texto originalmente publicado por
AAARGH
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adaptación internet:
Colectivo Tropical de Revisionismo
CTR
2005
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PRIMERA PARTE SEGUNDA PARTE TERCERA PARTE
OFENSIVA DIPLOMÁTICA DEL SIONISMO CONTRA ALEMANIA
INTENSIFICACIÓN DE LA OFENSIVA SIONISTA Y PRESIÓN SOBRE VARIOS GOBIERNOS
LA POLÍTICA EXTERIOR DE HITLER
LAS DEMOCRACIAS ECHAN A MUSSOLINI EN BRAZOS DE HITLER
DEL DISCURSO DE LA CUARENTENA A LA CONFERENCIA DE EVIAN
RADICALIZACIÓN DE POSICIONES EN 1938
CHECOESLOVAQUIA: ROMPEACABEZAS GEOPOLITICO
EL FIN DE CHECOESLOVAQUIA Y EL SALTO A PRAGA
EL GIRO COPERNICANO DE LA CITY Y LA "DRANG NACH OSTEN" MANIPULACIÓN DE PATRIOTISMO POLACO
CUATRO MILLONES Y MEDIO DE REHENES
UNA CARRERA CUYA META ES MOSCÚ
COMO SE DECLARA UNA GUERRA DEMOCRÁTICAMENTE
LA GUERRA CONTRA LOS NEUTRALES
ELIMINACIÓN DEL CONCEPTO DE NEUTRALIDAD
EL CALVARIO DE LOS CIVILES ALEMANES EN POLONIA
EL ATAQUE A LA ESTACIÓN DE GLEIWITZ
MANDEL, ASESINO DE PRISIONEROS
VARSOVIA Y ROTTERDAM. O LA GUERRA DE FRANCO-TIRADORES
LOS ALIADOS Y LAS LEYES DE LA GUERRA
MATANZAS DE CIVILES
LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD
SEVICIAS CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL
DEPORTACIONES MASIVAS DE ALEMANES EN EL ESTE DE EUROPA
LA " REEDUCACIÓN " DE ALEMANIA
TRAFICO DE ESCLAVOS EN EL SIGLO XX
RESUMEN NUMÉRICO DE LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS
LOS BUENOS Y LOS INTELECTUALES — 3 —
Pero yo creo, tozudamente, estúpidamente, en la Verdad. Quiero creer en la Verdad. Me empeño en creer que acaba por triunfar de todo, incluso de la imagen que se ha creado industrialmente. Y que triunfara cuando llegue el Nuevo Amanecer, que probablemente no veremos, ni esta generación ni la próxima, ante el maniqueísmo imperante en nuestra época, con unos ángeles de la Virtud y unos réprobos derrotados por aquellos.
El proceso que se abrió, y que aún continúa abierto, contra Alemania, o, más exactamente, contra el nacional-socialismo y las doctrinas más o menos afines que intentaban derrocar el ideado político del siglo XIX -- el siglo de Marx y Stuart Mill -- tiene una base sólida; mucho más sólida de lo que generalmente se cree. Pero no es la que se proclama oficialmente urbi et orbi. Y las cosas, en verdad, son mucho más dramáticas de lo que se dice; el fundamento, el móvil de la acusación es mucho más tenebroso e inconfesable para los vencedores.
Los tribunales de los procesos de Nüremberg y de los centenares de procesos contra los vencidos afirmaron -- y afirman, pues la farsa pseudo-Jurídica continúa hoy, treinta y siete años después del final de la contienda -- que se habían erigido en Jueces porque ellos representaban a la Civilización y al Derecho. Esta es la explicación oficial, el sofisma oficial, pues consiste en adoptar, como base axiomática, lo que se halla, precisamente, en discusión. Los vencedores desplazaron a sus más doctos Juristas, heraldos de su propaganda, para sostener, impávidos, este razonamiento de criaturas:
"Durante seis años de guerra ideológica y otros seis de guerra real, nuestra radio y nuestros periódicos han repetido que sois unos bárbaros; habéis sido vencidos, luego sois unos bárbaros".
Pues es evidente que los Jueces de Nüremberg y sus sucesores no han dicho, no dicen otra cosa cuando se presentan como abanderados de la indignación unánime del mundo civilizado, indignación que su propia propaganda ha provocado, dirigido, sostenido y atizado y que, desde 1945 hasta hoy ha sido -- con la intensidad requerida por los diferentes casos -- provocada, sostenida, dirigida y atizada, a voluntad, como una plaga de saltamontes, contra todo país que no se plegaba a la nueva religión laica de la época: la Democracia, ya liberal, ya "popular". Pero no nos engañemos. Esta indignación prefabricada ha sido, y es aún, el principal fundamento de la acusación permanente contra los vencidos. Es la indignación del mundo civilizado la que impone el proceso continuo, martilleando retinas y cerebros masificados a través de prensa, radio y televisión a beneficio de las nuevas generaciones. Es esa indignación, finalmente, la que crea la verdad de los que gustan de autodenominarse demócratas, quien canaliza la persecución judicial de los supervivientes y los sucesores nostálgicos de los vencidos, y es ella, para resumir, quien lo es todo: los jueces de Nüremberg no son más que los escribas de esta unanimidad. Se
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nos coloca, a la fuerza, unas antiparras verdes y se nos invita, a continuación, a declarar que las cosas son verdes, del color de la esperanza. He aquí la realidad; he aquí, también, el programa de nuestro futuro.Pero la verdad sin adjetivos es otra. Los verdaderos fundamentos del Proceso de Nüremberg y de los miles de procesos que a su imagen y semejanza se repiten desde entonces, son otros. Por una parte, es el miedo de los vencedores políticos -- es decir, los vencedores auténticos -- de la última guerra. Por otra, el miedo de los vencidos políticos, antiguos aliados de aquellos. Miedo de los vencedores políticos, de los vencedores reales, es decir, de la Rusia Soviética y del Comunismo que ella encarna, que todavía recuerda cómo un adversario que debía atender múltiples frentes a la vez, le puso al borde de la derrota y le inflingió tremendos golpes pese a una apabullante inferioridad numérica y material; un adversario cuyo renacer hay que impedir por todos los medios, pues sería el núcleo del único adversario que podría con él... núcleo de una Europa auténtica, que nada tiene que ver con los tenderos del Mercado Común. Y para ello hay que desacreditarlo a los ojos de esta generación y de las que vendrán.
Miedo, también, de los vencidos políticos; de las democracias occidentales europeas, líderes mundiales hace cuarenta años y segundones vergonzantes hogaño, y también de la "Gran Democracia" americana, receptora de más bofetadas diplomáticas, políticas y militares -- Viet Nam -- que un payaso de feria. Es el miedo patológico de los viejos, el pánico senil; es el espectáculo de las ruinas, el pánico de los vencedores militares, de los cuarenta aviones contra uno, de los tres mil barcos contra quince submarinos, de las cuarenta naciones contra una, a la que han ido abandonando, uno tras otro, sus débiles aliados. Es el contemplar Hamburgo, Dresde, Colonia, Stuttgart. Es preciso que los vencidos sean unos malvados. Es indispensable que lo sean pues, si no lo fueran, si no fueran unos monstruos, ¿cómo justificar las ciudades arrasadas, las zonas residenciales incendiadas? ¿cómo justificar las bombas de fósforo ante las tropas de ocupación, ante los soldados del contingente de movilizados conscriptos, ante esos electores que un día volverán a sus hogares y hablarán con sus familiares, electores también? El horror de los vencedores militares, el interés de los vencedores políticos, la venganza vesánica de los pastores espirituales del Sionismo: he aquí los motivos verdaderos de la tramoya que a escala mundial se ha levantado y se sostiene con diabólica perseverancia. Este horror, este interés y esta venganza imponían transformar los bombardeos de fósforo contra ancianos, mujeres y niños en una Cruzada. Así se inventó, a posteriori, un derecho a la matanza, más aún, un deber a la matanza en nombre del respeto a la Humanidad, y una Ley de Lynch en nombre del respeto a la Justicia. Los que mataron, se nombraron a sí mismos, policías, fiscales, jueces y verdugos a la vez. Esta es la realidad. Esta es la única realidad. No hay otra, para el hombre masificado, sometido a un permanente lavado de cerebro por los llamados mass-media.
Y, no obstante, debe haber otra realidad. Hay otra realidad. Y es que frente a los crímenes, reales o inventados, exagerados en progresión geométrica las más de las veces, de los vencidos, algo se echa en falta. Incluso para el espíritu más mediocre parece evidente que algo más debe haber; que ante los demonios del Nazismo hubo, no ángeles, sino seres humanos, muy humanos, demasiado humanos, que cometieron torpezas y crímenes.
Hemos resuelto narrar estos crímenes, o, por lo menos, los que nos han parecido más relevantes. Pero no hemos querido limitarnos a una relación cronológica de abusos militares o civiles propiciados por los políticos del bando Aliado, en el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Nuestra relación abarca los crímenes cometidos por los "buenos" en el período histórico comprendido entre 1933 y 1982, es decir, en casi medio siglo de "fascismo" o lo que los mass media denominan tal. Los "buenos" son, evidentemente, los que como tal son presentados en este lapso de tiempo por prensa, radio y televisión. Son los "demócratas" -- tanto los del Este como los del Oeste -- entre 1933 y 1945; son los "anticolonialistas", integrantes de los llamados "movimientos de liberación nacional" en las antiguas colonias de los "buenos" precedentes, desde 1945 hasta hoy. Naturalmente, muchos de los "buenos" de antaño -- de hecho, y prácticamente, todos los países europeos y América -- han perdido ya tal categoría en beneficio de lo que, genéricamente, se denomina "la izquierda". El "Viento de la Historia", en expresión del General De Gaulle, sopla, aceleradamente, en dirección a la izquierda, y así el General Patton, que era de los "buenos" en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, se volvió "malo" al poco tiempo, como se volverían igualmente "malos" el General Wedemeyer, el General Clark, el General Mac Arthur, el Senador McCarthy, el General-Presidente Chiang-Kai-Chek, el General De Gaulle, el Presidente Nixon y un larguísimo et cétera.
Los crímenes de los "malos" ya han sido exhaustivamente relatados, fotografiados, disecados, expuestos, retocados, exhibidos y, sobre todo, exagerados, cuando no puramente inventados. Consideramos, pues, de todo punto supérfluo, epilogar nuevamente sobre ellos. En
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otro lugar nos hemos ocupado de algunos aspectos del tema [1]. En las páginas que siguen, y dentro de la tónica general de nuestra época, de "desmitificación" de los ídolos, con el objeto suplementario de contribuir a desarrollar la virtud de la modestia entre los vencedores, presentamos, basándonos no en testimonios emanados de los miserables vencidos, sino de los virtuosos vencedores, los crímenes de los "buenos". De los consagrados por la Opinión Pública -- es decir, por un par de centenares de escribas mercenarios -- como portadores de la espada flamígera de la Acusación en nombre de la Humanidad. Hay un aforismo jurídico que afirma que "a confesión de parte, exclución de prueba". Lo que sigue no es, pues, un alegato fiscal, sino una sentencia de la Justicia inmanente, pues de ninguno de los testimonios que citamos puede decirse que fue forzado o coaccionado. Esa sentencia, empero, no puede dirigirse contra los soldados que noblemente lucharon por una causa que creyeron justa ni contra las población civiles que, desde la retaguardia y en medio de penalidades y sufrimientos inherentes a toda contienda, les respaldaron con su aliento. Se dirige contra los fautores y beneficiarios de la II Guerra Mundial, que si oficialmente empezó en septiembre de 1939, realmente se inició en 1933 y todavía continúa, hoy en día, en plena paz... relativa, pues desde el 9 de Mayo de 1945, fecha oficial de la capitulación del III Reich, el incendio bélico no se ha apagado totalmente, surgiendo en cualquier punto del Planeta tan pronto como se apagaba en otro punto el incendio precedente. Esos fautores y provocadores de guerra son los auténticos culpables de los crímenes cometidos por sus ocasionales aliados, manipulados a su pesar y en contra de sus auténticos intereses. Y muchas veces, allí donde el estallido de las bombas ahogaba el bisbiseo enervante y azuzador del Gran Parásito, se llevaron a cabo acciones de noble generosidad, de uno y otro lado; acciones que los desgraciados políticos occidentales alentaron cuando les fue posible por no cuadrar en el esquema que su propaganda maniquea había trazado. La lucha en el desierto de África del Norte, por ejemplo, fue, hasta la llegada de Montgomery, una "guerra entre caballeros". A las tropas italianas del Duque de Aosta, que, cercadas en Etiopía, debieron rendirse, les rindieron honores militares las tropas rhodesianas del Ejército Británico que las habían vencido. Para citar acciones parejas en la lucha fraticida y estúpida entre europeos hay lo que los franceses llaman "L´embarras du choix".Ahí esté el caso del as de la Aviación Británica, Bader, que, al ser derribado su avión sobre el suelo alemán, se lanzó en paracaídas, enganchándosele una de las piernas ortopédicas en el aparato. Los alemanes se lo comunicaron por radio a los ingleses, los cuales enviaron un avión que lanzó, en paracaídas, una pierna ortopédica de repuesto para Bader. El avión inglés fue escoltado, durante todo el vuelo, por dos "cazas" de la Luftwaffe.
Las tropas de la Segunda División de Paracaidistas, al mando del General Hermán B. Ramcke, resistieron cercadas, en Brest hasta finales de septiembre de 1944.B General Troy H. Middleton que mandaba las tropas norteamericanas sitiadoras le conminó a rendirse: "Con sus oficiales y soldados, que por usted lucharon valientemente, pero que ahora son prisioneros, hemos hablado sobre la dotación de Brest... Usted ha cumplido plenamente con su deber para con su patria. Por lo expuesto, requerimos de usted, de soldado a soldado, poner fin a esta lucha desigual. Esperamos que usted, que ha servido con honor y que aquí ha cumplido con su deber, dará a esta propuesta su mejor atención". Ramcke fue explícito en su respuesta: "Rechazo su propuesta". Middleton una vez vencido le rindió honores militares y le permitió despedirse de sus tropas que respondieron al "Sieg Heil" de su General, con prolongados "Heil".
El más famoso de los generales alemanes de las fuerzas paracaidistas, el General Student fue juzgado ante un tribunal británico por su ocupación de Creta. El Fiscal pedía la pena de muerte en la horca, pero inesperadamente se presentó en la sala el general neozelandés Inglis, Jefe de las fuerzas británicas en Creta, quien ante la sorpresa del tribunal declaró que si Student era juzgado también tendría que serlo él. La lucha -- dijo -- había sido muy dura pero ambos bandos habían combatido con lealtad. Student fue condenado a 5 años de cárcel.
En Arnhem (Holanda), el General de la SS Bittrich concedió una tregua a los ingleses cercados para permitir a los camilleros de la Cruz Roja Británica que evacuaran a 2.200 heridos que pudieron, así, salvar sus vidas. En Cherburgo, las tropas alemanas, cercadas, resistieron, al igual que en Brest, hasta el final de la guerra. En vista de la caótica situación de la plaza, el mando alemán pidió permiso a Berlín para capitular. Como Cherburgo era un puerto importante que interesaba no cayera en manos de los Aliados, el permiso fue denegado. En tales circunstancias, y ante la ausencia absoluta de medicamentos para atender a los miles de heridos y enfermos que se encontraban en la plaza, un capitán inglés que estaba en Cherburgo, prisionero de los alemanes, se ofreció para atravesar la línea de frente y regresar a Cherburgo
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con un cargamento de medicinas. Así se hizo. Jugándose la vida, el oficial británico llegó a las líneas aliadas y cumplió su misión; trajo las medicinas y se constituyó, nuevamente, prisionero.El espíritu de la Cultura Occidental, con sus valores de generosidad, caballerosidad e hidalguía se puso de manifiesto a menudo en la contienda. Somos conscientes de ello, y nos interesa ponerlo de manifiesto para que quede bien claro que las páginas que siguen no constituyen en Acta de Acusación contra ninguno de los nobles pueblos que intervinieron, a su pesar, en ella, sino contra el Gran Parásito que les manipuló, en su provecho y que utilizó, a tal fin, al desecho biológico de sus pueblos-huésped.
El Tribunal Militar Internacional de Nüremberg, que juzgó a los "Malos", tipificó tres clases de delitos mayores, a saber:
- Los crímenes contra la Paz.
- Los crímenes de Guerra.
- Los crímenes contra la Humanidad,
y otras tres clases de delitos (relativamente) menores, a saber:
- El complot nazi.
- La pertenencia a las SS.
- El delito de opinión.
Naturalmente, los "buenos" no cometieron esos delitos menores. Pero lo compensaron largamente con una comisión impresionante, a nivel industrial, de delitos mayores. Vamos a empezar por la responsabilidad en el desencadenamiento de la guerra que debe ser, según Perogrullo, -- personaje que gozó de gran fama en épocas menos moralizantes y cultas que la actual -- el mayor crimen que se puede cometer contra la paz.
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Con no poca razón el llamado hombre de la calle comulga con la creencia de que el principal "crimen de guerra" es el desencadenamiento de la guerra misma. Es evidente que los denominados "crímenes de guerra" no se hubieran producido si ésta no hubiera estallado. La responsabilidad de una guerra, incumbe, en primer lugar, a los que la provocan. El hecho material de la declaración de hostilidades es, así, secundario. Que quien declara una guerra puede ser "culpable" de la misma, o, simplemente, haber caído en una celada o en una provocación del adversario es evidente. Pero no parece menos evidente que quien declara, formalmente, una guerra, por fuerza tiene un grado -- mayor o menor -- de responsabilidad en su desencadenamiento.
Utilizamos, ex-profeso, el lenguaje teológico de la política-ficción de nuestra época, cultivadora del género moralizante ad nauseam, que necesita coartadas morales para justificar ante sus súbditos -- y nunca mejor empleada esa palabra -- la progresiva invasión de las competencias particulares. Así, mientras se perora interminablemente sobre la Justicia, la humanidad y la tolerancia, los, medios de destrucción, de opresión y de tortura, tanto de individuos como de pueblos y etnias llegan a un grado de perfeccionamiento jamás alcanzado ni imaginado. Y utilizamos el mismo lenguaje, con fines puramente polémicos, para situarnos en el mismo terreno en que se colocan los fautores de la Opinión Pública, escritorzuelos a tanto alzado que siguen, lo sepan o no, lo quieran o no, un programa que les ha sido trazado por quienes les pagan y, por consiguiente, les mandan.
Si Clausewitz no erraba al afirmar que la guerra es la continuación de la política con otros medios, es evidente que más que hablar de la responsabilidad formal en el desencadenamiento de la guerra, habría que hacerlo refiriéndose a la puesta en marcha de una política belicista cuyo corolario final fue el estallido formal de hostilidades, en Septiembre de 1939.
Es innegable que el enemigo número 1 del Judaísmo Internacional era, a principios de los años treinta, Adolfo Hitler. El, y su Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán imputaban a los judíos alemanes la derrota de 1918 y hacían del antisemitismo político y racial uno de los "leitmotiv" de su programa. Así, es de suponer el suspiro que debió exhalarse en las sinagogas de todo el mundo -- y no solamente de Alemania -- cuando el 8 de Noviembre de 1932 pudo leerse en Le Populaire, órgano oficial del Partido Socialista francés, esta frase de León Blum:
Las antiparras del millonario socialista tenían los cristales empañados. Tres meses escasos después de la publicación del artículo en cuestión, Hitler tomaba el poder. Y lo tomaba merced a una victoria electoral, de cuya pureza democrática nadie discutió. El 30 de Enero, Hitler era nombrado Canciller del Reich. El 7 de Abril se promulgaba la ley que introducía en el estatuto de
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los funcionarios la llamada "cláusula aria", por la cual se denegaba a los ciudadanos israelitas la calidad de "ciudadanos alemanes", quedando sometidos al régimen de extranjería, quedando, por tal motivo, excluidos de las funciones públicas. El 25 de Abril se introducía el "numerus clausus" en las escuelas de enseñanza secundaria y en la Universidad. Unos días más tarde aparecían las prohibiciones a los judíos alemanes de dedicarse a determinadas profesiones, tales como abogados, periodistas, empleados de banca, y militares. Por otra parte, quedaban excluidos del Servicio Militar.Los judíos prominentes -- no todos ellos, pero sí la mayoría -- emprenden el camino del destierro. En Londres, en Nueva York y en París encuentran a compatriotas -- o, si se prefiere, corraciales -- aterrados. Alemania había sido, hasta entonces, junto con Inglaterra y los Estados Unidos, una de las "tierras de Canaan" preferidas por los judíos. No solamente constituían allí una colonia numerosa, sino que, además, eran prácticamente omnipotentes. Sus capitanes de industria llevaban el timón de la industria -- relativamente -- y del comercio y la finanza -- absolutamente -- mientras sus profetas fabricaban la opinión de las masas obreras. Alemania era el país de Rothschild y del Sindicato Rhenano-Westfaliano, uno de los principales financiadores de la Revolución Rusa, era el país de Marx, de Engels y de Lasalle. Albert Ballin había sido el amigo y consejero de Guillermo II, aunque al final, según la opinión de Hindenburg, le traicionara. Rathenau, el magnate de las industrias eléctricas, había llegado a presidir el destino de una Alemania vencida. Y aún había hecho más. Había contribuido poderosamente a la consolidación del régimen soviético en Rusia con la firma del Tratado de Rapallo, verdadera traición a los intereses, no sólo de Alemania, sino de todo el Occidente. Y he aquí que ese país que se consideraba conquistado por Israel, he aquí que esa fortaleza de Judá, era el teatro de una serie de medidas discriminatorias contra los ciudadanos alemanes de origen racial judío.
Evidentemente, para juzgar los hechos hace falta una perspectiva histórica. No es válido valorar una situación determinada, acaecida en un determinado país hace cuarenta y cinco años, basándonos en los criterios que los mass media han impuesto como "naturales" hogaño. Las medidas tomadas por Hitler y su régimen contra los Judíos alemanes podrán ser todo lo aberrantes que quiera. Pero lo que no admite discusión alguna es que, entonces, numerosos países tomaban medidas similares -- o, en algunos casos, peores -- contra determinados ciudadanos suyos por los motivos más dispares.
Así, resulta que en la democrática Inglaterra, un Rey -- Eduardo VIII -- debía dimitir por pretender casarse con una divorciada. Pero si hubiera sido católico no hubiera sido, siquiera, coronado monarca. Y no sólo discriminaba contra divorciados y católicos la Corona inglesa; no sólo se impedía y se ponía trabas al libre ejercicio del derecho al voto -- como se sigue haciendo hoy día -- a los cafeínas del Ulster. En todo el Imperio Británico se ejercían discriminaciones contra millones de súbditos. Así, por ejemplo, en el Dominio de Sudáfrica, los matrimonios entre miembros de las distintas comunidades blanca, negra e india estaban prohibidos. En la Colonia del África del Sudoeste, una ley del 18 de Julio de 1934, y que continuó en vigor durante casi treinta anos, es decir, hasta mucho después de la muerte de Hitler, consideraba delito, no ya el matrimonio, sino las relaciones extra-conyugales entre blancos y negros, imponiéndoles una pena de cinco años de cárcel o la expulsión del país.
En el Dominio de la India, existía -- y, hasta cierto grado continúa existiendo hoy día -- una complicada organización de castas; los parias, por ejemplo, tenían escasamente más derechos que un animal y hasta les estaba vedado cambiar de residencia sin permiso de sus amos. La situación de estos desgraciados, diez veces más numerosos que los Judíos en Alemania, era infinitamente peor; al fin y al cabo, a parte de estarle vedado el acceso a determinadas profesiones por considerarles extranjeros, los Judíos gozaban de los demás derechos, incluidos el de libre desplazamiento. De hecho, lo que deseaban las autoridades alemanas era que migraran fuera del país. En todas las Colonias de Su Majestad estaba prohibido, por práctica y por ley, el acceso de los nativos a cargos políticos de algún relieve, y en el Dominio del Canadá se descriminaba y se continuaba discriminando hasta hace pocos años, contra la población francófona, a pesar de constituir casi el 40 % de la población.
En los Estados Unidos de América, otro bastión de la Democracia, a los indios aborígenes, supervivientes del mayor "genocidio" colectivo del que habla la Historia, se les aparcaba en "reservas", cobrándose una "entrada" a los que deseaban visitar aquel Zoológico humano. En trece estados del Sur de la Unión estaba prohibido por la Ley el matrimonio entre blancos y negros, a los que incluso se obligaba a viajar en compartimentos reservados y a comer en restaurantes separados. Los negros no podían mandar a sus hijos a las Universidades de los blancos ni podían ser elegidos representantes del Pueblo. Además, incluso les estaba prohibido, en nueve estados, el ejercicio del derecho al voto. Es más, en plena "Guerra de la Democracia",
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en Junio de 1944 estalló una huelga en el Estado de Ohio porque una fábrica de aereoplanos de doce mil obreros admitió por primen vez, a siete negros.En los trece departamentos franceses de Argelia a los árabes aborígenes les estaba vetado el ejercicio del derecho de voto. No así a los "pied-noirs" blancos y a los judíos. En el territorio metropolitano estaba en vigor la llamada "Ley Marchandeau" que prohibía todo ataque especifico contra los judíos, de cualquier nacionalidad. Esa era una ley de privilegio, toda vez que la Ley francesa autorizaba cualquier ataque contra cualquier grupo racial, religioso, o nacional determinado.
En la llamada -- sin sonreír -- "Democracia" Soviética, la ley ejercía corta pisas discriminatorias contra ciudadanos en razón de su posición social o religiosa. Para estudiar determinadas carreras en la Universidad era, -- y continúa siendo -- preciso pertenecer al Partido Comunista. Esta medida ya discrimina contra casi el noventa y cinco por ciento de los ciudadanos soviéticos. Por otra parte, y sancionadas o no por la Ley, existían numerosas prácticas corrientes en la vida política de aquélla singular democracia, no siendo la menor la llamada "Ingeniería Social" consistente en la mutación forzosa de poblaciones, tal como se hizo con dos millones de ucranianos en 1938 y con medio millón de alemanes del Volga, llevados en condiciones infrahumanas a Siberia, donde desaparecieron sin dejar rastro.
El cargo principal que hacían los alemanes a su comunidad judía consistía en la actitud de los líderes espirituales de la misma, denigradores de todo lo alemán sin excepción alguna conocida y partidarios de la intangibilidad de Tratado de Versalles. Se quejaban, también, los jerarcas nazis, del absolutamente desproporcionado predominio de los judíos en la vida social y política de Alemania, de su control total de los partidos Marxistas y de su preponderancia en las estadísticas de delitos comunes y sociales. El régimen nacionalsocialista, en fin, abogaba por un estado ario al frente de una nación aria, entendiendo por "ario" blanco o "indoeuropeo", y no necesariamente nórdico germánico como ha pretendido ex post facto la propaganda aliadófila para indisponer a los alemanes junto con el resto de europeos. Un judío, era a todos los efectos, considerado, no-alemán, es decir, extranjero, y en todos los países del mundo se establecen una serie de medidas restrictivas contra los extranjeros.
No hay, pues, nada de extraordinario en las medidas excepcionales adoptadas por el Nacional-Socialismo contra los judíos alemanes. Medidas, por otra parte, totalmente democráticas, toda vez que la mayoría de alemanes que dieron sus votos a Hitler conocían perfectamente -- no podían ignorarlos -- los puntos programáticos del joven Partido; concretamente los puntos 4, 5, 6, 8,18 y 23 aducían a la supresión de la influencia judía y de su participación como co-nacionales en la vida estatal. No vamos a entrar, ahora, en la polémica de si las adjetivadas aprensiones de Hitler sobre los judíos eran fundadas o no. En otra obra nos ocupamos de ello [2]. Ahora bien, lo que debe forzosamente llamar la atención es la atonía de los mass media de la época ante discriminaciones flagrantes como las que mencionamos más arriba; en vez de ocuparse de las discriminaciones raciales y religiosas existentes en el Imperio Británico, los medios de comunicación ingleses se preocupaban de la suerte de los Judíos alemanes. Los periódicos y emisoras de radio norteamericanas, francesas y rusas no decían nada -- entonces -- de nueve millones de negros, un millón de indios pieles rojas, siete millones de árabes argelinos y docenas de millones de rusos; lo único que turbaba la buena digestión de sus banquetes democráticos era la situación de medio millón de judíos alemanes los cuales, si no estaban aparcados en reservas y tenían muchos más derechos reconocidos que un paria, un negro y un soviético, sí podían emigrar a otros países, vedado esto a decenas de millones de súbditos de países democráticos, empezando por la democracia soviética.
Que un estado soberano dicte normas excepcionales contra una parte de sus habitantes podrá ser -- o parecer -- moral o no. La cuestión no es esa. La cuestión estriba en la legalidad y la legitimidad de tales medidas, que sólo discutió la Gran Prensa Mundial cuando el III Reich las aplicó contra sus judíos, guardando atronador silencio, de momento, sobre sus respectivos casos particulares, actualizando la bíblica parábola de la paja y la viga.
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sistemático de los productos alemanes, hasta que no se haya devuelto a los Judíos de Alemania todas las facilidades, que les han sido arrebatadas, de existencia moral, y no hayan sido restituidos en la integridad de derechos de los demás ciudadanos alemanes." Firmaban el documento, la Liga Internacional contra el Antisemitismo; un titulado Comité de Defensa de los Judíos Perseguidos en Alemania; el Comité Francés en Pro del Congreso Mundial Judío y la Asociación de Antiguos Combatientes Voluntarios Judíos.Una observación: Dejando aparte la Liga Internacional contra el Antisemitismo que, aunque radicada legalmente en París puede invocar un carácter supranacional, y el Comité de Defensa de los Judíos Perseguidos en Alemania, cuyos miembros eran, en su casi totalidad, de nacionalidad alemana de origen, las otras dos asociaciones eran, indudablemente francesas y, por consiguiente, sometidas a la legislación francesa. Su telegrama, dirigido a un jefe de estado vecino, oficialmente amigo -- puesto que Francia mantenía relaciones diplomáticas normales con el III Reich -- y soberano, constituía una flagrante ingerencia en los asuntos internos del mismo. Imaginémonos la barahúnda internacional que se hubiera armado entonces si el Canciller Hitler llega a mandar un telegrama al Presidente de la República Francesa -- o si tal telegrama lo hubiera redactado el Jefe de las SA -- anunciando un boycot de los productos franceses en Europa Central por dar acogida en Francia a refugiados judíos, enemigos políticos de Alemania. O, dando un salto en el espacio y en el tiempo, si la Reina de Inglaterra -- o el Lord Chambelán de la Orden del Baño -- le mandara un telegrama redactado en parecidos términos a Brejnev en protesta por el tratamiento dado por los soviéticos a la comunidad de musulmanes kirghizes en el Turkestan Ruso. Y otra observación: esas cuatro organizaciones judías, con su actitud, dan la razón, paradójicamente, al Canciller Hitler y al Profesor Herzl, quien afirmaba que un judío, independientemente de su lugar de nacimiento, era siempre judío; por encima de todo, judío. Esa solidaridad judía no tiene parangón en el mundo. Inglaterra ha tenido -- y tiene -- diferencias con los irlandeses, pero nunca la comunidad irlandesa de los Estados Unidos, numéricamente tan importante como toda la Judería mundial, ha amenazado con boycots al Imperio Británico, ni siquiera ha intervenido en un plan formal, limitando su acción a enviar medicamentos y alimentos, en contadas ocasiones. Los Estados Unidos han tenido problemas con las -- más o menos -- "hispánicas" Cuba, Puerto Rico y México, sin problemas con España.
Nunca una minoría halógena, a lo largo y ancho de toda la historia del Mundo ha creado tantos problemas a los más diversos países con su sentido de la cohesión y la solidaridad racial que hace caso omiso de las fronteras y las nacionalidades oficiales.
En Agosto de 1933, se reunía en Praga el Congreso de Organizaciones Sionistas Mundiales, que se irrogaba, con razón o sin ella, la representatividad de siete millones de judíos esparcidos por todo el mundo, fieles todos ellos al ideario sionista. Este Congreso pide a Inglaterra que facilite la inmigración de tres millones de judíos a Palestina, entonces Mandato Británico. El Gobierno Británico, no se da por aludido; es más, pese a mantener inhabitados y hasta inexplorados inmensos territorios de su Imperio, ni siquiera ofrece una solución de recambio a los sionistas. El Congreso Mundial Judío aprovecha, también, la oportunidad para lanzar una violenta diatriba contra Hitler, que tampoco se da por aludido ni siquiera presenta una protesta diplomática formal ante el Gobierno Checoeslovaco, lo que hubiera estado perfectamente justificado. A principios de 1934, en Nueva York, Samuel Untermeyer crea un organismo supranacional denominado "Boycot Internacional contra los Productos Alemanes", que empieza a actuar con notable eficacia. El sionista Untermeyer afirmaba representar a más de dos docenas de asociaciones judías de veintisiete naciones, cuyos miembros totalizaban ocho millones. El tal Untermeyer se movió, durante años, a través de más de medio mundo; con discreción en algunos países, sin ella en otros, como en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos.
El Gobierno Alemán hubiera estado en su perfecto derecho al presentar notas de protesta diplomática, pero no lo hizo. Casi simultáneamente, la titulada "Conferencia Nacional de Judíos y Cristianos", reunida en Nueva York bajo la doble presidencia del Gentil Carlton J. Hayes y del Judio Roger W. Strauss, organizaba un boycot contra las líneas marítimas y compañías de viajes alemanas, así como un comité para "vigilar las actividades de los norteamericanos de origen alemán en los Estados Unidos." Las declaraciones de personajes judíos de auténtico rango y representatividad, en contra de Alemania y su régimen son innumerables. El Rabino Stephen Wise, sionista y miembro del "Brains Trust" del Presidente Roosevelt, manifestó, el 8 de Mayo de 1933: "Soy partidario de la Guerra Santa contra Hitler. ¡Quiero la Guerra!" [3].
Similares declaraciones, aunque más veladas en la forma, hacen personalidades del relieve de Louis D. Brandéis, Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos; Bernard Mannes
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Baruch, el llamado "Procónsul de Judá en América", hombre que, aunque nunca fue votado por el pueblo Norteamericano, tuvo un poder omnímodo, siendo sucesivamente "Consejero" de los Presidentes Woodrow Wilson, Hoover, Roosevelt, Truman y Eisenhower; Félix Frankfurter, Ministro de Justicia y Henri Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro (Ministro de Hacienda) y Samuel Rosenman, el redactor de los discursos del Presidente Roosevelt.Morgenthau tuvo la franqueza de declarar la guerra a Hitler, incluso antes de que las medidas discriminatorias del Nacional-Socialismo contra el Judaísmo alemán se hicieran públicas: "Los Estados Unidos han entrado en la fase de la Segunda Guerra Mundial" [4].
En Francia, los emigrados Judíos también alborotan lo suyo, desde escritorzuelos como Remarque y Arnold Zweig hasta autores de categoría, como Thomas Mann, pasando por científicos de innegable relieve, como Albert Einstein. Victor Basch, un hebreo de nacionalidad francesa, que ostenta la presidencia de la "Liga Mundial de la Paz", organización cripto-comunista, insulta groseramente a Hitler y le vaticina que, lo quiera o no, tendrá una guerra antes de cinco años. Basch, ciudadano francés, está cometiendo un delito de acuerdo con el Código Penal del país en que reside, al insultar a un jefe de Estado extranjero con el que su (¿su?) patria mantiene relaciones diplomáticas normales. Pero la Justicia Francesa le deja tranquilo. La Embajada Alemana se limita a cursar una protesta formal a la que el Quai d' Orsay ni se digna contestar. En Inglaterra, el Capitán Sean, un judío, arranca la corona que un emisario de Hitler ha colocado en el monumento a los muertos en la Primera Guerra Mundial, y la arroja al Tamesis. De acuerdo con el Código Civil, el Penal y el de Justicia Militar vigentes en el Reino Unido en aquél entonces, a ese Capitán le correspondían, como mínimo, seis meses de arresto. En lugar de ello, unos días después logra un ascenso en el escalafón. Es Ministro de la Guerra del Imperio Hore Belisha, un judío; el primero de su raza que logra alcanzar tal rango.
Las provocaciones son constantes y, por lo que atañe a la comunidad judía de Alemania, no sirven más que para agravar su situación. Los nazis en efecto, afirman que, tal como aseguraba Herzl, el padre del Sionismo moderno, e infinidad de prohombres de su raza, el judío es, antes que nada y por encima de todo, judío, independientemente de su nacionalidad de pasaporte. Se comprenden las protestas de los judíos alemanes contra el Nazismo; puede, hilando muy delgado, admitirse una corriente de simpatía de los judíos del resto del mundo hacia los judíos alemanes y, por vía de consecuencia, de antipatía, contra el gobierno legal de Alemania. Pero lo que no puede admitirse, desde el punto de vista de un patriota holandés belga, francés, inglés o turco, es que un conciudadano suyo, por el mero hecho de pertenecer a la comunidad judía, pretenda involucrar a su patria oficial en sus querellas supra-nacionales con otro país.
He aquí el quid de la cuestión: Según Hitler y según Herzl, según Goebbels y según Chaim Weizmann, un judío es antes judío que alemán. Hitler y Goebbels no lo pueden tolerar en Alemania, y, aprobados por la mayoría democrática de su pueblo, deciden colocarles en el lugar que, a su juicio les corresponde: el de extranjeros, a los cuales les está vedado el acceso a determinados cargos y empleos, aunque, paralelamente, tampoco se les exija -- como extranjeros -- la contraprestación de determinadas obligaciones como el servicio militar. Y los judíos del mundo entero, al reaccionar con tal vehemencia y unanimidad, parecen darle la razón al Führer y no hacen más que agravar el caso de los judíos residentes en Alemania.
El infatigable Samuel Untermeyer convocó, en Holanda, otra "Conferencia Judía Internacional del Boycot contra Alemania", el 7 de Agosto de 1933, desde las antenas de la emisora de radio W.A.B.C. en su calidad de Presidente de la "Federación Mundial Económica Judía" Untermeyer declaraba, en nombre de los organismos que representaba, la guerra a Alemania. Así de concreto: una guerra económica, diplomática e ideológica, pero guerra al fin.
Unas semanas después, fundaba la titulada "Non-Sectarian Boycot League of America", cuya finalidad consistía en vigilar a los ciudadanos norteamericanos que comerciaban con Alemania, con objeto de intimidarles mediante medidas económicas y de presión social.
En Enero de 1934, Wladimir Jabotinsky, fundador del Movimiento Sionista Revisionista Polaco, escribía en la revista "Nacha Recht":
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Se trata de una confesión de talla, hecha por una figura política de talla, al menos en el mundillo político Judío. En el curso de 1934 se intensificó la ofensiva sionista contra Alemania.
Esta ofensiva era multilateral, abarcando las más variadas facetas. Desde la elaboración de listas negras de empresas que trabajaban con Alemania, hasta el boycot contra la participación de un equipo de atletas alemanes en un torneo londinense [5]. David A. Brown (a) Braunstein, Presidente de la "United Jewish Campaign" en los Estados Unidos dijo al escritor Edmondsson:
En Inglaterra se creó un "Consejo Representativo Judío para el Boycot de los Bienes y Servicios Alemanes". Ese organismo tenía por misión hacer el vacío comercial a las firmas inglesas que, a pesar de todos los obstaculos, seguían trabajando con el Reich. Por otra parte, dos prohombres judeo-británicos. Lord Melchett, Presidente del mastodóntico trust "Imperial Chemical Industries", y Lord Nathan, fundaban un "Joint Council of Trades and Industries", cuya finalidad era extender a todo el mundo las mismas actividades que en un ámbito puramente inglés llevaba a cabo el ya mencionado "Consejo Representativo Judío". También apareció una "Women's Shoppers League", que boycoteaba los productos agrícolas alemanes, y un "British Boycot Organization", fundada por el israelita Capitán Webber, que pretendía organizar una guerra económica antialemana en países en que predominaba la influencia política inglesa.
La influencia Judía también se manifestaba en la forma de presiones a Los gobiernos democráticos occidentales. Esa influencia, derivada del prepotente poderío económico y financiero de las respectivas comunidades judías explica decisiones tan incomprensibles como la tomada por el Gobierno Británico, al enviar a tomar parte en las negociaciones financieras anglo-alemanas, celebradas en Berlín en Noviembre de 1934, al judío S. D. Waley. Se objetará, no sin razón, que un gobierno soberano, en ese caso el gobierno inglés, está en su perfecto derecho de mandar al extranjero, representantes suyos, a miembros de las razas o religiones que considere oportuno. Nadie podrá discutir ese derecho. Ahora bien: lo que es discutible, empezando por el punto de vista del propio interés inglés y siguiendo por el de la cortesía, es la procedencia de mandar a Waley, un sionista notorio, a discutir con los jerarcas nazis. Es como si, en la actualidad, el gobierno norteamericano mandara de embajador en la Arabia Saudita a un rabino, o de cónsul en Hiroshima al piloto del avión que arrojó sobre aquélla ciudad la primera bomba atómica. Árabes y japoneses tomarían tales nombramientos como calculados bofetones diplomáticos, y nadie podría culparles por ello. En Abril de 1934, Herbert Morrisson, Alcalde de Londres y Líder del Partido Laborista, habló en un mitin celebrado para recaudar fondos para el "Jewish Representative Council for Boycot of German Goods and Services". Dijo:
Si se quiere comprender algo, si se quiere desentrañar el misterio de esa insólita curva de temperatura, es preciso entrar en el detalle de las cosas. Así, por ejemplo, en el seno de la entonces todopoderosa City -- la célebre milla cuadrada que contiene a los bancos, compañías de seguros y financieras y grandes empresas navieras del Imperio -- confluyen dos corrientes:
una, pacifista, la otra belicista.
A la cabeza de las grandes sociedades habían ingleses. Habían también y sobre todo, muchos judíos. Los Rothschild, los Lazard, los Sassoon, los Hambro, los Mosenthal, los
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Bergson, los Lewis, los Hess, los Neumann, los Sieff, los Isaacs, y mil más, pues sólo hemos citado unos nombres al azar. Enumerar a todos los grandes financieros de la City en aquélla época exigiría páginas y más páginas, y si se pretendiera inscribir, frente a cada nombre, los consejos de administración a que pertenece el interesado, preciso sería redactar un libro.Champeaux, documentadísimo publicista francés, cita el caso de Issac Lewis, que no figuraba entre los cincuenta Judíos más ricos de Inglaterra, el cual formaba parte de veintidós consejos de administración de bancos, navieras, minas de oro y de diamantes, empresas exportadoras y destilerías de alcohol, ubicadas en Inglaterra y media docena de colonias y dominios [8].
La importancia de los judíos en la City está, por otra parte, corroborada por el lugar que ocupan en la sociedad. Empezando por Lord Rothschild, y continuando por Lord Reading (Rufus Isaacs), Lord Burnham (Levy-Lawson), Lord Melchett (Alfred Mond), Lord Astor, Lord Goschen, Lord Swaythling (Samuel Montagu), Lord Wandworth (Sydney Stern), Lord Michelham (Herbert Stern), Lord Montefiore y terminando por la legión de judíos y Judías emparentados con miembros de la más rancia nobleza británica, pasando por el centenar largo de judíos que tenían, entonces, derecho a usar el título de " Sir " [9]. Los judíos ocupan puestos políticos muy importantes. En 1867, Disraeli, al que luego se daría el título de Lord Beaconsfield, fue el primer judío que alcanzó la Jefatura de un gobierno europeo, y desde entonces una infinidad de Judíos han sido ministros, embajadores, virreyes y miembros del llamado "Consejo Privado", que dirigía, hasta 1939, la alta política inglesa, por encima del "democrático" Parlamento. Un hebreo originario de Alemania, Ernest Cassel, había sido el hombre de confianza de Eduardo VII y su nieta se casó con Lord Louis Mountbatten, sobrino del Rey. Si, desde 1933 hasta 1939 se observa como una irresolución, unas dudas crónicas en la política de los gabinetes conservadores, será preciso tener muy en cuenta que la City -- de la cual los gobiernos no son más que el instrumento -- se halla dividida. Los ingleses auténticos, los anglosajones, son pacifistas a cualquier precio, Los judíos ingleses admiten la idea de la guerra contra Hitler y muchos de ellos -- los más prominentes, precisamente -- consideran necesaria.
La historia de los gobiernos británicos, desde 1933 hasta 1940, es la historia de la lucha de la influencia inglesa y la influencia judía. Esta lucha terminará con la destitución práctica de Sir Neville Chamberlain, y su substitución por Churchill, el campeón del clan belicista.
Si, en 1934-35, gobiernan los conservadores, entre los que predomina el elemento puramente anglosajón, con Chamberlain, Sir Samuel Hoare, Runciman, Butler y Sir John Simon a la cabeza, la oposición, por su parte se compone de los liberales, seguidores de Lloyd George, y de los laboristas. Estos profesan un odio mortal a los regímenes totalitarios, cuya eliminación de la faz del mundo exigen. Aquéllos han incorporado a su programa los rencores de Lloyd George, el viejo abogado del Movimiento Sionista de Inglaterra. Por otra parte, Lloyd George debe actuar como lo exige la regla no escrita de la Democracia Moderna: si el Gobierno fuera belicista, él le reprocharía su imprudencia; como piensa, por el momento, exclusivamente en Ingles, y el pacifista, deberá reprocharle su tibieza. A estos dos elementos fundamentales de la Oposición se ha añadido, poco a poco, el elemento llamado "joven conservador", que exhibe unas ideas "avanzadas" en política exterior. Los jóvenes conservadores están tan convencidos como los viejos de la necesidad de "conservar" sus privilegios de clase, que consideran intangibles. Pero en lo tocante a política exterior, flirtean a menudo con los laboristas. Los jóvenes conservadores son "antifascistas".
El más inquieto de esos Jóvenes es Anthony Edén, séptimo barón de este nombre, y casado con una hija de Sir Gervase Beckett, miembro del consejo de Administración de la "Westminster Bank", y hermano del Presidente de ese mismo banco, Rupert Beckett. Junto a él, algo menos joven está Winston Churchill, hombre versátil, que, en esa época, es anticomunista, pero también antinazi, aunque en 1936, con ocasión de la Guerra de España se volverá pronazi, escribiendo, en sus libros Step by Step y Great Contemporaries, frases muy laudatorias sobre Mussolini y Hitler.
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El clan belicista -- con ese nombre se le denomina corrientemente -- influye poderosamente en las Trade Unions, los sindicatos ingleses. El problema italo-etíope les facilita una excusa para intervenir en política exterior, algo que, en teoría, le está vedado a un— 15 —
movimiento obrerista. El 3 de Septiembre de 1934, las Trade Unions celebran su Congreso Nacional en Margate, y su Secretario General, el hebreo Sir Walter Citrine, manifiesta insólitamente: "Para detener la agresión italiana contra Etiopía no hay otra salida que las sanciones, aunque éstas lleven en sí mismas el germen de la guerra". Cuando la ovación termina, añade: "Esas sanciones deberán ser igualmente aplicadas contra la Alemania de Hitler". Hitler responde, desde Berlín, que los sindicalistas ingleses ocuparían mejor su tiempo si lo emplearan en solucionar los problemas de los afiliados a sus propios sindicatos.El clan belicista actúa diligentemente en las colonias y dominios del Imperio Británico.
Así, por ejemplo, el General Smuts, Presidente de la Unión Sudafricana, manifestó en un discurso pronunciado en Capetown el 18 de Abril de 1934 que "...el mundo no puede permitir que el judío sea considerado un ciudadano de segunda fila". Es curioso que nadie parezca darse cuenta, en todo el Imperio, que, en el momento en que el General-Presidente Smuts pronuncia esa frase, en su propio país, la Unión Sudafricana quince millones de negros y tres millones de indios son, efectivamente, “ciudadanos de segunda fila" puesto que, al igual que los Judíos en Alemania, no se les permite ocupar ciertos cargos en la Administración y en la vida del país, ni votar ni ser elegidos. A indios y negros no se les permite convivir con los blancos en restaurantes, autobuses ni lugares públicos, algo que no les está vedado a los Judíos alemanes por el momento. No estamos haciendo una crítica del Apartheid; nos limitamos a dejar constancia de un hecho. El hecho de que para Smuts los problemas domésticos de Alemania son más importantes que los de la Unión Sudafricana.
El órgano oficial de la Judería Inglesa, Jewish Chronicle, al redactar una gacetilla obituaria sobre Jacob E. Marcovitch, un correligionario que es el "patrón" de los mas importantes periódicos egipcios, hace esta estupenda confesión de parte:
Algo similar ocurre en el Canadá y Australia, donde las influyentes comunidades Judías locales, apoyadas por Londres, agitan en contra de Alemania. Pero esto no es nada comparado con lo que ocurre en los Estados Unidos. Roosevelt, que acaba de ganar las elecciones a la Presidencia, se rodea de un "Brains Trust" cuya obsesión, más que preocuparse por los Estados Unidos, consiste en atacar al régimen que gobierna en Alemania. Este "Brains Trust", o Trust de los Cerebros, es un conglomerado de hombres de confianza del Presidente, que los ha nombrado a dedo. Ninguno de ellos ha sido elegido por el Pueblo Americano, pero tiene más influencia que cualquier alto funcionario legal. Este es un hecho que es inútil súbrayar, por sabido. He aquí los miembros de este insólito areópago: Fiorello La Guardia, alcalde de Nueva York; Herbert Lehmann, Senador del Estado Nueva York; Henry Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro; Harold J. Ickes, Secretario del Interior; el Juez Louis Dembitz Brandéis; el profesor Félix Frankfurter, Presidente del Tribunal Supremo; Samuel Rosenmann, que escribía los discursos presidenciales; el omnipotente Bernard Mannes Baruch, titulado "Asesor Especial de la Presidencia"; Jerome N. Frank; Mordekai Ezekiel; Donaid Richberg, de la Comisión de Inmigración; Ben Cohen; David Lilienthal; Nathan Margold; Isador Lubin; Gerald Swoope, prominente banquero; David K. Niles; el Juez Cardozo, del Tribunal Supremo; Joseph E.
Davies, que sería Embajador en Moscú y Lewis L. Strauss. Todos estos individuos eran judíos y sionistas. Entre los Gentiles del "Brains Trust” formaban Miss Frances Perkins, simpatizante del Partido Comunista y, durante unos meses, Secretario de Trabajo; el General Hugh S. Johnson, vinculado a la Alta Banca; el secretario de estado, Cordell Hull (casado con la hermana del multimillonario judío Julius Witz) y Harry Hopkins [11] Secretario de Comercio.
Precisamente a propuesta de Hopkins ingresaron en 1936 en el Brains Trust Tom Corcoran, un aventurero irlandés, de pésimos antecedentes; Maurice Karp, un multimillonario judío, fabricante de armamentos y hermano de la esposa del famoso Ministro de Stalin, Molotoff; Samuel D Dikcstein y su correligionario Samuel Untermeyer, el sionista que presidía la "Federación Mundial Económica Judía", al que ya hemos aludido en más de una ocasión. El Brains Trust ejercía una influencia considerable, ya directamente, prevaliéndose de la posición individual de sus hombres y de las Fuerzas Políticas y Sociales que éstos representaban, ya indirectamente, presiónanado sobre el Presidente Roosevelt. Pero, ¿quién era Roosevelt?.
Según investigaciones del Doctor Laughlin, del Instituto Carnegie, Franklin Delano Roosevelt pertenecía a la séptima generación del hebreo Martenszen Van Roosevelt, expulsado de España en 1620 y refugiado en Holanda, de donde emigró, en 1650 o 1651, a las colonias
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inglesas de América. El publicista judío Abraham Slomovitz publicó en el Detroit Jewish Chronicle que los antepasados judíos residían en España en el siglo XVI y se apellidaban Rosacampo. La familia Rosacampo -- Van Roosenvelt -- Roosevelt sólo se mezcló, desde su llegada a América con Jacobs, Isaacs, Abrahams y Samuels [12]. Cuando murió la madre del Presidente Sarah Delano, el periódico " Washington Star "publicó un artículo sobre las actividades de la familia Roosevelt desde su llegada a América, que coincidía plenamente con los testimonios que acabamos de citar. El muy acreditado y filosemita New York Times recogía unas manifestaciones [13] de Roosevelt en las que reconocía su origen hebreo. A mayor abundancia de detalles, la esposa del Presidente, Eleanor Roosevelt, prima suya, era igualmente judía y fervorosa sionista, tal como proclamó ella misma en infinidad de ocasiones.Y si Roosevelt, de origen judío y asesorado por judíos, dependía, en última instancia, del Money Power -- el Poder del Dinero -- representado por banqueros como Warburg, Kuhn, Loeb, Otto H. Kahn y Rockefeller, también directamente dependía de los hombres y las Fuerzas que habían financiado su aparatosa campaña electoral. El documentadísimo Henry Coston los menciona: Bernard Mannes Baruch -- decididamente omnipresente -- y su hermano Hermann; William Randolph Hearst (Hirech) el magnate de la Prensa; los banqueros Guggenheim y Vanderbitl; los hermanos Percy y Jesse Strauss, de los mastodónticos almacenes Macy's; Joseph E. Davies, de la General Motors; Joseph P. Kennedy; la United States Steel; la familia Morgenthau; los prohombres sionistas Untermeyer y John J. Raskob; Morton L. Schwartz; Averell Harrimann y la R.J. Reynolds Tobacco. Exceptuando al irlandés Kennedy y -- parcialmente -- a la R. J. Reynolds Tobacco, los demás Individuos y entidades citados son Judíos. Entre los financiadores de menor cuantía la proporción de Judíos, especialmente sionistas, era abrumadora. [14]
La presión que el Gobierno Americano ejerció sobre Alemania fue, desde el primer día, agobiante. Esto se manifestó en mil detalles de la vida cotidiana, a parte de la tolerancia oficial con los organismos de boycot antí-alemán en suelo norteamericano, a pesar de que éstos, con su actitud, infringían la ley del país. Como detalle revelador de esta actitud debemos mencionar el incidente del "Bremen". El 27 de Julio de 1935, este paquebote alemán, amarrado en la rada de Nueva York, no pudo desembarcar a sus pasajeros en vista de la actitud hostil de un millar de sionistas. Cuando el "Bremen" se disponía a partir, algunos manifestantes lograron subir al barco, por la parte de proa y, arrancando la bandera con la cruz gamada, la arrojaron al río Hudson. A consecuencia de este incidente, cinco personas fueron procesadas. El Juez Brodsky, Judío, les declaró absueltos. He aquí algunos de los considerandos de la insólita sentencia:
" Es muy posible, también, que los acusados, con razón o sin ella, hayan atribuído a ese emblema el simbolismo del pabellón de un barco de piratas navegando audazmente en el puerto de una nación a la que acaban de hundir uno de sus barcos." Por otra parte, no está demostrado que esta manifestación puede ser considerada ilegal, pues el derecho a discutir libremente y públicamente asuntos que incumbieran a sus intereses fue reconocido por la Petition of Rights y por el Bill of Rights que constituyen los fundamentos de la Constitución Inglesa, sobre la cual se fundamenta la nuestra."
El Embajador de Alemania, Herr Luther, protestó oficialmente ante Cordel Hull, Secretario de Estado, por insultos al emblema nacional socialista. Las excusas de Hull, que subrayó que el Juez Brodsky no era portavoz del Gobierno Norteamericano, parecieron dar por concluido el Incidente. Pero, en realidad, sólo lo parecieron. La sentencia del Juez Brodsky es del día 6 de Septiembre. Las excusas de Cordell Hull son del 16. Pero, tres días antes de tales excusas, Hull había dado un paso de la máxima trascendéncia, y en sentido diametralmente opuesto. El día 13 de Septiembre Luther había sido informado por Hull que, a partir del día 15
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de Octubre, las importaciones alemanas pagarían unos derechos de Aduanas sesenta por ciento más elevados. Los medios industriales y comerciantes de los Estados Unidos habían aprobado esta medida. No olvidemos que América estaba aún, bajo los efectos de la crisis de 1929, iniciada precisamente en la Bolsa de valores de Nueva York, que había colocado al país al borde de la ruina y el colapso económicos. El Big Business norteamericano veía en una "Gran Cruzada Democrática" contra los fascismos autárquicos europeos una posible salida a sus problemas económico-financieros. La guerra aceleraría el ritmo de la máquina que, desde 1929, funcionaba con lentitud. La guerra aduanera -- que, como ya hemos mencionado -- completaba oficialmente las medidas tomadas privadamente por organismos tales como la "Federación Mundial Económica Judía", podía ser el primer paso. El segundo paso lo constituyó la dimisión de George Peek, Consejero Especial de Roosevelt para el comercio con el Extranjero. En los últimos meses de 1934 había iniciado gestiones para la conclusión de un acuerdo de trueque con el III Reich. Se trataba del barter (intercambio) de algodón norteamericano contra productos químicos alemanes. Cordell Hull se había opuesto al proyecto. Peek, sostenido por un sector de la industria americana, esperaba lograr sus propósitos, pero el día 31 de Octubre Bernard M. Baruch hacía unas declaraciones a la prensa afirmando que Peek ya no gozaba de la confianza del Presidente, y tres días después debía dimitir. Los belicistas habían conseguido marcar un tanto importante.
Alemania tendrá el derecho a duplicar los efectivos de la Reichswehr, que pasará, así, de 100.000 a 200.000 hombres. Francia será invitada a rebajar sus efectivos millitares hasta la misma cifra de 200.000 soldados. Pero a esos 200.000 hombres para la defensa de su metrópoli, Francia podrá agregar otros 200.000 para la defensa de su Imperio. A Italia se le reconoce el derecho a un ejército de 200.000 hombres más otros 50.000 para sus colonias.
Polonia -- cuya población es inferior a la alemana en un 50 por ciento -- tendrá, Igualmente, derecho a un ejército de 200.000 hombres. Checoslovaquia 100.000 y la Unión Soviética, 500.000. Adicionando las fuerzas de Francia y sus aliados en Europa, es decir, Polonia, Bélgica, Rumania, Checoslovaquia y Yugóeslavia, se llega a un total de más de un millón de hombres, opuestos a los 200,000 de la Reichswehr, o nueva Wehrmacht. Esta disparidad se verá aún más acentuada por el hecho de que Alemania continuará, de momento, sin derecho a poseer una aviación de combate, mientras a Francia se le autorizan 500 aviones, a Polonia 200, a Bélgica 150 y a la llamada "Pequeña Entente", liada por un pacto militar con Francia (Checoslovaquia, Yugóeslavia y Rumania) nada menos que 550. Este plan deberá realizarse por etapas, durante un período de cinco años. Inglaterra, la promotora del Plan, se reserva, como es lógico, la parte del león. Un ejército de 300.000 hombres para su metrópoli y de 600.000 para el Imperio.
Naturalmente, los ejércitos Imperiales de los Dominios, tales como Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica y la India, no están incluidos en el Plan.
No obstante, el Plan MacDonald recibe el beneplácito general. Se acuerda que, una vez llevado a la práctica, al cabo de cinco años, volverá a estudiarse con objeto de proseguir, en una segunda etapa, el camino hacia el desarma general. En un discurso pronunciado ante el Reichstag, Hitler da su acuerdo al Plan MacDonald, pero formula una advertencia:
En una palabra: el Führer aceptaba el Plan de Desarme inglés, como un primer paso hacia la igualdad militar entre los grandes países de Europa. El propio Plan MacDonald preveía una
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segunda etapa hacia esa igualdad, al cabo de cinco años. El discurso hitleriano tuvo un efecto afortunado: sugirió a Mussolini y al Embajador de Francia en Roma, Henry de Jouvenel, la firma de un Pacto de los Cuatro (Italia, Francia, Inglaterra y Alemania) susceptible, por la solidaridad de las cuatro potencias, de "afirmar su confianza en la Paz". La idea era buena. El Pacto fue firmado por los representantes de los cuatro países en el Palazzo Venezia, pero, desgraciadamente, tal Pacto nunca fué ratificado, por la oposición que encontró en los Parlamentos inglés y francés. El clan belicista de París, aún más activo que el de Londres en esta ocasión, logró impedir que el Pacto se ratificara, y, en consecuencia, nunca llegó a entrar en vigor.No fue sólo en la Asamblea Nacional donde se boicoteó el Pacto de los Cuatro. El propio delegado francés en la Conferencia del Desarme, Paul Boncour, fue el máximo adalid en contra del mismo, al torpedear el Plan MacDonald, al que, en un principio, se había adherido Francia.
Paul Boncour exigió que, antes de firmarse el acuerdo sobre el Desarme, se estudiara el control que se ejercería sobre Alemania. Nadolny, el delegado alemán, repuso que sólo estaría de acuerdo si también se estudiara un control igual sobre todos los consignatarios del Tratado, y, especialmente, Francia. No hubo acuerdo y Sir John Simón, Jefe de la Delegación Británica, informó Nadolny, de la Delegación Alemana, de "la imposibilidad de admitir un rearme de Alemania y de la necesidad de hacer pasar el funcionamiento del control por un período de ensayo". Ese período de ensayo, además, no se fijaba, ni en su inicio, ni en su duración. Por otra parte, no se decía una palabra más del Plan MacDonald ni del desarme de los demás países.
En otras palabras, a pesar de haberse comprometido a desarmarse todos los consignatarios del Tratado de Versalles, los antiguos vencedores (los Aliados) se negaban a hacerlo; además pretendían que Alemania continuara indefinidamente desarmada y querían controlarlo. Esto era una clara violación de los términos del Tratado de Versalles y, en la práctica completamente imposible. Ningún estado soberano del mundo aceptará jamás permanecer desarmado, rodeado por un anillo de estados hostiles que, a su ve se arman cuanto quieren. Francia tenía un tratado de asistencia militar recíproca con los países de la pequeña Entente y otro con Polonia. Tropas "irregulares”, polacas e incluso lituanas violaban constantemente las fronteras del Reich. Tales violaciones no eran platónicas, sino sumamente prácticas. En 1921, por ejemplo, las tropas "irregulares" de Korfanty modificaron la frontera germano-polaca en Alta Silesia, ocupando dos mil kilómetros cuadrados de territorio, a pesar de que el plebiscito había mostrado claramente la voluntad de la mayoría de la población de continuar perteneciendo a Alemania, y no a Polonia. Korfanty, con las fuerzas que le seguían, logró que aquél territorio pasara bajo dominio polaco, pese a las no demasiado enérgicas protestas de la Comisión Aliada de Control, que toleró, "de facto", el desafuero [15]. La respuesta del Gobierno Alemán no se hizo esperar. Dos días después de la negativa de Sir John Simón, prácticamente forzada por la actitud de la Delegación Francesa en la Conferencia del Desarme, Alemania anunciaba que se retiraba, simultáneamente, de la citada Conferencia y de la Sociedad de Naciones. Aquella noche, Hitler pronuncia un largo discurso transmitido por radio para justificar su decisión. He aquí el fragmento que consideramos esencial:
"Estamos dispuestos a tomar parte en todas las conferencias; estamos dispuestos a suscribir a todas las convenciones, pero sólo a condición de gozar de derechos iguales a los de los demás pueblos. Como hombre privado, nunca me he impuesto a una sociedad que no deseaba mi presencia o que me consideraba como un inferior. Nunca he obligado a nadie a recibirme y el pueblo alemán no tiene menos dignidad que yo. O bien dispondremos de derechos iguales a los de los demás pueblos, o bien el mundo no volverá a vernos en ninguna conferencia. "Será organizado un plebiscito para que cada ciudadano alemán pueda decir si tengo razón o si me desaprueba.''
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Como se ve, Hitler no pide otra cosa que la Igualdad de Derechos. Se lo pide a los representantes de unos gobiernos democráticos, para los que la "Igualdad", al mismo título que la "Libertad" y la "Fraternidad" constituye un dogma intangible de su arsenal ideológico.Hitler pide igualdad de trato para Alemania, y, en la práctica, al aceptar el Plan MacDonald reconoce la situación de facto y las obligaciones a que debe hacer frente Francia como potencia colonial, y acepta que ésta, de hecho, se vea reconocido el derecho a poseer un ejército con el doble de efectivos que el alemán, y además dotado del apoyo de una aviación de combate.
El argumento que se hizo valer -- como siempre, y en todos los casos -- es que Hitler mentía. El argumento no vale nada. Si se creía que Hitler mentía, razón de más para aceptar su plan que, para colmo de ironía, no era su plan, sino el plan inglés, elaborado por el líder laborista británico MacDonald. Si éste se llevaba a la práctica, evidentemente habría un control de la Comisión de Desarme, y de resultas de tal control se comprobaría que la "Igualdad" resultante dejaría a Alemania con un ejército de 200.000 hombres y sin aviación de combate, y a Francia con 400.000 con aviación y a los miembros de la Pequeña Entente con 625.000 y 550 aviones, y a Polonia con 200.000 y 125 aviones. Quedarían las democracias británica y soviética con 900.000 y 500.000 hombres, respectivamente. Y esto al cabo de cinco años, tras los cuales se reanudarían las conversaciones para continuar limitando, por etapas los ejércitos de los consignatarios.
Si resultaba que Hitler había mentido al aceptar el Plan británico de desarme, es evidente que las comisiones de control se apercibirían de ello y entonces los Aliados tendrían las manos libres para denunciar los acuerdos e incluso para tomar las medidas punitivas que consideraran necesarias. La Historia nos dice que los Aliados, los campeones teóricos de la Democracia, es decir de la Igualdad, rehusaban aplicar sus propios principios cuando se trataba de Alemania.
Esto ha de ser siempre inaceptable para cualquier país, y más aún para un gran país, el primero de Europa en población, excluyendo a Rusia y que sólo pide a sus "partenaires" que apliquen los acuerdos sobre el desarme general que ellos mismos impusieron en el Tratado de Versalles.
Resulta incluso sorprendente la aceptación del Plan MacDonald por Hitler, por cuanto sancionaba, durante cinco años por lo menos, una situación de "Igualdad " formal pero que, en la situación política de entonces dejaba a Alemania con un ejército cinco veces menor que el de Francia y sus Aliados de la Pequeña Entente. Si se contaba a Polonia, Alemania se encontraba rodeada por efectivos que sextuplicaban los suyos, y sin fuerza aérea que oponer a los 1.200 aviones del frente político francófilo. Hitler sin duda aceptó por cuanto significaba un paso adelante y con una fuerza armada, pequeña pero bien entrenada, sucesos como la ocupación militar de la rivera izquierda del Rhin, llevada a cabo por los franceses diez años atrás, no se podrían reproducir, a la vez que las tropas "irregulares" polacas deberían también de cesar en sus actividades incontroladas. Hitler sabía que la Naturaleza rechaza el vacío. Le constaba que un territorio indefenso excita la codicia del vecino armado. Un territorio indefenso sólo estará en seguridad si el vecino está desarmado. Nos excusamos por escribir esta perogrullada, pero nos vemos forzados a ello por el olvido general de una verdad tan elemental.
El plebiscito anunciado por Hitler tuvo lugar el 12 de Diciembre de 1933. Por 40.601.577 votos, es decir, el 95,2 % de los electores inscritos, Alemania se colocó al lado del jefe que ella misma se había dado, democráticamente. Se ha dicho que ese resultado fue obtenido bajo coacción. Nos resistimos a creer que los ciudadanos fueran llevados a votar a la fuerza; la única coacción posible era la moral, es decir, el martilleo de la propaganda a través de la prensa y radio, pero esto se hace todos los días en los países oficialmente democráticos, y nadie lo llama coacción. El General De Gaulle fue plebiscitado en varias ocasiones, y en las elecciones generales americanas y británicas el público es invitado a pronunciarse, en la práctica, por dos candidatos o dos partidos; en definitiva, por dos alternativas. En el plebiscito del 12 de Diciembre de 1933, los alemanes tenían, también, dos alternativas: votar "SI" o votar “NO". El 95,2 % de los electores -- y no el de los votantes como se ha dichoi -- votaron "SI". Un escritor Judío y antí-nazi, William Shirer, ha escrito: “En el campo de concentración de Dachau, 2.154 de los 2.242 detenidos políticos votaron por el Gobierno que les había encarcelado". Esos detenidos, según Shirer, eran sindicalistas y militantes social-demócratas y comunistas. Se trataba de "duros", es decir, de la contrapartida popular de los diputados social-demócratas que el 17 de Mayo precedente habían aprobado el discurso de Hitler por unanimidad, y sin que ninguna presión fuera ejercida sobre ellos por el Poder [16].
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Este escrutinio fue la verdadera intronización popular y solemne de Hitler en el Poder.En las elecciones que le dieron el Poder, Hitler había obtenido el 52 % de los sufragios; era ya mucho. Esta vez, tenía tras él a la casi unanimidad del pueblo alemán. Ya no se podría decir que imponía su Voluntad a todo un pueblo mediante métodos-terroristas; al contrario, era llevado materialmente en volandas por todo un pueblo que no podía admitir ser tratado en un plan de desigualdad, con respecto a los demás. He aquí los resultados de la política de los Aliados contra Alemania: Hitler era consolidado en el Poder gracias a las mismas medidas tomadas para ponerle en dificultades.
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Puede decirse que el "leit motiv" de la Política Exterior hitleriana es la aplicación general -- y no sólo unilateral y contra Alemania, como ha venido sucediendo desde 1919 -- del Tratado de Versalles. El Gobierno Alemán solicita que se aplique, a todos, el Desarme, progresivo, inmediato, parcial, total o como se prefiera, pero sobre la base de la sacrosanta "Igualdad" democrática para todos.Solicita igualmente que se aplique el Artículo 19 del Tratado, que permite la Revisión pacífica de ciertas cláusulas, económicas y territoriales, del mismo. La única reclamación que hace Alemania a sus antiguos vencedores y consignatarios de Versalles, es la de colonias. El Punto III del Programa del Partido Nacional-Socialista reclama "colonias para la alimentación de nuestro Pueblo y el afincamiento de nuestro exceso de población". Obsérvese que no Se piden antiguas colonias alemanas, arrebatadas al Reich por los vencedores en virtud del Tratado de Versalles, sino únicamente "colonias" sin especificar. Más tarde, en una nota enviada por la Wilhelmstrasse, se sugería al Foreign Office y al Quai d 'Orsay, que se consultara a los indígenas de los antiguos territorios coloniales de Alemania, si deseaban continuar bajo la administración anglofrancesa o bien volver a depender de la soberanía alemana.
La propuesta alemana fue presentada sin gran convicción y sólo tras el silencio con que respondieron Londres y París a las demandas coloniales anteriores. Pero lo curioso es que en Londres encontraron la petición Germana muy razonable pues, según un testimonio de tanta calidad como el de Lloyd George, el antiguo Primer Ministro, la guerra estallaría más pronto o más tarde si no se atendían las propuestas alemanas en materia colonial. Pero en los medios políticos influyentes de Londres se consideraba que quien debía ceder sus colonias -- concretamente el Camerún y el Togo -- era Francia. Esto causó en París el imaginable revuelo y, por fin, en una reunión entre Bonnet y Simón, los dos Ministros de Asuntos Exteriores, se acordó, en una nota enviada a la Wihelmstrasse, que se estudiaría la cesión a Alemania de territorios coloniales portugueses, holandeses y belgas. Esto era una manera de decir no al Reich y, de paso, colocar a esos pequeños países en la órbita antialemana. En vista del escaso -- o nulo -- éxito de la petición, en Berlín no se insisitó más sobre ese punto.
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Creemos que Hitler puso sobre el tapete la Cuestión de las colonias contando con una negativa que le pondría a él en mejor posición en ulteriores discusiones con las democracias occidentales. Hitler, es cierto, reclamaba "espacio vital" (Lebensraum) para su pueblo, pero no era un entusiasta de las colonias, al menos en la forma en que se entendía entonces la estructura interna y el funcionamiento de las mismas. El coloniaje, según exponía el propió Hitler en su Mein Kampf, hace imposible la unión sangre-tierra, base de la política racista del III Reich."Las colonias sólo sirven para chupar la mejor sangre de la Nación", afirmaba.
Si hay algo de claro, de diáfano, en la política internacional de los años treintas y principios de los cuarentas, es el deseo de Hitler de que Alemania crezca territorialmente a costa del Comunismo Soviético. La estallante Demografía alemana debe extenderse por las tierras del Este del Báltico y del Occidente de Rusia, una vez arrebatadas a los soviéticos, que pasarían a desaparecer como amenaza potencial para Alemania en particular y para todo el Occidente en general. Para desarrollar esa política necesitaba la amistad -- si posible -- o al menos la benévola neutralidad, de Inglaterra y Francia. Ello explica la escasa insistencia de la Wilhelmstrasse en lo tocante al asunto de las Colonias.
Pero también explica el Tratado Naval Anglo Germano, concluido el 18 de Junio de 1935, por el que el III Reich se comprometía a que el tonelaje de su flota de guerra no sobrepasara el 35 por ciento del de la británica. Era un acuerdo de contrapartida. Inglaterra no se comprometía ni se obligaba a nada. Sinplemente, era Alamania la que se imponía la obligación, sancionándola solemnemente mediante un tratado Internacional, a que su Flota, en el mejor de los casos,
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fuera, aproximadamente, equivalente en tonelaje a un tercio de la Inglesa. Este acuerdo era un seguro ofrecido, gratuitamente, a Inglaterra, para que no se sintiera amenazada. Su insularidad, protegida tras una "Home Fleet" que es, entonces, la primera fuerza naval del mundo, es una garantía contra cualquier invasión. Sin una Flota de Guerra superior o, al menos igual a la Inglesa, tal invasión es imposible. Hitler, en numerosos discursos ha dicho que no tiene nada que pedir a las democracias occidentales. Ahora completa sus declaraciones con un hecho altamente significativo: al Tratado Naval demuestra que no existen intenciones agresivas contra Inglaterra. Es más, en la practica Hitler aún irá mas lejos su "Kriegsmarine" no representa, de hecho, no ya el 35 por ciento del tonelaje de la "Home Fleet", sino ni siquiera el 10 por ciento. El "Intelligence Service", siempre bien Informado, no puede ignorar que, a parte al "Bísmarck", Alemania se limita a construir cuatro acórazados ligeros, los llamados "acorazados de bolsillo". Cuando la guerra estalla en 1939, la Flota da Guerra Francia es, en tonelaje , casi cinco veces superior a la alemana.Hitler, por otra parte, siempre manifestó que al Imperio Británico era un baluarte contra el caos en el mundo y que los intereses de Inglaterra y los de Alemania no eran contrarios el uno al otro, sino complementarios. En cuanto a Francia, con la renuncia definitiva por parte de Alemania a Alsacia y Lorena, desaparecían entre las dos naciones cualquier motivo de fricción.
Sólo quedaba el Sarre. Según los términos de una de las cláusulas del Tratado de Versalles, en Enero de 1935 debían llevarse a cabo consultas populares en el territorio del Sarre, para poner en claro si la población de ese territorio deseaba pasar a ser un Departamento Francés o si prefería retornar a la soberanía del Reich. También se les ofrecía a los sarresas la posibilidad del "statu quo", es decir, de optar por una posición intermedia, quedando en estado independiente, o incluso parcialmente dependiente de Francia y Alemania a la vez. Pero, dos meses antes de la convocatoria de las elecciones en ese territorio, Francia concentró cuatro divisiones de infantería junto a la frontera, pretextando posible motines ante las elecciones. El Gobierno Alemán protestó enérgicamente por esa extemporánea demostración de fuerza, la cual constituía, ciertamente, una coacción hacia los electores. Tras un intercambio de notas de protesta entre la Wilhelmstrasse y el Quai d´Orsay, la Sociedad de Naciones envió una fuerza de policía internacional que permitiera y garantizara la celebración normal del plebiscito.
Este tuvo lugar, bajo control internacional, el 13 de Enero de 1935. Se preguntaba a los sarreses si, tras sus quince años de experiencia al formar parte de la República Francesa, deseaban unirse libremente a esta. También tenían la alternativa de volver a formar parte del Reich, o bien de continuar en el statu quo, es decir, ser independientes. Pese a quince anos de propaganda francófila y pese a proponérseles a los sarreses una serie de ventajas de tipo fiscal y aduanero si deseaban pasar a formar parte de Francia, sólo votaron por ésta el 0,4 por ciento de los electores; el 8,85 por ciento prefirieron independencia del Sarre, y el 90,75 por ciento la unión con el Reich. Quince años de propaganda francófila y germanófoba; quince años de promesas a los sarreses para que se convirtieran en franceses "de clase primera especial" y dos años de propaganda antihitleriana en el Sarre, todo ello reforzado con la presencia militar y policial, para obtener, sólo, un 0,4 por ciento de los sufragios. ¡Estridente fracaso de la política francesa!... Y, sin embargo, las cosas; pudieron haberse solucionado de manera menos favorable a Alemania, aunque tal vez más favorable al entendimiento general entre los pueblos de Europa. En Noviembre de 1934, dos meses antes del plebiscito sarres, Hitler entregó una nota diplomática al Embajador de Francia, Francois-Poncet proponiéndolé solucionar el conflicto de una manera amistosa y sin recurrir a las urnas: el Sarre volvería al seno del Reich, pero un tratado económico permitiría a la industria francesa continuar beneficiándose de sus recursos como lo había hecho desde 1919 hasta 1934. Pero el Gobierno Francés declinó la oferta, en la que no vio más que un confesión de impotencia de Hitler, que sólo la proponía por estar seguro de la hostilidad del pueblo sarres a Alemania y al régimen nacional-socialista.
El plebiscito sarros, que tuvo lugar bajo el control de la Sociedad de Naciones, es decir sin que Alemania pudiera intervenir ni en las operaciones de voto ni en la proclamación de los resultados, sin que Alemania pudiera realizar propaganda favorable a su tesis más que durante dos meses mientras que los franceses pudieron emplear para ello quince años, sirvió para demostrar que Hitler obtenía el mismo porcentaje de sufragios favorables que en Alemania bajo su control. Ya era más difícil pretender que elecciones y plebiscitos que llevaba al poder a Hitler y le consolidaban en él estaban trucados Sólo hacía unos meses que el 88,9 por ciento de los electores inscritos, es decir, casi el 96 por ciento de los votantes habían aprobado el decreto por el que, a la muerte de Hindenburg, las funciones de Presidente del Reich se fusionarian con las de Canciller y que, por vía de consecuencia "todas las atribuciones y prerrogativas del Presidente serian transferidas al Canciller, Adolf Hitler".
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El Plebiscito sarrés indicaba claramente, que se quería evitar que otras minorías étnicas alemanas, que se encontrarían probablemente en las mismas disposiciones de espíritu que los electores sarreses, tal como ocurría en los Sudetes, en Posen, en la Alta Silesia, en Dantzig, Memel o la propia Austria, reclamaban su anexión al Reich, las democracias occidentales, Inglaterra, Francia y la América de Roosevelt no tenían a su disposición otro medio que la fuerza.El primero de mayo de 1935, las fuerzas de policía de la Sociedad de Naciones entregaban oficialmente la administración del Sarre a las autoridades alemanas, y Hitler declaraba ante el Reichstag: "Alemania renuncia solemnemente a toda reivindicación sobre la Alsacia y la Lorena; tras el reintegro del Sarre, la frontera franco-alemana puede ser considerada como definitivamente trazada". Pero el mismo día, el Mariscal Pétain publicaba un artículo en una revista oficiosa y de gran predicamento en los medios militares [17] acentuando la necesidad de la reimplantación del Servicio Militar obligatorio por un período de dos años. Cinco días después, Pierre-Etienne Flandin, Ministro de Asuntos Exteriores, presentaba un proyecto de ley en tal sentido ante el Congreso de los Diputados. Este proyecto de ley era aprobado, tras un apasionado debate, por la cámara, el 16 de marzo. Sólo cuatro horas más tarde el Führer entregaba a su Consejo de Ministros un Decreto que restablecía el Servido Militar Obligatorio en Alemania, estableciendo que la Reichswehr se componía, en tiempo de paz, de doce Cuerpos de Ejército y treinta y seis divisiones.
Con ese Decreto-Ley, Hitler destruía lo que aún quedaba vigente de la Parte V del Tratado de Versalles, recuperando su libertad de acción. Se ha sostenido, a posteriori, que si Francia no hubiera reestablecido el Servicio Militar Obligatorio, Hitler lo habría hecho, más pronto o más tarde. Esto es imposible de aclarar. Nadie sabe lo que Hitler hubiera hecho si Francia no hubiera reimplantado el servicio militar. Nadie podrá saberlo nunca, y, en ese terreno, todo son hipótesis. Lo que sí sabemos, a ciencia cierta, es que, cronológicamente, Francia fue la primera nación de Europa que reimplantó el servicio militar, a parte, naturalmente, de la Unión Soviética.
Aquí deseamos hacer un inciso importantísimo: Hemos dicho que Francia reimplantó el Servicio Militar Obligatorio, tras la Unión Soviética. Pero esto no implica que otras naciones europeas y extra-europeas no lo hubieran reinplantado por la sencilla razón de haberlo tenido siempre en plena vigencia. La decisión de Hitler de instituir el Servicio Militar obligatorio llegaba cuando ya tenían tal institución en funcionamiento los Estados Unidos, Italia, Polonia, Inglaterra y sus Colonias y Dominios y -- desde hacía cuatro horas -- Francia. Hitler, simplemente, tomaba nota de los hechos tal cual eran, y en Vista de que las demás naciones no daban paso político alguno para desarmarse, y que Francia, Incluso, restituía el Servicio Militar, lo reinstituía él también en Alemania. Los precedentes aludidos de la Invasión de la cuenca del Ruhr por los franceses en 1923 -- con una ocupación parcial que duró siete años --, o de la anexión de la Alta Silesia por los "Incontrolados" de Korfanty en beneficio da Polonia, no podrían, así repetiste impunemente.
El Delegado da Francia en la Sociedad da Nacional, Paul Boncour, que ya había hacho fracasar al Plan MacDonald sobre el Desarme, puso la primera piedra al, por los comunistas franceses, llamado monumento a la paz que debía ser la alianza político-militar que debían firmar Francia y la URSS. Fue en los pasillos de la Sociedad de Naciones donde Paúl Boncour hizo la Propuesta sin ambages al embalador soviético, Litvinov [18]. Pero fue Barthou, entonces ministro de Asuntos Exteriores, quien ya el 17 de Abril de 1934 Inició su maniobra de careo de cerco de Alemania mediante la adhesión de la URSS a la Sociedad de Naciones.
No fué fácil. En primer lugar, por que Stalin consideraba a la S. de N. como una "liga de bandidos" -- ¡ y él, antiguo atracador, debía saberlo muy bien ! -- y el Tratado de Versalles, del que nació aquella, como un "dictado de odio y de latrocinios", que urgía derogar cuanto antes.
En segundo lugar porque la URSS estaba en pésimas relaciones con varios de sus miembros tales como Polonia, Rumania, Checoslovaquia y Hungría, a todas las cuales reclamaba territorios, amén de acusarlas de no ser otra cosa que un cordón sanitario, o una alambrada
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dispuesta ante ella por la S. de N. finalmente, el Ministro Barthou no parecía el más indicado para llevar a cabo esa operación, pues, en 1932, cuando un tratado de amistad y de asistencia mutua, válido por dos años, acababa de ser firmado entre Francia y la URSS, actuando de "comadronas" Herriot y el embajador soviético en París, Dovgalewski, el aludido Barthou se había pronunciado en contra, alegando que los caballeros no firmaban pactos con los bolcheviques. Pero nada de esto arredraba a Monsieur Barthou, tal vez por padecer amnesia o quizá por no considerarse él mismo un caballero, y pronto conseguía que Rumania y Checoslovaquia establecieran relaciones diplomáticas normales con la URSS. De momento no logró igual éxito con Polonia, negándose Pilsudski a entrar en el juego.Pero el reconocimiento de Jure de la Unión Sovietica por Checoslovacos, Rumanos place a Stalin, que se siente amenazado en el oeste por la resurrección económica y política de Alemania cuyo Führer, Hitler ha declarado la guerra al comunismo y ha internado a los líderes comunistas e incluso socialistas en los campos de concentración, y al Este por el pujante Japón, que ha conquistado posiciones vecinas en Manchuria y Mongolia. A Stalin le conviene que “fascismo” y democracias occidentales se enemisten entre sí. Para los soviéticos, Monsieur Barthou se convierte en un gran hombre, y cuando sugiere a Stalin que la URSS entre en la S. de N. este accede.
Una vez conseguido su primer objetivo de hacer entrar a la URSS, como miembro responsable de la comunidad de los pueblos, en la S. de N., Barthou Quiere revalidar el pacto Franco-Soviético, pero ampliándolo y convirtiéndolo ahora en una alianza ofensivo-defensiva. Para esconder su juego emprende una segunda tournée diplomática, en la que lanza la idea que a él le consta que no puede tener éxito alguno: un pacto de Este, asociando a todos los países de Europa central incluyendo a Alemania y la URSS. Se trataría de una especie de Locarno oriental. Los consignatarios se garantizarán mutuamente sus fronteras.
Por supuesto Hitler responde que Alemania no se adherirá a un tal Pacto, y que no tiene ninguna Intención de firmar un tratado que le obligue a prestar asistencia a la URSS y a defender al régimen soviético si este fuera atacado. Pero Barthou quiere creer que ha demostrado al mundo que sus esfuerzos diplomáticos no se dirigen contra Alemania y que ha logrado, si se nos permite el galicismo, "salvar la cara". La demanda de adhesión de la URSS en la S. de N. es aprobada por 38 votos a favor, 3 en contra y 7 abstenciones. A partir de este momento la S. de N. ya no es para los comunistas del mundo entero "una liga de bandidos" y a sus ojos, el Tratado de Versalles, "dictado de Odio y de Latrocinio", la transforma en un Tratado altamente equitativo y razonable.
Aunque Barthou es asesinado en Marsella por un terrorista croata que alcanza también al Rey Alejandro de Yugoslavia, las negociaciones por él iniciadas son continuadas por Pierre Laval, que le sucede en el cargo El 2 de Mayo de 1935, Francia y la URSS firman un trato da Asistencia Mutua, Política y militar, y el 14 de Junio Laval se traslada Moscú, de donde regresa con la célebre declaración de Stalin que desarma al Partido Comunista Francés en su lucha contra los presupuestos militares y hace que todos los Comunistas del mundo pasen al clan belicista y antialemán. Stalin, que sólo Tres meses antes trataba de asesinos y gangsters de la política a los gobernantes de París manifiesta que: "Francia tiene el deber de armarse hasta los niveles que ella misma considere necesarios para su seguridad". Como por arte de magia, las huelgas en la industria pesada y de armamentos francesa desaparecen.
El 15 de junio de 1935, el Pacto Franco-Soviético es completado con un Pacto ruso-checoeslovaco.
Recordemos, de paso, que, en estos momentos históricos, Francia, a parte de su Pacto con la URSS, dispone de otro Pacto con Polonia y otro con la Pequeña Entente, es decir, con Checoslovaquia Yugoeslavia y Rumania, amén de su Pacto con Bélgica. La URSS está unida con pactos militares con Checoslovaquia, y de amistad y cooperación con Rumania y Polonia, a parte del Tratado, recientemente firmado con Francia. La vieja política de Richelieu, consistente en crear sistemas de alianzas alrededor de Alemania, ha sido emprendida con éxito.
En respuesta a esas medidas, el gobierno alemán promulga, el 21 de mayo la ley anunciada en el decreto del 16 de marzo sobre la reconstrucción de la Wehrmacht. Los aviones pesados de bombardeo Junker 52, los ligeros de bombardeo Heinkel 70, los de reconocimiento marítimo Dornier 22 y Ios de caza Arado 65 hacen su aparición sobre los cielos de Alemania en la semana que sigue a la firma del Tratado Franco-Soviético. Empieza la construcción del acorazado "Bismarck" y de los acorazados ligeros "Graf von Spee”, "Scharnhorst", así como de cuatro torpederos y once submarinos. Y en el primero de octubre de 1935, los efectivos de la Wehrmacht llegan a la cifra de 650.000 hombres.
Es preciso reconocer que, ya desde abril de 1934, figuraban en los presupuestos militares alemanes créditos para la construcción de esos aviones y navios. Pero hay que recordar que, por
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una parte, fue el 14 de octubre de 1933 cuando Alemania se retiró de la S. de N. ante la negativa de ésta a concederle la igualdad de derechos militares, recuperando, con tal retirada, su libertad de acción, y, por otra, que en el curso de 1934 todos los países de alguna idetidad militar habían tomado medidas de rearme terrestre, naval o aéreo tanto o más importantes que las adoptadas por Alemania. Por ejemplo, Inglaterra el 19 de agosto de 1934, anunciaba el refuerzo de su flota aérea con la creación de 42 nuevas escuadrillas [19]. Esta decisión difícilmente podía ser motivada por Alemania entonces, sino más bien -- o, al menos, también -- por la expansión japonesa en Extremo Oriente, que amenazaba a los intereses Británicos. El 23 de Julio, los Estados Unidos anunciaban la puesta en marcha en sus astilleros, de 360.000 toneladas de unidades navales, y poco despues de 2.300 aviones [20].El primero de marzo de 1935, el Primer Ministro, Baldwin, había propuesto al Parlamento un vasto plan de rearme terrestre, naval y marítimo, para el cual había obtenido créditos prácticamente ilimitados. El motivo de esa carrera de armamentos no era otro que la guerra Ítalo-etíope.
Inglaterra, Francia, Portugal, Bélgica, España e Italia. Sólo eran Independientes Liberia -- prácticamente, a efectos políticos, una colonia norteamericana -- y Etiopía.
El 18 de Marzo de 1934, Mussolini había declarado ante la II Asamblea del Partido Fascista que Italia necesitaba una expansión en África. Sus territorios de Libia y Cirenaica, más los yermos parajes de la Somalia y Eritrea no bastaban a su demografía. El nombre de Etiopía no se había pronunciado, pero nadie podía dejar de darse por enterado, por ser éste país el único territorio africano independiente que tenía fronteras -- por Somalia y Eritrea -- con territorios italianos. Naturalmente, Inglaterra se puso en guardia. El Nilo Azul tiene sus fuentes en Etiopía, y del Nilo Azul depende la prosperidad de Egipto, "glacis" protector del Canal de Suez, a su vez clave de bóveda de todo El imperio Británico. Londres teme que los italianos puedan cambiar el curso del río. Por otra parte, si Italia se apodera de Etiopía, el Sudan Anglo-Egipcio quedará emparedado entre dos territorios italianos: Libia, al Oeste; Etiopía, soldada con Eritrea y la Somalia Italiana, al Este. Un poderoso imperio colónial europeo se instalará, así, peligrosamente cerca de la vieja Ruta Imperial Británica, es decir, por la línea que partiendo de Gibraltar, continúa por Malta, el Canal de Suez, Aden, Socotra, Ceylán y Singapur, para terminar en Hong Kong. Es evidente que Inglaterra no lo puede permitir. El sagrado egoísmo nacional inglés no puede tolerar que Italia se apodere de Etiopía. De manera que Londres ayuda comercial y militarmente al Negus de Etiopía, mientras en la S. de N. hace aprobar todo un programa de sanciones internacionales contra Italia.
Antes de producirse este enfrentamiento indirecto anglo-italiano, Mussolini muy sensible a la amistad con Inglaterra y Francia. También había recibido a Hitler quien, la primera vez, si hemos de creer el testimonio del Conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores y yerno del Duce, le había causado una pobre impresión [21]. Mussolini era muy amigo de Dollfuss, el Primer Ministro Austríaco, cuya muerte a manos de los nazis austríacos, le había causado una penosa Impresión. Además, se oponía al "Anschluss", o unión de Austria y Alemania, y había tomado medidas ciertamente discriminatorias contra las minorías étnicas de Tirol del Sur, llamado por los italianos Alto Addige. Para colmo, Mussolini participó en la Conferencia de Stresa, que no era otra cosa más que una alianza mutua entra Inglaterra, Francia a Italia. El pacto de Stresa, firmado al 11 de enero de 1935, debía completar al cerco mílitar y político de Alemania por el Sur.
Pero al llamado Frente de Stresa tendrá una vida efímera, pues no resistirá los efectos de la guerra Italo-Etíope. Mussolini denuncia los acuerdos de Stresa, mientras Hitler le tiende una mano diplomática, sosteniéndole moral y materialmente ante la presión directa e Indirecta de Inglaterra. Al embargo del petróleo que los ingleses Imponen a los italianos responde Mussolini comprando carburantes sintéticos a Alemania. Esto permitirá a los italianos terminar victoriosamente la guerra al 5 de mayo de 1936, con la ocupación de Addis-Abeba, mientras el Negus se refugia en Londres.
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Por otra parta, en Francia gobierna el Frente Popular, con León Blum a la cabeza. Para Blum, Mussolini no es un jefe de Estado sino únicamente “el asesino del socialista Mateotti", y se negará a entrevistarse con el Duce, que le había solicitado audiencia. La bofetada diplomática es demasiado fuerte. Mussolini se vuelve hacia Alemania, cuyo régimen presenta numerosos puntos de contacto ideológico con el Fascismo, Las democracias occidentales han echado a Mussolini en brazos de Hitler.La amistad germano-italiana la fomentará con ocasión de la guerra de España, en que Roma y Berlín ayudaran a las tropas nacionalistas del General Franco, mientras los gobiernos de París, dominados por el Frente popular se inclinaran del lado gubernamental. Al lado de París se colocará resueltamente Moscú, y, en menor escala, Washington. En cuanto a Londres mostrará una muy ligera -- y en todo caso platónica -- amistad hacia los republicanos.
El Pacto Franco-Soviético había oficializado una situación de hostilidad entre la República Francesa y el Tercer Reich. En efecto, un postulado fundamental de la política de Hitler consiste en su idea de la Drang nach Osten, la Marcha hacia al Este, vocación natural del pueblo germánico desde los Caballeros de la Orden Teutónica, e incluso desde Carlomagno.
Es difícil ver como podría llevarse a cabo una tal política sin recurrir a la Guerra, a menos que la provocara al hundimiento de la URSS aislándola política, militar y comercialmente, y sosteniendo, al mismo tiempo a los movimientos irredentistas de Ucrania. Esta política fue la seguida inicialmente por Hitler, que sueña en un vasto territorio a colonizar, con ucranianos y Bielorusos bajo tutela germánica. Los inmensos espacios del Este europeo quedarían así abiertos a la expansión colonizadora de Alemania. Ya en Mein Kampf, Hitler anuncia sus esperanzas en ese programa; el coloso Bolchevique es un gigante con pies de arcilla que sólo se mantiene en el poder merced al terror policíaco ayudado por el fatalismo oriental. Pero existe la posibilidad que la política de aislamiento de la URSS y de apoyo a los ucranianos y bielorusos que preconiza Hitler no sea infundada para provocar el derrumbamiento del coloso y que llegue el día en que sea necesario enfrentarse militarmente con el: he aquí el motivo por el cual Hitler desea hacer la paz -- la paz real y no sólo una paz armada -- con Occidente, al que no reclama nada. Para una intervención militar en el Este, Hitler necesita las manos libres, es decir, no verse forzado a hacer la guerra en dos frentes.
A tal fin se firmó el Pacto de Locarno, por el que ingleses e italianos venían a dejar las manos libres a Alemania, así como los franceses, aún cuando la política reticente de éstos y sus coqueteos con Polonia y la Pequeña Entente ensombrezcan un poco el cuadro que, de otro modo, aparecería muy claro para el Reich.
Contra esta política, el Pacto Franco-Soviético surge como un obstáculo que, junto con el pacto Ruso-Checo que lo complementa, instala políticamente el Bolchevismo en Europa Central, y además quita a Hitler toda posibilidad de impedir que se siga extendiendo por toda Europa si no es mediante el recurso de una guerra en dos frentes. La diplomacia francesa no solamente instala, mediante sus tortuosas alianzas, al Comunismo en el centro de Europa y le tiende un puente con occidente mediante su alianza con la pequeña entente, sino que, al mismo tiempo, le otorga una patente de respetabilidad de la que hasta ese momento, carecía. Lógico es, pues, que Stalin acoja el Pacto como una bendición y, en reciprocidad, ordena a los comunistas franceses que cesen sus huelgas y algaradas que tanto mal han hecho a la economía francesa.
He aquí cuál era la posición adoptada por el Reich ante esa auténtica agresión diplomática que representaba el Pacto Franco-Soviético:
A) Al comprometerse a Intervenir en favor de la URSS, incluso si el Consejo de la sociedad de naciones no anunciara ninguna recomendación, Francia tomaba con respecto a aquella potencia unos compromisos que sobrepasaban con mucho las obligaciones que le incumbían en virtud del articulo de la S. de N. pues Francia, literalmente, "se reservaba el derecho a determinar quién sería el agresor”, lo cual si desde el punto de vista de la política es una monstruosidad.
B) Por el Tratado de Locarno, Francia se había comprometido a no llevar a cabo operaciones militares contra Alemania, salvo en caso de legitima defensa o si Polonia y Checoslovaquia, con las que Francia tenía en vigor Pactos de mutua asistencia, fueran atacadas por el Reich. Dejando aparte estos casos precisos, Francia renunciaba a todo recurso a las armas con respecto a Alemania, a cambio de una promesa similar por parte de Alemania y de la creación de una zona desmilitarizada en Renania, en la rivera izquierda del Rhin.
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C) A parte de las circunstancias especificadas en el Tratado de Locarno el Pacto Franco-Soviético introducía en la legislación internacional, y por la exclusiva voluntad de dos de sus miembros, Francia y la URSS, es decir de una ínfima minoría, un tercer caso: aquél en que Alemania se encontrara en lucha con la Unión Soviética, precisando que, en este caso, Francia se reservaba el derecho a determinar que el agresor era Alemania y que le incumbiría, no sólo el derecho, sino el deber de intervenir, atacando a Alemania. Algunos exégetas cultivadores del humorismo involuntario han pretendido que el Pacto Franco-Soviético no se dirigía contra Alemania [22]. Si el Pacto no se dirigía contra Alemania ¿contra quién se dirigía, entonces? Por que no cabe duda razonable: un Pacto de ayuda militar se dirige forzosamentte, por definición contra alguien.. ¿Contra quién podía ser, en la situación dada? No podía, ciertamente, ser contra Polonia, aliada con Pactos con la URSS y, desde su restauración como nación independiente, en 1919, con Francia. Tampoco podía ser contra Checoslovaquia, que acababa de suscribir un pacto de ayuda mutua con Stalin. Ni contra Rumania, que, al igual que Yugoslavía, miembro de la Pequeña Entente, tenía un pacto militar con Francia... A menos de creer que Francia prometía su ayuda a la Unión Soviética en caso de ser agredida por Estonia, Letonia, Lituania o Finlandia, no quedaba, fisicamente, otra posibilidad que un enfrentamiento armado con Alemania. Es ridículo, pues, negar que el Pacto Franco-Soviético estaba concebido contra el Reich.Por consiguiente, el 25 de mayo, el gobierno alemán enviaba una nota al francés, resumiendo esta posición: "Toda intervención de Francia en aplicación del Pacto Franco-Soviético sería contraria al artículo 16 del Pacto de la S. de N. y significaría una violación del Tratado de Locarno”. Hitler sólo mencionaba el artículo 16 del Pacto de la S. de N.
incidentalmente. En realidad, insistía en lo referente a la violación del Tratado de Locamo, que él había calificado como "el único tratado verdaderamente claro y estimable que existe en Europa" [23].
Francia se tomó nada menos que un mes en contestar al memorandum alemán. El 25 de Junio de 1935 la nota francesa tiene la audacia de afirmar que "el Pacto Franco-Soviético no es un compromiso militar". La respuesta francesa no resiste el más somero examen; el texto del Pacto dice, expresamente:
Y repetimos: los firmantes serán únicos Jueces para determinar quién es el agresor, independientemente de lo que en tal sentido pueda dictaminar la S. de N., de la que ambos forman parte Blum hace más. Quiere obtener la caución moral de los consignatarios; del Tratado de Locarno y les formula a todos la misma pregunta: "¿Consideran que el Pacto Franco-Soviético contiene implicaciones militares? Londres, Roma y Bruselas piden aclaraciones sobre la pregunta. París la formula en otros términos: "¿Creen que el Pacto Franco-Soviético se opone al Pacto de Locarno?".
Después de mucho hacerse rogar, Londres responde el 5 de Julio. "La firma del Pacto Franco-Soviético no modifica en nada las obligaciones contraidas por la Gran Bretaña "... pero no da su aprobación. Algo muy inglés. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Roma y Bruselas responden del mismo modo. Esto endurece aún más la posición de Alemania, y al ser anunciado, el 7 de enero de 1936, que la discusión sobre la ratificación del Pacto en el Parlamento francés tendrá lugar el 12 de febrero, Hitler hace saber al Gobierno Francés, a través de su Embajador en París, que el Reich "considerará la ratificación del Pacto Franco-Soviético por el Parlamento Frances como un gesto hostil hacia Alemania, e incompatible con las obligaciones del Pacto de Locarno, cuyo texto y espíritu habría violado Francia".
El debate sobre la ratificación duró quince días. El conocido periodista Bertrand de Jouvenel, de la revista Paris-Midi, logró que Hitler le concediera una interviú el 21 de febrero, en pleno debate. Jouvenel preguntó a Francia sobre su sinceridad cuando afirmaba buscar la amistad con Hitler cuando en Mein Kampf aparecen dos o tres diatribas bastante duras contra los franceses. Hitler respondió:
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Jouvenel le planteó, entonces, otra pregunta: "Deseais el acercamiento franco-alemán. ¿Es que el Pacto Franco Soviético no va a comprometerlo?" Respuesta de Hitler:
Eran unas declaraciones muy hábiles y, aparentemente al menos, sinceras habida cuenta de la política exterior de Hitler hasta entonces. Esas declaraciones eran susceptibles de modificar la decisión del Parlamento. Y, si éste no ratificaba al Pacto Franco-Soviético, éste quedaba sin efecto, el gobierno frentepopulista se derrumbaba y la URSS recibía una verdadera bofetada diplomática. No obstante la interviú de Jouvenel a Hitler no fue publicada hasta siete días después de haber tenido lugar, es decir, eI 28 de febrero. Exactamente el día siguiente de la votación de rectificación en el Parlamento.
La interviú apareció demasiado tarde, ante la sorpresa mayúscula de los frances y la Indignación de Hitler, que quedaba en desairada postura, cual si hubiera cedido ante la votación, que, como es sabido, fue favorable a la ratíficación del Pacto por 353 votos a favor y 164 en contra. Los discursos pronunciados en el Parlamento por el líder radical Edouard Herriot citando repetidamente las frases antifrancesas de Mein Kampf fueron decisivas para arrastrar al centenar de diputados centro-derechistas al campo de la ratificación del Pacto.
¿ Cómo fue posible que unas declaraciones de tan sensacional importancia fueran disimuladas al público durante siete días? Se han dado dos versiones. Según Galtier-Boissière, se produjo una intervención del Gobierno ante la dirección de Paris-Midi para presionarle en el sentido de que las declaraciones de Hitler fueran publicadas después de la votación [25]. Es muy probable que así fuera pues las ofertas de Hitler y sus explicaciones sobre los célebres pasajes antifranceses de Mein Kampf hubieran tenido ciertamente impacto entre la opinión pública y entre el centenar de radicales y nacionalistas. En el colmo del impudor, Herriot declaró ante sus colegas: "¿Crees que si Hitler no fuera sincero en sus sentimientos contrarios a Francia, dejaría de desmentir los pasajes de su libro, o, al menos, no nos daría alguna explicación al respecto?.
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El caso es que esas "explicaciones" que pedía Herriot las había dado Hittler días antes y que, según el citado Galtier-Boissière y otros tratadistas franceses [26], el gobierno francés las conocía, hurtándolas a la opinión pública. Y si el gobierno francés las ignoraba, entonces la responsabilidad recaería en la dirección de Paris-Midi. Pero cuando en Alemania se enteraron de la maniobra se elevaron protestas, que no pudieron en modo alguno pasar desapercibidas al gobierno francés que, no obstante, no tomó medidas contra la revista por su flagrante manipulación informativa.En cualquier caso, el clan belicista francés, con los frentepopulistas y una gran parte de los "chauvins" derechistas, había conseguido montar el mismo dispositivo estratégico que se logró con el Pacto Franco-Ruso de 1891, que casi hizo estallar la guerra en 1907 y luego en 1911, lográndolo finalmente en 1914. El gobierno francés y la mayoría de parlamentarios que ratificó el Pacto, empero, ignoraban, o parecían ignorar, que la Rusia Zarista y la Rusia Bolchevique eran dos realidades muy diferenciadas.
La respuesta de Hitler se produjo una semana después. El día 7 de Mayo, Hitler ordenaba la remilitarización de Renania, comunicando oficialmente a los países consignatarios del Tratado de Locarno, Bélgica, Francia, Inglaterra e Italia, que habiendo violado Francia dicho Tratado, cuyas obligaciones eran incompatibles con el nuevo Pacto Franco-Soviético, se consideraba desligado del mismo. La remilitarización de la margen izquierda del Rhin era, indiscutiblemente, una violación de las disposiciones de la Parte V del Tratado de Versalles, así como del Tratado de Locarno. Pero no era más que una réplica a una violación anterior de esos dos tratados por Francia. En Derecho Internacional -- como, por otra parte, en Derecho Privado -- un tratado no es nada más que el compromiso recíproco de cumplir determinadas obligaciones entre dos o mas partes. Cuando una de las partes falta a sus obligaciones, la otra o las otras quedan automáticamente desligada de las suyas.
La reacción de Francia ante la remilitarización de Renania fue muy viva, tanto en el plano diplomático como en el de su desorientada -- por no decir demasiado orientada -- opinión pública. Pero Alemania se mantuvo firme; Hitler sabía, por la nota inglesa del 5 de Julio y la italiana del 15 de Julio, respondiendo a la consulta francesa sobre su -- entonces -- proyecto de Pacto Franco-Soviético, que ninguna de esas dos potencias intervendría, y que Francia quedaría sola ante Alemania. Cuando Francia se dirigió a Polonia y a la Pequeña Entente, recibió como respuesta la promesa de ayuda por parte de Checoslovaquia, Yugoeslavia, Rumania y Polonia, pero sólo a condición de que Francia llevara la iniciativa de las operaciones y siempre y cuando Inglaterra e Italia se unieran a la coalición. Es decir, en lenguaje diplomático, sus aliados dejaban sola a Francia.
El 12 de Marzo, se reunían en Londres los Ministros de Asuntos Exteriores de los consignatarios del Tratado de Locarno. Hitler puso como condición para enviar a su representante a que éste tuviera el mismo derecho al uso de la palabra que sus colegas; que se estudiara la previa violación de los términos del Tratado por parte de Francia y que las demás delegaciones se avinieran a entrar inmediatamente en negociaciones sobre nuevas propuestas alemanas. Al ser rechazadas tales peticiones por Francia y Bélgica -- que, en aquellos momentos, era, políticamente, un satélite francés -- Alemania se abstuvo de mandar un representante a la conferencia de Londres. En la misma, se constató que el tratado de Locarno había muerto, de muerte natural. Al notar que su posición es fuerte, Hitler piensa que la tribuna de la S. de N. puede constituir un buen escaparate publicitario; una caja de resonancia diplomática y, aprovechando que ha sido invitado a comparecer ante el Consejo, Hitler manda allí a Von Ribbentrop, que llega el 19 de Marzo y hace la declaración siguiente:
" Ha propuesto el desarme general: ha sido rechazado.
" Ha propuesto un armamento paritario, basado sobre ejércitos de 200.000 hombres: ha sido rechazado.
" Ha propuesto elevar la cifra a 300.000: ha sido rechazado.
" Ha propuesto un pacto aéreo: ha sido rechazado [27].
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" El 21 de Mayo de 1935 propuso un conjunto de medidas destinadas a asegurar la paz en Europa: fueron rechazadas, excepción hecha de las disposiciones relativas al desarme naval, que sirvieron de base al acuerdo germano-inglés." El Canciller del Reich ha reiterado numerosas veces sus ofertas de paz y -- permitidme decirlo aquí -- él mismo y toda Alemania han esperado que el Pacto Franco-Soviético no sería ratificado.
" Cuando, haciendo caso omiso de sus ofrecimientos y advertencias el Parlamento Francés ha ratificado ese Pacto, el Canciller del Reich, consciente de sus graves responsabilidades hacia el pueblo alemán, ha extraído del mismo la única conclusión que se imponía. Ha restablecido la sobreranía alemana sobre todo el territorio del Reich.
" Al actuar así, el Gobierno alemán se ha fundado en los hechos siguientes:
" 1.- A consecuencia de la acción unilateral de Francia, el espíritu y la letra del Pacto de Locarno han sido tan radicalmente falseados, que dicho Pacto ha perdido su validez y vigencia.
" 2.- A consecuencia de la nueva alianza militar concluida entre Francia y la Unión Soviética, Alemania se ha visto obligada a recurrir, sin demora, al elemental derecho que tiene toda nación a asegurar la seguridad de su propio territorio.
" Por este motivo el Gobierno del Reich rechaza categóricamente, como desprovista de todo fundamento, la acusación de haber violado unilateralmente el Tratado de Locarno. Es materialmente imposible violar un acuerdo que los actos de otro signatario han convertido en caducos.
" El contenido y el ámbito de las proposiciones alemanas no necesitan comentarios. Son tan amplios y completos que todo hombre de citado animado de un sincero amor a Europa sólo puede desear su rápida aplicación.
" Ojala pueda el Consejo de la Sociedad de Naciones, amparando sus actuales sentimientos, tomar conciencia de su significación histórica, y reconocer que tiene en sus manos, los Instrumentos merced a los cuales es posible rechazar el espectro de la guerra y llevar a una Europa Inquieta al camino de la Paz" [28].
La argumentación de Von Ribbentrop parece irrecusable. Y prueba de ello es que nadie Intentó rebatirla. No hubo discusión, a pesar de que el plenipotenciario alemán parecía, viablemente, aguardar una respuesta. No la hubo. Todos los miembros del Consejo parecían turbados [29]. En su nombre, el Presidente de la Asamblea, al británico Bruce, toma acta de las palabras de Ribbentrop y levanta la sesión. Por la tarde, en ausencia de Ribbentrop, al que, Isólitamente, ni se avisa siquiera [30] el Consejo se limita a declarar sin discusión previa y sin mas comentarios que "el artículo 43 del Tratado de Versalles ha sido violado por Alemania". No se habla de la intervención militar, ni de represalias ni de ninguna clase de sanción. Al levantar la sesión, Bruce pronuncia una corta alocución que contiene la siguiente frase: “El Canciller Hitler ha renovado su voluntad de cooperación: nos ha sido confirmado esta misma mañana por su representante personal. Estoy convencido pues, que se encontrará una solución ".
Esto era, de hecho, una especie de "visto bueno" dado, inesperadamente a Hitler, por Bruce, conservador inglés opuesto al clan belicista que representaban en su país los laboristas y los llamados jóvenes conservadores de nos ya nos hemos ocupado.
Unos días después, el 29 de Marzo, un referendum "aprobaba la obra llevada a cabo por el Führer en el curso de los tres últimos años", por 44.411.911 votos, es decir, el 99 % del conjunto de los inscritos, es decir, la más fuerte de las mayorías que nunca obtuviera. La inmensa mayoría de los periodicos y revistas de las democracias occidentales, empero, hablaron de "plebiscitos trucados ". Olvidaban que en el Sarre, bajo control de la S. de N., Hitler obtuvo nada menos que un 90,75 % de los votos, tras quince años de propaganda francesa. No parece, pues, descabellado, que sin propaganda sistemáticamente adversa y con el buen trabajo del Doctor Goebbels desde el Ministerio de Propaganda, se obtuvieran mejores resultados, llegando, en la ocasión que nos ocupa, al 99 %.
Hitler había ganado en toda la línea, pero el clan belicista había logrado, mediante la bombástica utilización de sus recursos propagandísticos a escala mundial, que el Führer apareciera a ojos de una parte cada vez mayor de la opinión pública como un incumplidor de
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pactos y tratados, cuando, en el caso presente, parece fuera de toda duda razonable que el incumplidor fue el gobierno francés, y no el alemán.La consolidación del Eje se configura el 5 de Mayo con la visita que Von Neurath hace al Duce. Las conversaciones de los dos hombres de estado confirman, dice un comunicado alemán "el estrecho paralelismo de intereses y de identidad de intenciones de ambos países". El 25 de Septiembre, Mussoliní, recibido solemnemente por el Führer en Munich, le entrega un documento, en el que, entre otras cosas, se dice: "Defensor y guardián de la cultura europea contra toda tentativa subversiva, el Führer ha dado a Italia, en sus horas de lucha, su plena solidaridad y su amistad sincera". Más adelante veremos que este entusiasmo, que un nórdico adjetivaría "latino", no está exento de reservas mentales. De momento, limitémonos a mencionar que el 6 de Noviembre se firma un protocolo anticomunista por el cual Italia se adhiere al protocolo germano-nipón, suscrito en Noviembre de 1936. Esto da luz al Eje Berlin-Roma- Tokio.
Sir Neville Chamberlain sucede a Baldwin como Primer Ministro inglés en Mayo de 1937.
Baldwin debió dimitir a causa de haber adoptado el punto de vista del Arzobispo de Canterbury sobre la cuestión del matrimonio morganátíco de Eduardo VIII. Al convertirse en el campeón de la abdicación de éste, se había autoexcluído del poder, pues el prestigio de la Corona Británica no podía permitir que el nuevo soberano, Jorge VI, le debiera el trono. El sucesor de Baldwin es un burgués, típicamente inglés, hombre de negocios, básicamente un "gentleman" y con un excelente sentido del humor. Antes de llegar a la más alta magistratura de la política británica, había sido Canciller del Exchequer (Ministro de Finanzas), logrando parchear la economía inglesa, maltrecha tras la nefasta gestión del socialista MacDonald. Es, según sus adversarios, un cínico, y según sus partidarios, un realista, con un agudo sentido de las realidades, muy ágil en las negociaciones y "muy inglés". Su fortuna personal parece ponerle al socaire de las presiones.....pero sólo lo parece. En su momento, como más adelante veremos, deberá ceder precisamente en el terreno que se suponía el más invulnerable para él.
Lo primero que hace Chamberlain es mandar a Lord Halifax, Lord Presidente del Consejo, a Berlín, donde se entrevista con Goering. El pretexto es una exposición cinegética. Luego visita a Hitler en Berchtesgaden. No trasciende nada del resultado de sus entrevistas, pero el periódico The Observer, órgano de la City y de los intereses exclusivamente anglosajones, publica [31] un sensacional artículo en el que expone que "la unión de Austria con Alemania le parecería la cosa más natural del mundo" ... "Gran Bretaña", decía el artículo "no va a hacer la guerra ni enemistarse con el Reich para asegurar la independencia de Austria o Checoslovaquia". El artículo está firmado por Garvín, diplomático de primer rango. Aunque es posible que su artículo no refleje más que la opinión del autor, para los que conocen el grado de intimidad entre Garvín y el Primer Ministro Chamberlain y con las primeras figuras del Partido Conservador en su versión no-belicista, tales como Sir Samuel Hoare, Runciman, Simón, Brendan-Bracken y Butler no quedan dudas de que desde Noviembre de 1937 Chamberlain ha dado, a Hitler, luz verde para su predominio en Europa Central, solucionando a su manera los problemas austríaco y checoeslovaco - siempre y cuando Inglaterra arbitre la situación - y dejando, de este modo, manos libres a Alemania en el Este de Europa, ante la URSS. El artículo citado terminaba, significativamente, con una feroz diatriba anticomunista. Causan tal sensación las afirmaciones de Garvin que toda la prensa inglesa se hace eco de ellas. El clan belicista británico reacciona violentamente y se acusa a Chamberlain de pactar, secretamente con Hitler, dejándole fortalecerse para que pueda atacar a la URSS. Los laboristas y todo el Movimiento Sionista son los abanderados de las críticas contra Chamberlain, pero también los llamados "jovenes conservadores" se distinguen por la dureza de sus ataques al Primer Ministro.
El tercer hecho crucial de 1937 es, como hemos dicho, el hundimiento de la Pequeña Entente, alianza político-militar que unía a Francia directamente con Yugoeslavia, Rumania y Checoslovaquia, y las tres últimas indirectamente con Polonia, país que a su vez tenía un pacto de amistad y ayuda mutua con Francia.
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El fin de la Pequeña Entente había empezado en Junio de 1935. Stojadinovich, el Ministro de Economía, había sido llamado por el Regente de Yugoeslavia para que presidiera el nuevo Gobierno de aquél país. Partidario de colaborar con el Reich en la política económica del barter (trueque) que éste patrocina, los lazos con Alemania se fortalecen en la misma medida que se debilitan los que unen a Yugoeslavia con Francia. Un año antes, en Agosto 1936, Titulesco, había debido dimitir de su cargo de Ministro de Asuntos exteriores [32], en Rumania, al subir, democráticamente, al poder, el Primer ministro Octavian Goga quien, por cierto, sería depuesto un año después, dictatorialmente, por el Rey Carol, ante el aplauso de las llamadas democracias. Goga inició una época de cooperación económica con Alemania. Ya desde Principios de 1937 se estableció una doble corriente de intercambios económicos entre Yugoeslavia y el Reich, por una parte, y entre el Reich y Rumania por otra. Yugoeslavia y Rumania enviaban sus productos agrícolas y ganaderos a Alemania, la cual les pagaba en productos químicos, maquinaria y artículos manufacturados. El Reich estaba apoderándose de los mercados industriales yugoeslavo y rumano, de la misma manera que ya anteriormente se había hecho con los mercados húngaro y búlgaro. Pero los gobiernos de Belgrado y Bucarest debían ir mucho más lejos en la desautorización de la política pro-francesa sostenida por sus antecesores. El 24 de Enero de 1937, Stojadinovich y Kusseivanov, Presidente del Gobierno Búlgaro, firmaban un Tratado de paz y amistad entre sus países, y dos meses después el mismo Stojadinovich firma otro tratado con Italia. En virtud del mismo Italia y Yugoeslavia se garantizaban mutuamente el respeto de sus respectivas tierras y se comprometían a actuar de acuerdo en el caso de complicaciones Internacionales que pusieran en peligro sus intereses.Cuando Yvon Delbos, plenipotenciario francés, se presenta en Belgrado para renovar la alianza franco-yugoeslava de la Pequeña Entente, Stojadinovich se encuentra en Roma. en visita oficial. Delbos es recibido, fríamente, por un secretario de embajada. Yugoeslavia ha cambiado de campo definitivamente: sus intereses están, ahora, ligados con los de las Potencias del Eje.
El nuevo estado parecía, en las circunstancias de entonces, como inviable.
El Anschluss (unificación con Alemania) era reclamado, desde Noviembre 18, por el Partido Socialista Austríaco, a cuyo frente se hallaban, por cierto, dos hebreos, Victor Adler y Otto Bauer. El 12 de Noviembre del mismo mes, los diputados del Reichsrtag austríaco constituidos en Asamblea Nacional, adoptaban un proyecto de ley tendente a la proclamación de una república germano-austríaca. El articulo tercero estaba concebido en los siguientes términos:
El Anschluss parece, en esos momentos, tan probable e irreversible que una parte de la población del Vorarlberg y del Sud-Tirol que no lo desea, pide oficialmente su incorporación a la Confederación Helvética. El 4 de Marzo de 1919, la Asamblea Constituyente preconiza por mayoría abrumadores de votos el Anschluss y doce días después una ley constitucional, cuyo articulo segundo establece que " Austria forma parte de la República Alemana ". El 19 de Marzo, el Canciller Austríaco Renner, declara ante la Cámara:
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A pesar de que los Aliados occidentales se oponen al Anschluss amparándose en las cláusulas de los Tratados de Versalles y Saint-Germain, la Asamblea Nacional Austríaca, por unanimidad, decide organizar, en un plazo máximo de seis meses un plebiscito a propósito de la reunión con el Reich. La primera provincia en ser consultada será precisamente el Tirol del Norte. La votación tiene lugar el 24 de Abril de 1921. El 98,6 % de los electores son partidarios del Anschluss. Un mes más tarde, votación en Salzburg: el 99 % de los votantes se declaran igualmente partidarios del Anschluss. La siguiente consulta popular está prevista en la región de Estiria, pero, a la demanda de los aliados, capitaneados por Francia, la S. de N. interviene. En virtud del artículo 80 del Tratado de Versalles, que garantiza la independencia de Austria, las consultas populares son interrumpidas. Admirémonos, de paso, de la incoherencia de las llamadas democracias occidentales, que dominan la S. de N., apoyadas ahora por la democracia soviética. Por una parte profesar el sacrosanto principio del "derecho de los pueblos a disponer de sí mismos", y nada, en efecto, más democrático, si consideramos la democracia como lo que pretende ser. Y por otra parte, en cuanto el pueblo austríaco quiere disponer de sí mismo, las democracias occidentales invocan un artículo del Tratado de Versalles, que ellas consideran intangible, cuando les conviene, y ordenan mayestáticamente la perpetuación indefinida del statu quo. Los austríacos arguyen que también el Tratado de Versalles contiene un artículo, concretamente el n. 19, que prevé la modificación o rescisión de cláusulas del mismo. Está redactado así:El areópago ginebrino contesta, según su costumbre, al margen de la cuestión: el Tratado de Versalles garantiza la independencia de Austria. Esto es sencillamente inaudito. "Garantizar", en cualquier diccionario, es salir fiador de algo o de alguien. ¿Como se puede salir fiador de alguien si éste no quiere que se haga ? ¿ No parece, en la circunstancia dada, la palabra "garantía" un hipócrita subterfugio para no deber utilizar el vocablo (tan poco democrático) de " imposición "?.
Pasan diez años desde esta imposición de la S. de N., empeñada en mantener la balcanización de Europa en multitud de mini-estados inviables. En Mayo de 1931 se hace público que el Canciller Schober y el Ministro Alemán Curtius están preparando un proyecto de unión aduanera austro-alemana. Inmediatamente, Briand, Delegado francés en la S. de N., eleva su protesta. Austríacos y alemanes insisten. El asunto será llevado ante el Tribunal de la Haya, que fallará a favor de la tesis francesa. El proyecto de unión aduanera será enterrado.
Si nos basáramos exclusivamente en la lógica, el ex-Ministro Otto Bauer, sionista y socialista, hubiera debido hacer oír al mundo su indignada protesta por esta antidemocrática ingerencia de la República Francesa en los asuntos internos de Austria. Pero Otto Bauer se calló.
¿ Por qué ? Pues porque el Otto Bauer de 1931 ya no era el Otto Bauer de 1921, partidario del Anschluss. Su opinión había cambiado en ese aspecto en 1925, en el momento en que el Mariscal Hindenburg era elegido Presidente del Reich. Si Otto y, con él, todos los socialistas austríacos - apoyados entonces por todos los socialistas de Europa - habían preconizado el Anschluss tras la Primera Guerra Mundial, era únicamente por espíritu de partido. La supresión de la frontera alemana les hubiera permitido fortalecer el Socialismo Alemán, entonces en gran auge electoral, al cual habrían apuntalado con sus votos, y, al mismo tiempo, habrían consolidado su propia posición en Viena. Como Alemania se había desembarazado del Socialismo, dejaba de ser "la madre patria". Los demócratas son los mismos en todas partes: y lo primero es el Partido ! [33].
La llegada de Hitler al poder convertirá a Otto Bauer y sus amigos políticos en adversarios declarados del Anschluss. El Canciller de Austria es en esa época, Dollfuss, apasionado antihitleriano, pero también antimarxista. El 12 de Febrero de 1934 los comunistas de Viena se lanzan a la calle para tomar el poder por la violencia, pero son aplastados por la Policía y el
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Ejército [34]. Los nacionalsocialistas austríacos, conducidos por Seyss-Inquart y el doctor Tavs, presionan a Dollfuss para que proceda a estrechar lazos con el Reich, cuenta tenida de que en la Constitución Austríaca se reconoce, en su Artículo tercero, queEn Agosto de 1933, Dollfuss se entrevista con Mussolini en Riccione y éste le garantiza, de nuevo, la independencia austríaca. Decididamente todo el mundo parece preocuparse por la independencia de Austria, exceptuando la mayoría del pueblo austríaco. Mussolini, en Riccione, garantiza la independencia de Austria, si es preciso, con la fuerza de las armas, pero exige a cambio la renuncia definitiva de Austria al Alto Addige (Tirol del Sur) que el Tratado de Versalles adjudicó a Italia, que sean abolidos todos los partidos políticos Austriacos, incluyendo el nacionalsocialista y que el "Frente Patriótico" adopte gradualmente el modelo fascista.
En Mayo de 1934 se incrementan hasta lo indecible las cortapisas al Partido Nacional-Socialista austríaco, evidentemente sostenido, con no excesiva discresión, por Alemania. El terrorismo y el contraterrorismo se suceden, entre nazis y miembros del "Frente Patriótico".
Ello llega al paroxismo cuando Dollfuss decide anular, por un supuesto vicio de forma, unas elecciones cantonales en Salzburgo, que al dar la victoria a los nacionalsocialistas dejaba a éstos con mayoría en el Parlamento. Hubo un raid de los nazis en la Cancillería, y Dollfuss resulto muerto en el tiroteo [35]. En un movimiento completamente hostil a Berlín, Mussolini envió tropas al Paso del Brenner anunciando, además, que no toleraría la ocupación de Austria por Alemania [36].
A Dollfuss le sucede como Canciller Schussnigg, que, el 11 de Julio se entrevista con Hitler, publicándose un comunicado conjunto por el que "Alemania reconoce la plena soberanía del Estado Austríaco y Austria se compromete a levar a cabo una política sobre la base de los hechos reales y que Austria es un estado alemán". El Partido Nacional-Socialista austríaco tendría pleno derecho de actuar libremente y a propagar sus ideas, incluyendo la idea del Anschluss.
Además, se firma un tratado de cooperación comercial entre ambos países. Schussnigg, entre tanto, se ve presionado por la S. de N., que continúa empeñada en "garantizar la independencia del Estado Austríaco". Hitler ofrece a Schussnigg ayuda financiera para librar a Austria de la hipoteca que representa el préstamo que el organismo supranacional ginebrino le hiciera. Mussolini continúa sosteniendo a Schussnigg como hiciera con Dollfuss, tanto política como financieramente. El Canciller austríaco, pues, interpreta el acuerdo con Hitler a su manera, es decir en el de la independencia del estado austríaco, haciendo caso omiso del otro aspecto del mismo, o sea su carácter alemán. A finales de 1937, Schussnigg se desplaza a París para entrevistarse con Laval, proponiendole una alianza militar defensiva, parecida a la que Francia tiene vigente con Polonia y Checoeslovaquia. Schussnigg propone que Mussolini sea asociado a ese pacto. Pero para la Izquierda francesa considera Schussnigg, el sucesor de Dollfuss, es un " fascista ", que, si bien anula las elecciones cuando éstas son favorables a los nazis austríacos, también mete a los comunistas en campos de concentración y mantiene a los socialistas en un ostracismo absoluto. Laval acogería con gusto la sugerencia de Schussnigg de tender un puente hacia Roma a través de Viena, pero el empecinamiento ideológico de los marxistas franceses se lo impide. Schussnigg debe regresar a Viena completamente fracasado, sin haber logrado más que enfriar aún más las relaciones con Berlín.
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A principios de 1938 Schussnigg, a sugerencias de su amigo el ministro francés Puaux intenta afianzar la existencia del Estado Austríaco mediante lo que él considera una hábil maniobra. Decide organizar un plebiscito preguntando al pueblo si desea la independencia de Austria o si prefiere el Anschluss con Alemania. El propio Mikiás, Presidente Federal de Austria, aconseja a Schussnigg que desista de su idea. Si en Austria hace tiempo que no se han llevado a cabo elecciones generales, es evidente que los padrones no están al día. Este inconveniente, empero, es mínimo comparado con lo que lleva "in mente" el Canciller Schussnigg: los colegios electorales no estarán formados por las autoridades locales, sino exclusivamente por miembros del "Frente Patriótico" la guardia pretoriana de Schussnigg. El Estado controlará de este modo las elecciones, el recuento de los sufragios y la anulación de los comicios allí donde se considere necesario; el voto podrá ser secreto o no, según las circunscripciones y la prensa gubernamental ya avisa que todo voto favorable al Anschluss significará alta traición. Todo se prepara a toda prisa para lograr el efecto de "fait accompli". El propio Mussolini, que hasta el momento ha sostenido sin desmayo a Schussnigg, le aconseja que abandone su proyecto. Hitler se dirige a la S. de N. pidiendo a ésta que intervenga y controle el plebiscito. La S. de N. que lleva casi veinte años ocupándose de los asuntos de todo el mundo, responde virtuosamente que no puede inmiscuirse en los asuntos internos de Austria.En vista del giro que van tomando los acontecimientos, Seyss-Inquart, jefe de los nacionalsocialistas austríacos, dimite de su cargo de consejero de Estado invita a la población de abstenerse de votar. Hitler dirige una propuesta a Schussnigg: que las elecciones se aplacen durante tres semanas, y que en ese tiempo se confeccione el padrón electoral. Solicita también que el voto sea secreto y que los delegados de los demás partidos, incluidos los nazis locales tengan derecho a participar en el control de los escrutinios junto a los del "Frente Patriótico".
Schussnigg se apoya en los únicos aliados que le quedan: los marxistas, que son sacados del campo de concentración de Woellersdorf y montados en camiones que recorren las calles a los gritos de "¡ viva Schussnigg ! ¡ Viva Moscu !", pero nadie les secunda. El embajador austríaco en Londres, personaje siniestro y que lleva el nombre premonitorio de Barón Frankenstein comunica que, pese a los requerimientos de Schussnigg en ese sentido, Inglaterra no intervendrá ni militar ni siquiera diplomáticamente para apoyar a Austria. Schussnigg debe ceder y anunciar el aplazamiento de las elecciones y dimitir. Tres horas más tarde, el Presidente Federal Miklás ordena a Seyss-Inquart que forme nuevo gobierno. Este lo hace con miembros de su propio partido, el Nacional Socialista de Austria, mientras los "camisas pardas" desarman sin lucha a componentes del "Frente Patriótico". La Plaza de los Héroes, en Viena está ocupada por una muchedumbre que estalla en delirantes ovaciones cuando desde el balcón de la Cancillería federal despliegan la primera bandera de la cruz gamada. Los nacionalsocialistas austríacos controlan todo el país, con el apoyo de la gran mayoría del pueblo [37]. En todos los edificios oficiales ondea la bandera de la swastika mientras los miembros del "Frente Patriótico" se han retirado sin ofrecer resistencia. Pero, en vista del fracaso del anterior "putsch" contra Dollfuss, en Berlín no confían demasiado en la situación y quieren estar prevenidos contra cualquier sorpresa desagradable. Goering habla por teléfono con Seyss-Inquart, y poco después recibe un telegrama, que ya se le anticipa, anunciándole:
Tras una noche de febril tensión, a las seis de la mañana, las tropas alemanas al mando del General Von Bock, cruzan la frontera austríaca. La única resistencia que deben vencer en su avance es el entusiasmo de la muchedumbre que los inunda de flores y sólo con gran dificultad les cede el paso en las calles. Esto no es una patraña de la propaganda del Doctor Goebbels, sino un hecho acreditado por las grandes agencias de noticias internacionales de la época, qué, por cierto, lo relataban lamentándolo ... [38].
El 10 de Abril se consultó mediante plebiscito, a la población austríaca, si deseaba o no el Anschluss con el Reich. Hitler comunicó a la S. de N. y a los gobiernos inglés, francés e italiano, que, si lo deseaban, podían enviar observadores que controlaran la pureza democrática de los
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escrutinios. Ninguno de dichos gobiernos consideró útil o conveniente aceptar la invitación del Führer. No obstante, abundaron los representantes de agencias de noticias internacionales, incluyendo Havas, Stéfani y Associated Press, que no formularon objeción alguna en cuanto al normal desenvolvimiento de los comidos. El resultado final arrojado por los mismos fue de 4.275.000 votos favorables al Anschluss y 12.500 en contra.Mussolini toma nota de la nueva situación planteada y tras recibir al enviado personal de Hitler, el Príncipe Felipe de Hesse, pariente de la Casa Real italiana, que se traslada a Roma en avión especial, reúne al Gran Consejo Fascista que manifiesta "rechazar toda intervención en la política interior de Austria y en el desarrollo de un movimiento de carácter nacional cuyo resultado lógico se podía prever desde hace tiempo ". Hitler responde a esta noticia con un telegrama, desde Linz, que revela la emoción que le embarga aquél día: "Mussolini, jamás le olvidaré este gesto ".
Italia, el Japón, Yugoeslavia, Polonia y Hungría son los primeros países en transformar sus embajadas vienesas en consulados y aprovechan esta ocasión para expresar sus simpatías "por la reincorporación de Austria al Reich alemán". Su ejemplo es seguido pronto por Holanda, Bélgica, Lituania, Portugal, Brasil y todos los demás países, incluyendo los Estados Unidos y la Unión Soviética....ésta última con un simple reconocimiento diplomático, pues no mantenia embajada en Viena. Sólo Inglaterra y Francia se ven en la "penosa" obligación de levantar un acta de protesta. Lord Halifax, Ministro de Asuntos Exteriores de la Gran Bretaña declara el 16 de Marzo en la Cámara de los Lores que la situación creada por el Tratado de Saint-Germain (es decir, la independencia forzosa de Austria) no se podía mantener eternamente en vigor, pero que "el Gobierno Británico rechazaba el empleo de la fuerza por parte de Alemania...". Como se observará la protesta inglesa es matizada. No discute la justicia del Anschluss, sino el procedimiento, que considera violento. Francia no matiza; lo condena todo. Es curioso - digámoslo de paso - que dos imperios coloniales, sobre todo el inglés, que se han forjado con el empleo permanente de la fuerza durante tres siglos, sean tan selectivos a la hora de valorar el Anschluss. Al fin y al cabo, éste se ha llevado a cabo sin disparar un solo tiro. Los ingleses llevan tres siglos en Irlanda y dos en la India, manteniéndose a tiros, y ningún gobierno alemán ha "lamentado el uso de la fuerza por parte de Inglaterra".
Una cosa parece evidente, con todo. Chamberlain, al dar a conocer, por boca de su Ministro Halifax, que la artificial independencia austríaca no podía mantenerse por más tiempo, aún cuando haga la concesión a su ala belicista sobre el empleo de la "violencia" alemana, en realidad lo que hace es dar su acuerdo a Alemania para que continúe su política, es decir; "hegemonía germánica en Centro-Europa, statu quo en las fronteras occidentales del Reich y orientación de los objetivos alemanes hacia el Este".
El 10 de Abril, nuevo plebiscito organizado por Hitler, sobre la cuestión siguiente: "¿ Estás conforme con la reincorporación de Austria al Reich, llevada a efecto el 13 de Marzo de 1938 y votas por la candidatura de nuestro Führer, Adolf Hitler?". Casi cincuenta millones de electores depositan su voto la votación es secreta y a la misma asisten, con interés no disimulado, numerosos corresponsales de la prensa extranjera. El resultado oficial es el siguiente En Austria, el 99,73 % de los votos son favorables al Anschluss, en Alemania, el 99,01 %. La elección en todo el territorio de la Gran Alemania es de un 99,10 % de votos a favor de Adolf Hitler, para la única candidatura que se ha presentado. Las cifras se acercan demasiado a la unanimidad para no despertar fundados recelos. Algunos periodistas extranjeros afirman [39] que ha habido irregularidades en los recuentos de votos, y que no creen que Hitler haya obtenido más de .... un 90%. Creemos que huelgan los comentarios. Aún admitiendo como válida la objeción, un 90% no lo ha obtenido ningún gobierno democrático, en Europa Occidental ni en América, jamás; ni antes ni después de Hitler.
Fue en 1938, año en que, por otra parte, el Anschluss y la cuestión de los Sudetes llevaron tantas congojas a los espíritus de los gobernantes, cuando el problema judio llegó a su paroxismo en Alemania. No obstante, en un momento dado pareció lucir una posibilidad de esperanza. Desde su llegada a la Casa Blanca, el Presidente Roosevelt se había distinguido por ocuparse más de la política europea que de la norteamericana. Son conocidas sus intervenciones en favor de los Judíos alemanes, así como su apoyo a Inglaterra y Francia en el asunto de las sanciones contra Italia con motivo de la guerra de Etiopía. El 5 de Octubre de 1937 pronunció en
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Chicago el llamado "Discurso de la Cuarentena" porque en él preconizaba la puesta en cuarentena de Alemania, el Japón e Italia, es decir, del 12% de la población del globo, debido a que tales países "están destrozando todo el orden internacional y toda equidad para el 88% de ciudadanos del mundo amantes de la paz, de la seguridad y la libertad, con objeto de preservar a la colectividad humana del contagio".En Julio de 1938, el presidente Roosevelt, que tenia en su país un paro univalente al 11% de su población, es decir, un problema pavoroso, demuestra que sus preocupaciones siguen lejos de los Estados Unidos, cuyo pueblo, es de suponer que le ha votado para que se ocupe de sus problemas y no de los ajenos. En efecto, Roosevelt propone una reunión con objeto de solucionar el caso de las transferencias de los bienes de los judíos alemanes que emigran de su patria de nacimiento hacia nuevos países más acogedores para ellos. La conferencia tiene lugar en Evian (Francia), del 6 al 15 de Julio de 1938. El objetivo oficial de la misma "cómo y de qué manera podían ser transferidos los bienes de los judies alemanes a otras naciones y a cuales".
Alemania mandó un observador que expuso el punto de vista de su Gobierno. Era el siguiente:
Las condiciones que ponía Alemania eran que se establecieran acuerdos de compensación, de manera que los pagos se realizaran dentro del marco de los intercambios de mercancías entre Alemania y esos países, así como el escalonamiento de tales pagos que se realizarían en varios años.
Aquí es preciso un inciso. Hace unos años, un escritor judío alemán, naturalizado norteamericano, Hans Habe, expuso una versión que fue inmediatamente recogida y vulgarizada con gran estruendo por numerosos periódicos judíos o judeófilos de todo el mundo, pretendiendo presentarla como una versión histórica incontrovertible [40]. Según tal versión, el delegado alemán en la conferencia de Evian propuso "el cambio de judíos alemanes contra 250 dólares por cabeza". Creemos que nunca se puso en circulación una más desvergonzada mentira, y de manera más trivial. La realidad es que Alemania no pedía dinero por sus judíos; Alemania DABA DINERO PARA QUE SE LOS LLEVARAN. Y si se quien calcular "por cabeza de judío" como lo hace el judío Señor Habe, 3.000.000.000 de D.M. representaban aproximadamente unos 5.600 D.M. "por cabeza", es decir, de 1.000 a 1.200 dólares de la época, una buena cantidad.
Inglaterra, empero, expuso su tesis. Exigía 1.000 libras esterlinas por judío expulsado de Alemania, pagadas al contado. No quería saber nada de plazos ni de acuerdos de compensación en mercancías. La petición inglesa equivalía a un "no" diplomático, al solicitarse una cifra que los británicos no podían ignorar que Alemania no podía pagar. Según el cambio de la época [41] representaba unos 17.000.000.000 D.M. o sea algo menos que el presupuesto de Alemania para todo un año. Algo absolutamente insensato.
Hay que tener bien presente que en aquél período Chamberlain, con el apoyo del clan pacifista conservador, dominaba todavía la escena política inglesa. Los sectores anglosajones de la City le sostenían firmemente frente al clan belicista encarnado por los laboristas, los "jóvenes conservadores de Eden" y los sionistas. Chamberlain, verdadero imperialista inglés, no podía tolerar que judíos adinerados se instalaran en Palestina, creando problemas a la administración británica en Palestina, con los roces que no dejarían de producirse entre judíos y árabes. No pudiendo decir que no, para salvar las apariencias, y también para esquivar en lo posible la presión de Roosevelt, a su vez remolcado por su "Brain Trust" de sionistas, Chamberlain pedía a Alemania una cantidad de dinero insensata, forzándola a una negativa que la dejaría en mal lugar ante la Opinión Pública, que, de ordinario, no sabe aritmética ni entiende de cifras.
Pese a todo la presión de Roosevelt logró que la Conferencia designara a un americano, M. Rublee, como representante encargado de negociar con Alemania. Durante un tiempo, no se
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habló más del asunto. Luego, el 23 de Diciembre, el Doctor Schacht y Rublee se reunieron en Londres, con el consentimiento de Hitler, que envió a su Ministro de Finanzas para que encontrara una solución, provisto de plenos poderes. Pero no obtuvieron resultados positivos por el endurecimiento de la posición de Inglaterra, que a sus mil libras esterlinas por cabeza añadió, como condición suplementaria, una especie de "reserva de derecho de admisión"; es decir, los ingleses estudiarían, caso por caso, los judíos que podían admitir en su Imperio y los que no. La prensa inglesa, incluyendo la adicta a Chamberlain, y contraria al endurecimiento de la política británica hacia Alemania, criticaba constantemente a ésta por su política para con los judíos, pero cuando Hitler ofrecía a 300.000 Judíos para qué se les diera asentamiento en el inmenso y semi-explotado Imperio, los ingleses pedían una fortuna por cada uno de ellos, y además se reservaban el derecho a decir "éste lo quiero y éste no". Typically English !.Uno de los motivos que contribuyeron a agravar la situación en Europa fueron los disentimientos producidos entre norteamericanos y japoneses en el Pacífico y en China.
Conviene dar una ojeada histórica retrospectiva. En 1914 Japón entró en la guerra, al lado de los Aliados, a cambio de ciertas promesas que le hicieron Francia e Inglaterra. En efecto, "todas las posesiones alemanas situadas al Norte del Ecuador le serían concedidas a condición de que las ocupara" [42]. Como se observará, el condicionante es de talla. El Japón conquistó, una a una, todas las posesiones alemanas en Extremo Oriente, expulsó a la Flota Alemana del Pacifico, suministró a los Aliados los barcos necesarios para transportar a Egipto y a los Dardánelos los contingentes neozelandeses y australianos e incluso mandó un Cuerpo Expedicionario a Europa.
En unas pocas palabras: su contribución a la victoria de los Aliados fue tan importante que incluso fue considerado miembro fundador de la Sociedad de naciones en cuyo Consejo disponía - junto a Francia, Inglaterra e Italia - de un sillón permanente.
Norteamérica consideraba la China como coto de caza particular y privado desde los tiempos del Comodoro Perry, cuando éste limitó las posibilidades expansivas del Japón en Asia.
Así que, al enterarse de las promesas hechas por Inglaterra y Francia al Japón, se apresuró a manifestar que no las reconocería nunca "por ser contrarias al derecho de libre disposición de los pueblos", como manifestó con desenvoltura el Presidente Wilson, en la Conferencia de la Paz. En virtud de la oposición norteamericana, las posesiones insulares de Alemanía fueron atribuidas al Japón, pero no como colonias o provincias del Imperio Nipón, sino como Mandato temporal de la Sociedad de Naciones. Las posesiones continentales alemanas fueron repartidas entre la China y los anglo-americanos (con lo cual Inglaterra, incluso formalmente, faltó a su pacto con el Japón). Si China se quedó con la posesión alemana de Shantung, ciertos pueblos y legaciones, como Victoria y Shangai pasaron a un condominio anglo-norteamericano.
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Hubo, pues, un flagrante incumplimiento de promesa por parte de los Aliados Occidentales, que necesitaban del Japón para contrarrestar a Alemania en Oriente y, al propio tiempo, para aprovecharse de su ayuda en hombres y material, así como en víveres, en el frente europeo. Esta falta de palabra fue el principio de una larga hostilidad, que aún perdura.En 1931, mientras China se debate en un anárquico caos, Japón aprovecha la oportunidad para intervenir en Manchuria, de donde expulsa a los chinos y, el 1 de Marzo de 1932 proclama, bajo el nombre de Manchukuo, una Manchuria independiente, pero bajo protectorado político Japonés. La S. de N., que, en los diez últimos años ha dejado pasar en silencio la ocupación de las tituladas cinco repúblicas soviéticas del Asia Central, Uzbekistán, Tadjikistan, Kirghizia, Kazakhstan y el Turkmenistán, más Georgia y Armenia, así como el Azerbaidjan y Ucrania, cuya independencia había sido garantizada por los miembros fundadores de la citada S. de N., decide bruscamente, a demanda de Inglaterra y bajo presión de los Estados Unidos [43] ocuparse del incidente manchú y, por 42 votos contra 1 (precisamente el voto japonés) invita al Imperio del Sol Naciente a "evacuar en el plazo más breve toda la porción de territorio chino que ocupa indebidamente. Unas semanas después, el Japón, que no hace el menor caso, abandona la S. de N. Es más, continúa su penetración en China Continental y conquista toda la provincia de Jehol que anexiona a Manchukuo. A finales de 1934 denuncia el Tratado Naval del Pacifico y empieza la construcción de una moderna flota de guerra.
La salida del Japón de la S. de N. provoca su acercamiento a Alemania. Por otra parte, los Japoneses justifican su intervención en la China por la progresiva bolchevización de ésta, e institucionalizan esa política con la firma, con Alemania, del pacto Anti-Komintern. Roosevelt, que tiene en casa un paro desbordante y cuenta con reabsorberlo con los mercados de exportación, se encuentra con que China, de hecho la más antigua "colonia" económica estadounidense, se escapa de su órbita. El "Brain Trust" que rodea a Roosevelt, izquierdista y pro-comunista, observa como el Pacto Antí-Komintern es una amenaza para la URSS, una tenaza que puede, como mínimo, aislarla del resto del mundo y provocar su hundimiento interior. A finales de 1937, los Japoneses controlan más de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio chino, habitados por doscientos millones de personas. Controlan igualmente toda Corea y todas las islas del Mar de la China, incluida Formosa. Con el hinterland ocupado por los Japoneses, que controlan la mayor parte del litoral, Hong-Kong pierde todo su valor estratégico y comercial. Con ello, también Inglaterra pierde posiciones en Extremo Oriente, en detrimento del Japón.
El Presidente Roosevelt, presionado por su "Brain Trust" [44], toma una medida sin precedentes en los anales de la diplomacia. El 3 de Enero de 1936, en un mensaje al Congreso, Roosevelt acusa simultáneamente al Japón, a Alemania y a Italia de
Llamamos la atención sobre el hecho de que Roosevelt acusa a tres países, alejados por miles de kilómetros del suyo, de que creen que tienen una misión a que cumplir en el mundo, y unos segundos más tarde, en la misma frase, declara que los Estados Unidos "no lo pueden permitir", en nombre de "la Democracia y la Paz Mundial". Como no hay constancia de que el Todopoderoso le nombrara al Presidente Roosevelt representante personal suyo en la Tierra, hay que creer que él se consideraba a sí mismo investido de una "misión a cumplir" y que esa misión no era otra que la defensa de la "Democracia y la Paz Mundial". Curioso !
Las agresiones verbales contra los tres signatarios del Pacto Anti-Komintern se suceden durante varios meses y, por fin, en Octubre de 1937, en el ya mencionado "Discurso de la Cuarentena", Roosevelt amenaza a Alemania, Italia y el Japón con sanciones económicas. Se comprende la amenaza contra el Japón, puesto que es su competidor directo en el Pacifico y amenaza sus viejos intereses, que parecían intocables, en China. Además es fundamentalmente anticomunista y esto no place a los miembros del "Brain Trust", ultraizquierdistas. También se comprende la amenaza contra Alemania, que, aunque no amenaza en absoluto los intereses de los Estados Unidos, es antisemita en su política interior, amén de anticomunista, y esto no lo pueden soportar los intelectuales mentores izquierdistas del Presidente americano. Lo de Italia, se comprende menos. En 1936 todavía no se ha acercado a Alemania, no amenaza intereses políticos estadounidenses y ni siquiera ha reprochado a Roosevelt que tomara partido contra ella en el asunto de las sanciones decididas por la S. de N. con ocasión de la guerra de Etiopia.
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Una explicación puede hallarse en la actitud antimasónica de Mussolini, que ha clausurado las logias italianas y ha mandado al Gran Maestre de la Masonería Italiana, desterrado, a las Islas Lipari, Roosevelt, francmasón notorio, no ha debido apreciar el gesto. Otra, suplementaria, en la política derechista del Duce, que no place, evidentemente, a los intelectuales izquierdistas del "Brain Trust", que preven un acercamiento de Mussolini a Hitler que, en efecto, se producirá, precisamente, en la torpe política de las democracias occidentales y, en especial, de Francia.Otro aspecto del insólito "Discurso de la Cuarentena", del que hablamos en el epígrafe precedente, es que Roosevelt divide al mundo en dos partes: la de los países belicosos (Alemania, Italia y el Japón) que representan el 10% de la población mundial, y la de los países "amantes de la paz", que repesentan el 90% restante. Entre tales países pacíficos figuran los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, las tres potencias coloniales cuyos imperios ultramarinos se han gestado, como es lógico, tras docenas de guerra, y figura también la Rusia Soviética, cuyo reconocimiento diplomático por parte de los Estados Unidos sólo se produjo en 1933, a la llegada de Roosevelt al poder. La actitud antifascista y antinazi de Roosevelt fortalecerá la política de las izquierdas francesas, que detentan el poder; para ellas, no hay duda de que, en caso de guerra contra Alemania, los Estados Unidos apoyarán desde el primer momento a Francia, cuya actitud, a consecuencia de ello, se endurece aún más ante Alemania.
Los checos no llegaban, pues, a constituir siquiera la mayoría numérica absoluta en el país. Si no había unidad lingüística ni nacional, tampoco la había en el plano geográfico: al Oeste, el cuadrilátero de Bohemia, que los montes de Moravia separan de Eslovaquia; al Este, Eslovaquia. prolongada por la Rutenia, región ucraniana. El país, según Mussolini, tenía la forma repugnante de un intestino. Rodeando toda la parte occidental de ese intestino, los alemanes establecidos en la reglón de los Montes Sudetes, la más próspera del país. Ese rompecabezas de la Geopolítica, de una longitud aproximada de 650 kilómetros y una anchura media de unos 100, ha sido prácticamente inventado en el infausto Tratado de Versalles (artículos 27 y 81 a 86) y confirmado en los Tratados de Trianon y de Saint Germain.
Estos tratados precisaban que el nuevo estado sería de estructura federal y que cada una de las nacionalidades integrantes debería gozar de la autonomía interna.
Los territorios que componen el estado checoeslovaco habían formado parte del Imperio Austro-Húngaro, cuya destrucción era una de las finalidades de la Primera Guerra Mundial. El 30 de Mayo de 1918 se reunieron en Pittsburgh, Estados Unidos, dos docenas de emigrados checos y eslovacos que se constituyeron en Asamblea Constituyente y firmaron una convención fundando el "estado checoeslovaco", en el cual los eslovacos, que eran minoría, asegurarían su propia administración y gozarían de su propio parlamento y su propia magistratura. Bajo esas condiciones, los eslovacos se asociaron a los checos y más tarde sólo aceptaron los tratados de Versalles, de Saint-Germain y de Trianon porque tales condiciones eran solemne o internacionalmente proclamadas. Los "deux ex machina" de la reunión de Pittsburgh habían sido tres checos, Masaryk, Benes y Stefanik, los tres conspicuos francmasones, que odiaban a muerte a la monarquía católica Austro-Húngara y eran germanófobos empedernidos. Stefanik, para mayor "Inri", no era siquiera ciudadano del antiguo Imperio Austro-Húngaro, sino que había adoptado la nacionalidad francesa y había sido capitán del ejército de su patria de adopción. De acuerdo con la legislación francesa, un oficial del ejercito que firma una convención constitutoria de un nuevo estado debe ser degradado y metido en el calabozo, pero ya se sabe que los "hermanos" gozan de especiales protecciones, y el capitán Stefanik puede desarrollar impunemente sus actividades políticas.
Masaryk y Benes, sobre todo, mantienen estrechas relaciones con el Presidente Wilson, que, junto con el ministro de Asuntos Exteriores frances, Pichon, es su principal valedor ante los consignatarios del Tratado de Versalles. El gobierno francés, cuando se constituye el nuevo estado hace una declaración oficial en la que se afirma que "se hará todo cuanto sea necesario para hacer que se materialicen las aspiraciones del pueblo checoeslovaco a la independencia dentro de sus fronteras históricas". Esto es una contraverdad histórica. Nunca han habido "fronteras históricas del pueblo checoeslovaco". Nunca ha habido un estado checo. Nunca ha habido un estado eslovaco, ni, a fortiori, un estado checoeslovaco. Han habido checos, que han
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dependido de Alemania, o de Austria, o finalmente de Austria-Hungría; han habido eslovacos que han dependido casi siempre de Hungría. Pero el trío Benes-Masaryk-Stefanik está resuelto a crear este Frankenstein de la Geopolítica el cual ya nace con "arrière-pensées" por parte de todos los interesados. El nuevo estado, a parte de Eslovaquia, engloba a Bohemia, incluyendo a su importante minoría alemana, a la Rutenia Transcarpática - sin previa consulta a los ucranianos que allí habitan - y todo lo que podrán "rebanar" en Europa Central. Los checos, que son los "comadrones" de la operación, sólo han prometido la autonomía interna a los eslovacos para obtener su adhesión al nuevo estado, pero están resueltos a someterlos a su hegemonía dictatorial. Si en el nuevo estado han incluido la zona alemana de los Sudetes, es por dos razones:(a) porque los Sudetes es una región fuertemente industrializada - una de las mas industrializadas de Europa - y, sin ella, el nuevo estado quedaría reducido a un territorio de mediana riqueza agrícola y ganadera, con un equipamiento bastante atrasado,
(b) para protegerse de posibles ataques del Reich alemán con la posesión de los montes del Böhmerwald y de Erzgebirge, que se hallan precisamente en los Sudetes, y que los checos piensan fortificar.
Con la bendición de los Aliados, especialmente de Francia, Benes, Masaryk y Stefanik se erigen en Gobierno Provisional del nuevo estado checoeslovaco. El 9 de Noviembre, y todo ello sin elecciones, pero teniendo buen cuidado de proclamarse urbi et orbi como democrático, el gobierno (provisional) nombra, por cooptación, es decir, a dedo, una Asamblea Nacional. Esa Asamblea Nacional anula la autonomía interna de los bohemio-alemanes (los sudetes) que les había concedido el Emperador Carlos el 16 de Octubre de 1918, y envía a su incipiente ejército a someter a los alemanes englobados, manu militari, en el nuevo estado. Pujantemente armado, el ejército checoeslovaco, que obtiene ayuda a manos llenas de los franceses, se lanza al ataque de las fronteras con Polonia y Hungría (que también acaba de proclamar su independencia) y penetra en territorio ucraniano, mis allá de los Cárpatos. El ejército checoeslovaco en el que el "capitán" Stefanik, del ejército francés se ha convertido en generalísimo, sólo se detiene en Polonia y Hungría por las misiones militares aliadas y en Rutenia por el Ejército Rojo, que ocupa Ucrania. En el momento en que se inicia la Conferencia de la Paz (18 de Enero de 1919) la autoridad del estado checoeslovaco es reconocida, de facto, sobre todo el territorio que sus ejército han logrado conquistar, es decir, casi veinte mil kilómetros cuadrados más de lo que sobre el papel se le había reconocido. Es decir, Checoslovaquia, que ha nacido por una necesidad bélica de los Aliados - crear problemas internos a su enemigo austro-húngaro - se ha consolidado con un robo de territorio a tres vecinos y con un incumplimiento de su propia estructura constitucional, pues, en la Conferencia de la Paz, sólo son los checos los que aparecen, mientras los eslovacos desaparecen por el foro, y su cacareada autonomía es pisoteada por el nuevo estado checoeslovaco que, en realidad, es simplemente un estado checo.
Pronto empiezan los incidentes entre checos y eslovacos, aunque, de momento tienen menos virulencia que los que se producen entre checos y ucranianos y entre checos y húngaros.
La pequeña minoría polaca, en Teschen, de momento se muestra tranquila, pero pronto, atizada por el Gobierno de Varsovia, inicia una resistencia pasiva contra las autoridades checas. Pero son los alemanes de los Sudetes quienes oponen una más feroz resistencia; quieren seguír la suene de Austria, de la que siempre han formado parte y, junto a Austria quieren incorporarse al Reich. Además, han visto cómo actúan los checos y el poco caso que hacen de sus promesas referentes a autonomía interna y autogobierno. Para luchar con eficacia contra la incorporación forzosa que planean las autoridades de Praga - que incluso prohiben el uso público del idioma alemán - esos alemanes que ocupan, alrededor de Bohemia, el Deutschböhmen (Bohemia Alemana) el Sudenmähren (Moravia alemana) el Böhmerwaldgau (región de la selva de Bohemia) y el Sudetenland (pais de los Montes Sudetes) se reagrupa bajo el vocablo de Sudetendeutsche (alemanes de los Sudetes) que se dan a sí mismos, de común acuerdo, porque en esa región donde son más numerosos y activos.
Aunque en la Conferencia de la Paz el Canciller austríaco Karl Renner, socialista, líder del Anschluss es, al mismo tiempo, el líder de los Súdetes, territorio que forma parte de estados germánicos - Austria o Alemania - desde mil años. Hace valer el derecho de los pueblos a disponer de si mismos, punto capital de Wilson, y que se aplica en Europa, de modo sui generis, es decir, sólo cuando puede beneficiar los designios políticos de los vencedores. Se le responde, con arrollador cinismo, que ese punto no se aplica a los vencidos. El 16 de Febrero de 1919 deben tener lugar elecciones generales en toda Austria, pero los Aliados las prohíben en los Sudetes.
Los esfuerzos del Reich y de Austria, así como de los alemanes Sudetes no serán tenidos en cuenta. Más de tres millones de alemanes pasan, asi, bajo soberanía checa, contraviniendo los
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principios de los propios Aliados. Los checos no se privarán de hacer pagar a esos alemanes la autoridad que el Imperio Austro-Húngaro había ejercido sobre ellos cuando formaban parte del mismo. Tampoco se consultó democráticamente a los húngaros, los polacos y los ucranianos inmersos en el nuevo estado y, para mayor "inri", ni siquiera se consultó ni se tuvo en cuenta para nada en la redacción definitiva de los Tratados que dieron nacimiento a Checoeslovaquia, a los eslovacos, con lo cual, el nuevo estado contravenía de manera flagrante los principios democráticos de sus patrocinadores internacionales, de su institucionalización en los Tratados de Versalles, Saint-Germain y Trianon y de su propia constitución interna.El estado checoeslovaco, en fin, era simplemente un estado checo, y los checos eran minoría. No existía una conciencia nacional checoeslovaca - no podía existir - y cada cual tiraba por su lado. El nuevo estado era inviable. Sólo la férrea política centralista y antidemocrática de Benes y Masaryk lograba mantener la apariencia de cohesión indispensable en un estado moderno.
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En un discurso pronunciado en el Guildhall, de Londres, el 7 de Octubre de 1928, Lloyd George, Primer Ministro británico, cuando se consumó la injusticia histórica de la creación del estado checoeslovaco, explicó cómo se había visto obligado a ceder, - pese a sus reticencias:El 15 de Junio de 1919, el canciller austríaco Karl Renner escribió a Clemenceau una carta que contenía esta advertencia profética:
En 1938, Checoeslovaquia fermentaba desde casi veinte años. La profecía de Karl Renner se estaba cumpliendo con creces. Si acaso, podía añadirse que no era un foco de guerra civil, sino un foco de guerra mundial. Los Aliados no crearon Checoeslovaquia por sí misma, sino para levantar una barrera contra el germanismo" [48], reconocería el destacado político francés Tardieu, acérrimo defensor de las secuelas de Versalles. Y Píerre Cot, que sería varias veces Ministro, aclararía cínicamente que
Aún más, según el Coronel W. Nicolai, en su obra Geheime Mächte, la Escuela de Espionaje Hollashovitz, de Praga, se encuentra enteramente bajo control francés, asi como todo el servicio de contraespionaje checoeslovaco. Francia, además, mandó instructores franceses para formar al ejército checoeslovaco [50]. Fue artífice de ese pacto militar - que, en las circunstancias de la época sólo podía apuntar contra Alemania - Vodja Benes gobierna en Praga como un auténtico dictador. A su lado, Masaryk, queda empalidecido. El caso de Benes es singular. Raras veces en el curso de la historia un gobernante de un pequeño país habrá alcanzado tanto renombre. Retorcido, desprovisto de escrúpulos necesitó, para ser "lanzado" políticamente, la catapulta de personal político francés.
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Dos salones judíos [51] - el de Madame Boas de Jouvenel y el de la señorita Louise Weiss - se disputaron, a su llegada a París, al alto dignatario de la Masonería checa. Fue en esos salones donde se le prepararon conferencias, se le "presentó" al gran mundo de la política francesa y se le lanzó, materialmente, en brazos de Philppe Berthelot, Secretario General de Asuntos Exteriores y, como él, masón de alto rango. Fue Berthelot el abogado de Benes y el "comadrón" del estado checoeslovaco. No fue, como se ha pretendido, un acto de ignorancia política o geográfica. Tal vez algunos delegados de la Conferencia de la paz fueron efectivamente - engañados, o dijeron haber sido engañados, como Lloyd George. Pero los franceses - los que catapultaban a Benes - conocían muy bien el dossier: así, por ejemplo, en el informe del Comité Político de la Delegación Francesa, llamado también "Comité Lavisse", se manifestaba expresamente:
Lansing, el Secretario de Estado Norteamericano cuando se firman los Tratados de Versalles, Saint-Germain, Sèvres y Trianon, protestaría también por el trazado de la frontera germano-checa, con las siguientes palabras:
Pero eso no eran mas que palabras, aún cuando quedaran registradas en los libros de actas de la S. de N. Lo que contaba eran los hechos, y era un hecho capital la instalación de un tiranuelo como Benes en el cuadrilátero de Bohemia - "quien domina Bohemia domina Europa", había dicho Bismarck - quien dedicaba casi el sesenta por ciento de su presupuesto a "defensa", firmaba pactos con varias potencias y pretendía erigirse en arbitro de la situación en Europa Central. La vida de Benes, por otra parte, estuvo jalonada de favores al Comunismo, y nunca trató de ocultarlo. En 1920, cuando se produjo el ataque de la URSS contra Polonia, Benes prohibió el paso a través de Checoeslovaquia de los convoyes de armas y municiones enviados por el Almirante Horthy desde Hungría; si Rumania no hubiera permitido el tránsito y contribuido con su propia ayuda, la contraofensiva de Pilsudski a las puertas de Varsovia habría fracasado y Polonia habría sido bolcehvisada ya entonces. Más adelante, Benes apoya a Paul-Boncour, el Delegado francés, para que se admita a la URSS en la S. de N... Después ayudará a limar aristas entre Litvinoff y el ministro francés Alexis Léger, facilitando la firma del Pacto Franco-Soviético. En 1935 firmará con la URSS un pacto de asistencia mutua, calcado del Pacto Franco-Soviético. Y unos meses más tarde llegará a ser Presidente del Consejo de la S. de N. Es inconcebible que el Presidente de un país de tercer orden, de trece millones de habitantes, llegue a la más alta magistratura del primer organismo internacional. No creemos sea incurrir en juicio temerario el afirmar que las Fuerzas Políticas que determinan la orientación de Occidente quisieron darle a Benes y a "su" Checoeslovaquia una artificial y, en todo caso, exagerada importancia, para mantenerlo dócil a sus designios. Benes es, además, como ya hemos dicho, un alto dignatario de la Masonería, y esto cuenta mucho en Ginebra.
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El llamado Partido de los Sudetes obtuvo, en las elecciones de 1936, cuarenta y cuatro diputados: el grupo parlamentario más fuerte. El Partido de Benes tenía cuarenta y tres; habían también once socialdemócratas y cinco comunistas. En el Senado, los Sudetes tenían también la mayoría, con 37 escaños, por 33 los liberales de Benes. No obstante, cada vez que los Sudetes intentaban hacer aprobar un proyecto de ley que, cumpliendo la democrática Constitución del país pusiera en práctica medidas autonómicas y detuviera la creciente socialización y estatización que llevaba a cabo el Gobierno de Benes, éste, apoyado por los social-demócratas y los comunistas bloqueaba el intento.
Pero las cosas cambiarían el 16 de Junio de 1935, al firmarse el Tratado Ruso-Checo bajo los auspicios de Benes. Tanto los eslovacos - en su mayoría católicos - como los ucranianos, los húngaros y, sobre todo, los alemanes sudetes, se oponían tenazmente al Pacto. Y como no todos, ni siquiera la mayoría, de checos eran comunistas, la iniciativa de Benes le creó numerosos problemas entre su propia comunidad étnica. Los éxitos de Hitler habían, al parecer, convencido a muchos de ellos que un entendimiento con él era más susceptible de proteger su independencia que una lucha abierta y de frente, y que se imponía una política más comprensiva ante las minorías del estado checoeslovaco. Así, en 1936, Benes perdía más escaños en ambas Cámaras, de manera que sólo podía gobernar con el apoyo de seis comunistas y ocho social-demócratas, logrando, entonces, una mayoría de dos votos. En varias ocasiones el presidente del Parlamento suspendió o aplazó votaciones para que pudiera reincorporarse al hemiciclo algún diputado ausente, con objeto de no dejar al gobierno en minoría y provocar una crisis ministerial.
Mientras tanto, ¿ qué hacía Hitler ?.
El 11 de Marzo de 1938, en vísperas de la entrada de la tropas alemanas en Austria, Goering aseguraba a Mastny, embajador de Benes en Berlín que "Checoeslovaquia no tenía razón alguna para experimentar el menor motivo de inquietud". Dos días después, Herr Eisenlohr, embajador del Reich en Praga, repetía lo mismo a Benes. No obstante, a finales de Agosto, el problema que planteaba Hitler ante el mundo entero era la intervención de las tropas alemanas en Checoeslovaquia si ese estado soberano no cumplía determinados requerimientos de una de sus colectividades, los Sudetes.... De ello se sacó la conclusión que Hitler no cumplía sus compromisos. "Una vez más Hitler ha incumplido sus promesas" era el leit motiv de la Gran Prensa mundial. Pero hubiera sido difícil citar un sólo ejemplo o una actitud de Hitler no conforme a un compromiso que él hubiera contraído que no hubiera sido provocado por la previa ruptura de compromisos por parte de uno de sus adversarios. Y hemos dicho, y consideramos útil repetir, que un acuerdo entre dos partes sólo seguirá siendo válido en caso de que ambas partes lo respeten escrupulosamente. Sí Juan le dice a Pedro que le entregará su automóvil si Pedro le paga medio millón de pesetas, se produce un contrato verbal, y si Pedro no entrega el medio millón de pesetas, Juan no está obligado a entregar su automóvil y queda desligado del contrato. Pedimos excusas al lector amigo por un ejemplo tan ofensivamente sencillo, pero, sinceramente, tenemos verdadero pavor a la inercia mental, de los más, que, para colmo, se contagia a través de los grandes medios idiotizadores, llamados informativos.
En el caso que nos ocupa, en Marzo de 1938, la reivindicación de los Sudetes era, todavía, y solamente, la autonomía interna dentro del estado checoeslovaco y Hitler, que sostenía abiertamente esa reivindicación, no tenía razón alguna para intervenir. Pero seis meses después la reivindicación de los Sudetes ya no era una mera autonomía, sino la unificación con el Reich, el Anschluss, y los Sudetes solicitaban su apoyo. En esos seis meses habían sucedido muchas cosas... Había sucedido, en primer lugar, que Benes había faltado a su palabra. Había prometido, tras las elecciones de Febrero de 1938, respetar el resultado de los comicios. El Partido de los Sudetes había logrado una victoria aplastante: el 92% de votos en el territorio Sudete, y había "mordido" incluso en territorio étnicamente checo. La respuesta de Benes fue anular las elecciones y convocarlas de nuevo para "más adelante" invocando vicios de forma. La cátedra de alemán en la Universidad de Praga - ciudad la cuarta parte de cuya población era alemana - fue clausurada. Alcaldes de territorio Sudete fueron encarcelados; la soldadesca checa intervino en todas las reyertas entre sudetes y checos, poniéndose siempre en favor de éstos. Los comunistas son, por otra parte, los únicos aliados seguros que le quedan a Benes, en su tentativa de sojuzgar a los alemanes sudetes. Aquí es conveniente un inciso.
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Dimitri Manuilsky, Secretario General de la Komitern había manifestado ante el V Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Junio de 1923:La hostilidad del comunismo hacia Checoeslovaquia persistía diez años después. El diputado comunista francés Gabriel Péri manifestó ante la Cámara:
¿Por qué el brusco cambio de actitud de los comunistas ante los fascistas de Praga ? Es muy sencillo. Se trata, como en el caso de Austria, de una cuestión de Partido. Mientras los marxistas constituyen una fuerza en Alemania, socialistas y comunistas de Austria y Checoeslovaquia no cesan de exigir el Anschluss que redundará en el fortalecimiento de una Alemania marxista. También los comunistas franceses abogan por la devolución de Alsacia y Lorena a Alemania [56].
Pero se consolida en el poder Hindenburg y los marxistas abandonan la idea del Anschluss; de cualquier Anschluss, ya sea del de Austria, de los Sudetes o de AIsacia-Lorena.
Los marxistas - rusos, franceses, austríacos, para el caso es igual - sólo son partidarios del derecho de libre disposición de los pueblos cuando éste puede redundar en beneficio de un estado marxista. Y cuando Hindenburg es substituido por Hitler, los marxistas estarían dispuestos al Anschluss... pero al revés. Difícil sería encontrar en la Historia Universal un caso parejo de cinismo intelectual. Los comunistas de Checoeslovaquia han pasado, de considerar a Benes como el rector de un estado fascista (!) a tomarlo como el abanderado da la clase obrera checa. Item más. En 1935 Benes y Alexandrovski, embajador soviético en Praga, firman el tratado de asistencia mutua ruso-checo. A partir de entonces Moscú no se preocupará ya más de las "minorías nacionales oprimidas por el poder central de Praga". Al convertirse en una fortificación avanzada de la URSS en Centroeuropa, esta misma Checoeslovaquia, a la que el Congreso de la Internacional Comunista denegaba justamente el titulo de nación y a la que Péri calificaba de "república fascista" se ha convertido en el más indiscutible de los estados.
Volvamos al período post-electoral checoeslovaco, cuando la soldadesca checa interviene y numerosos alemanes sudetes son apaleados, y dos miembros de consistorios municipales, muertos. Konrad Henlein, líder de los Sudetes, se dirige a Hitler recabando su ayuda. Hitler informa a Inglaterra y Francia, que tienen vigente un pacto de asistencia mutua con Checoeslovaquia, pidiéndoles que presionen a Benes para que cesen las vejaciones en los Sudetes. Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich, declaró a Henderson, embajador británico en Berlín, que si los derramamientos de sangre se prolongaban en la región sudete, Alemania se vería obligada a intervenir, pues era de suponer que el pueblo alemán así lo exigiría [57]. Según Henderson, por cierto político de primerísimo rango y nada sospechoso de simpatías pro-nazis,
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Los propios embajadores checoeslovacos en París y Berlín, Osusky y Mastny, recomiendan a su gobierno que "inicie las negociaciones y trate efectivamente con los alemanes sudetes" [60].
En plena efervescencia, el 19 de Mayo, otro alemán sudete es muerto en una "razzia" de la policía checa. Y el día 21 de Mayo, cuando la tensión parece haber llegado al máximo, se produce una verdadera provocación de Benes: pretendiendo que Hitler había movilizado contra Checoeslovaquia, Benes ordena la movilización general. Pero el caso es que Hitler no había movilizado. Todas las delegaciones extranjeras lo atestiguaron; la primera de todas fue precisamente la delegación francesa, pues tanto el embajador Poncet, como el capitán Stehlin, agregado militar en Berlín lo confirmaron, tras haber verificado la falsedad de la acusación; no era más que un falso rumor que Benes había esparcido para tener un pretexto. Hitler consideró esta maniobra como una provocación [61].
Y tras esta provocación, otra: Masaryk y Benes afirman que, aún cuando el 100% de los alemanes sudetes pidan, democráticamente, el Anschluss con Alemania, Checoeslovaquia se opondrá a ello, con las armas, si es preciso. Pero no sólo se oponen al Anschluss, sino incluso a la autonomía interna, que su propia Constitución garantiza.
El 17 de julio, Lord Halifax, que tras ser Virrey de la India acaba de ser nombrado por Chamberlain Secretario de Asuntos Exteriores, se entrevista con un enviado personal del Führer, el capitán Wiedmann, que había sido su superior jerárquico en el curso de la Primera Guerra Mundial. Lord Halifax encarga a Wiedmann trasmita al Führer el siguiente mensaje:
Mientras tanto, y pese a los esfuerzos denodados del clan belicista inglés - laboristas, liberales y "jóvenes conservadores" - el gobierno inglés se mantiene firme en su postura: deja que el Reich se fortalezca en Europa Central, pero haciéndose pagar la ayuda diplomática inglesa; no ceder demasiado deprisa y, al mismo tiempo, contemporizar con las presiones que llegan tanto de París, como, sobre todo de América. Chamberlain habla en los Comunes de la cuestión de los sudetes, y afirma que no puede negarse a los alemanes de esa región el derecho a disponer de sí mismos de la manera que mejor les plazca. Lord Lothian, miembro del equipo gubernamental de Chamberlain habla a continuación y afirma:
Las demandas de Hitler se basan no sólo en una razonable lógica y en principios absolutamente democráticos, sino incluso en los términos del propio Tratado de Versalles, cuyo artículo 19 prevé la solución de los conflictos que se planteen mediante el recurso de los plebiscitos populares".
Churchill trata de oponerse, diciendo que es del interés de Inglaterra que Alemania no se haga demasiado fuerte y cuando Chamberlain responde que, de todos modos, no es
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técnicamente posible aportar ninguna ayuda a Chescoeslovaquia si ésta recurre a las armas para oponerse a los alemanes sudetes, apoyados por Hitler, Churchill afirma que Chescoeslovaquia es una potencia militar de primer orden. "Sus recursos bélicos son - en estos momentos - tal vez mayores que los nuestros", asevera, soberbio, Churchill [63]. A lo que Chamberlain, no sin lógica, responde que, si ello es sí, entonces el apoyo de Inglaterra no debiera ser necesario.El viejo Primer Ministro quiere resolver, de una vez, los problemas de centroeuropa. Para ello considera imprescindible apartar de la escena al presidente Roosevelt, al que considera una especie de embrollón diplomátíco. Así, cuando el Presidente americano pretende convocar en Washington una conferencia internacional "con objeto de definir las grandes líneas de una acción en favor de la paz", Chamberlain muy hábilmente, rehusa. Es un pragmático y no le placen las discusiones ideológicas; no quiere que en Washington Roosevelt se lance a diatribas contra Italia y el Japón, comprometíendo a Inglaterra, a la que no interesa enemistarse con esas potencias, cuya posición en el Mediterráneo y en Extremo Oriente debe ser tenida en cuenta. El imperio Británico no puede crearse enemigos por razones ideológicas. Aún menos va a permitir que Roosevelt, llevado en volandas por el mesianismo de sus consejeros del "Brain Trust", cree problemas con Alemania.
Una vez dejado de lado Roosevelt, Chamberlain manda a su fiel emisario Runciman, al frente de una comisión de encuesta, a Praga. La intransigencia de Benes hizo fracasar a la misión. Runciman lo declaró sin ambages a su regreso a Londres. No le quedaba a Chamberlain, obsesionado por la posibilidad de una guerra, otra solución que ir personalmente a entrevistarse con Hitler, directamente, y encontrar una salida razonable al problema; una solución lo más justa y digna posible, que permita salvar la cara a Inglaterra, ligada con Checoeslovaquia por un pacto de asistencia. Esa solución el propio Chamberlain se encargaría de hacerla aceptar, más tarde, a Benes. Y se la haría aceptar gustase o no. Igual que se la haría aceptar, les gustara o no, a los franceses y a los rusos.
Constándole la oposición a su política del clan belicista, y no deseando que sus proyectos fuesen conocidos y provocaran un debate parlamentario que causaría las consiguientes indiscreciones, Chamberlain preparó la "mise en scène" en el silencio de su gabinete, informando únicamente a su fiel Lord Halifax. A sus compañeros de Gabinete no les avisó más que cuando Hitler hubo aceptado la primera entrevista, para el 13 de septiembre; todos felicitaron a Chamberlain.
Sería largo y prolijo enumerar los detalles de las dos entrevistas celebradas por Chamberlain y Hitler en Berschtesgaden (el 14 de septiembre) y en Godesberg (el 23 de septiembre). Chamberlain se lo pone muy difícil a Hitler: es un hábil negociador, pero al final, tras la reunión del 14 de septiembre, se llega a un acuerdo sobre los territorios en los que deberá celebrarse un plebiscito para determinar si pasan o no a depender de la soberanía del Reich.
Luego, hay otro acuerdo para, en caso de victoria alemana en el plebiscito, fijar los plazos para la evacuación de dichos territorios por la administración, el ejército y la policía checa. Pero todo esto no pasa de ser un acuerdo personal entre dos hombres, que es preciso someter al refrendo del Gabinete inglés y, si ello es posible, obtener el consentimiento o la anuencia del gobierno francés. Entonces se concierta la segunda entrevista, para el día 23. Pero apenas de regreso a Londres, Chamberlain recibe el texto de una resolución votada, el 18 de septiembre por el Congreso Mundial Judío, que dice:
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Griego o Italiano ha conminado a estadistas ingleses, turcos o austríacos cuando, han tenido problemas con sus colonias halógenas respectivas... Y lo que ya sobrepasa el tono de lo grotesco es la aseveración contenida en la primera frase de la resolución. En ella parece darse a entender que si Hitler desea "adquirir nuevos territorios" es porque se hallan, "habitados por judios". Por lo que consta ya, en 1938, de la política del Führer, resulta evidente que, más bien, desea adquirir nuevos territorios a pesar de hallarse habitados por judíos. Pero, tal como ya se vio al tratar de la Conferencia de Evian, Inglaterra no los quiere en su Imperio, y la América de Roosevelt lo admite, pero no levanta su cuota racial y, además, es selectiva. Sólo admite sin trabas, a judíos ricos. Francia si los admite, sin restricciones, así como Checoeslovaquia, que utilizan como base de transito para dirigirse a Polonia y a Rusia. En todo caso, la resolución enviada por Chamberlain es insólita en los anales de la Historia Universal.Pese a estas presiones y a las gestiones en contra del embajador itinerante de Rooseveit, Willian C. Bullitt, el Gabinete inglés muestra su adhesión al acuerdo entre Chamberlain y Hitler.
Pero hay más: también el gobierno francés, que preside ahora Daladier, se adhiere a los acuerdos Hitler-Chamberlain.
Daladier ha podido imponerse a los belicistas debido al apoyo de su ministro de Asuntos Exteriores, Bonnet, y a los ministros Chautemps, de Monzie y Tardieu. En su propio gabinete se le oponen tenazmente Paúl Reynaud, Mandel (a) Rothschild, Campinchy, Jean Zay y Champetier de Ribes [65]. Mandel, muy influyente aún cuando no por el falso motivo que se dio de su parentesco con la familia "bancaria" Rothschild, y Jean Zay, israelitas, se oponen a todo acuerdo con Hitler, probablemente, por razones étnicas. Campinchy y Reynaud por solidaridad con sus "hermanos" masones, que son perseguidos en Alemania. En cuanto a Champetier de Ribes es lo que ya entonces se empieza a denominar un "cristiano de izquierdas" y adopta a veces posiciones aún más radicales que el propio Mandel.
Finalmente, el 18 de Septiembre, el mismo día en que Chamberlain recibía Ia resolución del Congreso Mundial Judío, Daladier y Bonnet se presentaban en Londres, convocados por Chamberlain. Dan su apoyo al Plan Hitler-Chamberlain, aunque formulan dos objeciones; la nueva frontera será delimitada por una comisión internacional, de la que Checoeslovaquia formará parte y, además, Inglaterra y Francia garantizarán militarmente la nueva frontera.
Churchill vuela a París y se entrevista con Mandel y Reynaud para reavivar eI fuego sagrado del clan belicista. El propio Mandel llama por teléfono a Benes y le dice:
Tampoco Rusia. En cambio Mussolini moviliza a su Marina de Guerra y concentra doce divisiones en los Alpes, junto a la frontera francesa. Polonia y Hungría también movilizan, pero contra Checoeslovaquia, para proteger a las minorías polaca y húngara contra el centralismo devastador de Praga.
Alemania no toma, de momento, medidas excepcionales aunque consta que, sin necesidad de movilizar, su Ejército está a punto. Cuando llega a Berlín la noticia de la movilización general ordenada por Benes, el Führer y Chamberlain están en plena conferencia. La discusión, por vez primera, se toma agria. Hitler hace oir al Primer Ministro el disco en que los servicios de escucha de la gestapo han gravado la conversación telefónica entre Benes y Mandel. Como el cable telefónico Paris-Praga atravesaba Alemania es de suponer que Mandel hablaba a Benes, pero también, por via indirecta, a Hitler, pues es inconcebible que no previera la acción del
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Contraespionaje alemán [67]. El Führer le dice sin ambages a Chamberlain que el clan belicista anglo-francés, aún sin estar en el poder, sostiene a Checoeslovaquia. Le recuerda que la misma estructura de los gobiernos democráticos puede provocar que su interlocutor ya no sea Primer Ministro cuando venza el nuevo plazo que Daladier ha propuesto a Chamberlain para la entrega del territorio Sudete a Alemania, y que la llegada al poder de hombres como Churchill, Edén, Vansittart o Hore Belisha, en Inglaterra, o de Mandel o Reynaud, en Francia, significaría nuevos aplazamientos y tergiversaciones, desfavorables a Alemania. Entre tanto, hay choques constantes entre la Policía y el Ejército checos y la población de los Sudetes. Todos los alcaldes sudete-alemanes han dimitido de sus cargos y el país se debate en la anarquía. Hay que terminar de una vez con el caos. Hitler presenta una especie de ultimátum exigiendo la evacuación de determinadas zonas de los Sudetes en un plazo de 48 horas. En las otras zonas se celebrará un plebiscito internaclonalmente controlado. Alemania se autoexcluye de la comisión control, pero exige que Checóeslovaquia tampoco figure en la misma. Chamberlain se niega a aceptar el ultimátum. Cuando parece que se va a producir la ruptura, Hitler cede sobre algunos puntos.Dice a Chamberlain:
La propuesta es transmitida a Benes el 24 de Septiembre, y el día siguiente encarga a su embajador en Londres, Jan Massaryk que dé la respuesta del gobierno checoeslovaco. Dicha respuesta está llena de reproches a los gobiernos francés y, especialmente, inglés:
Opondremos la ayuda más feroz con la ayuda de Dios. La nación de San Wenceslao [70] no será jamás una nación de esclavos ... En esta hora suprema contamos con la asistencia de las dos grandes democracias occidentales, cuyos consejos hemos seguido, muchas veces violentando nuestro juicio personal" [71].
Pero todas estas viriles consideraciones terminan con la frase: "No obstante, ante la presión de los gobiernos inglés y francés, nos vemos forzados, con la muerte en el alma, a aceptar el Plan que nos es impuesto". Parece, pues, que se ha solventado la crisis cuya terminal inevitable sólo podía ser la guerra. Pero todavía no está todo resuelto. Churchill que, a caballo de poderosas influencias de las que más tarde hablaremos, se ha convertido en, el líder del clan belicista inglés, visita a Chamberlain y le increpa duramente [72]. ¿Como ha osado el Primer Ministro intervenir en los asuntos internos de Checoeslovaquia ? Evidentemente, la pregunta es absurda. Si Inglaterra y su semi-satélite Francia no hubieran intervenido en tales "asuntos
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internos", Checoeslovaquia ya no existiría. Churchill insiste ante Chamberlain y le expone su proyecto de "Gran Alianza", integrada por Francia, Rusia e Inglaterra. Chamberlain se mantiene firme, pero por la madrugada le despierta Bullitt, el ya aludido embajador itinerante de Roosevelt, aún cuando su cargo oficial sea solamente el de embajador en París, y le espeta que Inglaterra debe resistir a las exigencias de Hitler, puesPues el día siguiente, Chamberlain, el viejo y cansado Primer Ministro, al que entre Churchill y Bullitt han tenido toda la noche en vilo, parece pronto a ceder ante los belicistas, máxime tras los insultos que Atlee, Morrisson y Bevin, laboristas, le dedican por su debilidad ante al Führer [74].
Nos permitimos recordar que estas presiones y estos insultos son dirigidos, respectivamente, por un diplomático extranjero y por unos derrotados, democráticamente, en las urnas. Chamberlain es el investido por la mayoría sacrosanta. En vez de respetar las reglas del juego democrático, de cuya pureza tanto blasonan, Churchill recurre a un embajador norteamericano, a Jeroboam Rothschild (Mandel) y a Paul Reynaud, para que a su vez presionen al legítimo mandatario democrático de su país, mientras los laboristas le insultan.
Con gracia y donaire típicamente marxista, Atlee llama a su Primer Ministro "viejo carcamal” [75].
Entretanto, Daladier, en París, da conocimiento del Memorándum a los miembros de su gobierno que, en principio, se muestran reacios a caucionarlo. Sólo Georges Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores, apoya sin restricciónes a Daladier. El Gabinete francés se halla dividido entre partidarios del Memorándum y opuestos al mismo. Los embajadores de Hungría y Polonia en Londres y París informan a los gobiernos Inglés y francés que sus países apoyan la política de Hitler con respecto a Checoeslovaquia. Benes se entera de ello por Mandel, e inmediatamente se dirige a su colega polaco, Mosciki, informándole que está dispuesto a negociar sobre la región de Teschen, que Polonia le reclama. Los polacos, que han intentado negociar desde hace casi veinte años, no hacen caso a Benes. Exigen un plebiscito controlado por la S. de N. en Teschen.
Idéntica exigencia formulan los húngaros con respecto a Ungvar y Munkacs. Esto sella la suerte del estado checoeslovaco, al menos en cuanto se refiere a la actitud del gobierno francés; los franceses contemplan con simpatía una guerra con Alemania, a condición de que cuarenta divisiones checas y sesenta divisiones polacas se enfrenten a las cien divisiones alemanas, mientras los "poilus" se refugian tras la línea Maginot y la Flota Inglesa pone en marcha el bloqueo. Pero ya no se cuenta con el gendarme polaco, que, además, ha cambiado de campo.
Italia, a la que las democracias - y sobre todo, Francia han echado en brazos de Hitler, apoya a éste y Chamberlain, pese a las presiones brutales que recibe, aguanta, impávido, en su decisión de no complicar a Inglaterra en la guerra que ciertas fuerzas internacionales han organizado.
Daladier y Bonnet vuelan hacia Londres, donde se entrevistan con Chamberlain, Sir John Simón, Samuel Hoare, Lord Halifax, Sir Alexander Cadogan y Vansittart, es decir, los más fieles seguidores del Primer Ministro. No se puede aceptar plenamente el Memorándum de Hitler debido a las presiones brutales que llegan del otro lado del Atlántico, y de las que hablaremos más extensamente más adelante. Tampoco se puede rechazar, porque ello implicaría la guerra y, en todo caso, Checoeslovaquia desaparecería como estado independiente. Se adopta una tercera resolución: la continuación de las negociaciones que permitan que Hitler reduzca sus exigencias y Benes se muestre más intransigente. Sir Horace Wilison parte hacia Berlín el día siguiente, acompañado de dos diplomáticos de primera línea, Henderson y Kirkpatrick, y es recibido por Hitler y von Ribbentrop.
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Hitler está de muy mal humor. Muestra a la delegación británica despachos de agencia en los que se informa que el Ministro del Interior checo, Krofta, afirma que la movilización checa ha asustado a Alemania que, al no reaccionar militarmente, ha dado síntomas de debilidad [76]. Además, llega la noticia de que, ante la movilización polaca, Praga ha decidido aceptar, en principio, la rectificación de fronteras. El Führer aduce que, visiblemente, Praga sólo cede cuando se emplea la fuerza. Polonia pide Teschen y Checoeslovaquia responde negativamente. Polonia moviliza y Checoeslovaquia acepta la rectificación de fronteras. En consecuencia, Alemania deberá adoptar igual línea de conducta.Si los checos no entregan los Sudetes, las tropas alemanas entraran en Checoeslovaquia.
Wilson insiste en el sentido de que Hitler reciba a unos negociadores checos, para discutir el trazado de la frontera y las fechas para la celebración del plebiscito. Tras larga discusión, Hitler cede:
Chamberlain hace más. Telefonea a Sir Horace Wilson. que todavía se encuentra en Berlín y le dice que visite, el día siguiente, a Hitler para decirle de su parte que
Pero Hitler recibe fríamente a Wilson. Los informes que llegan de la situación en los Sudetes son cada vez más alarmantes. Cinco civiles muertos, así como un policía checo. Docenas de heridos por parte sudete-alemana [80]. El Führer comunica a Wilson que sólo quedan dos alternativas: O bien Praga acepta el Memorándum, o bien lo rechaza. Espera la respuesta antes del 28 de Septiembre, a las catorce horas. Si no, entrará en Praga a la cabeza del Ejército alemán. Hitler aflade:
Lord Vansittart y Lord Runciman, dos políticos ingleses, miembros del Gabinete de Chamberiain pensaban igual:
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conspiran y que por esta razón no adoptan en la cuestión de los Sudetes una actitud leal ni seria ". [83]."Sean cuales sean las simpatías que podamos sentir por un pequeño país en conflicto con un vecino poderoso, no vamos a mezclar al Imperio Británico en una guerra por una pequeña nación".
Benes se siente cada vez más desamparado, pero en ese momento Roosevelt vuelve hacer aparición sobre la escena internacional europea. En realidad, siempre ha estado presente en la misma, por persona interpuesta, especialmente Bullit y Joseph Davies, el primero en París y Londres y el segundo en Moscú [84].
El 28 de Septiembre manda un telegrama a Hitler predicando moderación. Es una "gaffe" diplomática. El Führer le contesta que debe dirigir sus sermones a Praga, no a Berlín. Roosevelt manda un nuevo telegrama, esta vez a Roma, pidiendo a Mussolini que intervenga cerca de Hitler. Todos los países de América Latina, presionados por Roosevelt, mandan igualmente telegramas a Mussolini, y lo mismo hacen el Foreign Office y el Quai d'Orsay, rogándole que haga cuanto pueda para retrasar aunque sólo sea en cuarenta y ocho horas el ultimátum alemán, para dar tiempo a convocar una reunión de las cinco grandes potencias: Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y los Estados Unidos.
Hitler responde que no ve el motivo por el cual los Estados Unidos deban intervenir en los asuntos de Centroeuropa. A él no se le ocurriría mezclarse en las diferencias que Norteamérica pueda tener con sus vecinos del Sur del Nuevo Continente. Chamberlain se coloca al lado de Hