prohibiciones preveía la pena de muerte

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para los criminales de guerra, entre los que se incluía de oficio a los titulares de altas funciones nazis.

Los Tribunales populares comenzaron a abrir sus sesiones a partir del 13 de Agosto de 1945. Estos tribunales estaban compuestos por tres jueces, cada uno de los cuales representaba a uno de los tres grandes partidos políticos reconstituidos después de la liberación, a saber: el Partido Populista (católico y de tendencia conservadora), el Partido Socialista y el Partido Comunista. El 12 de Junio de 1946, el Canciller Figl, Jefe del nuevo estado austriaco, presento un balance oficial de la represión:
8.850 interrogatorios a personas acusadas de crímenes de guerra habían sido abiertos; sobre 3.360 interrogatorios terminados, 1.380 habían concluido en acusación. En el plano de la depuración administrativa, 149.044 funcionarios -de los cuales 23.558 habían sido miembros del Partido Nacionalsocialista antes del Anschluss- habían sido sido destituidos [610].

Si la "ley de prohibiciones" no pudo llevarse totalmente a la práctica en lo referente a la eliminación de la vida pública de 600.000 personas que comprendían a la élite intelectual del país, fue por obvias razones de imposibilidad práctica de hacer tal. No obstante, a esas personas se les obligó a pagar impuestos 20 % más elevados de los que les correspondiera, se les impuso multas de diversas cuantías y se les imposibilitó ciertos cargos y profesiones durante cinco años.

Además, se instituyó que los nazis catalogados de "importantes", independientemente de otras penas en que pudieran incurrir, pasarían un mínimo de dos años en campos de trabajo for- zoso. Los nazis catalogados de "menos importantes", un año. Además, se prohibió cursar estudios a cinco mil universitarios sospechosos de nazismo o de pertenecer a familias nazis.

Estas leyes inicuas y arbitrarias provocaron vigorosas protestas. Es de justicia hacer resaltar que las principales muestras de disconformidad emanaron de medios religiosos, y concretamente católicos. Monseñor Rohsacher, Arzobispo de Salzburgo, acusó al nuevo gobierno austriaco de estar dominado por el espíritu de represalia. El Obispo de Innsbruck, Monseñor Rusch, acusó al gobierno de arbitrariedad y de emplear con sus enemigos políticos los mismos medios que siempre les habían reprochado a ellos.

No queremos cerrar el epígrafe dedicado a Austria sin reproducir un texto del escritor francés Pierre-Antoine Cousteau, que se había refugiado en Austria y que fue internado durante algún tiempo en el campo de concentración de Mockry, cerca de Bludenz (en la zona francesa).

He aquí lo que nos dice Cousteau, refiriéndose al mes de Junio de 1945, es decir, un mes después de consumada la victoria aliada:

"Cuando se produjo el Anschluss en 1938, en Bludenz se detuvo a una docena de sospechosos. Esta vez, se han detenido a 800, es decir, prácticamente a todos los hombres válidos de Bludenz. ¿Por otra parte, se podía obrar de otro modo? En la Gran Alemania, todo individuo que ejerciera un oficio estaba inscrito de hecho en una asociación profesional, y esta asociación llevaba el sello sindical nacionalsocialista: existían los lecheros nacionalsocialistas, los veterinarios nacionalsocialistas, los barrenderos nacionalsocialistas; las asociaciones culturales o artísticas o deportivas también eran nacionalsocialistas. Se podía ser coleccionista de mariposas nacionalsocialista o clarinetista nacional-socialista. Luego, para los Cruzados de la Democracia, todo lo que aparecía acompañado de esa etiqueta, revelaba el crimen de guerra .......Cuando llegamos al campo de Mockry, muchos sospechosos habían sido puestos en libertad, pero aún quedaban allí varios centenares" [611].

LA OPERACIÓN "KEELHAUL"
En el curso de la guerra, se constituyó un Ejército de Liberación Ruso que luchó al lado de Alemania. Este ejército se hallaba constituido por prisioneros de guerra, procedentes de todas las regiones de Rusia, que tomaron las armas contra la URSS, siguiendo el llamamiento del General Wlassow. Más de un millón de rusos, georgianos, ucranianos, lucharon, con Alemania, contra la URSS, "por la liberación del yugo bolchevique", según frase de Wlassow. Otros muchos miles de cosacos, musulmanes y, sobre todo, ucranianos, llegaron a estar encuadrados en unidades combatientes alemanes, o en las SS. En total, un millón y medio de hombres. El manifiesto de Wlassow terminaba con las siguientes palabras:
"El Comité liberador de los pueblos de Rusia acepta agradecido la ayuda de Alemania en condiciones que no atenían ni al honor ni a la independencia de nuestro país. Esta ayuda

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representa, actualmente, la única posibilidad de organizar la lucha armada contra la camarilla staliniana. ¡Oficiales y soldados del Ejército liberador! La sangre derramada en una lucha común sella la combatividad de todos los luchadores de las distintas nacionalidades.

Perseguimos el mismo fin.... ¡ Compatriotas ! ¡ Hermanos que os encontráis en Europa ! Sumáis millones. Vuestro regreso a la patria con plenitud de derechos es tan sólo posible después de nuestra victoria. De vosotros depende el éxito de la lucha. Pensad que, por fin, trabajáis por la causa común".

Fue masiva la respuesta a este llamamiento. Un auténtico levantamiento popular se consumó contra el Bolchevismo y, hasta el último momento, estos rusos anticomunistas lucharon contra los soviéticos. Al final de la guerra, un millón doscientos mil combatientes rusos y casi un millón de civiles igualmente rusos, musulmanes procedentes del Asia Central sometida a la URSS y ucranianos, se entregaron a los angloamericanos. Unos doscientos mil croatas, por su parte, se dirigieron a Austria y se entregaron a los ingleses. También se entregaron a los ingleses los soldados cosacos que, a los ordenes de von Pannwitz, lucharon contra los soviéticos hasta el final de la guerra. Naturalmente, prefirieron entregarse a los británicos, cuyo General en Jefe, Montgomery, les prometió que serían tratados como combatientes regulares, y de acuerdo con las leyes de la guerra.

La realidad, empero, fue muy otra. Por encima de las promesas de Montgomery y de los mandos políticos y militares occidentales, estaba el Plan Morgenthau, por el que, entre otras cosas, se había decidido entregar a los soviéticos el mayor número posible de anticomunistas.

Así se concibió la Operation Keelhaul [612]. De acuerdo con su programa, los mandos militares Aliados debían aceptar la rendición de todas las unidades específicamente anticomunistas, aún cuando debieran prometer que los que se rindieran serían tratados como prisioneros de guerra y respetados como tales, y nunca serian entregados a los soviéticos. Debe tenerse muy presente que en el frente del Este lucharon, única y exclusivamente contra el Comunismo, soldados procedentes de todos los países del área racial blanca, voluntarios alistados en la SS, ya ex prisioneros occidentales, ya procedentes de países neutrales. Así hubo una legión de San Jorge, formada con ingleses y norteamericanos; una Brigada Carlomagno, de franceses; una división flamenca y otra valona; y unidades croatas, eslovenas, estonianas, letonas, polacas, noruegas, danesas, holandesas; incluso españolas y portuguesas. Hubo, como hemos dicho, representantes de todos los pueblos de Rusia: ucranianos y georgianos; bielorrusos, cosacos, tártaros de Crimea y azerbayanos; hubo un batallón armenio y rara avis musulmanes blancos de la India.

Muchos de los supervivientes de estas unidades lograron huir y cobijarse bajo cielos más clementes, mientras otros fueron condenados a prisión o a trabajos forzados al llegar a sus respectivas patrias liberadas [613]. Pero la gran mayoría fueron entregados a los soviéticos, de acuerdo con los términos de la abyecta "Operación Kelhaul".

He aquí algunos párrafos de un artículo publicado en la mundialmente conocida "Selecciones del Reader's Digest", a la que ni con la más fantasiosa imaginación podrá tildarse de antidemocrática o de antiamericana:

"Al finalizar la contienda, los aliados occidentales forzaron al regreso a su país de unos dos millones de rusos que habían sido capturados por el ejército alemán o se habían evadido de la URSS en el curso de la guerra. Lo que ocurrió a aquellos desventurados constituye uno de los episodios más horripilantes de la más sangrienta guerra de la historia. Millares de rusos decidieron quitarse la vida antes que regresar a su patria. Enormes contingentes fueron transportados por la fuerza a territorio dominado por los rusos. Elevado número de aquellos prisioneros devueltos fueron ejecutados inmediatamente por los miembros de la MVD (la policía secreta rusa). Otros fueron enviados a Moscú para ser sometidos a juicio en masa y luego ejecutados. Se ha sabido que un general ruso que habla caído prisionero fue decapitado y que su cabeza se ex- puso como un trofeo en Moscú. La mayoría de los prisioneros restantes fueron despachados a los campos de trabajos forzados de Siberia y apenas ha vuelto a saberse de ellos.

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"Al terminar la II Guerra Mundial, los Aliados occidentales descubrieron que más de dos millones de rusos, ex-prisioneros de los alemanes, luchaban al lado de la Wehrmacht contra las tropas soviéticas. Las fuerzas alemanas tenían con ellas a todo un ejército ruso a las ordenes del general Andrei Wlassow. Centenares de miles de prisioneros fugitivos fueron acorralados. Casi todos se mostraron abiertamente opuestos a ser enviados a Rusia. La suerte de estos rusos liberados quedó, sin embargo, decidida por una orden del Mando Supremo Aliado, emitida poco después de la Conferencia de Yalta y en la cual se disponía que todos los rusos liberados fuesen transferidos a las autoridades soviéticas lo antes posible ". La repatriación forzada en gran escala comenzó en Mayo de 1945.

"Centenares de miles de rusos intentaron eludir el forzoso retomo a su patria y decenas de millares se suicidaron cuando iba a llevarse a efecto. Cuando iban camino de Austria para ser repatriados, casi mil rusos se arrojaron desde las ventanillas de los trenes al cruzar un puente del ferrocarril alpino sobre un profundo desfiladero cercano a la frontera austriaca. Todos murieron. En la ciudad austríaca de Linz hubo otra oleada de suicidios y fueron muchos los que perecieron ahogados en el río.

"Siguieron otras siete repatriaciones en masa desde Alemania. En todas ellas hubo intentos colectivos de suicidio. Los ahorcados eran los más numerosos. Cuando llegaban las autoridades rusas que debían hacerse cargo de los repatriados forzados, era frecuente que éstos irrumpiesen en las iglesias hasta rebosar la capacidad de los templos. Testigos norteamericanos cuentan que las autoridades soviéticas sacaban invariablemente a los rusos liberados arrastrándolos hasta la calle y luego los apaleaban antes de hacinarlos en los vehículos de transporte.

"Otros ex-prisioneros rusos fueron llevados a Inglaterra y cargados como ganado en embarcaciones con destino a Odessa, en Rusia. Hubo otra oleada de suicidios. En una ocasión se emplearon tres días en sacar del barco a los rusos y hubo que arrastrarlos desde los escondrijos donde se habían refugiado en la bodega.

"Algunos de los rusos liberados pocos días después del Día-D (desembarco en Normandia) fueron llevados a los Estados Unidos e internados en campamentos del Estado de Idaho [614]. Pocos de ellos querían ser repatriados, pero no tardaron en verse a bordo de buques rusos en la costa norteamericana del Pacifico; a esos hombres hubo que sacarlos de sus casetas con gases lacrimógenos para poder embarcarlos ". [615]

En el mismo artículo se refiere que, hasta el verano de 1947, todos los desertores del Ejército Rojo eran entregados por los occidentales a los soviéticos, a sabiendas de que a los pocos días iban a ser fusilados por éstos.

En última instancia, los responsables de estas ordenes inicuas fueron el Presidente Truman, el Primer Ministro Attlee y el General De Gaulle.

Hay que tener en cuenta que los rusos forzosamente devueltos a la URSS se englobaban en tres categorías de personas:

a) Voluntarios antisoviéticos alistados en las SS, procedentes de la Zona de Rusia y Ucrania ocupada por la Wehrmacht.

b) Voluntarios antisoviéticos alistados en las SS, procedentes de los campos de concentración para prisioneros, y de origen étnico ruso, ucraniano, o de cualquiera otra de las regiones blancas de la URSS.

c) Voluntarios antisoviéticos que actuaban como auxiliares de la Wehrmacht, y especialmente en los Servicios de Intendencia, procedentes de las regiones no étnicamente blancas de la URSS.

d) Unos 150.000 rusos " blancos ", que habían salido de Rusia durante la revolución de 1917, refugiándose en Europa. La mayor parte de esos individuos eran apátridas o bien habían tomado nacionalidades de países occidentales, sobre todo Francia; apoyando de diversas maneras la acción anticomunista de Alemania.

e) Las familias de los individuos englobados en los apartados a), b) y c). En total, algo más de dos millones de personas cuya suerte fue, en el mejor de los casos, la deportación a Siberia, hasta morir de frío o de inanición. Y en el caso más corriente de los combatientes que

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depusieron las armas fiándose de las promesas de los demócratas occidentales, el pelotón de ejecución, amenizado con torturas y humillaciones previas en determinados casos.

El caso de otros europeos entregados por los occidentales a los comunistas para ser ejecutados no es, numéricamente, tan importante como el de los rusos, pero, tal vez, es aún más inhumano. El caso de los croatas, sobre todo, es dantesco. 37 generales, 167 oficiales, cerca de 5.000 suboficiales y unos 200.000 soldados croatas, acompañados de una masa de civiles igualmente croatas que huían del Paraíso de la Yugoeslavia de Tito, se habían concentrado en el Valle del Drava, en Carintia y Tirol Meridional, poniéndose bajo la protección de los ingleses. El Alto Mando Británico les dijo que podrían elegir entre regresar a su país, emigrar a otros países que quisieran admitirlos, o permanecer en Alemania o Austria, como refugiados. Pero, de acuerdo con el programa del Plan Keelhaul se decidió la entrega en masa de los croatas y sus familias el 23 de Mayo de 1945.

Fue encargado de la poco gloriosa ejecución el Comandante de la 11a. División Acorazada Británica. Los mandos croatas fueron invitados a presentarse en el Cuartel General inglés, en Spittal-Lienz, bajo el pretexto de sostener una conferencia sobre la organización de la intendencia de los croatas y la traslación de la masa de refugiados croatas a campos de albergue británicos. Creyendo en las promesas que se les habían hecho solemnemente, de que nunca serian entregados a los comunistas, los oficiales y mandos croatas respondieron dócilmente a la invitación inglesa, pero una vez llegados allí fueron inmediatamente detenidos y entregados a los emisarios yugoeslavos, que ya les estaban esperando. Todos estos generales, oficiales y mandos civiles croatas fueron ejecutados, sobre el terreno, por los comunistas, en zona británica de Austria, y sin tomarse la molestia de ocultarlo.

A la entrega de los mandos croatas siguió la de los soldados y no menos de 35.000 mujeres, niños y demás civiles. En el colmo de la desesperación los croatas enviaron telegramas a todas partes: a Truman, a Eisenhower, a Montgomery, a Churchill, a Attlee y al Papa, Pió XII. Pero todo fue inútil. Nadie les hizo el menor caso.

En los inmensos campos donde habían sido amontonados millares de soldados, mujeres, niños y ancianos croatas se extendió el terror. Los terroristas no eran, por esta vez, los sicarios de la policía militar soviética, sino los de Su Majestad Británica. Las escenas que se produjeron fueron espantosas. Hombres que se abrían las venas; madres que ahogaban a sus hijos o los arrojaban al rio Drava; escenas increíbles de soldados croatas atacando desarmados a los tanques británicos, que abrieron fuego causando la muerte de millares de inocentes que se oponían a ser enviados a los campos de tortura de Tito. Este macabro espectáculo duró días enteros. Croatas abatidos como perros rabiósos por las balas británicas cuando intentaban huir, mientras muchos otros se suicidaban para escapar a su suerte. Escenas semejantes se registraron en los demás campos de concentración donde se encontraban los croatas, en Manheim, Dachau, Deggendorff, Platting, etc. A los croatas que no se suicidaron les esperaba una suerte horrible al llegar a Yugoeslavia.

Los más significados de entre ellos fueron inmediatamente ejecutados. Los demás, sin distinción de sexo ni edad, fueron destinados a los trabajos forzados de por vida. Según el escritor francés Fabrice Laroche, el número de croatas asesinados por los sicarios de Tito en Mayo y Junio de 1945 llegó a los 280.000 [616]. Se sometió un memorándum a la Cruz Roja Internacional quien, a su vez, lo remitió a Tito. Este no se dignó responder siquiera.

Particularmente dramático fue, también, el caso de los cosacos de Von Pannwitz, oficial alemán que mandaba aquellos legendarios escuadrones de caballería en el frente del Este. El General inglés Davis, a quien se rindieron personalmente, les dio su palabra de caballero de que, en ningún caso, serían entregados a los rusos. Luego, a punta de bayoneta, fueron, efectivamente, entregados a los rusos. Antes de ser entregados trescientos jefes y oficiales prefirieron suicidarse. No así el General von Pannwitz que, el 27 de Enero de 1947 fue ejecutado juntamente con los principales jefes de los cosacos: el atamán Domanov y los generales Krasnov y Klytsch. Si contra estos tres últimos los soviéticos fulminaron el anatema de la "traición a la patria soviética", no podían, evidentemente, acusar de lo mismo a von Pannwitz. No se sabe, con exactitud, cuál fue el pretexto esgrimido para ejecutar al legendario general, En todo caso, la muerte de von Pannwitz puso fin a las ejecuciones de jefes de unidades rusas antisoviéticas.

Todos los demás ya habían muerto.

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LA LIBERACIÓN DE EUROPA

Roosevelt y Churchill, haciendo caso omiso de que Alemania tenia, en Europa, como compañeros de armas a Rumania, Bulgaria, Hungría, Finlandia, Croacia y Eslovaquia, sin contar a Italia que cambió de bando -por lo menos la mayor parte de ella- en 1943, pretendieron que los Aliados hacían la guerra por la liberación de Europa. Eisenhower llegó a bautizar la campaña en nuestro Continente como una "Cruzada en Europa", y tal fue el título que dio a un libro de memorias bélicas que sobre tal tema publicó unos años más tarde. En cambio, una figura política del calibre de Sir Anthony Eden, manifestó al respecto:

"Desde Noruega hasta los Alpes Marítimos, los Aliados han emprendido la más formidable caza del hombre de la Historia".
Y esto fue la liberación de Europa, tras la Cruzada: una auténtica cacería humana.

Vamos a estudiar, muy someramente, los rasgos principales de esa liberación al "estallar la paz", el 8 de Mayo de 1945. Empezaremos por Francia, oficialmente uno de los "Cinco Grandes", teóricamente vencedor en la guerra, cuyo territorio liberaron los ejércitos norteamericanos y los multinacionales y multicolores ejércitos británicos. A esa tarea ayudaron (?) las llamadas F.F.I.

(Fuerzas Francesas del Interior), cuya contribución militar, según testimonio ya citado de Eisenhower, fue prácticamente nulo. Ahora bien, cuando se ilustraron los valientes maquis de las F.F.I. fue cuando el último soldado alemán hubo emprendido la retirada. Dejemos hablar a los propios franceses:

"Existe un campo de detenidos sobre el cual se ha procurado guardar silencio, en nuestra patria. El campo de Estivaux. El día siguiente a la Liberación, un campo fue creado en las cercanías de Saint-Rémy-sur-Durolle, en el Departamento del Puy-de-Dome, para guardar en él a todos aquellos -y aquellas- que, con razón o sin ella, eran sospechosos de colaboracionismo con los alemanes. Hubo pronto en Estivaux varios centenares de detenidos, arrestados, ilegalmente y en la mayoría de casos sin motivo preciso ni válido. Vigilados por energúmenos armados hasta los dientes con granadas y ametralladoras, los detenidos no tardarían en enterarse de que, en el capítulo de las ignominias, ciertos franceses no tenían nada que aprender de los torturadores de la G.P.U. o de la Gestapo.

"Fueron, en primer lugar, las mujeres, las que sirvieron de diversión a los siniestros guardianes. Tras haber sufrido todos los ultrajes infligidos por los brutos que las custodiaban, las desgraciadas fueron sometidas a abominables torturas. Una de ellas, originaria de Saint-Rémy- sur-Durolle, después de haber sido mutilada, fue ejecutada de la siguiente manera: arrastrada hasta el medio del campo, fue hinchada con aire comprimido hasta que, al estallarle los intestinos, murió en medio de atroces sufrimientos. No fue, ¡ ay !, la única víctima de los innobles verdugos que, encontrando el "juego" divertido, reincidieron sobre varias mujeres mas.

"Pero los verdugos no se contentaban con asesinar a sus víctimas: a veces llevaban el sadismo hasta a convidarles a participar en diversiones preliminares tales como ésta: Media docena de pobres diablos, más muertos que vivos, eran arrastrados hasta el interior de un circulo formado por sus carceleros e invitados, a punta de bayoneta, a cavar rápidamente su tumba. Cuando el agujero se consideraba suficientemente profundo, una víctima designada por sorteo era precipitada en su interior y la horda aloquecida la pisoteaba, danzando y vociferando durante horas. Cuando los carceleros se cansaban del espectáculo, la victima era enterrada allí mismo por sus compañeros" [617].

"Unas dos mil mujeres acusadas de colaboracionismo fueron paseadas desnudas por las calles principales de París, el día de la Liberación. Algunas fueron violadas y todas apaleadas.

Era corriente que les cortaran los pelos del pubis. Hubo verdaderas abominaciones" [618].

No queremos extendernos más sobre las ignominias cometidas ni relatar sádicas escenas, impropias de las bestias.

Marcel Willard, miembro del Partido Comunista Francés, a quien el General De Gaulle había nombrado Ministro de Justicia, declaró, en una interviú, en 1944:

"De ahora en adelante, el signo de la Justicia ya no será una balanza, sino una ametralladora".
Este camarada-Ministro nombró a un abogado miembro del Partido, Midol, adjunto del Fiscal General de la República, con la consigna de aguijonear el rigor de aquél. El resultado de esta nueva concepción de la Justicia es conocido, a pesar de la conspiración del silencio que los grandes medios de comunicación intentaron imponer. Según el Ministro del Interior de la República Francesa, Adtien Tixier [619], en Francia metropolitana se produjeron, entre la liberación y Febrero de 1945, unas 105.000 ejecuciones sumarias de colaboracionistas.

Esta cifra no incluye más que ciudadanos franceses lapidados. El número de soldados alemanes

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prisioneros, sumariamente ejecutados, más los soldados alemanes y los ciudadanos franceses condenados a muerte por "crímenes de guerra" o por "inteligencia con el enemigo" no ha podido ser establecido, aunque se sabe que, solamente en la Provenza, más de 50.000 soldados alemanes y "traidores" franceses fueron masacrados sin juicio por los maquisards [620]. El escritor francés Jean Paulhan y el periodista americano Donald Robinson encuentran esta cifra muy prudente [621]. Robinson cree que, en Provenza, la realidad debe hacercarse más a los setenta mil que a los cincuenta mil, y en toda Francia debe andar cerca del doble de esa cantidad. He aquí cómo se expresa el popular periodista yanki:
"Desde Toulouse hasta Niza se desencadenó un verdadero infierno del crimen y de la estupidez; la presencia de las tropas americanas frenó algo el desbordamiento de las pasiones. Hubo, incluso, muchos americanos entre las víctimas; en numerosas ocasiones nuestros soldados fueron apaleados a muerte por muchedumbres histéricas, instigadas y atizadas por elementos del Partido Comunista Francés. Perdimos, así, varios centenares de hombres" [622].
Un escritor inglés, Frank McMillan escribió a este respecto:
"El Jefe de la División Histórica del Ejército Americano dijo que el número de combatientes miembros de unidades paramilitares, como la Milicia del Régimen de Vichy que fueron sumariamente ejecutadas en la zona mediterránea francesa, entre Junio de 1944 y Febrero de 1945, oscila alrededor de 50.000. Luego, las matanzas prosiguieron, pero a ritmo más lento" [623].

Queremos llamar la atención del lector sobre un punto generalmente olvidado. La lucha armada entre los ejércitos alemán y francés duró, oficialmente, unos diez meses; en la práctica, cuarenta días, entre Mayo y Junio de 1940. Los datos oficiales de muertos franceses a consecuencia de la guerra dan la cifra, exacta, de 318.671 [624]. Pues bien, tomando la consideración los 105.001 ejecutados sumariamente por los liberadores; más los 50.000 linchados en Provenza (tomando los datos más bajos), más los linchados en el resto de Francia (cifra desconocida, pero seguramente no inferior a la de la región de la Provenza), más los franceses víctimas de los raids terroristas de la aviación aliada (unos 8.000) más los franceses muertos, de uno y otro bando en las luchas fratricidas entre gaullistas y petainistas en Siria, el Líbano, Madagascar, Túnez, Argelia y el África Ecuatorial, se deduce que, de los muertos en la guerra, de nacionalidad francesa, dos terceras partes, aproximadamente, fueron muertos por otros franceses y, eventualmente, por sus aliados occidentales. De cada tres franceses que murieron en la guerra, dos fueron enviados ad patres por otros franceses. Naturalmente, se echará la culpa a Hitler. Es lo cómodo.

Jean Paulhan, escritor francés de primera fila, escribió una célebre "Carta a los directores de la Resistencia", en la que, entre otras cosas, decía:

" ...No hay crimen que no hayáis perpetrado. No hay infamia que no hayáis cometido. No hay villanía a la que no os hayáis rebajado. Habéis cometido, al ciento por uno, todas las felonías de que habéis acusado a un enemigo que, cuando lo teníais cerca, os inspiraba un santo pavor. Me repugnáis. Me dais náuseas. Sois innobles. Lo único que lamentaré siempre es haber estado a vuestro lado" [625].
No es de extrañar que, a la vista de cómo los franceses trataban a otros franceses, su comportamiento para con los prisioneros alemanes fuese, si cabe, peor. Hubo de todo. Desde el fusilamiento colectivo de prisioneros alemanes en Annecy [626] hasta las torturas a soldados en Foix, pasando por la matanza de prisioneros de guerra heridos en Evian.

No hay datos concretos acerca del número de prisioneros alemanes masacrados por los maquis, pero Freda Utley, escritora norteamericana que se ha ocupado documentadamente del asunto, cree que, como mínimo, la cifra debe rondar los diez mil [627].

Citaremos, a título de ejemplo, dos casos entre los muchísimos homologados:

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"En Foix (Ariège) el 20 de Agosto de 1944, 57 soldados alemanes que no obedecieron las ordenes recibidas de su Alto Mando de unirse a las columnas de la Wehrmacht que se dirigían hacia el Este, quisieron, no obstante, salvar el honor y no rendirse a las F.F.I. sin, antes, llevar a cabo un simulacro de resistencia. Se atrincheraron dentro del liceo pero, sin disparar un sólo tiro, se rindieron al recibir la primera invitación a deponer las armas. No era, ciertamente, un acto glorioso que añadir al historial de la Wehrmacht, pero, al fin y al cabo, eran viejos guardias territoriales, que no tenían nada de común con la SS ni con la Gestapo, que estaban hartos de la guerra y que preferían constituirse prisioneros antes de combatir. Sin mediar siquiera un simulacro de interrogatorio, fueron amontonados dentro de dos camiones, llevados a una cantera a dos kilómetros de Foix y fusilados en masa. El único oficial que se encontraba entre ellos fue paseado por toda la ciudad, recibió centenares de puntapiés y escupitajos por una gloriosa población, al fin liberada, y fue finalmente colgado de un árbol en la Avenida de la Vilotte, ante el Ayuntamiento. Toda la ciudad de Foix puede testimoniar que ésto es cierto" [628].

"Yo era oficial-Jefe de los servicios de transmisiones de la Sección 446. Durante la retirada de Francia mi unidad fue entregada al mando del Coronel Krappman, en Chantillón-sur- Seine. La unidad se rindió a los americanos, al hallarse cercada y sin municiones, y fue entregada por éstos a los grupos de la Resistencia en el propio Chantillón el 10 de Septiembre de 1944 y provicionalmente internada en un campo de prisioneros montado junto al aeródromo de Chantillón. El jefe de los grupos de maquisards era un tal Barras, o Barrès, que era un cervecero de Chantillón, comunista, que se daba a si mismo el título de Coronel. El 18 de Septiembre, a ordenes de ese "Coronel" y en su presencia, el Coronel Krappman, que se hallaba gravemente herido, dos capitanes, un teniente, un sub-teniente, un suboficial de Estado Mayor, un sargento, un cabo y unos cincuenta soldados, fueron sacados del campo bajo pretexto de llevarlos a un batallón disciplinario. Dos semanas más tarde, supe que unos cincuenta y cinco o sesenta alemanes habían sido fusilados en las cercanías de Chantillón".
(Informe del suboficial de la Wehrmacht Rudolph Krachner, recogido por F. J. P. Veale, historiador inglés).

El testimonio del alemán Krachner lo hubiéramos pasado por alto, fieles a la norma de esta obra, que sólo toma en cuenta los testimonios de parte contraria. Pero hemos decidido mencionarlo por haber sido corroborado por el prestigioso historiador británico citado [629] que dedicó al caso una investigación exhaustiva. Se ha hablado mucho de los maquisards franceses. Creemos que demasiado. Ya hemos hablado, en otro lugar de este libro, de su utilidad puramente "política", al contribuir a envenenar el ambiente y dificultar la colaboración franco-alemana.

En cuanto a su valor militar, Ch. Liddel-Hart, inglés, y autoridad mundial en el campo de la crónica militar, la describe con una sola palabra: "nuisance", palabra inglesa que podríamos traducir, aproximadamente, por "una lata". Pero, ¡ atención !, una lata para los angloamericanos. Por razones políticas, el General De Gaulle era informado a priori de los planes militares de los occidentales en Francia; automáticamente las F.F.I. dinamitaban un puente que los angloamericanos pensaban ocupar por sorpresa y utilizarlo para hacer pasar sus tanques por el mismo, o desarrollaban una serie de movimientos sospechosos que ponían sobre aviso al mando alemán. "Hubo que optar por informar al iracundo De Gaulle a posteriori", dice Liddel-Hart [630].

Algunos espíritus "fuertes" han pretendido, por otra parte, justificar los torpes crímenes de la "Resistencia" basándose en que no eran más que una reacción humana ante los crímenes del ocupante alemán. A tal efecto se ha hablado, a todo trapo, de Oradour-sur-Glane. Sobre Oradour sólo se ha dicho la verdad a medias. He aquí TODA la verdad y nada más. A principios de Julio de 1944, la II División SS Das Reich, en su marcha desde el Sudoeste de Francia, donde estaba acantonada, hacia Normandia, sufrió varios atentados de la Resistencia, que, sin causar pérdidas a la unidad, ciertamente la incordiaban. Pero un buen día el comandante Kempfe y cinco soldados, que se habían rezagado en un pueblecito, llamado Oradour, según parece para comprar unas vituallas, fueron apresados por el maquis. La unidad regresó a: Oradour y, tras ímproba búsqueda, halló los cadáveres de los seis hombres: les habían vaciado las cuencas de los ojos; habían sido mutilados y Kempfe tenía los testículos cortados, introducidos dentro de la boca. El comandante de la unidad -una compañía- ordenó que se apartara a las mujeres y a los niños y que los hombres fueran encerrados en unas granjas. El comandante ordenó luego a sus hombres, amenazándoles con la pistola, que dispararan sus armas automáticas y lanzaran

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granadas de mano sobre los hombres encerrados. Según unas versiones perecieron 642 personas. Según otras, perecieron unos 1250. El Comandante en Jefe de la División SS Das Reich castigó a la unidad que llevó a cabo la matanza ordenada por su jefe, a expiar el crimen en el campo de batalla. El Jefe fue fusilado. En cuanto a su unidad, estuvo en primera línea hasta el final de la guerra.

Hay que tener presente que, según se demostró luego, por los propios franceses, el pueblo de Oradour era varias veces reincidente en el apoyo a las actividades de los maquisards. Y es que, en ningún caso, un ejército de ocupación puede, impunemente, permitir ser apuñalados por la espalda por tropas irregulares. Por tal motivo el artículo 358 del Código de Justicia Norteamericano tiene prevista la ejecución de rehenes como represalia contra los ataques de guerrilleros. Su cuota es de 200 rehenes por cada militar asesinado. En los artículos 453 y 454 del mismo código para el Ejército Británico, se prevé la ejecución de 20 rehenes por cada soldado inglés. La cuota de los franceses era de 25 a 1, mientras que la cuota alemana era, sólo, de 10 a 1. Por tal motivo, por haber rebasado tan ampliamente el cupo reglamentario fue fusilado por los propios alemanes el comandante que ordenó la masacre de Oradour y castigados los hombres del pelotón de ejecución [631].

Creemos, además, que debe hacerse hincapié en el hecho de que no hay constancia de que ningún tribunal, civil o militar, de ninguno de los países Aliados, condenará a un sólo criminal de guerra de los homologados como "buenos" por la hagiografía de los vencedores. Si la hay, como en el caso de Oradour de tribunales alemanes dictando penas contra crímenes y abusos cometidos por individuos aislados de la Wehrmacht o de las SS [632]. Otro sí. Ningún ejército de ocupación, en ninguna época y en ningún lugar de este Planeta, ha permitido nunca que le apuñalaran por la espalda los guerrilleros. Los Aliados fueron los primeros que pusieron en práctica esta ley -escrita o no en los códigos militares- al llegar a Alemania. El Mariscal Montgomery anuncio, nada más pisar suelo alemán, que por cada soldado inglés que fuera muerto por paisanos no uniformados, serían fusilados 100 rehenes, lo cual constituía una flagrante violación de las leyes militares inglesas que, como hemos dicho, autorizaban solamente el fusilamiento máximo de veinte rehenes por cada soldado inglés victima de tropas irregulares.

Los franceses, por su parte, dieron una muestra de su manera de entender la sumisión de la población civil en Stuttgart-Sillenbruch, el 28 de Octubre de 1948, tres largos años después de terminada la contienda. Aquél día un soldado de las tropas de Ocupación francesas -un argelino borracho que molestaba a una mujer alemana- fue muerto de un botellazo en la cabeza por un alemán que resultó ser el esposo de la mujer. Los "responsables", como rezaba el comunicado oficial francés fueron pasados por las armas. Seis alemanes fusilados, incluido el ma- rido de la mujer ofendida. Se impuso a la ciudad una multa colectiva de 200000 de Marcos y se dispuso el toque de queda, desde las seis de la tarde hasta la nueve de la mañana, durante tres meses [633].

No queremos cerrar el penoso dossier de la liberación de Francia sin hacer mención de los procesos políticos contra los miembros de los gabinetes del Gobierno de Vichy. Recordemos que ese gobierno había sido reconocido por todos los del mundo, con la única excepción de la Gran Bretaña, que había inventado, promocionado y protegido el mito De Gaulle. Incluso los Estados Unidos y la URSS habían reconocido al gobierno de Vichy. Pues bien el nuevo gobierno provisional del General De Gaulle, instalado a remolque de los tanques angloamericanos, decretó la ilegalidad del gobierno de Vichy y todos los políticos y funcionarios de cierta categoría que habían servido bajo aquél régimen fueron juzgados por tribunales políticos y, con monótona regularidad, condenados. El Jefe del Estado, el Mariscal Pétain, el héroe de Verdún en la I Guerra Mundial, fue condenado a muerte por traición, pero De Gaulle le conmutó la pena por la prisión perpetua, que cumplió hasta su muerte, a los 95 años de edad. Philippe Laval, Jefe del Gobierno Pétain, fue judicialmente linchado. El Juez le interrumpía continuamente. Los jurados le llamaban cochon (cerdo). Naturalmente, fue condenado a muerte. El General De Gaulle rehusó la petición de gracia presentada por su abogado. Misteriosamente enterado de la negativa de De Gaulle, Laval se envenenó en su celda. Los guardianes que fueron a buscarle para conducirle ante el pelotón de ejecución le encontraron agonizante. Pero la "Justicia" no quiso

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dejarse escapar esa presa. Reanimado a medias con un lavado de estómago, Laval, medio muerto, fue fusilado sentado en una silla.

* * *

La Liberación no produjo en Bélgica un número relativamente comparable de víctimas como las que causó en Francia; al menos, en lo que a muertes se refiere. Pero en lo referente a sanciones y multas Bélgica quedó colocada en un buen lugar entre los depuradores. Se creó la figura Jurídica del "incívico" que representaba todo aquél que hubiera sido pro-alemán, o partidario de la amistad con Alemania, o, simplemente, anticomunista. Una ley especial, llamada "123 sexies", aprobada después de la Liberación, prohibía a los incívicos toda responsabilidad social especialmente, les estaba prohibido a los incívicos ejercer los empleos y profesiones siguientes: administrador de sociedad, abogado, periodista, médico, actor de teatro y de cine, locutor de radio, profesor, escritor, conferenciante, director de teatro y de cine, e incluso... tramoyista y apuntador [634].

El 19 de Enero de 1945, el Auditor Militar de Bruselas ponía en conocimiento de la población que quien quiera que ayudara a los incívicos podía ser condenado a una pena que oscilaba entre los quince y los veinte años de prisión. En Mayo de aquél mismo año, el Colegio de Abogados de Brujas hacía saber que sus miembros como consecuencia de las amenazas que recibían de parte de los extremistas, socialistas y comunistas, que hacían la ley en Bélgica, debían renunciar a defender a los incívicos. El Estado belga llego a ordenar la detención de veintiocho mil jefes de empresa - casi toda la patronal belga - por "colaboración económica" con Alemania. En Bélgica, en suma, se asesinaron unas quince mil personas [635], se declararon incívicas otras 231.000 y unas setenta mil fueron encarceladas. También se abrieron 75.391 dossiers por colaboracionismo económico [636].

Particularmente odiosa fue la represión contra los muchos miles de voluntarios belgas - flamencos y valones - que lucharon en Rusia contra el Bolchevismo. A finales de Mayo de 1945, regresaron unos tres mil trabajadores belgas que, voluntariamente, como obreros asalariados, habían ido a trabajar para los alemanes. Regresaron en un buque belga, que los había ido a buscar a Odesa, en Ucrania. Esos trabajadores creían regresar del exilio. Pero no tuvieron tiempo de descender.

"La muchedumbre, en Ostende, se apoderó de ellos. Les arrojó al agua. Nadaron hacia la orilla. La muchedumbre les rechazó. Se ahogaron todos. Se hizo justicia contra aquellos incívicos" [637].
En cuanto a los que, con las armas en la mano se opusieron al Comunismo, se les consideró traidores a Bélgica.

León Degrelle, Jefe del movimiento Rex, que luchó contra los comunistas en Rusia, logró llegar a España en los primeros días de Abril de 1945. Pese a las repetidas demandas de extradición de la Justicia Belga, el gobierno español se negó a autorizar su extradición. Degrelle había sido condenado a muerte "in absentia" a finales de 1944 por un tribunal político belga. La condena se basaba únicamente en un "delito de opinión", por su calidad de Jefe del "Rex" y por haber sido voluntario en el frente del Este. El proceso fue grotescamente odioso. Degrelle siempre se mostró dispuesto a regresar a su patria, inmediatamente, si se le daba la garantía de poder defenderse con libertad, de tener un juicio regular, equitativo e imparcial, y, especialmente, si los debates eran ampliamente difundidos. No debía sentirse muy segura de su causa la Justicia belga cuando no aceptó tal ofrecimiento. Degrelle permaneció, pues en España [638]. Pero la Justicia tiene brazos muy largos. No pudo alcanzar a Degrelle, pero sus ancianos padres que jamás habían intervenido en política, fueron encarcelados, por el delito de ser sus padres. Por esa nueva forma de delito de parentesco fue a la cárcel uno de sus cuñados y sus hermanas, su esposa y hasta su hija, de nueve meses de edad. Finalmente, su hermano fue asesinado por los libertadores.

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El gobierno holandés en el exilio fue el único gobierno de Europa Occidental que no sólo no fomentó la caza de los llamados colaboracionistas sino que incluso cursó órdenes para que no se produjeran ejecuciones sumarias.

Por tal motivo, la represión en Holanda no tuvo el carácter dramático que tuvo, por ejemplo, en Francia o en Italia. Hubo, no obstante, algunas excepciones sumarias en Holanda, pero parecen haber sido menores en número que, por ejemplo, en Bélgica. En cambio, hubo una desproporcionada cantidad de detenciones; entre 150.000 y 200.000 personas internadas, cantidad evidentemente considerable para un país de unos diez millones de habitantes. [639].

Estas detenciones, efectuadas en las primeras semanas por los militantes de la Resistencia -dominada, como en Francia e Italia- por los comunistas pasaron a depender en seguida de la autoridad militar. Por decisión de la propia Reina Guillermina, se liberaron muchas personas contra las cuales no podía levantarse ningún cargo. Pero todos los demás fueron mantenidos en prisión. En Octubre de 1945, había, aún, oficialmente en las cárceles, 96.044 presos políticos [640], entre los cuales había cerca de 24.000 mujeres. Esta última cifra podrá sorprender, pero debe tenerse en cuenta que además de las militantes políticas, había en los campos de Internamiento mujeres a las cuales se les reprochaba haber tenido relaciones con alemanes o, simplemente, haber bailado con ellos. Como las posibilidades penitenciarias de los Países Bajos eran insuficientes para acoger a esa masa de detenidos, hubo que organizar campos de concentración en los que, dado el estado general del país las condiciones de vida no podían ser sino lamentables. Los arrestos masivos crearon situaciones realmente trágicas: hubo 20.000 niños privados provisionalmente de sus padres, y si bien se encontró albergue provisional para la mitad de ellos, la otra mitad debió ser internada en campos de detención.

Para llevar a cabo la depuración, el gobierno holandés exilado en Londres debió modificar el Código Penal. La pena de muerte, que Holanda había -primer país en el mundo- abolido en 1873, fue restablecida. Hubo pues, en Holanda, como en otros sitios, aplicación de una ley retroactiva. Nada más injusto y arbitrario, nada más contrario al Derecho, que una ley retroactiva. Nada más paradójico -por no decir cínico- que unos campeones de la Justicia y el Derecho inventando a todas prisas una nueva legislación que les permitiera, con apariencias de respetabilidad y legalidad, castigar a sus enemigos políticos. Y fue precisamente en Holanda donde los campeones de la Democracia "rizaron el rizo" del farisaísmo.

Para empezar, se crearon dos nuevas figuras jurídicas: los "crímenes de guerra" y la "actitud desleal".

El "crimen de guerra" cuadraba a los que habían ocupado cargos relevantes en la Administración Pública durante la Ocupación, se habían alistado en la División SS "Netherland" que luchó contra el Bolchevismo en Rusia, o habían ido a trabajar a Alemania.

La "actitud desleal" era algo extremadamente vago y equivalía, de hecho, a un verdadero "proceso de intenciones". Se consideraba culpables de actitud desleal a los acusados a los que no se les podía reprochar ningún "crimen" bien definido, sino únicamente unos hechos que demostraban, según los términos del decreto Real de 17 de septiembre de 1944, firmado por la Reina Guillermina en Londres "un estado de animo nacionalsocialista o fascista". Según el Profesor norteamericano, Henry L. Masón, los acusados fueron de este modo condenados a cárcel o a trabajos forzados en la Guayana Holandesa por los hechos siguientes:

a) Comida celebrada en común con los alemanes.
b) Lazos de amistad con los alemanes.
c) Permiso concedido a un hijo menor para entrar en una formación colaboracionista o de frecuentar a los alemanes.
d) Saludo brazo en alto hecho en público.
e) Correspondencia privada terminando con el saludo del N.S.B. (organización nazi holandesa) "Hou zee".
f) Retrato de Hitler expuesto en la propia casa.
g) Suscripción a un periódico colaboracionista.
h) Sentimiento de orgullo expresado a propósito de un origen alemán.
i) Calificativo de "asesinos" aplicado a los aviadores Aliados.

Creemos que huelgan los comentarios.

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Los tribunales pronunciaron alrededor de 200 penas de muerte, pero sólo 38 condenados fueron ejecutados. Sumando las condenas por "crímenes de guerra" y por "actitud desleal" los tribunales holandeses pronunciaron 46.615 penas de prisión o de trabajos forzados [641].

Como dice Paul Sérant [642], es de notar que

"si jurídicamente hablando, la depuración de los Países Bajos fue una de las más severas de Europa Occidental, fue también, proporcionalmente, una de las menos sangrientas".

* * *

Los angloamericanos liberaron Luxemburgo en Septiembre de 1944, pero la contraofensiva Rundstedt los "desliberó" unas semanas más tarde. Fue en la Primavera de 1945 cuando se produjo la liberación definitiva del Gran Ducado.

La atmósfera que reinaba en ese pequeño país era comparable, en apasionamiento, a la que reinaba en Francia y Bélgica. El número de personas que fueron arrestadas en los primeros días de la liberación se estima en unas 10.000 [643], cifra ciertamente impresionante para un país de una población de 270.000 habitantes. En julio de 1943, la Gran Duquesa Carlota había firmado, desde su exilio londinense, unas enmiendas en el Código Penal del Gran Ducado, proveyendo la pena de muerte para las personas que voluntariamente hubieran tomado las armas contra los aliados de Luxemburgo o que voluntariamente habían ayudado al enemigo; la prisión para los que habían ayudado a "destruir las instituciones nacionales" y dos años de presidio para "los que habían mostrado simpatía hacia Alemania". Traducimos: muerte para los 15.000 luxemburgueses que habían luchado en la Wehrmacht como voluntarios [644]. Prisión -de 10 a 15 años- para los que habían colaborado con la Administración Alemana de Ocupación. Y dos años a la sombra para los que, en una conversación privada cualquiera, habían expresado sus preferencias por una victoria alemana, en vez de soviética, al término de la contienda.

Los 200 funcionarios que acompañaban a la Gran Duquesa Carlota y a su séquito al regreso de Londres eran partidarios de una depuración de tal modo severa, que hubiera conducido prácticamente al total desmantelamiento del país. El Ministro de Instrucción Pública del Gobierno Provisional incluso concibió la estupenda idea de invalidar todos los exámenes escolares a partir del día de la entrada de los alemanes. Después de un periodo de total confusión, hubo que rendirse a la evidencia y la Gran Duquesa debió recomendar calma a sus celosos depuradores. No se podía fusilar a 20.000 jóvenes luxemburgueses en edad militar por la sencilla razón de que la demografía luxemburguesa hubiera sufrido un garrotazo del que nunca más se hubiera podido recuperar, y no se podía meter en la cárcel a los "colaboradores" porque -aparte unos cuantos centenares de comunistas- sólo hubieran quedado libres las campesinas y los niños. Más de la mitad de los sospechosos fueron rápidamente liberados, no sin haber sufrido antes vejaciones y malos tratos por parte de carceleros improvisados. De fuente oficial, -que no hemos podido confirmar ni impugnar- se afirma que no hubo ni una sola ejecución sumaria en el país. Si es así, hay que celebrarlo.

Por el contrario, la depuración tuvo como resultado la reintroducción de la pena de muerte en el país. Antes de la guerra, en efecto, a algún asesino crapuloso se le condenaba a muerte, pero como Luxemburgo no poseía una instalación de guillotina el condenado era sistemáticamente indultado por la Gran Duquesa, que lo llamaba a su presencia y le echaba un sermón moral. La liberación puso fin a esa tradición benigna. En 1946, cuatro condenados a muerte fueron efectivamente ejecutados aunque, -eso si- se ahorraron el sermón. Su "crimen" fue haber abogado entre 1940 y 1944, por la germanización del territorio y su incorporación al Reich. Es decir, un delito de opinión. Claro es que éste es un delito que se castiga severamente en las grandes "democracias", y Luxemburgo no había de ser una excepción.

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Algunos grupos políticos censuraron al gobierno por no llevar a cabo una depuración mas radical. Entonces se produjo algo que, si Franz Lehar todavía viviera, le hubiera inspirado otra opereta. Un consejero socialista, antiguo jefe de la Resistencia [645], Albert Wungert, intentó derrocar al gobierno por la violencia, para poder Ilevar a cabo una depuración como era debido. El horrible complot fue descubierto a tiempo y Wungert condenado a muerte y, acto seguido, indultado [646]. La última pena le fue conmutada por otra casi tan tremenda como aquella: fue desposeído de la nacionalidad luxemburguesa.

* * *

La invasión de Dinamarca, totalmente incruenta, fue seguida de una declaración oficial del gobierno del Reich haciendo saber que ni la integridad territorial ni la independencia de Dinamarca serían afectadas. La ocupación fue extremadamente benigna. Bien es verdad, que el 8 de Julio de 1940, el Ministro de Asuntos Exteriores, Scavenius, hizo una declaración en la que expresaba
"el deseo y la voluntad de Dinamarca de colaborar de la manera más positiva y leal a la construcción de esa Europa continental, dirigida por Alemania, nueva Europa cuyos fundamentos habían sido puestos por los acontecimientos políticos de estos últimos años y las decisiones militares de los 10 últimos meses". [647].
Es importante recalcar que el Gobierno y el Rey continuaron ejerciendo sus funciones; que los alemanes no impusieron ningún cambio ministerial, a pesar de que el Doctor CIausen, Jefe del Partido Nacionalsocialista Danés había sido ministro en otras ocasiones y que su nombramiento, dadas las circunstancias, hubiera parecido de lo más normal.

El acercamiento germano-danés fue confirmado en 1941, principalmente cuando los Estados Unidos se incautaron de numerosos barcos daneses y ocuparon Groenlandia; cuando los angloamericanos ocuparon Islandia -nominalmente vinculada entonces, a la Corona Danesa - y cuando Dinamarca rompió sus relaciones diplomáticas con la URSS y con los EEUU. Más adelante, el Gobierno Danés reconoció a los estados pro-nazis de Eslovaquia y Croacia y dio su adhesión al Pacto Antí-Komintern. Además, en 1941, el Ministro de Justicia, hizo votar una ley poniendo fuera de la Ley al Partido Comunista.

Mil voluntarios se inscribieron en la División SS "Nordland", ya a fínales de 1941. Y, hasta finales de la guerra se fueron inscribiendo más daneses en las SS, hasta totalizar unos 6.500. El gobierno danés, por otra parte, no puso traba alguna a que los alemanes reclutaran mano de obra retribuida para que trabajara en las industrias germánicas. El Rey de Dinamarca, por otra parte, se opuso a que se tomaran medidas contra los ciudadanos daneses de origen étnico judío; él mismo hizo saber que si se obligaba a los judíos a llevar, bien visible, sobre la ropa, la estrella amarilla, él sería el primero en ponérsela. Dice el escritor francés Paul Sérant [648]:

"Los alemanes dejaron marchar a Suecia a la mayor parte de los judíos daneses, y es bien cierto que estos no habrían sido molestados si hubiesen preferido no crear incidentes en un país que, como Dinamarca, no les planteaba problemas."
Pero el caso fue que fueron precisamente judíos los contados daneses que constituyeron lo que, con notoria hipérbole, se ha venido en llamar la "Resistencia Danesa", cuyas actividades se limitaron a unos cuantos actos de sabotaje, sin eficacia militar alguna.

Al cabo de tres años de ocupación, la situación cambió. En agosto de 1943 se creó, en Londres, un nuevo "gobierno danés" en el exilio, mientras el gobierno legal de Copenhague dimitía en pleno. El monarca, progenitor de la operación, continuó en sus funciones, pero los ocupantes, que habían perdido su confianza en él, redujeron su significación política a algo meramente simbólico, mientras ordenaban que la interinidad gubernamental fuera asegurada por los secretarios generales, sometidos a un estrecho control del ocupante.

Habiendo capitulado sin combatir, el 4 de mayo de 1945, las fuerzas de ocupación, sólo hubo, finalmente, en Dinamarca, algunos ajustes de cuentas y unas represalias limitadas. Pero la atmósfera de la Liberación se mostró también allí apasionada e injusta; tanto como en los países más puestos a prueba y, de este modo, la depuración fue también importante y sangrienta en grado sumo. Unas 22.000 personas fueron arrestadas por los grupúsculos de resistencia, que

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se volvieron particularmente numerosos en los últimos días de la guerra, cuando la suerte de la misma ya estaba echada. Ejercía una manifiesta influencia sobre esos grupos el Partido Comunista Danés. Hubo tambien, hasta Julio de 1945, dos meses después de acabada la guerra, ejecuciones sumarias, que se han evaluado en unas 500, así como 78 de condenas a muerte, de las que sólo se llevaron a efecto 46 [649]. Si el número de condenas pronunciadas en Dinamarca fue menor que en otros países de Europa Occidental, la depuración no fue por ello menos importante. Se instruyeron, en total, 15.724 dossiers y unas 11.000 personas fueron condenadas a la pena de privación de libertad y otras 62 a trabajos forzados a perpetuidad. Otras 12.600 personas fueron privadas de sus derechos cívicos por determinado tiempo, 2.936 de ellas de por vida.

Dinamarca contribuyó brillantemente al progreso del Derecho positivo con las decisiones de su Tribunal de Apelación. Es costumbre -y en Derecho, costumbre es ley, cuando no se opone al Derecho Natural- que los tribunales de Apelación confirmen la sentencia o la reduzcan. Los tribunales de Apelación daneses, en 641 casos, agravaron la condena de los apelantes. A un sargento de la SS "Nordland" al que el juez le había colgado tres años, se encontró con 10 años a cuestas tras recurrir en apelación [650]. No fue este el único caso chusco en que incurrió la "justicia" en aquellos días, en Dinamarca. Se dio, por ejemplo, el caso de soldados de las SS danesas condenados por haber luchado contra el bolchevismo en Rusia, mientras los ministros responsables de la propaganda que había propiciado su alistamiento, y el propio Monarca que había dado su visto bueno a la empresa, continuaban tan campantes, otra vez sentados en las poltronas gubernamentales y, como el Ministro de Justicia y el Rey, firmando condenas y denegando recursos de gracia.

"¿Cómo este país, que había atravesado con éxito los años de la guerra, evitando la mayor parte de las pruebas por las que, por diversos motivos, debieron pasar la mayor parte de los otros países ocupados, no pudo escapar a los trastornos consecutivos de la guerra?" se pregunta el ya citado Paul Sérant, y él mismo da la explicación: por la influencia desmesurada del Partido Comunista, impulsor casi exclusivo de los grupos de Resistencia, que actuaron muy a última hora. Fue la Resistencia danesa, con un porcentaje desmesuradamente elevado de judíos en sus lugares de dirección, quien provocó la mayoría de los excesos liberatorios, creando el ambiente necesario, del que no supieron o no quisieron -por puro oportunismo político- sustraerse los demás partidos. Otra circunstancia que contribuyó a agravar la situación fue el hecho de que a finales de 1944 las autoridades alemanas habían instalado en Dinamarca unos 300.000 civiles refugiados de Silesia y Prusia Oriental.

Como quiera que la Alemania Occidental estaba ya tan recargada de refugiados, los de Dinamarca se debieron quedar allí hasta finales de 1948. Su presencia en Dinamarca contribuía a reforzar el resentimiento popular contra los alemanes, alimentado por la tenaz propaganda oficial. Propaganda sostenida con celo por un Gobierno y un Trono que tenían mucho interés en hacer olvidar su reciente pasado y hallaron cómodo el expediente de descargar las culpas propias sobre los hombros de los colaboracionistas de rango menor que el suyo.

De todo esto no sería lícito extraer la conclusión de que el país albergaba sentimientos germanófobos. Un rasgo curioso merece ser mencionado. Una periodista danesa abrió una encuesta entre las jóvenes que habían tenido relaciones con soldados alemanes y que en Dinamarca, como en el resto de la Europa liberada, habían sido situadas al margen de la sociedad por los puristas del patriotismo. La mayoría de las jóvenes declararon que si habían frecuentado a los militares alemanes no había sido por razones ideológicas, sino, simplemente, porque los encontraban más corteses y más educados que sus compatriotas. [651].

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El gobierno noruego en el exilio había publicado, desde Londres, un decreto especial en el que preveía la restauración de la pena capital para el crimen de traición y colaboración con el enemigo. Así mismo se modificaba el Código Penal, de manera que también en Noruega funcionó el principio, tan injusto, de las leyes retroactivas. Si bien las ejecuciones sumarias, incontroladas fueron muy escasas, en cambio, en ese pequeño país de poco más de tres millones de habitantes, cerca de 92.000 personas, fueron por diversos motivos, castigadas por la

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depuración, con penas que oscilaban entre un año de cárcel y el fusilamiento. Hubo unos 50 fusilados, entre ellos el Jefe del Gobierno durante la Ocupación Vidkun Quisling, y el principal animador del Partido Nacionalsocialista noruego, Ridar Haaland. El restablecimiento de la pena de muerte produjo honda reprobación en ciertos medios. En 1947, un grupo de sabios, escritores y artistas dirigió una memoria, pidiendo que los condenados fueran, en lo sucesivo, indultados. Se opuso, con éxito, a ello, el diputado Hambro, judío, socialista y, naturalmente, millonario.

Aparte de las 92.0000 condenas apenas diversas, otras 40.000 personas fueron encarceladas al día siguiente de la liberación, por diversos motivos, excusas y pretextos, aunque a primeros de noviembre de 1947 un comunicado oficial del gobierno noruego pudo precisar que sólo quedaban en los campos de concentración, en espera de ser juzgados, 5.300 personas.

Finalmente, conviene mencionar que 5.500 personas fueron privadas del uso de sus derechos cívicos, prohibiéndoseles el ejercicio de determinadas actividades [652].

En Noruega, como en Holanda, las autoridades habían demostrado, desde la liberación, su voluntad de conducir la depuración con el máximo de disciplina. No obstante, hubo, como en otros sitios, innobles escenas en las calles de mujeres esquiladas y paseadas desnudas en público, pero la policía recibió la orden de poner freno a esos absurdos desmanes.

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La liberación, en Europa Oriental, fue llevada a cabo, directamente por el Ejército Rojo, auxiliado por los comunistas locales, y revistió caracteres de bestialidad muy superiores a la de Europa Occidental.

El primer país liberado de la ocupación alemana fue Polonia. Polonia, recordémoslo, fue la excusa oficial, el pretexto esgrimido para la declaración de guerra. Polonia, como ya hemos dicho, fue amputada de la mitad oriental de su territorio, y, a cambio, se le regaló una cantidad similar de territorio indiscutiblemente alemán [653]. Los soviéticos organizaron un "gobierno polaco" con el mariscal ruso Rokossovsky como Ministro de la Guerra. Es el primer caso de la Historia Universal en que el cargo de ministro es ejercido por un ciudadano extranjero. Pero es que a los comunistas se les podrá acusar de muchas cosas, aunque no, ciertamente, de hipocresía. La hipocresía presupone una dosis de engaño en el hipócrita, y creemos, a la vista de los acontecimientos, que dejarse engañar por los comunistas implica que uno quiere que le engañen. Porque ¡por Dios! sólo un ciego voluntario o un débil mental podía negar que Polonia, como todos los demás países del otro lado del telón de acero, no es más que un satélite de Moscú, y que lo más lógico, en un satélite -o, políticamente hablando, en una colonia- es asegurar la posesión de los puestos de mando colocando a hombres propios. A Rokosovsky, Moscú pudo haberle nombrado "virrey de Polonia". Como el término suena "reaccionario", le denominó Ministro, y nada más. En el Politburó del Partido Comunista, 7 de sus 11 miembros eran judíos, y el Secretario General del Partido, Berman, y, asimismo, también lo era el Jefe del Estado Wladislaw Gomulka, así como los miembros Edward Ochab, Vice-Primer Ministro, Saúl Amsterdamsky, Edward Braniewsky, Julius Katz-Suchy e Hilary Minc. El encargado de la depuración era otro judío, Tadeusz Cyprian, Fiscal General del Tribunal Supremo.

Inmediatamente, los comunistas pusieron en marcha, en Polonia, lo que ellos denominan "Ingeniería Social", consistente en la eliminación pura y simple de los considerados "enemigos de clase" y la deportación de los políticamente dudosos. El Gobierno Polaco en el exilio, que continúa instalado en Londres, ha facilitado cifras sobre las víctimas de la depuración roja en su país. Pero la realidad es que se sabe muy poco de lo que ahí ha ocurrido. Según fuentes occidentales, la depuración costó en Polonia, más de un millón de vidas, pero no es posible saber nada con exactitud. Sólo una cosa se sabe con certeza: Polonia ya no es más que un

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nombre. El nombre de un estado satélite. De una colonia que la URSS posee en Europa. El Mariscal Rydz-Smigly ya lo dijo en 1939: "Con los alemanes perderemos nuestra libertad. Con los rusos perderemos nuestra alma". La élite nacional polaca lo sabía en 1939. Esa "élite" quiso la guerra. Es dudoso -no se sabe si nunca podrá saberse- que con los alemanes, los polacos hubieran perdido su libertad, lo que si es cierto es que con los rusos han perdido la libertad y el alma.

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Casi al mismo tiempo que Polonia, fueron liberados los Estados Bálticos Estonia, Letonia y Lituania. En Lituania, a finales de 1945, en cada una de las 309 comunidades del país se asesinaron, por las patrullas especiales de la NKWD, de 50 a 60 personas, lo que totaliza un mínimo de unas 15.500. Añadiéndoles las personas masacradas en Kovno y en Vilna el día de la llegada de las tropas rojas -dos verdaderos festivales de sangre- puede calcularse que unos 100.000 lituanos perdieron la vida. Otros 40.000 fueron deportados al interior de Rusia, a las costas del Mar Blanco, a las minas del Norte de los Urales. Las condiciones de trabajo de esos desgraciados son tan bestiales que muy pocos sobreviven. A consecuencia de esas medidas, el 34 por cien de la población lituana desapareció en 1945. En su lugar los rusos establecieron a tártaros, desterrados de Crimea.

En Estonia la represión fue, tal vez, menos brutal, con todo, los datos de pérdidas estonianas son impresionantes: unos 60.000 muertos o desaparecidos, para un país de algo más de un millón de habitantes [654]. A los empleados y funcionarios públicos se les obligó a afiliarse a la llamada “Liga de los Sin Dios", prohibida por los alemanes pero reimplantada por los ocupantes soviéticos. Particularmente odiosa fue la represión antirreligiosa en Estonia.

Fueron fusilados, o deportados al Ártico, unos 130 eclesiásticos evangélicos, incluido el Obispo Rahamoggi. La Iglesia Ortodoxa perdió asesinados a un prior y tres sacerdotes, mientras quince sacerdotes más desaparecían o eran encarcelados. En igual forma sufrió la Iglesia Católica Romana, cuyo obispo fue detenido probablemente muerto. Cuarenta y cinco iglesias fueron quemadas o destruidas y muchas más sufrieron daños de consideración o fueron convertidas en almacenes del Ejercito Soviético [655].

En Letonia, sucedió igual que en Estonia, con el agravante de que los miembros de la VII División Letona "Lettland" que no murieron en combate, fueron exterminados en masa al regresar a sus hogares. Sus vecinos y familiares fueron deportados. El número de deportados en ese pequeño país ascendió a cincuenta mil, de los que, al cabo de seis años regresaron, procedentes del Mar Blanco, unos 2.500. Los muertos pasaron de treinta mil [656].

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En Bulgaria la represión fue, comparativamente, menos fuerte que en otros países del Este Europeo, se ha dado como explicación de este fenómeno el hecho de que Bulgaria, prácticamente, no participó en la contienda, aunque, al final, como veremos en otro lugar, logró estar en guerra con todo el mundo. Sea como fuere, el caso es que en Bulgaria no se produjo un clima de guerra civil larvada, tal como ocurrió en casi todos los demás países europeos, precisamente a causa de la guerra mundial. Únicamente se produjo, a título de depuración, la bien conocida "Ingeniería Social“, cuando los soviéticos llegaron. Las fuentes más moderadas hablan de unas diez mil ejecuciones y unos ciento diez mil deportados a Rusia.

Creemos es muy significativo lo que a continuación mencionamos. Un Judío inglés, David Pela, escribió en el órgano oficioso de la Judería británica, el Jewish Chronicle:

"Las medidas que, desde 1945 hasta hoy, ha tomado el nuevo régimen comunista de Bulgaria, han provocado el disgusto de importantes sectores populares. Esos elementos que disienten de la política del gobierno, invariablemente culpan a los judíos que ocupan elevados puestos en la administración, de los perjuicios que se les han ocasionado" [657].
Y opinamos que es, también, muy significativo, que, pese, a que la población judía de Bulgaria no llegue al 1 por cien, la mitad

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de los ministros y el hombre-clave, el llamado ojo de Moscú en el Comité Central del Partido Comunista Búlgaro, Kiril Lazarov, fueran judíos. Esto, nos dirán, los bien pensantes, no tiene nada que ver, y, en todo caso, se trata de una coincidencia. Nos parece muy bien. Simplemente queremos dejar constancia de que esta coincidencia se repite constantemente, en todas partes, sin ninguna excepción.

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Infinitamente más cruel fue la represión en Rumania. Esta fue llevada a cabo, a la par, por las unidades especiales del Ejército Rojo, y por los comunistas locales. Al frente de éstos se hallaba Anna Rabinsohn (a) Anna Pauker, Judía originaria de Polonia y ojo de Moscú hasta 1952. El Mariscal Antonescu, Jefe del Gobierno, fue colgado, y, con él, todos sus ministros.

Todos los cargos administrativos de mediana y pequeña importancia fueron condenados a largos años de trabajos forzados. Toda la élite del país sufrió las consecuencias de la "Ingeniería Social". No tenemos datos de parte contraria sobre el total de ejecutados, pero parece fuera de toda duda que el número fue varias veces superior que el de Bulgaria. Al verse obligada a ceder a la URSS la Besarabia y la Bukovina, Rumania se vio amputada de casi un tercio de su territorio nacional. Y, para colmo, en Bucarest se instaló un gobierno títere, a las ordenes de Moscú. Todos los cargos de alguna importancia, con Anna Pauker a la cabeza, estaban ocupados por judíos, aunque el "Jefe" oficial era un rumano ario, Petru Croza, casado con una hebrea, y llevando a cabo un papel puramente decorativo.

En Rumania, como en los demás países del Este de Europa, fue particularmente odiosa la persecución religiosa. Todas las escuelas religiosas fueron cerradas y los seminarios confiscados por el Estado; la Acción Católica suprimida. La mayoría de los sacerdotes que no fueron asesinados fueron mandados a campos de concentración, donde muchos murieron. También murió, a consecuencia de los malos tratos, Monseñor Marco Glasev, Vicario General de Jasi, y el Nuncio Papal, Monseñor O'Hara fue expulsado como “ indeseable ”.

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Algo menos cruel que en Rumania, pero también implacable y solapada fue la depuración que se llevó a cabo en Eslovaquia. Se calcula, por las fuentes más conservadoras, que la tal depuración causó en Eslovaquia unos 25.000 muertos, sin contar los soldados alemanes que cayeron en manos de los "patriotas" de la Resistencia, casi todos ellos comunistas. Hubo más de cien mil detenciones en campos de concentración. La persecución anticristiana no se produjo de inmediato, pero la prensa creó un ambiente hostil a la Iglesia Católica, porque el Presidente del Estado Libre Eslovaco, era un ministro de la Religión Católica, Monseñor Iosef Tisso. El proceso contra Tisso duró casi dos años, y los asistentes a su ''juicio" dicen que, en los últimos días, parecía un autómata y casi no podía ni hablar. Fue, naturalmente, condenado a muerte por traición, y ahorcado el 18 de Abril de 1947.

Pero cuando, en 1948, tras el ostracismo de Benes y la defenestración de Massaryk, Eslovaquia, integrada por fuerza en el Estado Checoeslovaco, experimentó de verdad lo que es el Comunismo y se lleva a cabo, con rudeza implacable, el sistema de la "Ingeniería Social". No hay cifras con garantías de verosimilitud. No se sabe nada. Pero consta que las deportaciones han sido masivas. También es en 1948 cuando se desencadena en toda su virulencia la persecución religiosa. Eslovaquia era, antes de la invasión soviética, un país católico en un 80 %. Pues bien: más de 800 sacerdotes fueron internados en cárceles o campos de concentración; 2.500 religiosos y religiosas fueron mandados a campos de trabajo del Ejército. Todos los conventos fueron cerrados y todas las escuelas confesionales pasaron a ser propiedad del Estado [658]. Las instituciones de la minoría religiosa protestante fueron puestas fuera de la Ley.

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En epígrafes precedentes ya nos hemos ocupado de los desmanes de los liberadores contra los croatas y contra las minorías alemanas en el Bánato, Croacia y Serbia. Recogiendo testimonios fragmentarios, se llega a la conclusión de que el método de la "Ingeniería Social" contra elementos civiles yugoeslavos no complicados de ningún modo con los alemanes, funcionó con siniestra eficiencia. Sólo en Eslovaquia, región mayoritariamente católica, el

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régimen de Tito encarceló, desde 1945 hasta 1953, a mas de 40.000 católicos, acusados, precisamente, de ser católicos, lo que está considerado un crimen contra la Revolución.

También hubo, naturalmente, el correspondiente cupo de ejecuciones sumarias, como la del Obispo de Ljublana, Monseñor Vovk, a quien los comunistas rociaron de gasolina y prendieron fuego [659]. En Croacia, se llegaron a dictar condenas, desde seis meses de cárcel hasta la muerte, contra 750.000 católicos; 560 sacerdotes fueron asesinados y otros 470 enviados a trabajos forzados; 400 más fueron desterrados de sus parroquias. Todos los edificios e instituciones pertenecientes a la Iglesia fueron incautados. El Arzobispo de Zagreb, Monseñor Stepinac, fue condenado a dieciséis meses de prisión y el Obispo de Mostar, Monseñor Peter Chule, a once años de trabajos forzados.

Debemos abreviar. Pero no queremos cerrar el "dossier" yugoeslavo sin mencionar que 16.000 chetniks serbios, que lucharon con los alemanes contra el comunismo en Rusia y, en los Balcanes, contra las bandas de Tito, fueron entregados, faltando a la palabra empeñada, por los ingleses al gobierno comunista de Belgrado. Los ingleses cometieron con los chetniks la misma felonía que con los ustachis croatas: instarles a la rendición prometiéndoles que serán tratados como soldados y no serán entregados a los comunistas, y luego hacer lo contrario de lo solemnemente prometido. Los chetniks fueron exterminados a mansalva. Lo mismo sucedió con unos 10.000 anticomunistas eslovenos, al mando del General Andrei PreseIj.

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Albania era un país con mayoría religiosa musulmana. Como aquí no existía una comunidad judía que realizara las tareas de verdugos, tal como sucedió en los demás países del Este de Europa, los soviéticos, en 1945, buscaron atraerse a los musulmanes contra los cristianos ortodoxos y los católicos, instaurando un régimen de dictadura roja a base de musulmanes [660], mientras que en Serbia, Rusia Europea y Asia Central Rusa, no solamente se ha prohibido la religión musulmana, sino que millones de creyentes de esa religión han sido aniquilados. ;p:Así, utilizando a los musulmanes contra los cristianos, los 10.000 "consejeros políticos" que los soviéticos instalaron en Albania aniquilaron tanto a la Iglesia Ortodoxa griega como a la Católica en ese pequeño país. El número de muertos causados por la depuración se calcula en unos 20.000. La élite de Albania fue exterminada. El Delegado Apostólico, Monseñor León Negris, fue expulsado en 1945. De los otros tres obispos católicos, dos de ellos, Monseñor Volaj y Monseñor Gjini, fueron fusilados. Monseñor Vincenzo Prendhusi, Arzobispo de Durazzo, condenado a treinta años de trabajos forzados, murió en la cárcel en 1948.

Una vez eliminados los católicos, los comunistas han empezado a fomentar las disensiones entre las sectas musulmanas. La religión mahometana se halla, en Albania, en franca recesión, y, en 1975, existían la mitad de mezquitas que en 1945, cuando la población había registrado un aumento del 10 por ciento.

Antes de seguir adelante conviene mencionar que los SS albaneses que lucharon en la División SS "Skandenberg", que lograron supervivir a la ofensiva soviética en los Cárpatos, se dispersaron por Europa, negándose a regresar a Albania. No obstante, los ingleses o americanos, cuando lograban identificar a uno de ellos, inmediatamente lo enviaban a Albania, a sabiendas de que iba a ser inmediatamente fusilado.

Al término de la guerra, en Grecia hubo los habituales ajustes de cuentas y las típicas venganzas personales, encubiertas bajo la capa del patriotismo. Casi inmediatamente, y a pesar de que en Moscú Churchill y Stalin habían pactado que este país quedaría bajo la influencia británica, se desató una auténtica guerra civil, entre comunistas y nacionalistas. En las zonas ocupadas por los comunistas, en Tracia, se procedió a sistemáticas matanzas para eliminar a los "enemigos de clase". Hubo unas diez mil ejecuciones sumarias. Finalmente, los nacionalistas, apoyados por los ingleses, lograron reducir la insurrección comunista, apoyada por los soviéticos desde Bulgaria. No cabe la menor duda razonable de que, haber triunfado la insurrección comunista, la depuración que hubiera conocido Grecia hubiera sido mucho más severa. Conviene mencionar que los dirigentes del Partido Comunista -que, pese a haberse comprobado que había intentado derrocar al Gobierno "legal" continuó autorizado- eran

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Lazzaridis, Gavrilidis (Gabriel), Daniellidis (Daniel), Efraimidis (Efraín), Benaroggias (Ben Aaron) y, por encima de todos, Motzas, también judío y Jefe del Buró Político del Partido [661].

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De entre los países del Este, el que más sufrió en la depuración fue Hungría. El Sur del país fue ocupado, en un principio, por las bandas armadas de Tito. 30.000 campesinos húngaros y 20.000 alemanes murieron en las "purgas" de las primeras semanas. Esos desgraciados, tras ser apaleados, fueron internados en improvisados campos de concentración que carecían de las más elementales facilidades sanitarias. Se les mezcló en las comidas -según el escritor húngaro Marschalsko- vidrio en polvo [662]. Muchos de ellos perecieron en horrible agonía. Los supervivientes fueron enviados, andando, hacia el Este, y nunca mas volvió a saberse nada de ellos. En el resto del país, ocupado directamente por las tropas soviéticas, otras 230.000 personas, civiles pertenecientes a la élite intelectual de Hungría, fueron igualmente mandados a la URSS, juntamente con 600.000 soldados, prisioneros de guerra. De esas 830.000 personas, sólo volvieron a Hungría, al cabo de unos años, 400.000, casi todas con la salud arruinada para siempre [663]. Según los cálculos más modestos, en las celdas de la calle Andrassy, n. 60, donde los comunistas instalaron su cheka principal, no menos de 50.000 personas fueron torturadas hasta morir [664], entre 1945 y 1948. Un millón de mujeres húngaras fueron violadas en las primeras semanas de liberación. Todos los miembros del gobierno húngaro, con Szallasy, el Primer Ministro, a la cabeza, fueron ahorcados, incluido el Ministro del Interior, Bardossy, que evitó que muchos judíos húngaros fueran deportados a Alemania [665].

Citamos a Marschalsko:

"En esta edad de asesinatos raciales, el caso de Hungría es completamente extraordinario. Esta infortunada nación, incluso en el desmembrado estado en que quedó tras los Tratados de París de 1920, proveyó a 560.000 judíos con su alojamiento pacifico, a pesar del papel casi preponderante judaico de la revolución comunista de Bela Kuhn en 1919-20.

Esa minoría racial, que representaba sólo el 6 por cien de la población total del país poseía el 12,5 por cien de la tierra; el 51 por cien de la propiedad urbana en Budapest y el 30 por cien, como mínimo, de la riqueza nacional. Hasta 1943, Hungría fue el último refugio de los judíos europeos, pues los alemanes los mandaban a todos a los campos de Concentración. Bardossy, apoyado en esto por Szallasy, se opuso a la política alemana de deportación de judíos húngaros. A pesar de ello, cuando la guerra terminó el vengativo espíritu judío infligió verdaderos horrores sobre el inocente pueblo magiar.

El gobierno constituido con el apoyo de las bayonetas soviéticas estaba constituido por Matyas Rakosi (a) Rosenkrantz (a) Roth comprendía a once judíos entre sus diecisiete miembros. Judío era también Martín Hemmler, un coronel del Ejército Americano, nacido en Hungría, que, en Viena, dirigió la campaña de revancha contra 300.000 húngaros que huyeron de su patria para escapar a la liberación. Hemmler gestionaba con las autoridades de ocupación inglesas y americanas la extradición de esos pobres desgraciados, muchos de los cuales cometían suicidio al verse forzados a regresar a su patria, donde sabían les esperaban las torturas y la muerte" [666].

Creemos que huelgan los comentarios.

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Sólo resta hablar de la liberación en Rusia. Los ucranianos, los tártaros de Crimea, los alemanes del Volga, los bielorrusos, sufrieron tremendas pérdidas en vidas humanas. Lo único que se puede perder en la URSS, donde el Estado Omnipotente es el dueño absoluto de todo. No existen datos concretos y seguros. En realidad, tales datos son imposibles, pues la depuración continúa. Aún podemos leer en los periódicos occidentales que en determinado lugar de la URSS -generalmente en Ucrania- ha sido ejecutado un ciudadano soviético, acusado de

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simpatizar con los nazis, o de haber colaborado con ellos, hace casi cuarenta años, o de formar parte de los movimientos nacionalistas anti rusos o antisoviéticos. La matanza sigue. No puede detenerse. Es la dinámica del Bolchevismo. Hay que depurar continuamente. Hay que matar para que viva el monstruo frío soviético.

Un estudio llevado a cabo por el periódico francés Le Fígaro asegura que, entre 1959 y 1978, en la URSS se ejecutaron, como mínimo, tres millones de personas [667]. ¿ Cuántas debieron matarse en la primera y tremenda depuración que siguió a la retirada de la Wehrmacht ? Probablemente, no se sabrá nunca.

EL CASO DE ITALIA
Deliberadamente, hemos dejado a Italia para un epígrafe a parte. Italia, en efecto, es un caso especial; un caso a parte. Un caso que, si no fuera trágico, resultaría más que cómico. Ni Pirandello seria capaz de inventar un argumento más enrevesado, en el que la maldad, el gusto por la "combinazione", la traición y la astracanada se mezclaran en tales dosis. Despacharemos el caso de Italia lo más rápidamente posible; sin ensañarnos con un país europeo.

La depuración en Italia, comienza con la detención de Mussolini tras ser destituido por el Gran Consejo Fascista. Diecinueve de sus veintiséis miembros votan por su cese, y para que se restituya al Rey el mando supremo de las fuerzas armadas. Mussolini no hace gran caso de ese "Gran Consejo" todos cuyos miembros han sido digitalmente nombrados por el Duce. El poder del Consejo sólo es consultivo. Por ese motivo, cuarenta y ocho horas después de esa votación adversa, el Duce va a visitar al Rey, que le ha mandado llamar.

Mussolini no teme nada especial. Pero Víctor Manuel III le dice que ha decidido substituirle por el Mariscal Badoglio. Al salir de Palacio, el perplejo Mussolini es detenido por unos carabineros. Inmediatamente, es conducido al Gran Sasso. La depuración comenzó, pues, en Italia, con el arresto del principal responsable de los destinos del país. Al conocerse la noticia, hubo por doquier, en la Península Itálica, explosiones de alegría popular: si el Duce era alejado del poder, eso era señal inequívoca de que la paz estaba cerca. El pueblo italiano estaba harto de guerra. El chaqueteo de la mayoría de los altos responsables fascistas respecto a un jefe al que debían todo, fue imitado por la mayoría de los militantes del Partido. He aquí lo que dice, al respecto, el principal interesado, el propio Mussolini:

"Desde la madrugada del 25 de Julio, la turba, encuadrada y protegida por los carabineros, desfiló por las calles de Roma, saqueando las sedes de todas las organizaciones fascistas, rompiendo los pabellones de lictores a su paso, maltratando a los fascistas que encontraban y destruyendo, por una estúpida iconoclastia, todo lo que podía recordar a Mussolini y al Fascismo. Mientras que, desde las ventanas, volaban por millares mis bustos y mis retratos, las vitrinas se guarnecían con esfinges de Víctor Manuel y de Badoglio" [668].

La destitución de Mussolini trajo como consecuencia, lógicamente, la de sus más fieles partidarios. Los diarios comenzaron campañas de denuncias, solicitando que se formaran comités depuradores. Esto lo impidió el Rey, temeroso de que esos comités se desbordaran y el extremismo se apoderara del país. El 8 de Septiembre, Víctor Manuel y Badoglio, firmaban el acta de capitulación. No tardaron los alemanes en reaccionar, ocupando toda la parte de la Península que no había caído en manos de los Aliados.

Si el Rey y Badoglio esperaban la respuesta alemana, lo que no podían prever era la increíble audacia con la cual los paracaidistas alemanes lograrían liberar al Duce. Nada más ser liberado, Mussolini se entrevistó con Hitler y decidió reemprender sus funciones, creando la República Social Italiana, cuya capital se instaló Junto al lago Garda, en Saló. En Italia había, pues, en el otoño de 1943, dos gobiernos. El de Badoglio, reconocido por los Aliados y casi todos los países neutrales, y el de Mussolini, reconocido por Alemania y sus aliados de la época. Es preciso reconocer que la inmensa mayoría del pueblo italiano era partidaria de Badoglio, por la única razón de que estaban convencidos de que los Aliados iban a obtener la victoria. Mussolini, es cierto, logró, en el Norte, recalentar el entusiasmo de un cierto número de italianos. La primera preocupación de los dos gobiernos italianos fue organizar la depuración. Mussolini quiso limitarla a los principales traidores (desde el punto de vista fascista) o héroes (desde el punto de vista democrático) de Septiembre de 1943. Dos almirantes, que habían entregado la flota italiana a los Aliados [669] y cinco miembros del Gran Consejo que habían provocado la

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caída de Mussolini, fueron condenados a muerte y fusilados. Entre éstos últimos se encontraba el propio yerno del "Duce" y ex-Ministro de Asuntos Exteriores, Galeazzo Ciano. Esta fue la depuración de la República Social Italiana.

No hubo desmanes callejeros, ni ejecuciones sumarias. Y no porque las masas de la República Social fuesen mejores que las de la nueva Monarquía liberal, sino porque, en vez de instigarlas a cometer tropelías, se hizo saber que quien se saliera de los límites de la Ley sería castigado adecuadamente. No hay más secreto, en los desmanes de las masas, que la inhibición, o, a fortiori, el respaldo de los gobiernos. Ya hemos hablado, someramente, de los abusos cometidos contra los fascistas en la zona sur del país, donde, oficialmente, al menos, mandaban el Rey y Badoglio. Pero, además de la guerra internacional que en su suelo se libraba, Italia estaba condenada a sufrir los efectos de una guerra civil. Los partisanos empezaron por cometer crímenes crapulosos contra elementos catalogados como fascistas o, simplemente, derechistas.

También asesinaron a soldados alemanes, en acciones aisladas e individuales. Los alemanes procedieron, entonces, a tomar represalias, con lo que nuevamente se puso en marcha el mecanismo infernal terrorismo-contraterrorismo-terrorismo, con la violencia aumentando en espiral. Como el avance de los Aliados fue mucho menos rápido de lo que éstos habían previsto, la prolongación de las operaciones militares se vio acompañada en el conjunto del país por una generalización del desorden. Por todas partes, en la zona ocupada por los Aliados, se creaban tribunales marciales para reprimir las tentativas de elementos fascistas. En Cerdeña, en Nápoles y en Sicilia, hubo quince condenas a muerte y más de doscientas a prisión por haber intentado reconstruir los "cuarteles de líctores". Por otra parte, un Decreto-Ley [670] firmado por Víctor Manuel III preveía la creación de nuevos tribunales de distrito, específicamente encargados del castigo de los fascistas. Los miembros del jurado debían ser

"elegidos entre los ciudadanos cuya aversión por el fascismo esté manifestada por una vida irreprochable y por la conducta política que han adoptado desde el 28 de Octubre de 1922" [671].
Esto nos parece sencillamente delicioso. Exceptuando, tal vez -no estamos seguros- a los tribunales de cafres o kikuyus, los jurados son designados por sorteo, y una vez sorteados, son eliminados como tales aquellas personas que por cualquier motivo o circunstancia pudiera sospecharse que estén predispuestas contra los acusados a los que, en principio, y hasta prueba en contrario, se presupone inocentes.

El democrático Decreto-Ley de Víctor Manuel dogmatiza que los jurados serán "elegidos". ¿ Entre quién serán elegidos ? Entre aquellos ciudadanos cuya aversión por el Fascismo esté manifestada por una vida irreprochable. Es decir: que si no se siente aversión por el Fascismo, no se lleva una vida irreprochable. ¿ Donde ? Evidentemente, en Italia. ¿ Desde cuándo ? Víctor Manuel tiene respuesta para todo: desde el 28 de Octubre de 1922. ¿ Qué pasó en tal fecha en la patria de Frégoli ? Pues que Benito Mussolini fue llamado a formar gobierno. Ya. Y llamado ¿ por quién ? Por Víctor Manuel III. Sigamos.

El profesor Vinciguerra, de la Universidad de Nápoles, solicitaba que se privara de sus derechos políticos durante veinte años a los fascistas que hubieran ocupado un cargo en la Administración, por poco importante que éste hubiera sido. Admirable. Italia se hubiera quedado sin funcionarios, y se hubieran debido importar centenares de miles de ellos, desde jueces hasta carceleros, desde alguaciles hasta enterradores, desde burócratas hasta barrenderos municipales, y desde serenos hasta profesores, como el intrépido Vinciguerra, nombrado por el Fascismo.

Como diría humorísticamente Pierre-Antoine Cousteau, "siempre se es el fascista de alguien". Esto deberían experimentarlo, muy pronto, en su propia carne, los partidos de la derecha y del centro, artífices de la maniobra que había derrocado al Fascismo en el Sur del país.

Esos elementos conservadores se inquietaban vivamente al ver cómo los comunistas y socialistas reivindicaban el monopolio del antifascismo. Y, en efecto, la Izquierda, por su parte, pasaba rápidamente del antifascismo al antimonarquismo. La animosidad entre unos y otros llegó a su punto culminante con motivo del proceso contra el General Varboni, miembro del Partido Fascista y también -naturalmente en secreto- del Partido Socialista. Cuando el Gobierno Italiano firmó la paz con los Aliados y declaró la guerra a Alemania, Varboni, que había hecho saber a todo aquél que le habla querido escuchar que era "socialista de toda la vida", fue nombrado por Badoglio gobernador militar de Roma. Cuando los alemanes

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aparecieron por allí, abandonó la capital sin disparar un sólo tiro y se fue al monte, para organizar la resistencia de los partisanos. Al menos, esto fue lo que se dijo. Badoglio no quedó muy convencido y le hizo comparecer ante un tribunal militar, acusándole de deserción. Por cierto, que nos parece exquisito que Badoglio tenga redaños para acusar a alguien de deserción.

Pero sigamos. El diario socialista Voce Republicana publicó lo siguiente:

"Se persigue al único general que ha permanecido en Roma y que, al caer la cuidad, se ha ido a los Abruzzos a organizar la resistencia.....¿ Y el Rey ?....El Rey no ha abandonado su puesto. Está cubierto por la tregua institucional que se ha jurado mantener. ¡ Muy bonito !....Badoglio, que se ha salvado subiéndose al barco del rey, no ha abandonado su puesto. Ambrosio, que se fue con Badoglio, con Roatta y con el rey, tampoco ha abandonado su puesto. Gracias al candor del presidente Parri [672], los tristes personajes del Quirinal y del Ministerio de la Guerra llegan a sentar la Jurisprudencia siguiente: los que se escapan despavoridos, dejando al ejército sin ordenes y que huyen apresuradamente desde Nápoles a Brindisi, no abandonan su puesto; pero el que, permaneciendo en Roma, instala su puesto en un mando fuera de la sede del mando normal, es un traidor y un desertor. Los generales de la primera categoría están todos protegidos por la Casa de Saboya; los generales de la segunda han manchado públicamente de felonía y de ignominia la dinastía y su corte militar" [673].

Tales críticas en la prensa de izquierdas indicaban con bastante claridad que la depuración no se limitaría a los fascistas, sino que podía extenderse rápidamente a los cuadros del régimen provisional y alcanzar a la propia monarquía, si los partidos de izquierda obtenían preponderancia en el país. Y, de hecho, así iba sucediendo. Los comités de partisanos, armados por los Aliados para que combatieran a los alemanes, inquietaban bien poco a éstos, pero eliminaban a fascistas y demócratas a mansalva.

En Italia, pues, todo el mundo depuraba a todo el mundo. Los liberales, y monárquicos depuraban a los fascistas; los comunistas depuraban a los fascistas y a los liberales y monárquicos; los partisanos, en el Norte, asesinaban a fascistas, o a quien fuera y, cuando le encontraban sólo y distraído, mutilaban a algún soldado alemán. Entonces los alemanes o los "camisas negras" ordenaban el fusilamiento de rehenes; entonces, en represalia, los partisanos ponían una bomba en el orfelinato de Cuneo. En medio de aquél indescriptible caos, alemanes y "camisas negras" luchaban contra soldados de quince naciones, incluyendo italianos. En el Vaticano, el Papa invitaba a todos a serenarse, meditar y rezar.

Pero lo que hacian los italianos era robar, asesinar y violar. Nunca se ha violado tanto en Italia, ni en ninguna parte del mundo, como entonces. ¿ Que Rosetta le gustaba a Giovanni ? Pues éste copulaba con ella, de grado o por fuerza, y la declaraba fascista, monárquica, reaccionaria, atea, o lo que le conviniera.

Pero, además de violar a las "ragazze", se violaba a la Ley. El Conde Sforza, al que el Fascismo había respetado la vida y hacienda, y al que Víctor Manuel había nombrado Ministro de Justicia anunció, en el Verano de 1944, que 1.350 personas iban a comparecer ante el juez, acusadas de "colaboración con el Fascismo". ¡ Colaboración con el Fascismo ! ¿ Quién no había colaborado, en Italia, con el Fascismo, que había gobernado el país durante 21 años ? Uno de los principales procesos fue el del General fascista Roatta que, tres días antes de iniciarse los debates, logró evadirse. Roatta fue condenado a prisión perpetua, por contumacia; Anfuso, embajador de Italia en Berlín, fue condenado a muerte. El ministro Suvich y el virrey de Albania, Jacomini, eran condenados a veinticuatro años de cárcel. Era interesante que se condenara a veinticuatro años de encierro al Virrey de Albania; sobre todo si se tiene en cuenta que el retrato de su superior jerárquico, el Rey de Albania -Víctor Manuel III- presidía las sesiones del Tribunal.

* * *

Cuando, en pleno hundimiento del frente italiano, Mussolini, acompañado de varios de sus ministros y de su amante, Clara Petacci, intentaba llegar a Austria, fue detenido por unas bandas de partisanos comunistas y ejecutado. También fueron abatidos Clara Petacci, los dieciséis ministros del gobierno y el Rector de la Universidad de Bolonia, Profesor Coppola. Los cadáveres fueron mutilados y colgados, boca abajo, en una estación de gasolina de Dongo.

Durante quince horas el populacho estuvo desfilando ante los cadáveres, escupiéndoles, orinándose sobre ellos y pegándoles puntapiés. Era líder del comando de ejecutores Valerio

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Audisio, miembro del Partido Comunista que, posteriormente, sería elegido diputado.....tras haber basado su campaña electoral en el mérito (?) de haber asesinado a un anciano indefenso y que no ofrecía resistencia.

No queremos seguir. Limitémonos a mencionar que el número de muertos causados por la depuración, según una revista democrática italiana de la época, oscilaba entre 100.000 y 150.000 según los cálculos más prudentes. A ellos hay que añadir unos 12.000 fascistas abatidos por los partisanos durante la guerra civil y más de 10.000 italianos de Venecia Julia, Istria y Dalmacia, eliminados como fascistas por los partisanos yugoeslavos de Tito [674]. Según la misma revista que, no lo olvidemos, era ortodoxamente democrática, las pérdidas antifascistas fueron de unas 29.000 personas, repartidas así: 6.000 partisanos muertos en combate. 13.000 fusilados por represalias. Y otros 10.000 fusilados por los alemanes como castigo por llevar a cabo una guerra irregular. Estas cifras han sido muy discutidas por los "neofascistas" italianos, quienes afirman que el número máximo de muertos que tuvieron los antifascistas fue de unos 15 a 20 mil.

El número de detenidos, internados en repletas prisiones o en improvisados campos de concentración alcanzó el medio millón, aunque es difícil obtener cifras oficiales, dado el caos que se organizó en Italia, y que duró, por lo menos, hasta 1947. Rachele Mussolini, la viuda del Duce, fue internada durante cinco meses en el campo de Terni, improvisados por los británicos.

"Los prisioneros eran princesas, autoras, duquesas, esposas de hombres ilustres y de desconocidos, mujeres del pueblo y prostitutas. Era difícil dormir en ese campo de concentración. Más allá de las alambradas, unos proyectores barrían despiadadamente los menores rincones, y esa luz entraba por las ventanas sin postigos; inexorable, visitaba nuestras camas. A veces teníamos la impresión de volvernos locos....Cuando, al fin, los proyectores se apagaban, el sol estaba ya alto y comenzaba de nuevo la Jornada " [675].

LAS PARADOJAS INGLESAS
Los ingleses son gentes simpáticas, dadas al humor, y que destacan en el cultivo de la paradoja. Pero los gobiernos de Churchill y Attlee debían superar, sin proponérselo, a Chesterton y a Bernard Shaw, cuando pusieron en marcha sus medidas depuradoras.

Muchos ignoran aún que una parte del territorio metropolitano británico fue ocupado por los alemanes: las Islas Anglo-Normandas de Jersey, Guernessey, Aurigny, Herm y Serq fueron ocupadas por los alemanes sin encontrar resistencia. El Gobierno Británico hizo saber a sus súbditos de aquellas islas que no podía asegurar su defensa y que encargaba a los magistrados del archipiélago aseguraran el orden hasta que la situación volviera a la normalidad. Se concluyeron unos acuerdos entre las autoridades ocupantes y las de las Islas anglo-normandas.

El magistrado de la Isla de Jersey, al hacer notar; que la Gran Bretaña se hallaba en guerra logró evitar que fuesen aplicadas en su isla las disposiciones alemanas para los territorios franceses.

En cambio, el magistrado de Guernessey, no dudó en pedir incluso a los alemanes que participaran con él en la administración de la isla. En Jersey y en Aurigny los alemanes instalaron un campo de concentración para prisioneros que habían intentado evadirse. Había unos mil rusos, que fueron utilizados en la construcción de fortificaciones. Las autoridades inglesas de la isla estaban encargadas, precisamente, de la administración que, según Paul Sérant, era muy rígida. [676].

El archipiélago fue liberado sin lucha. Hitler, sorprendentemente, había decidido mantener en él nada menos que a 35.000 hombres, que no fueron, nunca, atacados, rindiéndose cuando Alemania capituló oficialmente. ¿ Qué hicieron las autoridades inglesas al recobrar el control de las islas ? En vez de crear un tribunal especial para perseguir a los "colaboracionistas", el gobierno británico hizo establecer una lista de los insulares que merecieran ser condecorados o ennoblecidos. Este honor se concedió incluso a los dos magistrados, bien que el de Guernesey hubiera impuesto multas y sancionado con la cárcel a algún insular que había dibujado la "V" churchilliana en la pared de la casa donde se hospedaba algún oficial alemán. Es cierto que, después de ser nombrado Sir, el magistrado fue invitado a dimitir y a abandonar la isla, y que un cierto número de personas contra las cuales reclamaban sanciones sus conciudadanos emigraron a Inglaterra, sin que la justicia británica les

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molestara para nada." Así, no sin humor y buen juicio, se concibió la depuración en territorio británico. De los países europeos, fue Inglaterra el único que quizo salvar las apariencias y no ridiculizar el buen nombre nacional con la pública exposición de disensiones internas. [677].

Por desgracia para Inglaterra, el buen juicio apuntado por Robert Aron no se manifestó, en la metrópoli. Pues fue, precisamente Inglaterra el primer país, cronológicamente hablando, que puso en marcha una depuración contra ciudadanos propios. Esta depuración fue "por delito de opinión" que, como los hechos demuestran a diario, es el más perseguido en toda democracia que se respete.

Inglaterra pretendía luchar por la Libertad. Este slogan se ha repetido ad nauseam. Y entre las libertades concretas que abarca la Libertad abstracta, figura, en lugar primordial, la "libertad de expresión". ¿No es así? Pues bien, la campeona autopatentada de la Libertad, Inglaterra, siempre tan admirada por los papanatas continentales que se figuran ser demócratas, impuso, por Decreto-Ley, no votado por el Parlamento, es más, ignorado en un principio por el Parlamento, la llamada "Regulación 18-b". Por esa "regulación" podían ser detenidos por las autoridades civiles o militares inglesas, un número indeterminado de personas que, a juicio de tales autoridades, tuvieran simpatías por Alemania, por el Nazismo, el Fascismo, o simplemente, se opusieran a la entrada de Inglaterra en la guerra o a la continuación de la misma. Se observerá el carácter inmaterial, subjetivo, de la "regulación" en cuestión.

No se puede discutir que la sacrosanta libertad debe ser recortada en tiempo de guerra. Pero hay una diferencia, que aparece, precisamente, y con notoria evidencia, en la Historia de Inglaterra. En las anteriores guerras, cuando el control de Inglaterra lo ejercían los propios ingleses, muchas personalidades que no estaban de acuerdo con la causa de su país, por considerarla injusta o contraria a los verdaderos intereses del mismo, pudieron decirlo francamente, y en público, a condición, claro es, de que no interfirieran en el normal desarrollo de la guerra. Citaremos, entre muchos otros, los siguientes ejemplos:

William Pitt, tres veces Primer Ministro, que escribió y habló contra la causa inglesa en la Guerra de la Independencia Americana.

Charles James Fox, quien hizo lo mismo durante las guerras napoleónicas.

John Bright, Ministro de Relaciones Exteriores, como Fox, que adoptó la misma actitud durante la guerra de Crimea.

Lloyd George, dos veces Primer Ministro, que dijo en el Parlamento que la Guerra de Inglaterra contra los Boers era "estúpida y criminal" y que sólo se hacia "por el oro y los diamantes".

Ramsay MacDonaId, líder del Partido Laborista, ministro y futuro Premier, quien se opuso a la I Guerra Mundial una vez había estallado, preconizando repetidas veces una paz honorable con Alemania.

Herbert Morrisson, el conocidísimo laborista contemporáneo, que hizo lo mismo que MacDonaId y aún más, pues invitó a los soldados británicos a tirar las armas y confraternizar con los alemanes.

Ninguno de estos hombres fue molestado, lo cual no dejaba de ser lógico, en un país que se presenta como abanderado de la libertad de expresión.

Pero, durante la II Guerra Mundial, hombres que no llegaron a pedir nunca a los soldados ingleses que se convirtieran en desertores, sino que se limitaron a proclamar que la guerra era contraria a los intereses de Inglaterra, y que el Judaísmo había forzado a Inglaterra a declararla -algo que los hechos posteriores y el testimonio del propio Chamberlain, respectivamente, probarían incuestionablemente- fueron encarcelados durante tres, cuatro y hasta cinco años, en condiciones infames, incomunicados de sus familiares, y pisoteando las leyes británicas, como el "Habeas Corpus", que obliga a las autoridades a presentar a todo acusado ante el Juez, en un plazo de 48 horas, bajo una acusación fundada en hechos -no en "simpatías" o intenciones subjetivas - o soltarlo. Casi 600 personalidades inglesas fueron detenidas, y 11 de ellas murieron en las ergástulas de Albión. Había héroes de la Guerra de 1914-18, como el Almirante Sir Barry Domvile, miembros del Parlamento, como el diputado conservador Capitán Archibald Maule Ramsay, políticos como Arnold Leese y el líder fascista inglés Sir Oswald Mosley, miembro del Parlamento, a quien se acusó, zafiamente, de antisemitismo. (Esto era ridículo: Mosley estaba casado con una señora cuyo nombre era Rebeca Levy, lo que hace ociosos todos los comentarios). Las autoridades inglesas, que se mofaron de sus propias leyes, del "Bill of Rights", del "Habeas Corpus", que obligaban a las detenidas, incluyendo a la esposa de Mosley, a convivir

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con ladronas y prostitutas, llevaron su cinismo y su desprecio por la ley hasta el extremo de arrestar, durante 5 años, a Tyler Kent, funcionario de la Embajada de los Estados Unidos, del que se sospechaba, con razón, que era más proamericano que projudío. Arnold Leese, que fue pensionista roñoso de las cárceles democráticas inglesas, las describe como "la GPU judeo-democratica de Inglaterra" [678].

Estas personas fueron liberadas al terminar la guerra. Ni una sola fue acusada de nada.

Simplemente fueron puestas en la calle, famélicas y enfermas.

Los ataúdes de los 11 muertos en prisión fueron entregados a las familias, prohibiéndoseles los funerales públicos.

En 1943, los familiares de algunos detenidos llevaron el asunto hasta la Cámara de los Lores, que nombró de su seno un Comité de Apelación, formado por cuatro hombres, de los que tres eran Judíos, o tenían conexiones familiares con judíos [679]. El Comité de Apelación rechazó la demanda de aplicación del "Habeas Corpus".

Theodor Haller Cooper, Waffen SS y reclutador de la "Legión Saint George", de voluntarios británicos contra el Bolchevismo, fue condenado a muerte pero se le conmutó por la pena de prisión perpetua. Otros 48 ingleses que habían luchado contra los Soviets, fueron condenados a diversas penas de prisión.

Otras penas fueron pronunciadas contra ciudadanos británicos, pero nos ocuparemos de ellas al estudiar la llamada depuración intelectual.

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RESUMEN NUMÉRICO DE LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS
Creemos útil, en el corto epígrafe que va a seguir, hacer un resumen, puramente numérico, de los crímenes de los Buenos. Como podrá observar el lector amigo, tomamos como definitivas las cifras más bajas reconocidas por los propios victimarios, en el caso de las democracias occidentales, o antinazis, cuando se trata de las democracias orientales, llamadas populares.

A) Muertes causadas por crímenes de guerra
en violación de las Convenciones de Ginebra y La Haya, o a causa de la Depuración
1Víctimas de los bombardeos terroristas sobre Alemania y Austria2.050.000
2Víctimas de los bombardeos terroristas sobre el resto de Europa ocupada28.000
3Víctimas de los bombardeos terroristas sobre Italia11.000
4Víctimas japonesas causadas por la atomización de Hiroshima y Nagasaki125.000
5Víctimas Japonesas por los bombardeos terroristas americanos300.000
6Soldados alemanes incluyendo heridos y prisioneros víctimas de los partisanos:
a) En Francia6 000
b) En Italia6.500
c) En Yugoeslavia35.000
d) En el resto de Europa5.000
e) En Rusia [680] 50.000
7Oficiales polacos asesinados en Katyn 15.000
8Civiles alemanes asesinados en Polonia, antes de la declaración de guerra11.500
9"Auslandsdeutsche" asesinados:
a) En los Sudetes250.000
b) En Checoslovaquia175.000
c) En Yugoeslavia240.000
d) En el Bánato (rumano y húngaro)200.000
e) En Polonia [681]35.000
f) en Memel (Lituania)10.000
10Víctimas de la depuración legal en Alemania, amparándose en leyes retroactivas11.500
11Víctimas de asesinatos colectivos en Alemania y Austria [682] 25.000
12Muertes de civiles a consecuencia de las deportaciones forzosas en el Este de Europa [683] 2.000.000
13Refugiados alemanes muertos por los soviéticos al tratar de huir de Prusia Oriental [684]10.000
14Soldados croatas, ucranianos, rusos, musulmanes, serbios y albaneses, víctimas de la Operación Keelhaul y muertos en deportación [685]745.000
15Ciudadanos americanos de origen japonés, muertos en los campos de concentración de Arizona [686] 7.000
16Ciudadanos franceses victimas de la depuración legal -con leyes retroactivas- en Francia50.000
17Ciudadanos franceses "ejecutados" sumariamente en la Liberación105.000
18Victimas de la depuración belga4.000
19Víctimas de la depuración holandesa38
20Victimas de la depuración luxemburguesa4
21Victimas de la depuración danesa546
22Víctimas de la depuración noruega50
23Víctimas de la depuración polaca [687]250.000
24Victimas de la depuración lituana100.000
25Victimas de la depuración estoniana60.000
26Víctimas de la depuración letona30.000
27Muertos en la depuración búlgara10.000
28Muertos en la depuración rumana [688]50.000
29Muertos en la depuración eslovaca25.000
30Muertos en la depuración yugoeslava26.000
31Muertos en la depuración albanesa [689]5.000
32Muertos en la depuración griega [690]2.000
33Muertos en la depuración húngara [691]215.000
34Muertos en la depuración ucraniana y rusa3.000.000
35Muertos en la depuración italiana [692]125.000
36Italianos "ejecutados" por los partisanos en el Norte de Italia12.000
37Italianos de Istria, Dalmacia y Venecia Julia ejecutados por los "Titistas"10.000
TOTAL:10.531.088

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A esta cifra de más de diez millones y medio de muertos hemos llegado, como ya se hace observar en las frecuentes notas de pié de página, tomando las cifras mínimas o dividiendo por

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tres o hasta cuatro -según nos ha parecido más Justo, a nuestro leal entender- aquellas cifras procedentes de fuentes que pudieran parecer parciales. Creemos, con todo, que la cifra real debe superar bastante la de ese espeluznante y auténtico holocausto. Como muestra, el siguiente ejemplo: De los más de cien mil prisioneros alemanes de Stalingrado regresaron de la URSS unos seis mil. En ningún caso -incluyendo el de los italianos presos en la bolsa del Don- regresaron más de un diez por ciento.

Hemos dado por supuesto que, en la Operación Keelhaul, se salvaron dos terceras partes.

Aplicando el porcentaje de Stalingrado, por ejemplo, la cifra de muertos en ese Apartado subiría a más de dos millones, en vez de los 745.000 que adjudicamos.

B) Personas desapareadas
sin dejar rastro, soldados prisioneros y civiles deportados, en violación de la Convención de Ginebra
1Soldados ucranianos, rusos, croatas, musulmanes, serbios y albaneses, victimas de la Operación Keelhaul [693].1.490.000
2Soldados alemanes usados en la URSS como trabajadores forzosos [694]4.400.000
3Soldados rumanos, italianos, búlgaros, eslovacos, húngaros y finlandeses, usados en la URSS en el mismo concepto [695]660.000
4Civiles lituanos deportados a la URSS40.000
5Civiles letones deportados a la URSS [696]41.800
6Civiles búlgaros deportados a la URSS [697]55.000
7Niños griegos, deportados a la URSS [698]1.500
8Civiles húngaros y alemanes residentes en Hungría, deportados a la URSS(699] 215.000
9Civiles eslovacos y polacos, deportados a la URSS [700]?
TOTAL:6.903.300

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Creemos que aquí se impone el mismo comentario que hacemos al final del Apartado A).

Hemos tomado las cifras más bajas y, cuando las fuentes nos han parecido antisoviéticas, las hemos, simplemente, dividido por dos. Hemos citado pour mémoire a los civiles eslovacos y polacos deportados a la URSS, sin mencionar cifra por ausencia de datos fidedignos.

C) Personas privadas de libertad en virtud de leyes retroactivas, o sancionadas en virtud de dichas "leyes", o soldados internados en campos de concentración pese al cese de hostilidades:

C) Personas privadas de libertad en virtud de leyes retroactiva
1Alemanes condenados por los tribunales de Desnazificación375.000
2Alemanes privados de derechos civiles [701]10.000.000
3Soldados alemanes ilegalmente retenidos como trabajadores forzosos en Inglaterra460.000
4Soldados alemanes retenidos en Francia por el mismo concepto210.000
5Soldados japoneses retenidos en Australia como trabajadores forzosos [702]130.000
6Funcionarios administrativos depurados en Austria149.044
7Ciudadanos austríacos condenados a prisión1.380
8Ciudadanos franceses arrestados por las autoridades provisionales de la "Resistencia" [703] 1.000.000
9Ciudadanos belgas encarcelados a raíz de la Liberación70.000
10Ciudadanos belgas multados por "colaboracionismo económico" 75.391
11Ciudadanos belgas privados de derechos civiles231.000
12Ciudadanos holandeses arrestados tras la Liberación [704]150.000
13Ciudadanos luxemburgueses internados en campos de concentración al ser liberados 15.000
14Ciudadanos daneses condenados a prisión por "colaboracionismo"11.000
15Ciudadanos daneses privados de derechos civiles12.600
16Ciudadanos noruegos condenados a prisión por "colaboracionismo".92.000
17Ciudadanos noruegos privados de derechos civiles 5.500
18Ciudadanos italianos encarcelados al ser liberados [705]500.000
19Ciudadanos británicos encarcelados sin acusación ni juicio, durante la guerra [706] 600
20Ciudadanos británicos condenados a prisión por haber luchado contra el Bolchevismo4
21Ciudadanos griegos condenados por "colaboracionismo" con Alemania e Italia63
Total:13.488.582

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A parte de haber, como en los casos precedentes, tomado las cifras deliberadamente por lo bajo, este Apartado debe quedar forzosamente muy por debajo de la realidad, por cuanto, por carecer de datos fidedignos, no mencionamos a las victimas de los países del Este.

En resumen, pues, los Buenos, de acuerdo con la legislación vigente cuando se cometieran los hechos incriminados, y según sus propias confesiones de parte, cometieron un mínimo de 10.531.088 asesinatos, provocaron la desaparición y probable muerte de otras 6.903.300 personas y encarcelaron, condenaron, multaron o privaron de sus derechos civiles -esos derechos que cuando se conculcan, o se supone que se conculcan, en la persona augusta de un negro de Alabama provocan la santa indignación de las vestales democráticas- a otras 13.488.027 personas. Es probable que algunas -o muchas- de las víctimas fueran seres bien poco interesantes, o efectivamente culpables de algo, pero es innegable que, al ser sumariamente ejecutadas o sancionadas de acuerdo con una legislación ex post facto, el tratamiento que recibieran transfería la culpa al victimario, máxime si éste se investía de autoridad con ropaje legal.

No es excusa aducir que muchos de los abusos fueron cometidos por personas incontroladas. La primera obligación de un verdadero gobierno consiste, precisamente, en asegurar el orden, sin el cual no puede existir libertad ni convivencia civilizada alguna. Es más, como ya hemos visto, en numerosas ocasiones fueron los propios gobiernos -provisionales o no - los que azuzaron a las masas contra seres vencidos e indefensos. Todos los gobiernos, y no solamente el soviético, utilizaron, durante muchos años, mano de obra de esclavos. Todos los gobiernos, y no solamente el soviético, dieron carta blanca a la soldadesca para que se desmandara y pillara, violara y asesinara a civiles y prisioneros. Todos los gobiernos, y no solamente el soviético, robaron metódicamente cuanto pudieron, tanto a organismos públicos como a particulares. Fueron los gobiernos occidentales los que proporcionaron a sus aliados de entonces, los soviéticos, la carne de matadero imprescindible para la Operación Keelhaul.

Fueron jueces occidentales los que, amparándose en una legislación retroactiva, es decir, ilegal, dictaron condenas inicuas contra millones de personas. Y fueron los "cristianos" gobiernos occidentales los que -empujados por las Fuerzas Fácticas- programaron y ejecutaron los bombardeos terroristas que causaron más de dos millones de muertos y casi tres millones de heridos entre la población no combatiente.

Todos estos desmanes, cometidos por los cruzados de la Democracia, tienen, además -por lo menos en su mayor y más grave parte- el agravante de haber sido perpetrados después de terminada la guerra, cuando los ánimos, lógicamente, debieran estar más aplacados, y cuando la natural alegría por la victoria debiera suscitar sentimientos más sanos que la venganza contra seres indefensos. Fue un crimen masivo y frío; algo completamente inédito en la historia de Occidente. Cometido con larga premeditación -el Plan Morgenthau se concibió en 1944- y con infame alevosía, contra un adversario inerme. Francis Parker Yockey afirma [707] que

"la bestialidad sin precedentes de esa indecente venganza, prueba, por sí sola, la existencia de un elemento extranjero, parásito, extraño a Occidente, que la promovió, la inspiró y, a menudo, la ejecutó".

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LOS BUENOS Y LOS INTELECTUALES
Es un hecho relativamente bien conocido hoy día que las listas negra contra los artistas e intelectuales europeos acusados, con razón o sin ella, de ser nazis o pro-nazis, fueron redactadas mucho antes que las listas de los criminales de guerra, exceptuando, claro es, la primera lista que incluía a los miembros del Gobierno Alemán. Dice Louis Marschalsko:
"Esos conquistadores del mundo que llegaron a la vencida Alemania procedentes de los Estados Unidos y que eran, casi todos ellos, fanáticos comunistas, compilaron esas listas y las trajeron consigo cuando llegaron como agregados de prensa y propaganda del ejército de los Estados Unidos. Pero, aunque lucían el uniformes del ejército norteamericano, no representaban el espíritu de Jefferson, sino al espíritu vengativo e intolerante del chauvinismo Judío... Esa gente solo perseguía una finalidad: destruir a la competencia intelectual de las clases sociales y las profesionales, y rebajar la intolerable superioridad del estilo de vida cristiano" [708].

Dijeron Churchill y Roosevelt que, además de la lucha en las trincheras, se estaba desarrollando otra lucha en pro de la libertad de la Humanidad y del espíritu humano. No obstante, las listas negras, la censura, la prohibición de ejercer profesiones y carreras artísticas, el amordazamiento de la Verdad y el terrorismo intelectual puro y simple fueron implantados en Europa, la creadora de casi todas las Culturas que el Mundo ha visto, no sólo por los chekistas que seguían al Ejército Rojo sino también por deseo expreso de los gobiernos de las democracias occidentales.

En esas listas negras figuraban hombres como Sauerbruch, el mayor genio médico del siglo, y Wilhelm Furtwängler, el más grande de los directores de orquesta. Junto a ellos, músicos de renombre mundial como Richard Strauss, Herbert von Karajan, CIemens Krauss, Julius Patzak, Walter Gieseking, Vasa Prihoda, Pfitzner, Paul Linke, Karl Böhm, Werner Krauss; escultores geniales como Thorak y Arno Breker, cuyas obras fueron destruidas por los bárbaros de la Libertad; actores y directores de cine, como Emil Jannings, Theo Lingen, Ulrich, Leni Riefensthal; el tenor checo Leo Slezak, que se retiró en 1934, pero que por el hecho de haber residido en Alemania y haber sido partidario de Hitler fue a parar a la cárcel; Fredl Weiss, un conocido actor cómico, que a menudo hacía bromas y chistes a costa de Hitler, debió comparecer ante Ios tribunales de los libertadores. El terrorismo de éstos no se detuvo ni ante la figura de un genio intelectual de la talla de Gerhardt Hauptmann, "sospechoso" por haber osado escribir unas líneas tristes expresando su pesar por la suerte de Dresde. A Erwin Guido Kolbenhayer se le prohibió publicar sus libros. Incluso los muertos fueron incluidos en esas listas negras, como Heinrich George, que fue capturado por los soviéticos y murió en un campo de concentración. Todos los intelectuales y artistas alemanes fueron depurados, en mayor o menor grado. La depuración alcanzó incluso a figuras del Deporte, tales como el ex-boxeador Max Schmeling, a quien se acusó falsamente de haber sido un torturador de un campo de concentración.

El líder de esa depuración de intelectuales y artistas era, en el Este de Alemania, el comunista Gerhard Eisler, compositor de la famosa marcha revolucionaria "La Internacional".

En el Oeste, junto a Eisenhower, inspirándole constantemente en esa tarea hubo, sucesivamente, tres individuos más tarde desenmascarados como cripto-comunistas [709]: Cedic Henni Belfrage, James Aaronson y Moses Kagan. Los cuatro: Eisler, Belfrage, Aaronson y Kagan pertenecían a ese "elemento extraño, parásito, extranjero en Occidente", denunciado por Yockey.

La depuración intelectual, por supuesto, no se limitó a Alemania. No era sólo Alemania el enemigo de los poderes fácticos: era Europa y lo que representaba. Así, en Italia, Gioacchino Volpe fue condenado a muerte en rebeldía; escritores como Evola, Gentile, Farinacci (ambos asesinados por los partisanos), Barracu fueron condenados, muchos años, al ostracismo.

Tremenda fue, también, la represión intelectual en Hungría. Laszlo Endre, el poeta que acabó sus días en una celda de la checa de la famosa Andrassyut escribió, en su carta de adiós que pudo llegar a Occidente: "Los Protocolos de los Sabios de Sión son auténticos" [710]. No hubo un sólo escritor o artista de cierta categoría, que hubiera ejercido su arte y su profesión antes de la Liberación que no fuera a parar a la cárcel, en el mejor de los casos. Lo mismo puede decirse de Rumania, Bulgaria y la desgraciada Polonia.

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En Francia fue, tal vez, donde la depuración se cobró mayor número de víctimas, dejando Alemania aparte, naturalmente. Figuras del relieve intelectual de Charles Maurras y Henri Béraud fueron condenadas a prisión perpetua. Brasillach, el poeta exquisito, fue condenado a muerte tras un proceso inicuo. También lo fue el escritor y periodista Georges Suarez. Igual suerte corrieron Jean-Hérold-Paquis, locutor de Radio París, Jean Luchaire, redactor-jefe del periódico Temps Nouveaux, y el novelista Paul Chack. Pierre-Antoine Cousteau y Lucien Rebatet fueron condenados a muerte, pero les fue conmutada la pena por la de prisión perpetua, hasta que, tras siete años de cárcel, se beneficiaron del indulto de Vincent Auriol. Urbain Gohier obligó al tribunal a molestarse: como no podía moverse de su cama del hospital a causa de su parálisis, los magistrados se desplazaron allí y le condenaron a cadena perpetua.

Jean Drault fue condenado a treinta años de trabajos forzados por haber escrito media docena de artículos antisemitas en su juventud. Algunos escritores escaparán a los jueces: Drieu La Rochelle se suicidó el 15 de Marzo de 1945, cuando acaba de abrirse contra él una instrucción.

Louis-Ferdinand Céline, refugiado en Dinamarca, sólo será castigado a una pena ligera, por contumacia, cuando cinco años más tarde se le juzgue: cierto es que habrá debido pasar dos años en prisión en el país al que solicitó asilo. Alphonse de Chateaubriant, el antiguo director de La Gerbe, vivirá clandestinamente en Austria, donde morirá en 1951. Raymond Abellio, condenado a veinte años de trabajos forzados in absentia, será indultado en 1952, tras seis años de exilio en Suiza.

El terrorismo intelectual sería completado por la acción de un autotitulado "Comité Nacional de Escritores", a cuya cabecera figuraban Sartre y François Mauriac [711]. Jean Queval, mediocre escritor, se vengará de sus colegas infinitamente superiores a él, redactando la lista de "autores colaboracionistas", a los que, durante largo tiempo, se les vetará en periódicos, salas de redacción, editoriales e imprentas. He aquí la impresionante lista: Claude Farrère, Jean Cocteau, Paul Fort, Colette, León-Paul Fargue, Sacha Guitry, Jean Anouilh, Jacques Audiberti, Marcel Carné, Henry de Montherlant, Jean Sarment, Octave Aubry, Pierre Bénoit, André Bellesort, Jacques Boulenger, Robert Desnos, Charles Dullin, Leon Frapié, Marcel Lherbier, Jacques de La Varende, Paul Morand, Pierre Mac Orlan, Victor Margueritte, Henri Poulaille, Maurice Rostand, Henry Troyat [712], Maurice Yvain, Marcel Aymé, Marcel Berger, René Barjavel, Félicien Challaye, Luc Durtain, el editor Bernard Grasset, Pierre Hamp, Gabriel Hanotaux, La Fouchardiére, Alfred Fabre-Luce, Louis Ferdinand-Royer, Pierre Mille, Henri-Raoul Lenormand. Bertrand de Jouvenel, Jacques Roujon, Emile Roche, André Salmon, Francis Delaisi, Pierre Varenne, René Malliavin y Jacques Bénoist-Méchin.

Este ultimo, condenado a muerte, seria, luego, indultado. También fue condenado a muerte in absentia, el finísimo escritor Abel Bonnard, que encontró asilo político en España, hasta su muerte. Infinidad de periodistas, tanto de la prensa de París como de la de provincias, fueron víctimas de esa depuración intelectual, que se prolongó durante tres largos años [713].

Una periodista, o, más exactamente, una "juntaletras" que, pese a su orígen étnico, no fue molestada durante la Ocupación alemana, Madeleine Jacob, apodada "La Hiena", se destacó en su labor delatora privando del pan, y a veces de la libertad, a numerosos colegas suyos.

El sabio Alexis Carrel fue detenido y se le anunció que se le iba a juzgar por "colaboracionista y racista". Pero la Justicia no pudo cobrarse esa víctima, pues Carrel, en precario estado de salud, morirá en el hospital de la cárcel. El "pecado de racismo" no lo perdonan los inquisidores democráticos franceses. Por ese motivo será condenado a muerte y fusilado el gran etnólogo Georges Montandon. Georges Claude, una de las figuras capitales de la ciencia europea, será condenado, a los setenta y siete años de edad, a cinco de prisión. La depuración llegará a tal paroxismo de vesania y estupidez que hasta figuras tan populares como el cantor Maurice Chevalier, el actor Louis Jouvet y el boxeador Georges Carpentier serán multados por haber actuado ante los voluntarios de la División SS "Charlemangne".

Toda la intelectualidad francesa recibió un golpe tremendo del que nunca se repondría totalmente. El escritor Georges Bernanos, uno de los pocos que no fue molestado por el celo de los depuradores, tuvo la franqueza y el coraje de escribir:

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"Digo que Francia jamás ha conocido un régimen tan mediocre como el que, en 1945, se ha impuesto en el país como liberador, y no ha cesado de prostituir después, o antes de ridiculizarse en su favor, la palabra "liberación ". Nunca la más baja y la más vulgar corrupción alcanzó ese grado, no de cinismo -en el que hay, aún, algún amargo desafío- sino de inconsciencia casi pueril, infantil, en el regateo de los puestos, el sofoco de los escándalos y la ostentación obscena de las mediocridades satisfechas" [714].

En Bélgica, la depuración intelectual comenzó con el asesinato del periodista Paul Colin, director del gran semanario Cassandra. Jules Lhost, editorialista del mismo periódico, fue condenado a cadena perpetua, pero, por indicación del auditor militar, fue juzgado por segunda vez y condenado a muerte en Febrero de 1945. Lo mismo le sucedió a otro periodista, Joseph Streel, director de Le Pays Réel, que fue también condenado a cadena perpetua, pero igualmente el auditor militar consiguió que se repitiera el juicio y se le condenara a muerte. El mismo caso inicuo se dio con Robert Poulet, tal vez el mejor de los novelistas belgas: cadena perpetua primero; revisión del proceso y condena a muerte, aunque consiguió el indulto.

También fueron condenados a muerte los periodistas Victor Meulenyzer y "Jam", el dibujante satírico, aunque éste último fue indultado. Otros escritores que tuvieron problemas con los depuradores fueron el célebre novelista Georges Simenon y el autor teatral y ensayista Félicien Marceau.

Un ejemplo de la intolerancia de la época nos lo suministra el caso del dibujante Hergé, el célebre creador de "Tintín", héroe de los cuentos infantiles. Bajo la ocupación alemana, dos álbumes del dibujante "Tintín en América" y "La Isla Negra", fueron prohibidos por los alemanes porque en ellos América era presentada de manera demasiado favorable [715]. Pero no por ello dejó Hergé de publicar sus dibujos en el diario Le Soir, de Bruselas. Esto fue suficiente para motivar su arresto por las milicias patrióticas.

Hergé vióse impedido de ejercer su actividad durante dos años.

En Holanda los depuradores no se perdieron en detalles: todos los periodistas que habían escrito durante la ocupación, fueron expulsados de sus periódicos, pero el número de condenados fue mínimo.

En Luxemburgo, como mencionamos en otro lugar, hubo cuatro ejecuciones. Una de las victimas fue el profesor Damien Kratzenberg, director de la "Volksdeutsche Bewegung", que no fue acusado de acto inhumano alguno, pero que había optado por la germanización del Gran Ducado en sus libros. Lo hemos dicho y lo repetimos una vez más: el delito de opinión está muy mal visto en las llamadas "democracias ".

En general, la depuración intelectual presentó caracteres similares en todos los países occidentales. Algunos casos singulares merecen, empero, una atención especial. El caso de Knut Hamsun, por ejemplo. Hamsun, Premio Nobel de Literatura, en una época en que tal premio tenía, todavía, una significación real, era generalmente reconocido como el más grande escritor escandinavo contemporáneo. Hamsun, cierto es, apoyaba al gobierno de Quisling, y era acendradamente antisoviético. En una ocasión solicitó audiencia a Hitler para solicitar la retirada de Noruega del Gauleiter Terboven, a quien execraban todos los noruegos, ya fuesen fieles al Rey exiliado, ya a Quisling. Según Sérant,

"la audiencia supuso para el escritor una amarga decepción, pues el Führer se perdió en consideraciones generales sin prestar atención a los propósitos del escritor. A pesar de esas decepcionante experiencia, no por ello dejó Hamsun de arraigarse en sus convicciones" [716].

Cuando el mundo supo la muerte de Hitler, algunos días antes de la capitulación del III Reich, Hamsun publicó el siguiente homenaje al difunto Führer:

"Yo no soy digno de elevar la voz a propósito de Hitler; su vida y sus actos no invitan a manifestar emociones. Era un guerrero; un guerrero para la Humanidad; y, para todas las naciones, el predicador del Evangelio del Derecho. Era un reformador de la más alta condición.

El Destino le ha hecho desplegar su acción en una época de brutalidad sin precedentes; esa brutalidad que, finalmente, le ha abatido. Así es como el europeo medio debe considerar a Hitler; nosotros, sus partidarios, nos inclinamos ante sus restos".

A partir del momento de la rendición alemana, Hamsun fue arrestado. Juzgado, fue condenado a treinta días de cárcel y fue

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declarado "indigno nacional". Al salir de la cárcel se le infligió, a sus ochenta y seis años, el ultraje de internarle en un asilo psiquiátrico. A su esposa, que nunca intervino en política, la condenaron a tres años de trabajos forzados y, a la muerte del escritor, el Estado le arrebató su pensión de viudedad.

Otro caso particularmente vergonzoso fue el de Ezra Pound, el mejor escritor norteamericano de su época y uno de los mayores genios de la Literatura contemporánea. La guerra le sorprendió en Italia, donde vivía regularmente. Habló por los micrófonos de la radio italiana, acusando a Roosevelt, a Churchill y a la Alta Finanza Internacional de haber provocado la guerra.

Pound fue hecho prisionero por sus compatriotas. No sólo fue internado, sino que conoció el suplicio. Después de haberle metido en una celda de condenado a muerte, se le encerró en una Jaula, abandonándole en medio del campo; el gentío de los alrededores, debidamente aleccionado por las células comunistas, vino a desfilar ante el, cubriéndole de injurias y de escupitajos. A continuación se le transfiere a una celda, completamente aislado, y a oscuras, permaneciendo en la misma varios meses, antes de ser repatriado a los Estados Unidos. Al llegar a su patria fue entregado a una comisión de psiquiatras que ordenaron su internamiento en un asilo. Pound, no obstante, continuaba escribiendo y sus obras bastaban para demostrar que no era lo que se pretendía que fuera. Por fin, en 1958, tras una vigorosa campaña de varios escritores, con Hemingway a la cabeza, Pound fue autorizado a abandonar el asilo.

Inglaterra, la patria del Liberalismo, también conoció la lucha contra los intelectuales y contra la Libertad de opinión. El caso más extraño fue el de John Amery. Pertenecía a la mejor sociedad británica y su padre, Lord Amery, formaba parte del gabinete Churchill en calidad de Ministro de Asuntos Indios. El joven John Amery actuó como periodista en España, en donde permaneció hasta 1940. Luego pasó a Francia, donde entró en contacto con los líderes colaboracionistas franceses Marcel Déat y Jacques Doriot. Desarrolló una serie de conferencias radiofónicas con destino a su patria, invitando al pueblo ingles a deponer a Churchill y a concluir la paz con Alemania. Luego, se alistó en la "Legión Saint George" que combatió contra los soviéticos. En su proceso, que tuvo lugar el 28 de Noviembre de 1945, Amery dijo que no reconocía a un tribunal más judío que inglés el derecho a juzgarle. En consecuencia, no respondió a ninguna de las preguntas del Tribunal ni se tomó la molestia de explicar su actitud.

Condenado a muerte, fue colgado algunas semanas más tarde. Tenía 33 años de edad. Su destino no tuvo repercusión alguna en la carrera política de su padre, que continuó siendo ministro de Indias hasta que su partido perdió las elecciones y el gabinete se disolvió.

William Joyce, al que los ingleses llamaban "Lord Haw Haw", hijo de padre irlandés y madre inglesa, había nacido en Nueva York. Desde muy joven vivió en Inglaterra y se alistó en el partido de Mosley, aunque en 1937 rompió con éste para crear un grupo disidente: el Partido Nacionalsocialista Británico. En 1939 se trasladó a Alemania y solicitó la nacionalidad alemana, que rápidamente obtuvo. Fue el comentarista principal de las emisiones de la radio alemana, con destino a Inglaterra. Nunca atacó a su anterior patria. Sólo aconsejó a sus ex-compatriotas que instaran a su gobierno a que hiciera la paz con Alemania y se uniera a ésta en la lucha contra el bolchevismo. Capturado por los ingleses al final de la guerra, fue condenado a muerte, por "traición" y colgado. Dejando de lado que no comprendemos cómo en una supuesta "democracia" puede condenarse a alguien por aconsejar que se haga la paz [717], queda el hecho de que difícilmente pueda ser "traidor" un extranjero como Joyce, naturalizado alemán.

Chuter Ede, Secretario de Estado británico para la Información manifestó que el número de ingleses acusados de traición y colaboración con el enemigo se elevaba a 125 [718]. Entre los británicos que fueron acusados de traición hay que señalar el caso del célebre novelista P.G. Wodehouse. El 15 de Junio de 1941, la B.B.C. acusaba al novelista de "haberse postrado a los pies de Hitler" y de "haber vendido su honor a cambio de una vida cómoda". Esta información suscitó una profunda indignación en el país, en el cual Wodehouse era uno de los escritores más populares. Unos pilotos de la R.A.F., no se sabe si con autorización o sin ella, partieron en misión para bombardear la casa de Wodehouse en Touquet, pero destruyeron, por error, la casa vecina.

En efecto, Wodehouse residía desde hacía varios años en Francia. En realidad, el novelista se limitó a grabar unas charlas, en las cuales contaba, con su gracia habitual, algunas de sus aventuras y, en especial las de 1940, en la Francia ocupada y, más tarde, en la Zona libre,

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gobernada por el régimen de Vichy. Los alemanes difundieron esas charlas en la serie de emisiones con destino a Gran Bretaña. A Wodehouse le salvó de ir a la cárcel el apoyo masivo de sus colegas ingleses, en especial de Evelyn Waugh [719].

Otro caso que llegó a ser célebre fue el del escritor Sisley Huddleston, inglés, escritor de calidad, aunque silenciado por la critica de la post-guerra. Este inglés vivía en la Costa Azul cuando estalló la guerra y, como dice Sérant [720] "era uno de esos ingleses que hacen de Francia su segunda patria", como le sucedió a Chesterton. En 1940, tras la derrota francesa, se negó a regresar a Inglaterra. "Me parecía -escribe al evocar ese período- que eso era el fin de mi propia vida...Sin dejar de ser inglés tenía en ese momento la convicción de ser más francés que inglés". Huddleston se oponía a la política de Churchill, al que llamo asesino tras el ataque inglés contra la flota francesa en Mers-el-Kebir. Pero a Churchill le llamaron entonces asesino cuarenta millones de franceses. Por cierto que Huddleston solicitó y obtuvo la nacionalidad francesa. A la Liberación de Francia se refugió en Mónaco, pero las autoridades del Principado accedieron a la extradición hecha por las autoridades francesas. Huddleston fue condenado a cinco años de cárcel, por "simpatías hacia los ocupantes", lo cual no era cierto pues Huddleston era mas bien partidario de la política "esperista" y, en el fondo, antialemana, del Mariscal Pétain.

La psicosis de la persecución contra los intelectuales alcanzó incluso a los países neutrales.

En Suiza, por ejemplo, el periodista y escritor Georges Oltramare, fue condenado a tres años de cárcel por haber escrito en su revista ginebrina Le Pilori que el principal enemigo de Europa era el Bolchevismo. En cuanto a Frank Burri, escritor y animador del "Nationale Bewegung des Schweitz", que reclamaba unas democráticas elecciones generales en Suiza, para consultar a los cantones sobre si deseaban continuar formando parte de la Unión Helvética o bien preferían integrarse a Francia, Alemania o Italia, fue condenado a veinte años de cárcel. Esa dureza de las autoridades judiciales suizas contrastó poderosamente con la magnanimidad mostrada hacia el otro bando. Por ejemplo, las autoridades del Cantón de los Grisones amnistiaron al israelita David Frankfurter, convicto y confeso del asesinato de Wilhelm Gustloff, el Presidente de la Asociación de Alemanes Residentes en Suiza. Para un asesino, la amnistía. Para un escritor, la cárcel. Y esto, en un país "neutral" [721].

FINIS CORONAT OPUS
Parecía lógico que, tras la eliminación de los réprobos (diez millones y medio de muertos, casi siete millones de desaparecidos y trece millones y medio de condenados) la Democracia podría, al fin, reinar en el mundo e imponer la legalidad, la justicia, el orden y el progreso generales. El precio había sido un poco caro, pero valdría la pena. Treinta millones de víctimas, más los casi sesenta millones de muertos durante la contienda. ¡ Ah !....pero, al fin, reinaría la Democracia. Y reinaría a escala mundial.

Para materializar ese hermoso sueño se creó la Organización de las Naciones Unidas. En tal Organización todas las naciones tendrían su voto.

Luxemburgo, con sus trescientos mil habitantes, tendría su voto, que valdría tanto como el de la India, con trescientos millones. Es decir, una verdadera Democracia, pero a nivel mundial.

Claro es que, para corregir posibles defectos -la perfección, sabido es, no es de éste mundo- se decidió instaurar el aristocrático "derecho de veto", que vale más que todos los votos juntos. Es decir que si, en un rapto fugaz de lucidez, los casi ciento cincuenta miembros de tan augusta asociación mundial, decidieran condenar cualquiera de las agresiones que realiza, cuando le da la gana, la Unión Soviética, movilizando al Consejo de Seguridad para que enviara a los Cascos Azules a luchar contra el Ejército Rojo o cualquiera de sus satélites, la acción sería paralizada por el Veto Soviético, si a la URSS le interesara paralizarla.

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El derecho de veto se lo reservaron los fundadores de la O.N.U., es decir: Estados Unidos, Inglaterra, la URSS y China. Pero, de hecho, quien domina en la O.N.U. son los dos super-grandes: los USA y la URSS, ya directamente, ya por satélites interpuestos. El llamado bloque tercermundista, enjambre de famélicos subcapaces y de reyezuelos de opereta, no es más que un instrumento de chantaje, generalmente al servicio de la URSS. No se quisieron unas elecciones pulcramente democráticas en Dantzig y se ha llegado a un mundo dividido en dos bloques, uno de los cuales, el Soviético, contando con la complicidad de los dirigentes reales y la estupidez de los dirigentes legales del Americano, le está propinando a éste todos los golpes que quiere, cuando quiere y como quiere. Con la anuencia general. E importándole muy poco el aparecer como Bueno, o como Malo.

Y así, -ahora, treinta y cinco largos años después de terminada la Cruzada Democrática contra la Barbarie Nazi, el mundo, que no ha cesado de arder en guerras desde entonces -a pesar de que aquella era, en frase de Halifax, la guerra para terminar con las guerras- y que se hallaba abocado a una tercera guerra mundial, que causará presumiblemente más muertes y destrucciones que todas las guerras precedentes Juntas, en vez de poner en práctica la vieja máxima romana Si vis pacem, para bellum, Occidente, conducido por unos pastores traidores o imbéciles, o ambas cosas a la vez, sólo se preocupa de lavar el cerebro de sus pobres masas idiotizadas con el bombardeo reiterado de folletines y folletones televisivos sobre los crímenes -y aquí si que cabría, con razón, aplicar la fórmula consagrada de supuestos crímenes- de los réprobos nazis. Y de saltar de gozo, y hacer saltar de gozo, a las aludidas masas, cada vez que los servicios de Simón Wiesenthal logran capturar a un anciano ex-sargento de las SS en el Paraguay o en las Quimbambas, acusado de matar ya no se cuántos millones de pobrecitos judíos.

Así, con el viejo y acreditado sistema de desenterrar mitos del Pasado, se distrae la atención del público sobre los crímenes del Presente. Se ha acusado a los Malos, -a los Nazis- de todos los pecados de Israel [722], mientras se guarda distraído silencio, o se habla lo menos posible de los campos soviéticos actuales y auténticos.

La programada evolución de la Gran Política, dirigida por los poderes fácticos, ha hecho necesario que, ante la imaginación simplista de las masas, se intentaran otras imágenes. No bastaba con el Malo clásico, es decir, el Nazi, a quien se le endosarían culpabilidades y responsabilidades. Había que buscar otros chivos emisarios, y así, paulatinamente, han ido apareciendo otros Malos. Malos los americanos, en el Viet-Nam, por ejemplo. Malos los soviéticos en Hungría, o en Checoeslovaquia y, como siempre, y ante todo, en la propia Rusia [723]. Malos... o Buenos, pues ya no sabemos, en esta época de Caos generalizado y programado, si los viejos conceptos de Bien y Mal son todavía vigentes o, como diría un cursilón de la nueva ola, obsoletos.

Malos o Buenos... como fuere, han continuado cometiendo lo que, en el fondo de la conciencia humana, el Todopoderoso ha hecho que se conocieran como crímenes. He aquí, muy por encima, y sólo a título de recordatorio, los Crímenes de los Buenos desde que estalló la Paz, en 1945, excluyendo, naturalmente, los ya mencionados crímenes contra los réprobos nazis y sus Aliados.

a) El Estado de Israel
Por una simple cuestión de respeto por las jerarquías nos ha parecido justo empezar por los crímenes de este nuevo Estado, bueno por definición. Aunque, ya se sabe, nadie es perfecto.

El Estado de Israel nació con el despojo de Palestina, territorio ocupado por los árabes desde hace bastante más de mil años. Ese estado artificial fue creado por decisión unilateral de los gobiernos soviético y americano, movidos ambos, lógicamente, por los poderes fácticos. Su oficialidad fue consagrada por una votación de la O.N.U., que le adjudicaba algo menos de 10.000 kilómetros cuadrados. De 10.000, pese a las reconvenciones puramente formales de la O.N.U. pasó pronto a 30.000 y, tras la guerra de los Seis Días, a casi 100.000, aun cuando hoy, para calmar a los nacionalistas egipcios y dividir al Mundo Árabe, estén devolviendo a Egipto, con cuentagotas, una parte de los arenales de la Península del Sinaí.

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No vamos a entretenernos, aquí, con los detalles de la gestación del Estado de Israel. En otra obra nos ocupamos de ello [724]. Nos limitaremos a mencionar aquí que, contrariamente a lo que pretenden los grandes medios de "información", no fueron los palestinos, ni los árabes en general, los que iniciaron el terrorismo en Tierra Santa. Fueron las organizaciones judías "Stern" e "Irgun Zvai Leumi", que atacaron a los ingleses y a los árabes, pero no en guerra abierta, sino en acciones de guerrillas, dirigidas tanto contra militares ingleses y árabes como contra civiles árabes. El terrorismo de esas organizaciones, apoyadas por una tercera, la "Haganah", especializada en raptos seguidos de petición de rescate, dio comienzo en 1946. En Julio de ese año, los terroristas del "Irgun" hicieron estallar una bomba de gran potencia en el Hotel King David, de Jerusalén, acción dirigida contra los ingleses, que habían instalado allí su Cuartel General. 92 hombres y mujeres muertos bajo los escombros y otros 45 heridos, casi todos civiles que trabajaban en las oficinas militares, fue el balance de la operación. Unos días después, era asesinado a tiros, en El Cairo, Lord Moyne, Residente General Británico en la zona, personalidad con rango ministerial. Mandaba esas unidades terroristas Menaghem Beghin, que luego llegaría a Primer Ministro del Estado de Israel. Continúan las exacciones contra los ingleses que -Chamberlain dixit- fueron arrastrados por el mundo judío a la guerra contra Alemania.

Un día son dos soldados ingleses que son hallados, colgados de unos naranjales; otro día un sargento ingles que es hallado, horrorosamente mutilado, en las calles de Haifa. En Abril de 1948, los terroristas del "Irgun", mandados por Menaghem Beghin, atacan al pueblecito árabe de Deir Yassin, donde no hay un sólo soldado árabe ni inglés. Los judíos rodean, el 10 de Abril, la tranquila e indefensa villa, donde viven unos 600 árabes agricultores y, sin provocación alguna, pasan a cuchillo a no menos de 250 personas. De entre estos seres asesinados habían 25 mujeres embarazadas, cuyos fetos fueron ensartados en las bayonetas judías, 52 madres junto a sus hijos y otras 60 mujeres jóvenes. Las demás fueron atadas y llevadas en carretas al cuartel judío de Jerusalén y una vez desnudadas las hicieron desfilar por las calles mientras eran abucheadas por la población judía [725]. El Conde Bernardotte, Presidente de la Cruz Roja Internacional y emparentado con la familia Real sueca, presentó un informe en el que se daban a conocer esos hechos. Pocos días después era abatido por las balas asesinas del "Irgun". Y casi simultáneamente, los terroristas de "Stern" atacaban el poblado palestino de Nasiruddin y acuchillaron a ciento ochenta árabes más.

Estos son, cronológicamente, los primeros atentados contra civiles registrados en Tierra Santa. Luego vendría el contraterrorismo árabe, al que no pre-tendemos justificar, aunque es una verdad histórica que sólo se produjo como reacción ante el terrorismo judío. Entre árabes y Judíos ha habido, desde entonces, un verdadero pugilato de violencias y salvajadas, si bien debe tenerse muy presente que:

a) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los que invadieron Palestina, ocupada por árabes desde once siglos atrás, y los expulsaron de sus hogares a sangre y fuego, quedando casi un millón y medio de árabes hacinados, desde entonces, en errantes campos de concentración.

b) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los implantadores del terrorismo en Palestina.

c) No fueron los árabes, sino los Buenos, los judíos, los perpetradores de las más crueles matanzas, en ese torneo de crímenes que se ha desencadenado a raíz de la creación del Estado de Israel. El atentado árabe que costó más victimas a los judíos fue el ataque a un autobús cerca de la frontera israelo-libanesa; veintisiete muertos. Es un crimen. No lo negamos. Ahora bien, dejando a parte Deir Yassin, varios crímenes peores que éste han sido cometidos por los Buenos.

Por ejemplo, el 14 de Octubre de 1953, el pueblecito Jordano de Qibyah fue atacado por los soldados del "Irgun". Una villa puramente agrícola: 135 civiles asesinados, más de la mitad, mujeres y niños [726].

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El 11 de Diciembre de 1955, sin provocación previa alguna, y rompiendo la Tregua impuesta por el Consejo de Seguridad de la O.N.U., las tropas judías atacaron con artillería y morteros varios pueblecitos sirios en la Costa Este del Lago Tiberiades. Los árabes tuvieron 75 muertos y más de un centenar de heridos.

Una confesión de parte: El escritor judío David Hirst afirmó: "Ha habido violencias de los palestinos, pero no en la escala ni en la efectividad alcanzada por los sionistas " (The Gun and the Olive Branch).

Vivimos en una época de total transmutación de los valores morales. Por eso, sólo puede sorprender relativamente que a Menaghem Beghin, el dinamitero en jefe del Hotel Rey David, el matarife en jefe de Deir Yassin y de Qibyah y Jefe del Gobierno Israelí, todo en una pieza, se le haya concedido el Premio Nobel de la Paz. Si el "Guernica" es una obra maestra; Picasso un pintor genial; el Sufragio Universal un sistema perfecto para elegir a los mejores y la República Democrática y Caníbal de Monomotapa un estado soberano, la concesión del Premio Nobel de la Paz a Menaghem Beghin nos parece perfectamente lógica [727].

Así va el Mundo.

b) Los Estados Unidos de América
El campeón de la Democracia. El paladín desinteresado de todas las causas nobles. El Apóstol dispuesto a imponer a una Humanidad ciega las ventajas del Sufragio Universal. El Fénix de los Derechos Humanos. Y el Adalid del Mundo Libre. ¿ No ? Bueno, así era por los años cincuenta. Algo menos por los sesenta. Bastante menos mediada la década de los setenta. Y, al enfilar la década de los ochenta, el Progresismo Mundial, el Colegio Cardenalicio de la Moda Política, siguiendo, sin duda, orientaciones bien precisas y concretas de los poderes fácticos, nos presenta, a los simples mortales, a través de SUS canales llamados informativos, y, en realidad, masificadores, al viejo Adalid como el villano de la película, el Malo por definición.

Los U.S.A. sólo interesan como protectores incondicionales del Estado de Israel o como tutores de la Europa residual para que nunca se una de verdad y nunca logre poseer su propio armamento disuasorio. Por los demás, ya han dejado de interesar a los poderes fácticos, que sólo utilizan al viejo Adalid -prematuramente envejecido- como huésped para sus actividades parasitarias y como pieza de su Juego político mundial.

No queremos ensañarnos. Y, por otra parte, tampoco es propósito de esta obra ocuparse de la evolución política mundial en los últimos tiempos, sino, única y exclusivamente, de los crímenes de los Buenos, aunque, como en el caso presente, este Bueno de ayer ya haya dejado de ser Bueno para convertirse, por decisión de quien manda, en Malo. No queremos ensañarnos, repetimos. Por eso no vamos a solicitar testimonios de viejos aliados, como comunistas e izquierdistas de toda laya. Vamos a limitamos a entresacar algunas citas de un libro oficial, escrito por Mark Lane, periodista agregado de prensa del Departamento de Guerra de los Estados Unidos. Ese libro fue publicado por el citado Departamento y está debidamente registrado en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Un miembro de la Comisión Investigadora del Senado pregunta a un soldado americano en Saigon:

P.- ¿ Le enseñaron, en el Ejército, a torturar prisioneros ?
R.- Por supuesto que sí.

P.- ¿ Fueron enseñanzas privadas, de algún suboficial a algún soldado ?
R.- Fueron enseñanzas públicas, de todos los suboficiales, a todos los soldados de mi unidad.

P.- ¿ Lo sabían los oficiales superiores ?
R.- Lo sabían.

P.- ¿ Cómo puede estar tan seguro ?
R.- Porque asistían a los entrenamientos.

P.- ¿ Le enseñaron a torturar prisioneros ?
R.- Me enseñaron a torturar prisioneros y prisioneras.

P.- ¿ Qué le enseñaron a hacer a las prisioneras ?

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R.- Arrancarlos los vestidos; obligarles a abrir cuanto fuera posible sus muslos e introducirles palos puntiagudos o bayonetas dentro de la vagina, [728].

P.- ¿ Tiene algo más que decirme sobre tratamiento dado a prisioneros de guerra enemigos?
R.- Sí. En una ocasión cogieron a un prisionero y ataron sus brazos y piernas a dos helicópteros. Cuando éstos despegaron, naturalmente partieron al prisionero en dos. Todos se rieron mucho. [729]

P.- ¿ Lo que sucedió en My-Lai fue un caso aislado ?
R.- No. Fue un caso repetido a diario. Por ejemplo, en mi unidad había tres soldados que violaron repetidas veces a dos jovencitas que no llegarían a los catorce años. Cuando terminaron de violarlas, cogieron sus lanzallamas e hicieron fuego sobre la vagina de las muchachas... [730].

* * *

"Un gordo marinero fue fotografiado orinando en el interior de la boca del cadáver en descomposición de un soldado norvietnamita" [731].

"Otro marinero americano fue fotografiado mostrando, sonriente, un collar de orejas humanas" [732].

"Era casi una costumbre de nuestros soldados, después de haber violado a una vietnamita, introducir el lanzallamas en el interior de la vagina, apretando muy tenuemente el gatillo. Sus estómagos arden y explotan. Era muy corriente ver a muchachas con los intestinos colgando fuera de sus cuerpos" [733].

* * *

Aunque el mayor crimen, para nosotros, que se cometió en la Guerra del Viet-Nam, fue la organización de la derrota americana. A pesar del martilleo de los medios masificadores, no creemos a ningún lector, tomado individualmente, capaz de creer que el Ejército Americano era incapaz de derrotar al Viet-Nam, por mucho que éste gozara de la ayuda de sus patrocinadores chinos o soviéticos. Ponemos a la Historia por testigo. Jamás una insurrección guerrillera ha podido vencer a un ejército regular. La lucha de los guerrilleros españoles contra las tropas de Napoleón fue todo lo heroica que se quiera, pero Napoleón no fue derrotado en Zaragoza, ni en Gerona, ni en el Guadarrama, ni siquiera en Bailén, al fin y al cabo un episodio local. Napoleón fue derrotado por el Numero, en Rusia, y por el Dinero, a orillas del Támesis. Sin esos ingredientes, el Gran Corso hubiera permanecido en España el tiempo que hubiera querido.

Excúseme esta pequeña digresión que me ha parecido oportuna y necesaria, y permítaseme recordar que nunca, nunca, desde Vercingetórix hasta Budapest, pasando por Sertorio y Viriato, ha tenido nada que hacer una guerrilla, o lucha de partisanos, contra un ejército regular. Creer que unos montaraces indochinos, por muy fanatizados que se les quisiera suponer por las doctrinas comunistas, fueron capaces de derrotar a los Estados Unidos, es un diagnóstico de esquizofrenia. El Senado, el Congreso y los poderes fácticos, desencadenaron esa guerra, pero a condición de que durara, de que sirviera para desmoralizar al país, para derrotarle, para aureolar con el prestigio de una gran victoria al Comunismo y, al mismo tiempo - last but not least- para aumentar el poderío económico y, paralelamente, el Poder, a secas, de los grupos de presión en América. El periodista William Hoffmann le preguntó al todopoderoso Rockefeller:

"Si, como dice usted, la guerra del Viet-Nam es un fardo que debemos estar preparados a sobrellevar en defensa de la Libertad, ¿ considera que el aumento astronómico de los beneficios de sus bancos en los últimos cinco años es un ejemplo de ese fardo ?" [734].
No nos consta la respuesta de Rockefeller al osado periodista. Pero si nos consta que perdió el empleo al día siguiente.

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Lo más curioso del poco limpio caso de la guerra del Viet-Nam es que ésta se resolvió en Washington o, más exactamente, en Nueva York. Los mismos poderes que consideraron que había que acudir a ayudar a los sud-vietnamitas democráticos que habían sido atacados por los nortvietnamitas comunistas fueron los que frenaron constantemente al Pentágono, impidiendo una rápida victoria militar, que era logísticamente inevitable, en cuestión de unas semana como máximo, y luego forzando el final de la misma, con la derrota norteamericana. Curiosísimo, también, que el grupo de senadores "palomas" [735] para la guerra del Viet-Nam, era, en cambio, "halcón "cuando se trataba de defender a Israel contra los árabes.

Y así, cuando los ex-Buenos se fueron del Viet-Nam, empezó la sangría de los sudvietnamitas. Y luego, vino el Cambodge, donde fueron masacrados "dos millones y medio de individuos entre Abril de 1975 y finales de 1978" [736], Ahora les tocaba "empezar" a los Buenos comunistas del Sudeste asiático.

c) La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
Creemos que, llegados a este punto, es bueno encadenar con los crímenes de otro Bueno, La URSS.

Este abanderado de la Libertad, que tanto tuvo que ver en la liberación de Europa de los nefastos nazis, ha continuado cometiendo, en la Paz, similares atropellos a los que cometió en la guerra. Tanto es así que desde los satélites soviéticos de Europa Oriental se produjo una emigración masiva hacia Alemania Occidental, vía Berlín. Se calcula que, hasta el 13 de Agosto de 1961, cuando el aislamiento de Berlín Occidental, con la construcción del Muro de la Vergüenza, cerró la última ruta de escape hacia Occidente, entre 3.700.000 y 4.000.000 de habitantes de los territorios de Alemania comunista habían huido a Occidente [737]. Hoy, que tanto se habla de votaciones y plebiscitos, podría ponerse como modelo este sistema de votar adoptado, mientras les fue posible, por los alemanes del Este. Para evitar esta manifestación de autentica democracia, la URSS, Campeona de la Libertad, debió partir físicamente en dos sus posesiones europeas, electrificando las líneas de alambradas que, desde los montes de Bohemia, llegan hasta el Mar Báltico. Y en Berlín la última puerta que se cerró para impedir la salida del Paraíso Comunista, los soviéticos construyeron: 95 kilómetros de fosos.

102 kilómetros de alambradas electrificadas.
238 fortines, y
202 miradores [738].

Pese a ello, constantemente se juegan la vida alemanes que no quieren permanecer en la zona comunista. Hasta 1975, 499 alemanes lograron evadirse y otros 68 perecieron en el intento [739].

Mientras, tanto, en Afganistán, los soviéticos, sin preocuparse poco ni mucho en aparecer como "Buenos" o "Malos", están perpetrando un autentico genocidio, recurriendo incluso al empleo de gases asfixiantes (Minute, París, núm. 993 Febrero-Marzo 1980).

No queremos alargarnos más. Sólo mencionar, de paso, que las represiones anticomunistas de Berlín Oriental, Praga, Budapest, Varsovia y Posen fueron hechas contra obreros, no contra aristócratas precisamente.

* * *

Si es muy poco lo que se sabe sobre lo que realmente ocurre tras el Telón de Acero, todavía se sabe menos de lo acaecido al otro lado del llamado Telón de Bambú, donde se desarrolla, corregido y aumentado, el Esclavismo Bolchevique, en versión china. El semanario francés Le Fígaro Magazine, suplemento de Le Fígaro, el decano de los diarios parisinos, publicó un

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estudio de Jean-Pierre Dujardin, titulado: "Costo del Comunismo: 150 millones de muertos" [740]. Una aclaración importante: ese estudio sólo tiene en cuenta, y explícitamente lo hace constar, los soldados muertos en deportación o sumariamente ejecutados. Sólo se ocupa de datos referentes a víctimas de la NKWD o de las represiones masivas llevadas a cabo por el Ejército Rojo, ya ruso, ya chino. Por razones que no acabamos de comprender no considera "comunista" al régimen de Tito, en Yugoeslavia, al que ni menciona; ni tiene tampoco en consideración a los millones de soldados prisioneros, y desaparecidos en la URSS para siempre.

Con todo, he aquí el resumen que, con el titulo de costo del Comunismo, expone Dujardin:

Victimas del comunismo
1) Muertos en la URSS de 1917 a 195966.700.000
2) Muertos en la URSS desde 19593.000.000
3) Muertos en China63.784.000
4) Oficiales polacos de Katyn10.000
5) Civiles alemanes víctimas de la ocupación rusa2.923.700
6) Represiones de Berlín, Praga, Budapest500.000
7) Muertos en Cambodge, 1975-783.000.000
8)Muertos en las agresiones contra, Grecia, Malasia, Birmania, Corea, Filipinas, Viet-Nam, Cuba, África e Hispanoamérica3.500.000
TOTAL:142.917.700

Se nos hace difícil Juzgar estas cifras. La de civiles alemanes victimas definitivas (muertos) de la ocupación rusa nos parece excesiva. También la de Cambodge que todas las fuentes que hemos hallado la dejan en dos millones y medio. También nos parecen excesivos medio millón de muertos en las represiones de Berlín, Praga (que fue casi incruenta), y Budapest.

Por otra parte, las cifras de muertos en la URSS, desde 1917 hasta 1959 parece baja comparada con la realidad. Testimonio tan poco sospechoso como Robert Conquest opina que debe sobrepasar los 70 millones, y esto lo dice en 1955 [741]. También la cifra de pérdidas humanas en China se nos antoja por bajo de la realidad. Se ha llegado a hablar de ochenta millones... Tenemos conciencia de que todas esas cifras son mareantes y parecen irreales, pero no se puede negar, que en conjunto, se acercan a la realidad. Que el costo humano de la experiencia marxista ha costado, por ahora, en el Mundo, entre 140 y 150 millones de muertos, excluyendo a heridos y desaparecidos, es innegable y lo han demostrado numerosos autores, no sospechosos de Nazismo, precisamente. Escapa del ámbito de esta obra el estudio comparativo del costo humano del Marxismo, pero autores como Conquest, Marsden, Douglas Reed, Dennis Fahey, Boris Brassol, De Goulevitch, etc., otorgan verosimilitud a las cifras del estudio de Dujardin.

En cantidad y en calidad, pues, los Crímenes de los Buenos, antes, durante y después de la II Guerra Mundial, han sido ampliamente superiores a los de los Malos. Aún admitiendo, a efectos puramente polémicos, como cierta, la fantasmagórica cifra de seis millones de judíos gaseados por los nazis, es ridícula si se la compara con la de los crímenes auténticos de los campeones de la Democracia. El estudio presentado por Dujardin contiene un detallado mapa de la URSS con los 135 campos de concentración para los presos políticos y enemigos del régimen que permanentemente retiene el Moloch soviético. De esos campos reales y auténticos, no sé habla, del millón y medio de refugiados palestinos tampoco se habla. Es mejor hablar de los supuestos horrores de otros campos, y de lo que en ellos se pretende que sucedió, hace casi cuarenta años. Esos son los crímenes que interesan: los míticos y, en todo caso, pretéritos. Así no se hablará de los Crímenes de los Buenos.

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EPILOGO
Zángano: masculino. Macho de la abeja maestra o reina. De las tres clases de individuos que forman la colmena, es la mayor y más recia, tiene las antenas más largas, los ojos unidos en lo alto de la cabeza, carece de aguijón y no labra miel. Sólo sirve para fecundar a la reina y cuando ha cumplido su misen es eliminado por ésta.

Figurado y familiar: Hombre holgazán que se sustenta con el sudor y de trábajo ajenos. (Diccionario de la Lengua. Real Academia Española).

FRANKLIN DELANO ROOSEVELT
En las páginas precedentes hemos hallado extensamente del cuatro veces Presidente de los Estados Unidos. El hombre del árbol genealógico plagado de apellidos judíos. El sionista ferviente. El amigo de Stalin, a quien llamaba "el buen viejo tío Joe". El compadre de Churchill hasta que Inglaterra se desangró, en la lucha contra Alemania, momento en que dejó de interesarle. El maestro de ceremonias -o eso se figuraba él- de la Conferencia de Yalta, donde se repartió el mundo con Stalin -o eso se figuraba él también-, y uno de los principales comadrones del Estado de Israel. El hombre de los poderes fácticos.

El sectario francmasón que, haciendo caso omiso del cuarenta por ciento de sus electores -él, tan democrático- se negó siempre a reconocer al Estado Vaticano, por considerar al Catolicismo como "un estado dentro del Estado" mientras, en cambio, hacía reconocer a la Unión Soviética, en 1933.

Roosevelt, el hombre que más hizo para que fuera realidad el mundo actual, tan admirado por nuestros pobres panglossianos y tan denigrado en el fuero interno de la gran mayoría de gentes, cada vez más sujetas al Moloch estatal, por mucho que éste alardee de Democracia.

Roosevelt, que sonaba con presidir, sentado en al silla de paralítico, el desfile de la victoria de las democracias en Berlín, no pudo ver realizado su sueño.

Murió súbitamente en Warm Springs (Georgia), unos meses antes de finalizar victoriosamente la guerra que él tanto había querido. Murió súbitamente, hemos dicho, por ser una expresión consagrada por el lenguaje popular. En realidad, todos mueren súbitamente. Un segundo antes de morir, el Señor Perogrullo estaba vivo. La versión oficial afirma que Roosevelt murió de una embolia cerebral. Pero de lo que no cabe duda es que debió ser una embolia muy especial. Gerald L.K. Smith, notabilísimo especialista americano en biografías de personajes célebres de su país, y bien conocido por su seriedad y honestidad informativa, asegura que la muerte de Roosevelt, es, en sí misma, un gran misterio. Y afirma que, en todo caso, no murió de

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muerte natural. Sus íntimos, con Hopkins a la cabeza, pretendían que padecía moralmente a causa de los remordimientos por haberse dejado engañar por Stalin en Yalta, algo que en el momento de su muerte ya podían ver hasta los más lerdos.

Otros afirman que su conciencia le aguijoneaba a causa del crimen de Pearl Harbour. Nos parece muy optimista imaginar que la conciencia de aquél hombre pudiera, ya, turbarse por nada. Según otra teoría, que nos parece infinitamente mas verosímil, deseaba que las Naciones Unidas se convirtieran, rápidamente, en una República Mundial, de la que el sería el Presidente, y se le hizo ver que su estado de salud y la evolución de los hechos no autorizaban tales pretensiones. En todo caso, algo es evidente. Y es que sólo ha quedado para la posteridad una fotografía mostrando a Roosevelt en su féretro. En esa fotografía puede verse una flor blanca cubriendo una herida en la cabeza de Roosevelt. Y cuando su hijo Jimmy llegó para asistir al funeral, su madre y el resto de la familia se negaron a que se abriera el ataúd para que pudiera ver a su padre por última vez [742]. ¿ Suicidio ? ¿ Asesinato ?. ¿ Cómo no se le hizo la autopsia, como ordena la ley americana para toda persona que muere sin testigos? Probablemente, nunca será posible responder a estos interrogantes.

WINSTON SPENCER CHURCHILL
El otro gran Campeón de la Democracia. La figura de proa del Liberalismo. El político genial, que recibió un Imperio como nunca vieron los siglos y lo dilapido en una guerra idiota que él quiso tanto como Roosevelt, o Stalin.

El medio inglés y medio judeo-americano y, muy a menudo, borracho integral, según las Memorias de su propio médico, Lord Moran, a las que ya hemos aludido páginas atrás.

Churchill también acariciaba la esperanza de celebrar su gran victoria sobre suelo alemán y luego, vencido por el Japón, ser el alter ego de Roosevelt en la dirección del Mundo, ya pacificado para la Democracia y el Progreso. Cuando, al morir Roosevelt, le sucedió la pálida figura del antiguo comerciante en camisas, Harry Salomón Schippe Truman, Churchill se vio aun más cerca del Poder Mundial. El Imperio Británico redondearía sus posesiones en Asia con la Indochina, entonces Francesa, y su hijo Randolph sería nombrado Virrey de la India. ¡ Pobre Churchill ! Una vez hizo su deber, es decir, contribuir a meter a Inglaterra en la guerra, ya no era menester. Su gran ilusión, participar en las discusiones para el reparto del mundo, tras el día V, de Mayo de 1945, debió ser pospuesta, para atender la campaña electoral inglesa. Como él mismo dijo, "estaba harto de gobierno de coalición" [743] y deseaba que los conservadores gobernaran solos. Así, desencadenó una triunfal campaña electoral. O eso creía él.

El retrato de este gran hombre quedaría incompleto si no se añadiera su intención de arrojar bombas bacteriológicas sobre Alemania. Según la revista americana Spotlight (8-VI-1981) Churchill quería lanzar bombas venenosas y bacteriológicas sobre Berlín, Hamburgo, Frankfurt y Stuttgart, a finales de 1944. El plan consistía en arrojar un millón de pequeñas bombas sobre cada una de esas ciudades; esas bombas contendrían bacterias de ántrax. El ántrax es una enfermedad mortalmente contagiosa, tanto para personas como para animales.

Tal vez en medio de una de sus clásicas intoxicaciones etílicas, Sir Winston le dijo al Jefe de su departamento de guerra química que investigara si el uso de bombas de gas, especialmente de gas mostaza, y de bombas bactericidas resultaría. Según el funcionario consultado, si el plan se hubiera llevado a la práctica, Berlín sería inhabitable todavía en 1981; el número de muertes no hubiera bajado de los tres millones de personas que, dadas las circunstancias, hubieran sido mayoritariamente mujeres, niños, ancianos y prisioneros de guerra.

Dichas bombas no se usaron por no haberse llegado a producir en número suficiente antes del fin de la guerra. Esta "perla" humanitaria ha sido divulgada, incluso, por la muy oficial B.B.C. Y tal vez convendría recordar aquí, que Hitler, una víctima del gas en la I Guerra Mundial, rehusó emplearlo en la II, y que Churchill fue también el responsable de los primeros campos de concentración para civiles en la guerra contra los Boers.

Churchill fue un caso único de versatilidad política. Los fue todo, y al contrario de todo. No sólo trazó, en sus libros Step by Step y Great Contemporaries rimbombantes panegíricos sobre Hitler y Mussolini, sino que en el Illustrated Sunday Herald del 8-II-1920 escribió una violenta diatriba antisemita. En 1927 pidió a Sir Oswald Mosley, el jefe de filas del Fascismo británico, que le permitiera ingresar en el grupo dirigente de la British Unión of Fascists a lo que Mosley se

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negó. Luego, como sabemos, fue furibundo antinazi, antifascista y se alió con la URSS. Líder del clan belicista, forzó a Chamberlain a que Inglaterra fuera a la guerra por Polonia, y luego él mismo, como Primer Ministro, dio su anuencia para que Polonia fuera entregada en bloque a la URSS. Para trazar un paralelo histórico, podría decirse que Churchill fue al Imperio Británico lo que Godoy al Español. También Godoy, el "chicharrero" pasó por un gran hombre en su época. Pero ante la Historia quedó, cual quedará Churchill, como un pobre diablo que procedió a la disolución de un gran Imperio.

Una vez más fue derrotado [744]. Los laboristas desencadenaron una campaña desaforada, acusando a los conservadores de toda clase de inmoralidades y corrupciones. Parecía, no obstante, que Churchill obtendría una ventaja ligera: un 53 por ciento de votos, por un 47 por ciento para el obscuro sodarista Attlee, ex-voluntario de una Brigada Internacional en la guerra de España; al menos, eso dijeron los sondeos preelectorales, una semana antes del día fijado para las elecciones. Y, entonces, inesperadamente, a Sir Winston se le "agradecieron los servidos prestados". Nada menos que el rancio Times, el órgano oficioso del Partido Conservador desde los tiempos de Disraeli y aún antes, unió sorprendentemente su autorizada voz al coro de los laboristas, que acusaban a los Conservadores, Churchill incluido, de prevaricación. Un editorial del Times, escrito, según se dijo, por el mismo propietario del periódico, Sir Isaac Hammsworth, llegó a calificar a los prohombres "tories" con las muy expresivas palabras thieves y scoundrels (ladrones y granujas). El efecto fue tremendo, y los conservadores fueron barridos en los colegios electorales.

Churchill había tenido tentaciones de pensar "en ingles", y había presionado a Eisenhower para que se aprovechara el potencial militar alemán para oponerse a los soviéticos. Churchill pensaba en la Indochina Francesa. Y en el virreinato de la India para su vástago, Randolph. .,¡ Pobre Sir Winston ! Cuando quiso pensar como "inglés", fue echado por la borda. Y Eisenhower no le hizo el menor caso. Y la Indochina Francesa no fue para los ingleses, ni para los franceses, ni para los americanos, sino para los comunistas. Y Attlee entregó la India. Y el retoño Randolph se quedó compuesto y sin Virreinato.

IOSIF VISSARIONOVICH DJUGASCHVILI, (a) "STALIN"
El tercer grande de Yalta. O el primero, para ser exactos. El verdadero vencedor político de la guerra. El albacea testamentario de Lenin. El exegeta de Marx. Stalin, el Padre de los Pueblos y el Protector de los Oprimidos, como lo llamaba Ilya Ehrenburg.

Si Roosevelt se suicidó o fue "suicidado"; sí Churchill murió hecho un vegetal, y políticamente asesinado por Times pese a una tardía e inútil resurrección en 1951, Stalin era el superviviente. De hecho, el gran vencedor. El mismo se veía inmortal, y poseedor de una salud de hierro. Y no obstante, también sería políticamente, y tal vez físicamente, asesinado.

Si, hoy en día, pese a los esfuerzos de la propaganda izquierdista, en sentido contrario, parece casi un tópico hablar de los crímenes del Comunismo y, especialmente, de los cometidos en la época de Stalin, no por ello el tópico pierde un ápice de su veracidad. Y no obstante, para los grandes medios informativos internacionales dio la sensación de que en 1952 Stalin comenzaba a cometer desmanes.

En efecto, en el primer semestre de 1952 el mundo occidental comenzó a ser esporádicamente informado acerca de actos "antisemitas" tras el Telón de Acero. Esto sorprendió incluso a los menos enterados. El régimen soviético siempre ha tenido, en todos sus puestos clave, una gran mayoría de judíos. En esto, la unanimidad entre los autores es total.

Pero los rumores continuaban y, de pronto, saltó la noticia casi increíble: el régimen comunista de Klement Gottwald anunció, en Checoeslovaquia, una vasta conjura contra el régimen: de los catorce altos cargos implicados en la conjura, once eran judíos. Ocho de ellos fueron ejecutados, con la evidente aprobación de Stalin. Los rumores sobre el antisemitismo en la URSS y satélites fueron haciéndose mas insistentes. En realidad, no se trataba de tal antisemitismo. Por lo menos, no todavía. Al fin y al cabo, los conjurados de Praga eran judíos en su mayoría, es cierto, pero también lo era Gottwald, la víctima supuesta de la conjura. También eran judíos más de la

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mitad de los miembros del Politburó soviético, verdadero órgano del Poder en la URSS. Se trataba de una lucha por el Poder: y como en los aledaños del Poder y en el Poder propiamente dicho, tanto en la URSS como en los países satélites, los judíos abundan, es lógico que se encuentren tanto en el campo de los conjurados como en el de los eventuales detentadores del mando. Slansky (a) Salzmann, el hebreo comunista que encabezaba la conjura contra Gottwald, era tan hebreo y tan comunista como éste; tal vez aquél fuera trotzkysta y no, evidentemente, éste último, criatura de Stalin, enemigo y victimario de Trotzky.

El caso fue, con todo, que Stalin, súbitamente, pareció romper con el Judaísmo, según algunos autores, o simplemente quiso gobernar sólo, sin la tutela del Politburó, según otros. Esta segunda versión nos parece la más plausible.

Al fin y al cabo, el hombre de más confianza, el hombre de quien siempre se fió Stalin, Lazar Menkhilis, jefe de sus servidos personales de seguridad, era un judío. Los poderes fácticos no pueden tolerar a dictadores, ni siquiera de su propia cuerda. Necesitan un gobierno anónimo, colegiado, con hombres de paja obedientes, por omnipotentes que pudieran parecer a los ojos de las masas ignaras. El 13 de Enero de 1953, la Agencia Tass anunciaba oficialmente el descubrimiento de una vasta conjura contra Stalin y sus principales ministros, más adictos a él, en la Dirección Sanitaria del Kremlin. Según el comunicado de TASS, esos médicos formaban parte de la organización secreta Joint Comittee, la cual operaba bajo el disfraz de una entidad humanitaria, fundada en 1914 por un grupo de Judíos. El Joint dependía de la Jewish Agency (Agencia Judía) la más antigua de las organizaciones sionistas en todo el mundo. Era señalar con el dedo. Siete médicos judíos, con el siniestro Doctor Levin [745] a la cabeza, fueron ejecutados y empezaron a aparecer los clásicos signos anunciadores de una "purga", algo tan corriente en la URSS.

Entonces, en Occidente, los sionistas y sus amigos se alarmaron, y se mandó a la O.N.U. un pliego conteniendo las firmas de la flor y nata del Progresismo Mundial, pidiendo se adoptaran medidas drásticas "para impedir una verdadera catástrofe, que sería consecuencia de la campaña antisemita rusa". La Señora Roosevelt, siempre tan amiga de los soviéticos, era la primera firmante. He aquí que, después de causar la muerte de millones y millones de personas en todo el mundo, Stalin se atrevía a nombrar al Joint y ordenaba matar a unos cuantos médicos hebreos. ¡ Stalin estaba empezando "a cometer crímenes contra la Humanidad"!.

Pasó un mes y medio. Stalin hizo publicar en Tass dos comunicados afirmando que se iba a reducir el poder del Politburó y aumentar el de los funcionarios de alto nivel (nombrados directamente por él). Y, el 5 de Marzo, se facilitaba la sorprendente noticia de que Stalin había muerto, a consecuencia de una hemorragia cerebral.

Pero luego resultó que el comunicado era falso, como casi todo lo que emana de Moscú.

Stalin no había muerto el 5 de Marzo, sino el 2 de Marzo. Un agente soviético, Kapanadze, georgiano, que logró escapar de la matanza de los leales de Stalin y huyó a Occidente, refirió parte de lo sucedido. El 28 de Febrero, Stalin, en perfecto estado de salud -se había hecho un chequeo tres días antes- fue al Kremlin para presidir un Consejo de Ministros. Encontró a toda sus compañeros hoscos y agresivos. Vorochilov lo increpó sobre el proceso a los doctores judíos y le dijo: "Has deshonrado al Partido de Lenin". Stalin le insultó groseramente y pretendió llamar por teléfono a su ayudante, Alexander Proskrebiev, por cierto un judío, pero la línea telefónica había sido cortada. Llamó a gritos a Menkhlis, pero le anunciaron que ya estaba en la Lubianka. Malenkov le dijo: "El Kremlin ha sido tomado". Y así, inverosímilmente, con la rapidez con que se desploman, a veces, las grandezas humanas, Stalin se dió cuenta de que era un cautivo. Luego fue encerrado y los médicos del Kremlin, sucesores de los recientemente ejecutados, lo ejecutaron módicamente a él. Esta es la versión de Kapanadze. En cambio, Ivan Krylov [746] asegura que fue el propio Vorochilov quien le disparó un tiro en la nuca. Tanto Kapanadze como Krylov coinciden en una cosa: la fecha de la muerte de Stalin, que fue el 2 de Marzo de 1953 y no el 5 de Marzo, como afirmó el comunicado oficial.

El cadáver de Stalin fue inhumado el 7 de Marzo. Una semana después la radio de Praga (recordemos que fue precisamente en esa ciudad donde se descubrió una conjura sionista, o trotzkysta, o como se prefiera llamar) anunció la súbita muerte de Klement Gottwald, el stalinista que acababa de regresar perfectamente sano de Moscú, precisamente para asistir a los funerales de Stalin.

Gottwald también murió de un ataque al corazón, como Togliatti, como José Díaz, y tantos otros comunistas. Y es que. ... ¡ son tan sensibles, los simpáticos camaradas del Partido !.

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CHIANG-KAI-CHEK
El cuarto grande. El que se sentó Junto a Roosevelt, Churchill y Stalin en el Cairo y en Teherán. El provededor de la carne de canon de China que era necesaria para frenar al Japón e impedir el, geopolíticamente hablando, Inevitable ataque de éste contra la URSS. Chiang-Kai-Chek, el hiper-nacionalista que fue exprimido como un limón cuando se trató de contener al Japón, y luego fue abandonado por sus "Aliados" americanos cuando Stalin -su colega entre los Grandes- empezó a ayudar a Mao-Tsé-Tung, el comunista.

Se quiso razonar la derrota de Chiang-Kai-Chek atribuyéndola a la corrupción de su régimen. Esa razón es pueril. Si la corrupción fuera causa de la muerte de los regímenes, pocos regímenes políticos subsistirían hoy en día. Acaso, ninguno. El caso es que el General George C. Marshall, el genial organizador del "fiasco" de Pearl Harbour, organizó, con la pericia que le conocemos, la ayuda a Chiang-Kai-Chek el cual pronto se encontró aposentado en su último reducto de Formosa.

Pero, con todo, continuaba siendo un "Grande". Con el derecho de Veto en el Consejo de Seguridad de la O.N.U. Hasta que un día China, la China continental, comunista, pidió oficialmente su admisión en la O.N.U. Chiang-Kai-Chek, gran señor, ordenó a su delegado que opusiera su Veto. Pero Kissinger le dijo que si no retiraba el Veto, los americanos le abandonarían a su suerte en Formosa. El Veto fue retirado, obedientemente.

La China Continental fue admitida en la O.N.U. Formosa debió retirarse, no sólo de la O.N.U., sino de todos los organismos internacionales de alguna significación. Las embajadas de China Nacionalista fueron entregadas por los respectivos gobiernos a los funcionarios de China Roja. Y el pobre Chiang-Kai-Chek, encrucijada de contradicciones, tradicionalista y revolucionario, en su juventud; confucionista metodista; francmasón; hiper-nacionalista y occidentalista, debió quedarse, sólo, a precario, en Formosa, mendigo de los americanos en su propia casa. O mejor, en un desván de la misma. Ya no hacia ninguna falta a los poderes fácticos.

CHARLES DE GAULLE
El quinto y último grande. Pero, eso sí, el mas grande de todos, pues sobre-pasaba los dos metros; exactamente, dos metros tres centímetros. El "libertador" de Francia. Hay franceses que se lo creen de veras. De Gaulle, católico practicante y con todos los atributos externos del clásico "derechista", era, lisa y llanamente, de Izquierdas. Izquierdistas eran sus ideas y su política. El acercamiento a Rusia, el gran sueño de su vida. Por resentimiento con los americanos apartó a Francia de la Alianza Atlántica. Por odio contra los ingleses, a los que nunca perdonó haberle sacado del ostracismo -los hombres pequeños, aunque pasen de dos metros, pueden perdonar un agravio, pero no un favor- alentó todos los movimientos independistas en el Imperio Británico, incluyendo su monumental gaffe diplomática de Montreal cuando, en presencia del Delegado de S. M. la Reina de Inglaterra gritó, insólitamente: "¡Viva Québec libre!".

De Gaulle fue el primer político occidental que, como Jefe Provisional del Gobierno de la IV República, dió impulso a la sangrienta depuración contra los supuestos o reales enemigos de la Democracia. De Gaulle fue el primer político occidental que, en África, habló de Descolonización. Echado, por el libre Juego de las instituciones democráticas, lejos del Poder, esperó pacientemente su hora, que llegó el 13 de Mayo de 1958, cuando los generales de Argel le llamaron al poder para salvar Argelia para Francia y para Occidente. Hizo todo lo contrario.

Entregó Argelia y reprimió duramente a los colonos blancos de ese territorio. De Gaulle fue el primer político occidental que reconoció oficialmente la absurda frontera Oder-Neisse. De Gaulle fue el primer político occidental que inició una colaboración tecnológica con la China comunista. De Gaulle, en una palabra, por vocación o por sugestión, siguió siempre una política admirablemente acorde con la de los poderes fácticos. Pero... Pero el que unánimemente fue considerado su mayor defecto: el orgullo, le gastaría una mala pasada. De Gaulle llegó a creerse, de verdad, lo que de él decía la propaganda. Creyó que era genial. Creyó que el pueblo francés le adoraba, simplemente porque ganaba los referéndums que él mismo, o sus secuaces, organizaban desde arriba. Un buen día, a su Primer Ministro, pálido y sorprendido, le lanza: "Aquí, las Tablas de la Ley, soy yo..." Pompidou, el antiguo director general de la Banca Rothschild, había pedido a De Gaulle que dejara de apoyar a los árabes contra Israel. La negativa, y la alusión a las Tablas de la Ley, fueron poco apreciadas por los poderes fácticos. En el siguiente referéndum, al que se presentó De Gaulle, como siempre, convencido de vencer, fue derrotado. Fue la primera vez en la Historia del Mundo que un referéndum era perdido por aquél que lo organizaba. Así acaba el quinto

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grande de la coalición vencedora. Con un buen puntapié en las posaderas y una campaña periodística y televisiva demostrando que el "gran hombre" era, en realidad, un individuo muy pequeño, muy pequeño.

Un inciso. Queremos llamar la atención sobre un punto que hemos observado escapa a la atención de los más, pese a su sensacional rareza. En el momento de terminar la guerra de las Democracias contra los Fascismos –nos consta que la denominación no es demasiado precisa, pero debemos esquematizar en aras de la comprensión general- eran líderes de las Cinco Grandes Potencias: Truman, Churchill, Stalin, De Gaulle y Chiang-Kai-Chek. Pues bien; ninguno de estos personajes llegó al poder por medio del Sufragio Universal. Truman sucedió automáticamente a Roosevelt, como Vice-Presidente que era, a la muerte de este, pero nadie le había votado como Presidente. Churchill llegó a Primer Ministro por una maniobra de pasillos en el Parlamento, pero el pueblo inglés no le votó, y en cuanto tuvo ocasión de votarle, le echó a la calle.

Stalin y Chiang-Kai-Chek eran dos dictadores y nunca habían sido votados. Y De Gaulle, desde 1944 hasta 1948, permaneció en el Poder sin someter su augusta persona a ninguna votación.

Se ha dicho que fue la guerra de las Democracias contra las Dictaduras. Hemos visto que las democracias estaban encabezadas por individuos que no habían llegado al poder por el sistema del Sufragio Universal. El único que llegó al Poder por ese método fue el Canciller del III Reich, Adolf Hitler. Gustará o no gustará. Pero es un hecho. Y los hechos son tozudos.

PHILIPPE PETAIN
El héroe de Verdún, en la I Guerra Mundial. El Jefe del Estado Francés, muy democráticamente votado por la Asamblea Nacional, a requerimientos de Albert Lebrun, Presidente de la República, y de Vincent Auriol, de la Asamblea. Como tal Jefe de Estado, firmó el Armisticio con Alemania. Los términos del mismo fueron tan suaves, sobre todo si se tiene en cuenta la magnitud de la derrota francesa, que Pétain, que no podía literalmente creer en la generosidad del adversario, ni siquiera en el cálculo de ésta de usar hacia Francia una política de moderación para ganársela a su causa, exclamó, poco después de separarse de Hitler, tras firmar el armisticio: Quel imbécile ! (Qué imbécil). Petain temía que le exigieran la Flota de Guerra, la Flota Mercante, bases en las Colonias y una fuerte contribución de guerra, máxime existiendo el precedente del Tratado de Versalles, en el que Francia se había arrojado sobre Alemania con apetito de hiena.

Pétain, que siempre buscó lo mejor -o lo que él creyó lo mejor- para Francia, quiso explotar al "imbécil" y dió comienzo al llamado double jeu (doble juego) practicado por la inmensa mayoría de los hombres de Vichy con singular pericia, durante casi cuatro años. En Octubre de 1940, después del criminal ataque de los ingleses contra la inerme Flota Francesa, en Mers-el-Kébir, Pétain mandó a su fiel amigo e influyente político, Louis Rougier, en misión especial a Londres para concluir un gentlemen's agreement (un acuerdo entre caballeros) con Churchill. El Gobierno de Vichy se comprometía a no ayudar a Alemania más que cuando se viera absolutamente forzado por las circunstancias. La Flota Francesa nunca sería entregada a los alemanes. En caso de peligro de que tal ocurriera, se tomarían medidas para que la Flota, o el grueso de la misma, se autodestruyera. El Gobierno de Vichy opondría una resistencia de principio, en las colonias francesas, en caso de que éstas fueran atacadas por los ingleses, pero, en cambio, el gobierno inglés se comprometía a devolver todos los territorios ocupados a Francia al final de la guerra. Finalmente, Vichy se comprometía a alinearse lo menos posible junto a las posiciones diplomáticas alemanas.

Vichy cumplió escrupulosamente estos acuerdos: no sólo la Flota Francesa se autodestruyó en sus cuatro quintas partes, sino que cuando se recibió en Vichy un despacho del General Dentz dando cuenta de que el ataque inicial de los anglo-gaullistas contra el Líbano había sido rechazado, Pétain exclamó:

"J'ai toujours dit que ce petit bonhomme était un crétin. Il n'avait qu'à faire voir qu'il voulait se défendre, et puis capituler" [747] (Siempre he dicho que ese hombrecito -Dentz- era un cretino. Todo lo que tenía que hacer era hacer ver que resistía y luego capitular).
Y que no alineaba su política exterior sobre la alemana lo prueba el hecho de que siempre mantuvo relaciones diplomáticas con los Estados Unidos hasta el momento del desembarco de las tropas de Eisenhower en África del Norte, debiendo entonces, "pro-forma", romper dichas relaciones. Otro ejemplo definitivo: Cuando el Gobierno de Badoglio rompió su alianza con Alemania y le declaró la guerra, Vichy

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permaneció expectante. Pero cuando, unas semanas después, Mussolini constituía en Saló la República Social Italiana, Vichy reconoció oficialmente al Gobierno de... Badoglio.

Pétain fue llevado, parece que a la fuerza, por los alemanes a Sigmaringen, pero ¿él pidió al gobierno del Reich que le dejara regresar a Francia, vía Suiza, para responder ante el Tribunal de los crímenes de que se le acusaba, Hitler no se opuso. Pétain, que esperaba ser recibido con los honores debidos a su rango de Mariscal de Francia, fue detenido, junto con su esposa, como si se tratara de un delincuente, y conducido a una celda oscura y húmeda. Su proceso fue un verdadero linchamiento legal. Cuando pidió que se recurriera al testimonio de Sir Winston Churchill, el Juez -al que, en principio, hay que suponer imparcial- repuso:

"No me extrañaría que eso que dice Usted del acuerdo con Churchill fuera verdad. Así se podrá decir que ha traicionado Usted a todo el mundo, Hitler incluido".
Pétain fue condenado a muerte, por el delito de Alta Traición, sin atenuantes cualificados. Su ex discípulo, De Gaulle, le conmutó la pena por la Cadena Perpetua. Poco antes de morir, a la edad de 95 años, el Gobierno, para evitar la penosa impresión de dejar morir en la cárcel al viejo Mariscal, le llevó -vegetal inmóvil - a un domicilio particular de la isla de Yeu, Junto al Penal donde pasó los seis últimos años de su vida.

En la Asamblea Nacional un diputado comunista se indignó de esa medida "sensiblera en favor del viejo traidor, el Mariscal Putain" (Puta).

PIERRE LAVAL
Jefe del Gobierno del Mariscal Pétain, y organizador del doble Juego, del que aquél fue artífice. Varias veces Ministro antes de la Guerra, era uno de los políticos mas conocidos en las formaciones de la Izquierda, fue quien convenció a Lebrun de que dimitiera y dejara paso a Pétain. Se pasó la guerra regateando con las autoridades alemanas de ocupación y, la verdad sea dicho, con éxito casi siempre. En Agosto de 1944 fue obligado por los alemanes a seguirles a Alemania. Trató de escapar y debió ser sometido a la vigilancia de la Gestapo. En el momento de la capitulación de Alemania logró llegar, en avión, a Barcelona.

En un rasgo que no añadirá ciertamente gloria a la tierra de Calderón y de Spínola, el vencedor de Breda, fue devuelto al punto de origen. Laval cayó así en manos de las autoridades inglesas, que le entregaron a los franceses. Tras un proceso inicuo fue condenado a muerte. De Gaulle rechazó su petición de indulto. Laval se envenenó. Los magistrados y los guardianes le hallaron agonizante cuando se presentaron, al amanecer del 15 de Octubre de 1945, para conducirle al lugar de la ejecución. Los médicos lograron reanimarle a medias y Laval fue atrozmente fusilado sentado sobre una silla. Y no obstante, es innegable que Laval mantuvo alejados del Poder, en Vichy, a hombres como Doriot y los suyos, y sólo aceptó a Marcel Déat y a Henriot cuando el Führer se indignó y amenazó a Laval con terminar con "toda la monserga de Vichy, de un sólo golpe".

Laval, por otra parte, apartó de su gobierno al anglófobo y germanófilo Almirante Platon, manteniéndole en residencia vigilada en un lugar de la Dordogne donde el maquis pudo raptarle fácilmente y ejecutarle, en razón de la hostilidad del Almirante hacia la Francmasonería. Está, igualmente, probado, que varios miembros de la Masonería fueron, gracias a Laval, sustraídos a la acción de los servicios antimasónicos que dependían del Ministerio de Justicia. Durante mucho tiempo Laval tuvo como secretario particular a un argelino, Roger Stora, que era judío y francmasón. Cuando no pudo conservarlo por más tiempo, le hizo nombrar administrador de Correos en Grasse, en la Zona Libre. La mansedumbre de la "Comisión por la Lucha contra las Sociedades Secretas" se explica por el hecho de que Laval puso al frente suyo a un masón notorio. Dice Henry Costón: "Los antisemitas que habían tomado a Laval por judío (en razón de su nombre geográfico) y los antimasones (que estaban desconcertados por la lenidad de Laval en la lucha contra la Masonería) atribuían esa mansedumbre al hecho de que el estadista había conservado sólidas amistades judías... .¿ No había Laval patrocinado a René Mayer, a Daniel Lazurick y a Roger Stora ? ¿ No era Laval el abogado del cineasta judío Bernard Nathan ?...." Hemos dicho que Laval fue condenado y ejecutado por Traición. A veces Dios escribe recto sobre renglones torcidos.

FRANÇOIS DARLAN
Almirante de Francia. Después de Pétain y, tal vez, Weygand, el militar francés de mayor prestigio en su época. Pétain le nombró Ministro de Marina. Profundamente indignado por la agresión británica contra la Flota Francesa de Mers-el-Kébir, se volvió el más anglófobo de los ministros de Vichy e intentó un acercamiento con los alemanes. Sé entrevistó varias veces con Otto Abetz y una vez con Hitler. El Mariscal Pétain le nombró Vicepresidente del Consejo,

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Ministro de Asuntos Extranjeros y sucesor suyo, mientras conservaba la cartera de Marina. El 11 de Diciembre se entrevistó de nuevo con Hitler, logrando de éste concesiones importantes: disminución de la contribución francesa a los gastos de las tropas de ocupación, repatriación de más prisioneros de guerra franceses, facilidades de paso a través de la Iínea de demarcación entre ambas zonas, etc. El Mariscal Pétain le nombró Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, en Agosto de 1941.

Como su hijo Alain, que se encontraba en Argel, enfermara, se trasladó a esa ciudad, y allí le sorprendió el desembarco Aliado. Fue detenido, pero le liberaron al cabo de media hora. ¿Qué poderosas instancias intervinieron ? En todo caso, una cosa es cierta: el 10 de Noviembre de 1942, hablaba por Radio Argel y lanzaba la siguiente proclama:

"Yo asumo la autoridad en África del Norte, en nombre del Mariscal Pétain. No quiero que la sangre se derrame inútilmente. En consecuencia, ordeno la suspensión de las hostilidades en África del Norte y la entrega del Poder a las tropas angloamericanas".
En una conferencia de Prensa dijo:
"La colaboración me fue impuesta por los alemanes, pero creo que he obtenido mucho para los franceses, y no he dado nada, a cambio, a los alemanes. Mis únicos objetivos consisten en ayudar a la liberación de Francia, salvar el África del Norte para Francia, y retirarme a la vida privada".

El joven monárquico Olivier Bonnier de la Chapelle, cuyo brazo había sido armado por activistas partidarios del Conde de París, no permitió que tan nobles deseos se realizaran. La víspera de la Navidad de 1942 vació todo el cargador de su revólver sobre el cuerpo del Almirante, que falleció a consecuencia de las heridas recibidas.

VÍCTOR MANUEL III, DE SABOYA
Rey de Italia. Es decir, Rey de un país en caos permanente, en 1923, cuando decide, en uso de sus atribuciones, llamar a Mussolini a la Jefatura del Gobierno. Este le da un gobierno estable que, a decir de todos -desde Churchill hasta Trotzky- convierte a Italia en un país moderno, situado pronto en el pelotón delantero de Europa. Hace más Mussolini. Víctor Manuel, como toda su familia, estaba excomulgado por el Soberano Pontífice, desde la anexión de los estados Papales por Italia. Esto era un grave hándicap político y moral para el Rey.

Mussolini es el artífice del Tratado de Letrán, que obtiene el mutuo reconocimiento de los dos estados.. Italiano y Vaticano, y hace levantar la excomunión que pesaba desde casi sesenta años, sobre los hombros de la Casa Real de Saboya. De ser un Rey discutido y excomulgado en un país católico, Víctor Manuel pasa a ser el soberano de un estado unificado y prospero. Mussolini le hace emperador de Albania, Rey de Albania y Protector de Libia y Eritrea.

Cuando Mussolini propone entrar en la guerra, al lado de, Alemania, Víctor Manuel da su cálido asentimiento. Prevé una rápida y fácil victoria; los alemanes harán el trabajo y los italianos "con poco gasto" engrandecerán su Imperio colonial. Una de las reivindicaciones que inmediatamente presenta Italia es la de la región francesa de la Savoie (Saboya Occidental), que el monarca transalpino considera un patrimonio familiar. Pero Hitler, el "imbécil", según Pétain, no tiene intención de desmembrar a Francia. Esta será la primera fricción. Muchas otras seguirán. Sobre todo, al llegar los reveses militares y declinar la estrella del Eje. Hasta que, apoyándose en los sectores tradicionales del Ejército y de la alta burguesía, Víctor Manuel, en un abuso de hospitalidad, cometiendo una verdadera felonía, no sólo destituye a Mussolini, lo que, al fin y al cabo, era prerrogativa suya, sino que además le hace detener.

Víctor Manuel asegura al Führer que Italia continuará la lucha a su lado, cuando en realidad está ya preparando una paz separada con los Aliados, y la posterior declaración de guerra a Alemania. Así lo hace, y, valiente pero no temerario, abandona Roma -donde deja al General Varboni, que también huye al monte, con los maquis, cuando llegan los alemanes- y se instala en Brindisi. Allí permanecerá la Corte hasta el final de la guerra, en que regresará a Roma. Allí verá cómo los guardias de su Palacio deben disparar al aire para dispersar a las turbas que quieren linchar al "Rey Fascista". En vano recordará Víctor Manuel que él mandó detener a Mussolini; para los comunistas y sus acólitos sólo cuenta que él llamó a Mussolini en 1923 y fue su amigo y protector-protegido durante veinte años. Para salvar la Corona, Víctor Manuel abdicará en su hijo Humberto II, un mes antes del referéndum nacional sobre la futura forma de gobierno que deberá adoptar Italia. El reinado de Humberto será uno de los más cortos de la Historia: 24 días. Pues en el referéndum del 2 de Junio de 1946, por 12.717.923 votos contra 10.719.284, se decide que Italia pase a gobernarse por el sistema republicano.

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PIETRO BADOGLIO
El conquistador de Abisinia; nombrado, luego, Duque de Addis-Abeba. General polifacético, pues incluso se dedicó a la política, siendo nombrado, por Mussolini, embajador en el Brasil. Luego, le hizo gobernador General de Libia e incluso, cuando Italia entró en guerra, Jefe del Alto Estado Mayor. Tuvo la habilidad de dimitir, en Diciembre de 1940, alegando su disconformidad por la invasión italiana de Grecia. En realidad, el Duce ya tenía previsto destituirle, dada su probada incapacidad en la dirección de las operaciones en el frente del Norte de África.

Fue instrumento decisivo en la conjura que provocó la destitución de Mussolini, a quien este soldado de opera bufa debía todo. Fue el primero en aconsejar al Rey que Italia cambiara de bando en Septiembre de 1943. Nombrado por Víctor Manuel Primer Ministro, disolvió el Partido Fascista y organizó la persecución legal de los fascistas. Badoglio tenía grandes planes para el futuro.

Quería hacer de Italia el país más democrático del mundo. Pero no tuvo tiempo. En una de esas combinaciones de pasillos tan comunes en los parlamentos democráticos, se encontró, inesperadamente -para él- en minoría, en Junio de 1944, y fue sucedido por Bonomi, un democristiano con más conchas que un galápago.

Pero, en realidad, las preocupaciones de Badoglio sólo empezaban entonces. Al terminar la guerra, el Negus, Emperador de Etiopía, reclamaba al gobierno italiano la extradición de Badoglio, como "criminal de guerra" en razón de la atrocidades que, según aquél, las tropas italianas habían cometido en su país. El Negus se proponía aplicar a Badoglio la expeditiva Justicia etíope. Poco después, también el nuevo gobierno "soberano" de Libia exigía la entrega del ex-Gobernador General, Badoglio. Entre el temor a ser entregado a los libios, que se proponían degollarle, o a los etíopes, que se proponían igualmente expedirle ad patres previa amputación de una parte esencial de su persona, Badoglio pasó los últimos años de su existencia, hasta que murió, en 1956, de un ataque al corazón.

Se ha dicho de éste ejemplar varón que era Judío [748]. Con toda sinceridad, a pesar de la autoridad de la fuente que atamos, tenemos nuestras dudas.

S. M. HAILE SELASSIE
Parece ser que, en 1948, había una noble disputa, en Francia, para elucidar quien, entre Da Gaulle y su Vice-Presidente del Consejo, el camarada Maurice Thorez, podía considerarse, cronológicamente, el Primer Resistente contra la barbarie Nazifascista. ¿ Cuál de esos dos grandes franceses era el primer resistente ? ¿ El que habla desertado de la Francia de Daladier o el que había desertado de la Francia de Pétain ? [749]. ¿ El amigo del señor Stalin, o el amigo del señor Churchill ?.

Dolorosa incertidumbre que quitaba el sueño a los buenos demócratas y que se disipó el día en que apareció el Negus en París. Ese día, en efecto, el gobierno de la República Francesa pareció dar por terminado el apasionante debate, mandando a los dos postulantes a que se ocuparan en sus tareas favoritas: el uno, escribir sus plúmbeas Memorias, y el otro, insultar a los burgueses desde su escaño de la Asamblea Nacional. ¿ Porqué ? Pues porque el nuevo outsider, el Negus, resultó coronado solemnemente como "el Primer Resistente". El texto de esa consagración -el de la citación que acompañaba a la concesión de la Medalla Militar- es claro y no da pábulo a equívocos:

"Simbolizando, el primero de todos, el espíritu de resistencia que, más tarde, hizo levantarse a los pueblos injustamente oprimidos, él (el Negus), no cesó, incluso en el exilio, de luchar por la liberación de su país".

De ese modo quedaban eliminados de la carrera dos personajes simpáticos, ciertamente, pero cuya resistencia parecía muy Joven al lado de la vieja resistencia del Emperador de Etiopía, a quien sus subditos daban la democrática denominación de Rey de Reyes. (¡ Santa modestia !).

Pero, ¿ quería esto decir que, por haber defendido una civilización como la etíope, tan noblemente esclavista y tan gentilmente caníbal contra la barbarie de los fascistas blancos de Italia, S. M. Hailé Selassié simbolizó, realmente, EL PRIMERO, el espíritu de Resistencia ?.

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Creemos que no. Sin quitarle mérito al recontrabiznieto de la Reina de Saba [750] creemos que hubo otros resistentes anteriores a él, y con tantos méritos, como mínimo. ¿ Acaso no fueron resistentes los cipayos, los derviches, los Mau-Mau, Abd-el-Kader en Argelia, Abd-el-Krim en Marruecos, la Reina Ranavalo en Madagascar, los araucanos, desayunándose el corazón de Valdivia, que galvanizaron el espíritu de los pueblos injustamente oprimidos ?.

Creemos que, ahí, el Gobierno de la IV República cometió una injusticia histórica, que convendría reparar. La Medalla Militar a título póstumo sería insuficiente para reparar los desafueros que los colonialistas blancos infligieron a esos luchadores admirables. Pero queda el Panteón del Soldado Desconocido. No se comprende que después de haber concedido al Rey de Reyes la Medalla Militar que retiró a Pétain, el Gobierno de una Francia agradecida no acogiera en el santuario en cuestión a todos los que lucharon intrépidamente contra los colonialistas blancos. Y que ya no se produzcan más olvidos de patriotas obscuros, pero sublimes. Y, ahora, aludimos directamente a los anónimos patriotas de color, que combinaron tan agradablemente la Resistencia, la Gastronomía y la defensa del Laicismo deglutiendo con buen apetito un solomillo de misionero. Todo ello, coronado por un monumento al "Resistente de Color Desconocido". O al "Resistente Desconocido de Color" que ahora la sintaxis nos ha puesto una trampa saducea. El monumento podría reproducir el instante altamente civilizador en que un caníbal anónimo se está comiendo a Bougainville. Creemos que es un símbolo muy realista para expresar el espíritu de Resistencia.

Espíritu que animó tan bien a S. M. Hailé Selassié. Cuando, unos meses más tarde, el Áfrika Korps se acercó peligrosamente al Canal de Suez, el Rey de Reyes se desplazó a los Estados Unidos, en viaje de ampliación de estudios, sin duda. Al fin de la guerra, el Primer Resistente de la Edad Moderna, -vamos a reconocerle este título- quiso hacer bien las cosas y, dándose cuenta de que lo que necesitaba de verdad, su país, era una Constitución, llamó a un asesor, que resultó ser el conocido sionista Norman Bentwich. Este, aparte de redactar la Constitución Etiópica -que sin duda debe resultar apasionante- organizó la Administración del país. El profesor Kamrat se encargó de la Educación- ¡ruda faena, vive Dios!-, los señores Tedesco y Katz, se encargaron de las Finanzas; el señor N. Marion, de la justicia; Abraham Schalit, Ministro de Sanidad y Ulendorff, de propaganda. Se habían ido o, más exactamente, los habían echado a puntapiés, los italianos. Pero llegaban los judíos [751].

Además, Eritrea fue regalada a Etiopia, para lograr su salida al Mar Rojo. Y, en esa antigua colonia italiana, el que se haría llamar Rey de Reyes nombró como Administrador precisamente al judío Greenspan y fue entonces, con el pretexto de Eritrea cuando se produjo lo que sería el principio del fin para el Negus. Liado en una guerra interminable con Somalia, para la posesión de Eritrea, los "consejeros" Soviéticos que tenía su Majestad organizaron una revuelta en palacio, que terminó con el derrocamiento del lejano pariente de la Reina de Saba y Primer Resistente Antifascista de nuestros tiempos, y su posterior supresión del mundo de los vivos.

Decididamente, ¡No somos nadie!.

LEOPOLDO III DE SAXE COBURG, REY DE BÉLGICA
Cuando los alemanes ocuparon Bélgica, mientras unos ministros se iban a Londres y otros ofrecían para colaborar con los alemanes S.M. Leopoldo III decidió quedarse entre los suyos, en el castillo de Laeken. Sin duda, para insuflar moral a la población. De vez en cuando, cursaba una protesta contra las autoridades militares alemanas porque, a su juicio, éstas discriminaban en favor de los flamencos y en contra de los valones a la hora de liberar prisioneros de guerra. Es curioso que Degrelle, que era valón, no se apercibiera de tal "discriminación". En todo caso, el monarca fue respetado: pero, ciertamente, cometió feos actos de traición que le fueron puntualmente reprochados.

Por ejemplo, contestó la felicitación de Navidad del Gobernador militar alemán Von Falkenhausen, e incluso, en una entrevista, ponderó el valor demostrado por los belgas de la "Legión Wallonie" en Tcherkassy. Esto era demasiado. No sirvió de nada que el rey hiciese valer que estaba secretamente de acuerdo con el Gobierno belga en el exilio londinense, y a tal efecto se hacía atestiguar por el jefe de ese Gobierno, Pierrlot. No sirvió de nada. Los partidos políticos belgas exigieron una consulta popular, para determinar si el país debía seguir siendo una monarquía, o bien una república. En vano hizo constar que sólo fingió en una ocasión, colaborar con los alemanes, pero que había rendido señalados servicios a la Resistencia. Todo fue inútil. El rey dedo someterse a un referéndum. El 57,68 por cien de los

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votantes optaron por la continuidad de Leopoldo III. Pero el comité parlamentario encargado de "interpretar" los resultados electorales decidió que no era suficiente. Leopoldo III protestó, pero el Partido Socialista organizó "una demostración popular" ante su palacio con lanzamiento de tomates, huevos, patatas y hortalizas en mal estado, y Su Majestad debió abdicar en su hijo Balduíno.

EDVARD BENES Y JAN MASARYK
Hay nombre que parecen ir, forzosamente, necesariamente, atados, juntos.

Que no pueden ir separados. Como Tristan e Isolda. Eloisa y Abelardo. Teopampa y Menodoro. O, moderadamente, como Benes y Masaryk. Los comadrones del Estado Checoeslovaco. Los darlings del Liberalismo Bien-Pensante y Alimenticio. Ya hemos hablado, al ocuparnos de los llamados "Crímenes contra la Paz", de las actividades de ese par de demócratas. Ellos hacían y deshacían en Checoeslovaquia. Ellos rendían insignes servicios al Comunismo. Benes, hermano en la Masonería de Roosevelt, iniciaba las gestiones que llevarían al reconocimiento de los Soviets de Moscú por el Presidente norteamericano. Benes le decía a Roosevelt, literalmente

"Cuando Stalin promete personalmente una cosa, se puede estar seguro de que mantendrá su palabra" [752].
Es inútil extenderse. Klement Gottwald, en quien hasta los ciegos veían al "ojo de Moscú", convertirá a Checoeslovaquia en un satélite soviético. Incluso le aconsejara a Benes que dimita. Este obedecerá el consejo y se irá, desilusionado, a su casa. Pero aconsejará a su amigo Masaryk que se quede en el Gobierno. Gottwald le aconseja a Masaryk que se vaya a su casa. Masaryk responde que se lo pensará. Mientras se lo piensa, recibe, por correo, una bomba, que hace volar las dos manos de su secretario. Pero continúa en su puesto, pues no puede creer que todo sea obra de Gottwald. "Siempre he creído en Gottwald", dice, Masaryk, sin reirse.

Hasta que, un día, deja de creer. Deja de creer y de pensar. Y de vivir. Porque se cae - ¿o lo hacen caer ?- desde la ventana de su despacho oficial. Exit Masaryk. Y, unos días más tarde, exit Benes. De un "ataque al corazón". Ya, ya.

WLADISLAW RACKIEWICZ, STANISLAS MIKOLAJCZYK Y TOMASZ ARCISZEWSKY
Por si alguien lo ha olvidado -las cosas absurdas se olvidan pronto- Polonia, la seguridad e integridad de Polonia fue el pretexto oficial para el Suicidio de Occidente. Que eso y no otra cosa fue la Segunda Guerra Mundial. Al hundirse Polonia, el Presidente, Moscicki, que se refugió en Rumania, consideró que ya tenía bastante, y dimitió, nombrando sucesor suyo a Wladislaw Rackiewicz, que se hallaba en Francia. Mientras tanto, en Londres, el General Sikorski era nombrado Comandante en Jefe del Ejército Polaco, en el exilio. Pronto, como en toda Democracia que se respeta, empezaron las crisis ministeriales en el gobierno de los exiliados. No se ponían de acuerdo en nada. Es decir, sí. En una cosa sí se pusieron de acuerdo. En firmar, en Londres, un Acuerdo de Cooperación con la Unión Soviética, el 30 de Julio de 1941.

Rackiewicz y sus ministros exiliados demostraban ser de muy buena pasta.

Nada rencorosos. Al fin y al cabo, un espíritu mezquino hubiera recordado que, mientras los alemanes atacaban a Polonia por el Oeste, los soviéticos, que tenían un Tratado de Amistad y no Agresión con los polacos, la atacaban por el Este. Pero eso, son, evidentemente, ganas de rizar el rizo. ¿Qué preveía ese Tratado con la URSS ?. Pues la creación de un Ejercito Polaco, en la URSS. Pero pronto hubieron malentendidos. Y empezaron los disgustos de los líderes polacos estacionados en la URSS. Al menos, lo suponemos, porque todos se morían de ataques al corazón. Luego, se supo lo de Katyn. Sikorsky se quejó a Churchill. Este lo mandó callar. Sikorsky insistió, y tuvo un accidente de aviación.

Mientras tanto, Rackiewicz recibía, un comunicado de Stalin, diciéndole que no le reconocía como gobierno legal de Polonia. Rackiewicz, no sin razón, le recordó que había firmado un Tratado con él, y que los Tratados se firman con seres vivientes. No con fantasmas.

Stalin no se molestó en contestar a ese sofisma. Reconoció a "su" gobierno polaco, y los polacos de Londres, pobres, se enfadaron mucho. ¡Stalin les había engañado! Rackiewicz, indignado, dimitió. Le sucedió Mikolajczyk, que fue a Moscú a visitar a Stalin, quien se negó a recibirle y le mandó a Molotoff, el cual le ratificó el nuevo trazado de la frontera rusopolaca. Ratificación que

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le hacía a título personal, no oficial, pues el llamado gobierno polaco de Londres no era nadie, para Moscú.

Mikolajczyk dimitió a su vez, y le sucedió Tomasz Arciszewsky, un socialista que toda su vida había simpatizado con Moscú. Por desgracia para él, su amor no era correspondido por los soviéticos. A dos de estos hombres, a Arciszewsky y a Rackiewicz, los alemanes les ofrecieron la dirección de la nueva Polonia, sin otra condición que el retorno de Dantzig y Pomerania al Reich. Ambos prefirieron exilarse y recibir los bofetones de Stalin. Hoy día, sus obscuros sucesores continúan vegetando a orillas del Támesis.

MIKLOS HORTHY, REGENTE DE HUNGRÍA
El Regente Horthy, favorecido por la política alemana en Centro Europa, pudo recuperar, sin gasto alguno, ni en dinero ni en sangre, casi 43.000 kilómetros cuadrados de los muchos que por el Tratado de Trianon se le arrebataron a Hungría al final de la I Guerra Mundial.

En parte por tal motivo, y en parte por ser anticomunista total, al menos en su primera época, se adhirió al Pacto Tripartito. Cuando estalló la II Guerra Mundial, Hungría rechazó la petición alemana de permitir el tránsito de unidades de la Wehrmacht por su territorio. El gobierno húngaro estaba en su perfecto derecho a ello, y Alemania no parecía tener especiales motivo para quejarse. Lo que provocó el descontento del Führer fue el "Pacto de Amistad Eterna" que el gobierno húngaro concluyó con el yugoeslavo, que acababa de romper con Alemania. Esta "amistad eterna" duró nueve días, pues al darse cuenta de que los yugoeslavos eran rápidamente derrotados por los alemanes, los húngaros penetraron en territorio yugoeslavo y se anexionaron Vojvodina (un territorio de unos 11.000 kilómetros cuadrados). El Regente Horthy, Jefe del Estado, le echó las culpas del "eterno pacto" con Yugoeslavia a su Jefe de Gobierno, Teleki, que se suicidó. Horthy, entonces, nombró a Bardossy, un conservador moderadamente pro-alemán.

Cuando se produjo el ataque alemán contra Rusia, aunque Hitler no solicitara especialmente la ayuda húngara, Horthy, temiendo quedar atrás de los rumanos en la carrera hacia los favores del Reich, declaró la guerra a la URSS amparándose en un burdo pretexto.

Todo fue bien, hasta 1943, en que las tropas húngaras sufrieron un serio revés en Voronej.

Entonces Horthy empezó a flirtear con los ingleses para una paz separada. Hitler, que olfateó algo, llamó a Horthy a Berchtesgaden para conminarle a poner todos los recursos de Hungría al servicio de la guerra y de preocuparse menos de reivindicaciones territoriales a costa de Rumania, Eslovaquia y Croacia. Horthy prometió a Hitler por su honor que Hungría lucharía con todas sus fuerzas, pero lo que hizo fue mandar a un emisario a Moscú, el 11 de Octubre de 1944, para concluir un armisticio. El 15 de Octubre se haría público este armisticio, y Horthy anunciaba a Alemania que se retiraba de la contienda. Además, empezó a desarmar a unidades alemanas estacionadas en los Cárpatos. Los alemanes reaccionaron con celeridad ante este acto de traición en campana y controlaron el país, una buena parte del cual se acordaba aún de la República Comunista implantada allí por Bela Kun.

Horthy fue obligado a abdicar, asumiendo Szallasy la Jefatura del Estado. Horthy fue enviado a Alemania, donde permaneció preso en un castillo. Los americanos le liberaron el 1945 y estableció su residencia en Estoril, donde vivió como un príncipe. Hungría se convirtió en un vasallo soviético pero Horthy no esgrimió sus derechos legales a la Regencia. Sólo volvió a Hungría para declarar, en juicio, contra Szallassy, Bardossy, Imredy y otros políticos húngaros, muchos de los cuales, como Bardossy, se limitaron a seguir su política tortuosa. Sus declaraciones sirvieron para mandarlos a todos a la horca. Luego, Horthy, con pasaporte especial americano, regresó a Estoril. Murió en febrero de 1957, tras sufrir varios atentados de refugiados húngaros para los que el Conde-Regente-Almirante Miklós Horthy de Nagibanya era la bestia negra. Su vida principesca en Estoril fue más aparente que real, pues moría en vida; no iba a ninguna parte solo y en sus últimos tiempos estaba prácticamente en manos de los psiquiatras.

ION ANTONESCU Y MIGUEL HOHENZOLLERN, REY DE RUMANIA
Seamos breves. Cuando la presión del Movimiento Legionario obliga al Rey Carol y a su concubina Magda Wolff (a) Princesa Lupescu a abandonar el país, el joven Rey Miguel I, que acaba de cumplir los 20 años, sube al trono. Nombra "Conducator" al Mariscal Ion Antonescu.

Rumania se adhiere al Pacto Tripartito y se une a Alemania en el ataque contra la URSS. Todo va bien, como siempre, hasta que llegan los reveses. Entretanto, los alemanes no parecen dar.

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importancia al hecho de que sus mayores simpatizantes e ideológicamente afines, los "legionarios", sean víctimas de verdaderas persecuciones por parte de Antonescu.

Al llegar los reveses militares, Antonescu inicia conversaciones para una paz separada con los Aliados occidentales. El Rey, que acaba de cumplir los 24 años, se entera y destituye a Antonescu. Pero la sorpresa es mayúscula cuando lo que hace el Monarca, apoyado por políticos burgueses y liberales, es firmar la paz por separado con la URSS y declarar la guerra a Alemania.

El Rey ha preferido entenderse con los soviéticos, a hacerlo con los occidentales. El golpe militar ha sido muy fuerte para Alemania, pues casi al mismo tiempo se produce la traición de Bulgaria, de la que hablaremos más adelante, y que les corta prácticamente la retirada a casi 700.000 soldados. Cuando la guerra termina, Rumania se convierte en un satélite comunista soviético. Antonescu es ejecutado por alta traición. El Rey Miguel le niega el indulto. Transcurre un año. Los comunistas, que ocupan todos los puestos clave del gobierno, encarcelan o fusilan a todos los Jefes de los partidos democráticos y, huelga decirlo, a los pronazis. Finalmente, en Septiembre de 1947, la hebrea Anna Pauker, el ojo de Moscú, se presenta en Palacio e invita, sin ambages, al joven Monarca, al insólito "Rey de los Comunistas", a marcharse. "Antes firme aquí el Acta de dimisión". Trágica escena la que sigue. "¿Y si no quiero firmar?" "No diga tonterías. Usted sabe de sobras que firmará lo que yo le diga". "¿Qué día me tengo que ir?" "Ahora. Tiene dos minutos para bajar las escaleras y sentarse en un coche que le llevara a Viena"... "Pero mi equipaje, mi familia..." "Déjese de equipajes y de familias y váyase por su pié, o le haré echar por los guardias".

EL PRINCIPE CIRILO, REGENTE DE BULGARIA
Este personaje, pasará a la historia por haber conseguido, en sus afanes por lograr la paz, a cualquier precio, que su pequeño país se encontrara prácticamente en guerra contra todo el mundo. El hecho es de una bufonería insólita y -creemos- aleccionador.

Bulgaria, políticamente aliada del III Reich, miembro del Pacto Tripartito, no declara la guerra a la URSS, como hacen sus vecinos, cuando Alemania la ataca en Junio de 1941. Pero, para obtener las ventajas del "aliado" del que los notables búlgaros creen seguro vencedor, rompe las relaciones diplomáticas con Inglaterra. Luego, declara la guerra a los Estados Unidos.

Es un acto gratuito e infantil. El Príncipe Cirilo, que se toma a sí mismo por una reencarnación de Maquiavelo, permite que los alemanes ocupen bases en el país y manda unos miles de "voluntarios" a luchar en Rusia.

Al darse cuenta de que Alemania tiene escasas probabilidades de vencer, sin molestarse en buscar una excusa, declara la guerra a Alemania, a la vez que pide a los Estados Unidos la suspensión de hostilidades. Unas hostilidades que nunca han llegado a romperse de verdad.

Stalin, cuyas tropas han penetrado en Rumania gracias a las "habilidades" de Antonescu y del Rey Miguel, ve esfumarse la posibilidad de liberar a Bulgaria (oficialmente "enemiga" de los Estados Unidos, los "aliados" del Kremlin) y, sin dilaciones, declara la guerra a Bulgaria. El Príncipe Cirilo y sus secuaces reaccionarios, aterrados, ante la perspectiva de ser liberados por los rusos, anulan sus "negociaciones de paz" con los americanos y declaran la guerra a Inglaterra, para que los ingleses, que ocupan Grecia, lleguen antes a Bulgaria que los rusos, y les salven vidas y haciendas.

La consecuencia final de todo este tinglado diplomático es que los "hábiles", los "patrióticos" políticos del Consejo de Regencia Búlgaro han conseguido estar, simultáneamente, en estado de guerra con Alemania, la Unión Soviética, los Estados Unidos, la Gran Bretaña y toda la Commonwealth.

Naturalmente, el primero en pagar la factura de tanto maquiavelismo de vía estrecha es el pueblo búlgaro. Sofía, en una noche será sucesivamente bombardeada por la aviación alemana y por la norteamericana. Los soviéticos atravesarán la frontera rumano-búlgara y los hábiles serán ejecutados por traidores al Pueblo, con el Príncipe Regente Cirilo a la cabeza.

ARCHIDUQUE OTTO DE HABSBURGO
AI término de la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios comunistas y socialistas de Austria proclamaron la República. Una república marxista, cuyo signo, tras el Diktat de Versalles, sería cambiado por las democracias occidentales en una república burguesa, liberal, de corte clásico, tolerante con los marxistas, tolerante con todas las llamadas "opciones" políticas e intolerante -como es clásico- con las opciones no democráticas.

El Archiduque Otto de Habsburgo, hijo del fallecido Kaiser reivindicó la Corona de Austria. Lo hizo, prudentemente, desde Londres. El Gobierno austriaco, entonces socialista,

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respondió a tal pretensión con una orden de busca y captura del "ciudadano Otto llamado de Habsburgo", acusado de conspiración contra la patria austríaca. Decepcionado, el Archiduque permaneció en Londres varios años. Montó una oficina política y se especializó en el periodismo, impartiendo sabios consejos a los gobernantes de las democracias occidentales, que no le hicieron gran caso.

Al llegar al poder en Viena los conservadores tras sus triunfos electorales, los partidarios del Archiduque pudieron moverse con más libertad en Austria, pero ni Dollfuss ni Schussnigg hicieron el menor gesto de aliento en pro de una restauración monárquica. En 1934, la villa de Kopfstetten -el último pueblo austriaco en que se había detenido la familia imperial antes de partir para el exilio y dejar que sus escasos partidarios fueran masacrados por los marxistas de Víctor Adler- nombraba a Otto de Habsburgo ciudadano de honor, en una atmósfera de kermesse ancien régime, en presencia de los enviados del exiliado príncipe, que continuaba practicando tenazmente la virtud cardinal de la Prudencia. Los reales enviados pasaron unas horas en la cárcel y luego fueron puestos en la frontera por la policía de Dollfuss, que tenía fuertemente asidas las riendas del Poder y no quería saber nada de archiduques.

Al producirse el Anschluss en 1938, cesó la menguada actividad monárquica, pero el Gobierno del Reich ofreció al Archiduque Otto de Habsburgo la posibilidad de regresar a Austria, a condición de que renunciara a su pretensión de ser coronado Kaiser de una Austria independiente.

El Archiduque Otto, majestuosamente, rechazó esa imposición, y permaneció en Londres donde la prensa belicista inglesa le publicó varios artículos furibundamente antinazis o puramente antialemanes. Acusó a Hitler de usurpador, a los austríacos que colaboraran con Alemania de traidores y aseguró muy seriamente que el único gobierno legal de Austria era el presidido por él mismo desde su exilio londinense. El Tribunal de Leipzig le condenó a muerte, en rebeldía, como faccioso.

Al estallar la guerra, el Archiduque Otto, desde Londres, lanzó una proclama invitando a los austríacos a no seguir a Alemania "en el camino de una guerra injusta, perdida de antemano". La fe del Archiduque en la suerte de las armas democráticas debió sufrir algunas crisis, pues al consumarse el hundimiento militar de Francia, en Junio de 1940, abandonó su exilio londinense considerando por él poco seguro, y se fue a los Estados Unidos, donde tuvo el alto honor de ser recibido unos minutos por el Presidente Roosevelt, a quien propuso la creación de una fantasmagórica "Legión Austriaca" para luchar al lado de los Aliados. Parece ser que Roosevelt dio un distraído asentimiento pero fue el propio Presidente Benes -otro exiliado y bastante más enemigo de los Habsburgo que el Führer- quien hizo fracasar el proyecto, cuando el Archiduque ya había reclutado entre los prisioneros de guerra austriacos y algunos residentes en Norteamérica los efectivos suficientes para formar una compañía.

Por fin, el pretendiente logró alistarse en persona en el Ejército Norteamericano y hasta participó en el desembarco de Normandía donde tuvo la mala fortuna de caerse aparatosamente de una barcaza, en la playa, y pasó unos días en el hospital No se sabe nada más de sus hazañas bélicas. Cuando ya preparaba una fastuosa entrada en Viena, al término de la guerra, se encontró con que el nuevo gobierno austríaco, surgido de la derrota del Reich, mantenía la antigua ley de exilio contra los Habsburgo.

El partido de la "derecha" clásica austríaca, el llamado "Partido Populista" (¡Qué extraña manía de los derechistas de toda laya de adoptar denominaciones derivadas del populus, que no engañan a nadie más que a ellos mismos!) inscribió en su programa el retorno del Archiduque a Austria.

Por fin, el Tribunal Supremo Austríaco, en 1963, se pronunció en ese sentido. Había, entonces, en Austria, un gobierno de coalición, con populistas y socialistas. Estos hicieron saber a sus socios de la Derecha que si era abolida la ley del exilio, no participarían en el gobierno y habría una crisis ministerial. Los "populistas" dejaron en la estacada a Otto de Habsburgo, que continúa amenizando las veladas de los fósiles conservadores con sus sesudos artículos periodísticos. Hitler le ofreció volver a Austria y no solo se negó sino que hasta le combatió, primero con la pluma y luego -modestamente - con las armas. Derrotado su enemigo, son sus supuestos amigos democráticos los que le niegan el retorno a su patria, pese a mediar un fallo a su favor de la más alta instancia jurídica austríaca. ¡Sic transit gloria mundi! no somos nadie.

MOHAMMED REZA PAHLAVI
Cuando estalló la II Guerra Mundial, el Irán observó una escrupulosa neutralidad. Si bien es cierto que respetó los numerosos intereses británicos en el país, no lo es menos que Alemania llegó a ser el segundo cliente y el tercer proveedor del mismo. Reza Shah, al que se comparó con

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Kemal Ataturk, realizó una gran tarea de modernización y desarrollo de las potencialidades del Irán.

Como ya hemos mencionado en otro lugar de esta obra, los anglosoviéticos invadieron Irán en 1941 con el pretexto de impedir una ocupación alemana. Reza Shah, tras una resistencia de principio, debió capitular, el 16 de septiembre de 1941. Los anglosoviéticos impusieron la ocupación del Irán, indefinidamente, hasta la terminación de la guerra, más un periodo transitorio de 6 meses. Reza Shah, que fue llevado cautivo a la isla Mauricio y luego a Sudáfrica, murió -según se dijo- de pena, al comprobar cómo su hijo, entonces de 22 anos de edad, se avenía a colaborar con los ocupantes del país, que lo nombraron nuevo Shah. Lo primero que hizo éste fue perseguir cruentamente a los partidarios de su depuesto padre que se habían opuesto a la ocupación anglosoviétíca. Hizo más: en Septiembre de 1943 realizó un acto puramente simbólico y gratuito, que sorprendió a los propios Aliados: declaró la guerra a Alemania.

Durante 37 años, Mohammed Reza Pahlavi fue el hombre del Establishment. En 1953 solapó el golpe del fanático santón Mossadegh que arrebató los pozos petrolíferos de la más o menos británica "Anglo-Iranian Oil Company" para transferirlos veladamente a intereses Judeo americanos tras los que se perfilaba sin dudas el poderío inmenso de la "Standard Oil" y más tarde, de la "Exxon" del trust Rockefeller. Amigo personal de Kissinger, el Shah llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo. Pero también a él le llegaría el turno del agradecimiento de los Poderes Fácticos.

A mediados de 1979, tras varios meses de agitación del populacho, fomentados, a la vez, por elementos procomunistas y por la propia Embajada de los Estados Unidos en Teherán, el Shah debía abdicar. Primero los poderes fácticos, representados por los diplomáticos yankis, le obligaron a democratizar su régimen. El Shah obedeció. Luego a que neutralizara a su bien pertrechado ejército. El Shah siguió obedeciendo. Y luego, a que permitiera las manifestaciones callejeras de la chusma fanatizada. Más obediencia del Shah.

Hasta que el embajador americano le sugiere que se aleje por algún tiempo.

Y el Shah se aleja, mientras los políticos, militares y policías que se han comprometido en su defensa son exterminados, ingloriosamente, como ratas. Para que en esta tragedia no falte el elemento bufón, la Embajada Americana, el centro de la agitación contra el Shah, es asaltada por una turba de fanáticos "estudiantes" musulmanes y medio centenar de funcionarios tomados como rehenes, durante varios meses, sin que el increíble mercader de cacahuetes, huésped de la Casa Blanca, tome la decisión que se impone, sin duda porque a los poderes fácticos les traen sin cuidado tales rehenes, una vez realizado su trabajo. Una orgía de sangre y de locura se desata en Iran. Khomeiny, o quien en él mande, impone embargos petrolíferos a unos, sube el precio de su petróleo a otros, y exige a los americanos la extradición del Shah. Lo quiere para recuperar el dinero que éste ha colocado fuera del Irán, y luego matarlo. Así lo confiesa sin rebozos, en pleno siglo XX.

Mientras tanto, el Shah, enfermo, inicia un tragicómico periplo. De Teherán se traslada a Marruecos, y, de allí, ante las presiones sufridas por el Sultán, se va a las Bahamas. Apenas permanece una semana, y se refugia en Cuernavaca (México). El gobierno mexicano se asusta ante las presiones de Khomeiny, y Rockefeller invita a su amigo el Shah a Nueva York. El tiempo de sufrir una intervención quirúrgica y luego trasladarse a Lackland, en Texas. De allí sale para refugiarse con su impresionante séquito en Panamá. Nuevas presiones del ayatollah Khomeiny, y el Shah que se va a Egipto. Mientras tanto, un sobrino suyo es asesinado en París por un comando de "Justicieros". Y se continúa matando a antiguos partidarios del Shah. Y el partido comunista va ganando posiciones y, en todo caso, las pierden los pro-occidentales.

Y se maldice al Shah, el pobre ricachón que, tras traicionar a su padre, es traicionado finalmente por los poderes fácticos a los que él, sabiéndolo o no. queriéndolo o no, siempre sirvió.

ANASTASIO SOMOZA DEBAYLE
Desde 1912, Nicaragua es, de hecho, una colonia de los Estados Unidos.

Los presidentes que se fueron sucediendo desde entonces, Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro Vargas y Juan Bautista Sacasa, no fueron, de hecho, más que "virreyes" yankis. Sólo el General César Agusto Sandino, se opuso, en la década de los treinta, al poder omnímodo de los norteamericanos, desarrollando una política de Socialismo Nacional inspirada en los principios de Mussolini. Hasta que Sandino fue asesinado por miembros de la Guardia Nacional, a cuyo mando se hallaba un criptoestipendiado de los Estados Unidos, Anastasio Somoza Gutiérrez.

Este llegó pronto a la más alta magistratura del Estado y, obediente a las sugerencias de

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Roosevelt, declaró la guerra a Alemania. Hasta 1956, Somoza gobernó omnímodamente a Nicaragua. A su muerte, la familia Somoza, con el apoyo indiscutido e indiscutible de los Estados Unidos, continuó gobernando al país. Su hijo Luís Somoza Debayle fue Presidente hasta 1963. Desde 1963 hasta 1967 fue Presidente nominal de Nicaragua Rene Schick Gutiérrez, un viejo amigo de la familia Somoza, hasta que en 1967 ganó las elecciones el hijo segundo del viejo Somoza Gutiérrez, Anastasio Somoza Debayle quien, desde el primer momento, fue el hombre de los norteamericanos y completó el infeudamiento del país a Washington, políticamente, y a New York, financieramente.

Y no obstante. Desde principios de 1979, un movimiento abiertamente comunista, que tuvo el impudor de abanderarse bajo el nombre del fascista Sandino, -el movimiento sandinista-, llevó a cabo una guerra innoble, de guerrillas, contra Somoza. La Embajada Americana, en un momento dado, traicionó -ésta es la palabra- a su viejo pupilo Somoza, llegando incluso a bloquear las entregas de armas al gobierno legal de Nicaragua mientras facilitaba la entrega de las mismas a los francotiradores comunistas del movimiento sandinista, conducidos por los viejos Judeo-bolcheviques Tomas Borge y David Ortega, y apoyados declaradamente por Fidel Castro. (The Spotlight, Washington, 17-XII-1979).

Somoza se fue primero a Miami, y luego al Paraguay, donde acusó a la administración Carter de haberlo traicionado, para imponer un gobierno comunista en Nicaragua. Entretanto los "sandinistas" se quitan la careta. Se anuncia oficialmente el fusilamiento de diez mil simpatizantes de Somoza. Tomas Borge, amigo personal de Fidel Castro, es nombrado Ministro del Interior. Nicaragua firma acuerdos de cooperación con Cuba y la URSS y el nuevo Ministro de Educación, el israelita Carlos Tunnerman Bernheim se desplaza a La Habana para que su amigo Castro le mande 1200 maestros que reemplacen a los que han sido "depurados" en Nicaragua, por somosistas. Y, en Septiembre de 1980, pistoleros sandinistas asesinan en Paraguay a Somoza, cuyo cuerpo es destrozado por un tiro de bazooka.

GENERAL PETER WALLS
Los fusileros rhodesianos estaban conceptuados, hasta hace un par de años, como la mejor unidad del mundo, en su género. Cómo fusilero rhodesiano, luchando por el Imperio Británico, participó Peter Walls en la Segunda Guerra Mundial. En África del Norte y en Italia se enfrentó con los perversos nazis. Volvió a Salisbury (Rhodesia, hoy Zimbabwe) como suboficial. Cuando la minoría blanca de Rhodesia se separó del Imperio Británico, igual que hicieran, apenas dos siglos antes, los Estados Unidos de América, los fusileros rhodesianos debieron entrar en acción contra las guerrillas de los diversos grupos de "liberación" negros. Nuestro héroe ya era general.

Se lucio -nadie ha podido ponerlo en duda- luchando contra los "buenos" matabelés y xhosas, como antes lo habla hecho contra los "malos" alemanes e italianos. El General Walls -dicen- se hizo franc-masón. No nos es posible probarlo. También le entró una gran afición por la política (con minúscula y en sentido peyorativo que da a esa palabra el pueblo sano), y llegó a Ministro de Defensa del gobierno de Ian Smith. Cuando este "hermano" empezó a engañar a la minoría blanca hasta entregarla maniatada a los líderes guerrilleros negros, Peter Walls se quedó en el nuevo Estado de Zimbabwe como Vice-Presidente y Jefe del Ejército. Auspició la "melanización" de sus fusileros. Un inciso: esa palabreja, "melanización", la usan los neo-gerifaltes negros para significar la promoción de sus corraciales en todos los estamentos de la sociedad. Equivale a "ennegrecimiento" pero ésto parece peyorativo. Es parejo al término "arianización" que se utilizó en Alemania hasta 1945, hace, ya, muchísimos siglos. Un jefe kikuyu puede hablar de "melanización", hoy día, y no pasa nada. A un anciano, también hoy día, se le reprocha haber utilizado el término "arianización" hace unos días -en 1945- y tiene sólidos problemas con la "Justicia". Disculpas por el inciso y sigo.

El General Peter Walls preside la "melanización". Los arios se van y los melanios llegan. El General Walls, que siempre fue "bueno", que desarmó e hizo desarmar a los fusileros blancos que no querían capitular, ha pasado a ser - ¡ siempre pasa igual!- un "malo". El camarada Mugabe le ha destituído. El camarada Mugabe ha hecho incautar su palacio. El camarada Mugabe le ha expulsado de Rhodesia-Zimbabwe. Con lo puesto. ¡ Pobre "hermano" Walls!.

FRANCISCO FRANCO
Abril de 1931. Reina en España Don Alfonso XIII de Borbón. Se celebran unas simples elecciones municipales a las que la prensa de Izquierdas quiere dar una significación de "test" del régimen. Salen elegidos 22.150 concejales monárquicos y 5.875 antimonárquicos. (Eduardo Comín: Historia Secreta de la II República, pág. 173-174). Pero éstos ganan en todas las grandes.

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ciudades, con excepción de Madrid, donde se da un empate a 143. Pero, incluso en la capital, los perdedores salen a la calle. Los consejeros reales, pusilánimes, parecen temer una repetición del asalto al Palacio de Invierno, en San Petersburgo. El "triangulo" Acalá Zamora-Romanones- Marañón, actúa de "comadrón" de la República, y aconseja al Rey que abandone el Trono. El Poder está en la calle. Los republicanos lo toman. Lógico y natural. Se proclama un Gobierno Provisional. Al cabo de un mes, arden los conventos en toda España. Visítese cualquier hemeroteca y consúltese cualquier periódico de la época: Huelgas, atentados, caos y miseria. En 1934, clamoroso triunfo de las Derechas y, enseguida, huelga general en Asturias, rebelión armada de la Generalitat en Cataluña. Continúan los desordenes, constatados por todos los republicanos decentes, empezando por Ortega y Gasset, con su "¡No es esto! ¡ No es esto !". Junio de 1936. Nuevas elecciones. Las Derechas totalizan casi un millón de votos más que las Izquierdas, pero unas semanas antes de los comicios, se forma un hipotético "Centro" que escinde a las Derechas y, con el sistema de representación territorial, no proporcional, el "Frente Popular" alcanza el poder en las urnas.

Clima de guerra civil. Tiroteos entre pistoleros de los Sindicatos "Libres" y del "Único".

Caso insólito en la historia de las tan alabadas democracias occidentales, agentes del Gobierno legal, uniformados, sacan de la cama al Jefe de la Oposición Parlamentaria, le pegan un tiro en la nuca y le arrojan a una cuneta. Días después estalla la guerra civil. Salvo contadas excepciones, el Ejército profesional se enfrenta al Gobierno. Este cuenta con las unidades paramilitares socialistas, con los anarquistas y con el control de las grandes ciudades. La Junta de Generales elige como caudillo al mas joven de entre ellos: Francisco Franco.

Treinta y dos meses de tremenda guerra. Prólogo de la Mundial, que seguirá cinco meses después de acabada la de España. La URSS, toda la llamada "intelligentsia" mundial, que es la turbina que agita la cloaca izquierdosa desde los comunistas hasta los anarquistas pasando por todos los lunáticos y los "idealistas" de Europa y América, la Francia del "Front Populaire", se vuelcan en ayuda - religiosamente cobrada- al Gobierno de Madrid. Alemania e Italia, convencidas de que en caso de derrota de los "nacionales" aquél será fatalmente desbordado por los marxistas, con los comunistas a la cabeza, ayudan a Franco. Pero, más que la "Legión Kondor" y los "voluntarios" italianos, lo que cuenta, para Franco, es el hecho del respaldo Italo-alemán. Sin él, la intervención francosoviética en España hubiera sido, aún, más declarada de lo que fue. Inglaterra, tibiamente pro-gubernamental, sigue su vieja táctica del wait and see (esperar y ver).

Al final, los "republicanos", los "rojos", los "gubernamentales" o como quiera llamárseles, son derrotados. Pero un hecho es innegable si se quiere tener un mínimo de decencia intelectual. Si el gobierno alemán no actúa, forzando prácticamente la creación del "Comité de No Intervención", los "nacionales" no ganan la guerra. Sin la presión diplomática de Hitler y Mussolini, sobre todo de aquel, Francia y Rusia intervienen directamente. Es inútil negarlo. Y si intervienen, Franco no gana la guerra. Pretender lo contrario es pura idiotez.

Septiembre de 1939. Estalla la II Guerra Mundial. Las victorias del Eje son Jaleadas sin rebozo por la España oficial. Y eso que Hitler aún no ha iniciado el ataque a la URSS. España se declara "No Beligerante", es decir, neutral pero favorable a un bando. Al bando alemán. Si no fuera así, el Ministro de Asuntos Exteriores, Conde de Jordana, no hubiera empleado esa rebuscada perífrasis y hubiera dicho, simplemente, neutral. Pero no. España es "No Beligerante". Y, sin riesgos y sin tiros, se ocupa Tánger."Tánger nuestro es. Gibraltar nuestro será". Esto dicen los falangistas, por las calles. Franco y su gobierno dejan hacer. Y esperan.

Viene el ataque alemán a la URSS. Y se manda allí a la "División Azul". La entrevista de Hendaya. ¿ Que sucedió allí, de verdad ? Sólo tenemos el testimonio de personas interesadas en cuidar su imagen. Se ha pretendido que Franco, astutamente, engañó a Hitler, haciéndole creer que entraría en la guerra a su lado, pero dando largas al asunto. Hitler -según parece a tenor de las explicaciones oficiales- debió ser un redomado idiota, al que todo el mundo engañaba. ¡ Si llega a ser listo!. España no entrará en la guerra. Churchill promete a Franco, a través del embajador en Londres, Duque de Alba, la devolución de Gibraltar, al final de la guerra, si España conserva su neutralidad. Y España permanecerá neutral.

Neutral, aún cuando la "División Azul" continuara luchando en Rusia... Sólo en Rusia, porque cuando los soviéticos irrumpen en Polonia, el gobierno español da orden de regresar a sus tropas que combatían contra el Comunismo. Por lo visto, el Comunismo sólo era peligroso en España, en 1936-39, y en Rusia, en 1941-44, pero no en Polonia, Hungría, Alemania, a partir de entonces...(¡). El caso es que la neutralidad, incluso la "no beligerancia" de España, resulto altamente beneficiosa para los Aliados, según reconoció el propio Churchill. Es fácil comprenderlo. Si España entra en guerra, en 1940, cuando Francia se ha hundido estrepitosamente e Inglaterra, por el momento, se encuentra sola, la irremediable ocupación de

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Gibraltar y el cierre del Estrecho hubieran hecho imposible la continuación de la guerra en el Norte de África e igualmente la "comedia francesa" en Marruecos y Argelia. El Mediterráneo se hubiera convertido en un lago del Eje y la neutralidad turca –que tanto le costó a Inglaterra mantener, pagándola usurariamente- hubiera probablemente basculado. No importaba la probable intervención inglesa a través de su -entonces- satélite portugués. Los alemanes ya habían echado a los ingleses al mar, en similares circunstancias, en Noruega, en Dunkerque, en Yugoeslavia, en Grecia, en Creta. ... Y aún cuando no lo hubieran logrado en la Península ibérica, algo parece indudable: la guerra se hubiera prolongado y Alemania hubiera ganado esos meses, esos escasos meses, que la separaron de la victoria total, con la llegada de las nuevas armas, que no eran una invención del Doctor Goebbels, como luego se demostraría. Con la llegada de la bomba atómica alemana. El arma total, entonces.

Alemania pierde la guerra. Inglaterra, naturalmente, no devuelve Gibraltar. Las Naciones Unidas retiran sus embajadores de España. Pero la guerra fría, que empieza en 1949, hace recapacitar a algunos. Y los embajadores van volviendo. Franco dura, y dura, y dura. Dura nada menos que 39 años -36, si sólo se cuenta el periodo de paz-, y durante ese tiempo se hacen muchas cosas. El país se moderniza, da un gran salto adelante; se necesitaría mucha mala fe mental para negarlo. No es, el de Franco, un régimen fascista, como se ha dicho. De fascista no tiene nada. Sólo la musiquilla de fondo de ciertas actitudes, saludos y desplantes de la decada de los cuarenta en algunos mandos -no todos- falangistas. Pero nada más. Franco, políticamente, no creía en ideología alguna. Era un pragmático. Para no creer en nada, era monárquico, que, en España, es ser apolítico, en el sentido restringido que se da a la palabra en el Siglo XX. Y decimos Siglo XX porque creemos que, en el Siglo XIX, Franco hubiera sido genial. El mejor político del Siglo XIX, cuando cada nación era una galaxia aparte y podía ser neutral -o "no beligerante"- en un conflicto desarrollado fuera de sus fronteras.

Un dictador, se ha dicho. Sí, sin duda. ¿Y qué ?."Dictó" cosas buenas, menos buenas y otras -sobre todo en el terreno educacional y político- bastante malas, según se ha podido ver con el paso del tiempo. Puesto a "dictar", hasta "dictó", a través de uno de sus referéndums, tan criticados entonces por sus enemigos recalcitrantes, el retorno de la Monarquía, que debía ser, según él, "católica, social y representativa". Todo lo dejó bien dispuesto.

"Atado y bien atado", dijo él.

Franco no fue un "zángano", y si lo incluimos en esta galería es por concurrir en su obra, en el resultado objetivo de su obra -no en su persona- similares circunstancias a las de los tristes individuos que le acompañan. Para empezar, murió en su cama, contrariamente a la mayoría de aquéllos. Y buscó -creemos- lo mejor para su patria. Que lo lograra o no es opinable. Los antifranquistas viscerales y cerriles dirán que no. Que no, en nada. Los nostálgicos de la "inmarcesible lealtad, inasequible al desaliento, etcétera, etcétera", dirán que sí. Una pregunta: ¿ Creen Uds. dé verdad, que Franco quiso ESTO ?. ESTO: Monarquía Parlamentaria; régimen partitocrático; nacionalidades, regionalidades y taifas; huelgas salvajes; piquetes "informativos"; pornografía; delincuencia galopante; Partido Comunista legalizado; dictadura fiscal; inflación tercer mundista; crecimiento cero; nuestros pesqueros apresados por bárbaros de tribus berberiscas; abortos subvencionados por la Seguridad Social y la Pasionaria, sentada en el Parlamento junto a un Calvo Sotelo.

Me dirán que no. Que no lo quiso. Que lo engañaron todos, "post mortem". ¿De veras? Pues, en tal caso, podemos decir que, políticamente, se equivocó en lo principal En la continuidad. En la sucesión. Y, en política, por lo general, cuenta más, negativamente, una mala muerte que una buena vida.

Tal vez, si, en Hendaya, Hitler ejerce una ligera, ligerísima presión y Franco debe entrar en la guerra, el mundo ofrecería hoy una imagen bien diferente. Franco hubiera tenido, políticamente, una muerte igual a su vida, y el Señor Suarez -eso sí- continuaría siendo Ministro Secretario General del Movimiento. O, si se portaba bien, embajador en Berlín.

* * *

Podríamos escribir un libro voluminoso, dedicado todo él a los zánganos y "zanganillos" de las últimas décadas. Ahí tenemos el caso del Cardenal Joseph Pehm, de origen alemán, pero que, para que no quepan dudas de su "magiarismo" (¡Jesús bendito!) se hungariza el nombre dejándolo en Mindszenty, nombre de la aldea donde nació. El Cardenal se pasó la guerra incordiando a los alemanes por perseguir a los pobrecitos judíos y a los pobrecitos demócratas, y la Gestapo tuvo que arrestarle unos días. Cuando llegaron los rusos, Mindszenty empezó a incordiarles y un buen día, mientras predicaba en la Catedral, recordando que la Gestapo le había detenido, vinieron a buscarle los de la A.V.H. (Policía Comunista Húngara). Y le pegaron unas palizas inmensas. Y le administraron actedrón, haciéndole declarar que era un enemigo del pueblo húngaro. Y todos sus victimarios, sin una sola excepción -Beno Auspitz, Gyula Alapy, Alexander Cipszer y Geza Kovacs- eran judíos. Y cuando en el levantamiento de Budapest en

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1956 se refugia en la Embajada Americana, empieza a escribir sus "Memorias" que, dice él "Harán comprender al mundo que no se debe fiar nunca de los comunistas".

Sensacional descubrimiento. Brindaríamos otro tema a su Eminencia Reverendísima: Los niños no vienen de París... En fin. Sus "Memorias" no se publicarán nunca. El Vaticano firma un acuerdo con el Gobierno Comunista Húngaro. Este deja salir a Mindszenty de Hungría -contra su voluntad- pero Mindszenty no hablará. Y Mindszenty, fiel representante de la Iglesia del Silencio, no dirá nada. Así lo acordaron Pablo VI y el camarada Gromyko.

Ahí tenemos el caso del general portugués Spínola, que luchó en la "Legión Verde" lusitana en la estepa rusa, con Uniforme de la Wehrmacht Anticomunista de toda la vida... Pero que trae la Revolución de los Claveles a Portugal. El será el "consejero paternal" de los jóvenes revolucionarios. El controlará la Revolución. Se dará la independencia a las colonias portuguesas. La última en obtener la independencia será, naturalmente, la Guinea, donde él tiene grandes intereses—

Luego, la triste realidad. La primera colonia en independizarse es precisamente la Guinea. Spínola es arrinconado. Lo pierde todo. Y sólo salva la vida merced a una precipitada huida. Los avances del comunismo sólo han llegado merced a los zánganos que, unas veces por cálculo, otras por maquiavelismo de vía estrecha, otras por pura estupidez, y siempre por egoísmo personal, creyeron salvar la piel o la hacienda, sacrificando el honor. Y se quedaron sin honor, y también sin vida y sin hacienda, en tantos casos como hemos visto. No comprendieron que, como dijo Calderón,

"... él traidor no es menester, siendo la traición pasada".
Y así, las Tonterías de los Listos hicieron posibles los Crímenes de los Buenos

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Departamento de Estado U.S.A - " War and Peace ".

Libro Blanco Alemán.

Documentos Polacos relativos a la Historia de los orígenes de la Guerra

Actes de la Société des Nations.


ÍNDICE

PROLOGO

PARTE I

LA RESPONSABILIDAD DE ALEMANIA EN EL DESENCADENAMIENTO DE LA GUERRA

JUDAÍSMO Y III REICH

OFENSIVA DIPLOMÁTICA DEL SIONISMO CONTRA ALEMANIA

INTENSIFICACIÓN DE LA OFENSIVA SIONISTA Y PRESIÓN SOBRE VARIOS GOBIERNOS

LA POLÍTICA EXTERIOR DE HITLER

EL PACTO FRANCO-SOVIÉTICO

LAS DEMOCRACIAS ECHAN A MUSSOLINI EN BRAZOS DE HITLER

REMILITARIZACION DE RENANIA

1937: AÑO DE TRANSICIÓN

EL "ANSCHLUSS"

DEL DISCURSO DE LA CUARENTENA A LA CONFERENCIA DE EVIAN

RADICALIZACIÓN DE POSICIONES EN 1938

CHECOESLOVAQUIA: ROMPEACABEZAS GEOPOLITICO

EL PACTO DE MUNICH

EL FIN DE CHECOESLOVAQUIA Y EL SALTO A PRAGA

LA "KRISTALLNACHT"

EL CLAN BELICISTA

EL GIRO COPERNICANO DE LA CITY Y LA "DRANG NACH OSTEN"

— 301 —

MANIPULACIÓN DE PATRIOTISMO POLACO

EL CHEQUE EN BLANCO

PÍO XII, EL PÁPA DE LA PAZ

CUATRO MILLONES Y MEDIO DE REHENES

UNA CARRERA CUYA META ES MOSCÚ

LA CUENTA ATRÁS

POLONIA, POLONIA ...!!!

COMO SE DECLARA UNA GUERRA DEMOCRÁTICAMENTE

¿ PORQUE ?

LA GUERRA IDIOTA

LA GUERRA CONTRA LOS NEUTRALES

ATAQUE ALEMÁN A RUSIA

ELIMINACIÓN DEL CONCEPTO DE NEUTRALIDAD

LAS MANIOBRAS DE ROOSEVELT

LA CARTA DEL ATLÁNTICO

LA ENCERRONA DE PEARL HARBOUR

LA GUERRA MUNDIAL

PARTE II

LOS CRÍMENES DE GUERRA

EL CALVARIO DE LOS CIVILES ALEMANES EN POLONIA

EL ATAQUE A LA ESTACIÓN DE GLEIWITZ

MANDEL, ASESINO DE PRISIONEROS

VARSOVIA Y ROTTERDAM. O LA GUERRA DE FRANCO-TIRADORES

LA GUERRA DEL HAMBRE

CRÍMENES NAVALES

LOS ALIADOS Y LAS LEYES DE LA GUERRA

EL TERRRORISMO AEREO

LA GUERRA DE PARTISANOS

MATANZAS DE PRISONEROS

MATANZAS DE CIVILES

— 302 —

PARTE III

LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD

EL SAQUEO DE ALEMANIA

LOS CONSEJOS DE LA VENGANZA

DOS ACTITUDES

SEVICIAS CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL

DEPORTACIONES MASIVAS DE ALEMANES EN EL ESTE DE EUROPA

LA " REEDUCACIÓN " DE ALEMANIA

EL CASO WIESENTHAL

TRAFICO DE ESCLAVOS EN EL SIGLO XX

PATTON Y MORGAN

LOS "AUSLANDSDEUTSCHE"

LOS EXPOLIOS TERRITORIALES

EL EXTRAÑO CASO DE AUSTRIA

LA OPERACIÓN "KEELHAUL "

LA LIBERACIÓN DE EUROPA

EL CASO DE ITALIA

LAS PARADOJAS INGLESAS

RESUMEN NUMÉRICO DE LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS

LOS BUENOS Y LOS INTELECTUALES

FINIS CORONAT OPUS

EPILOGO: LOS ZÁNGANOS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE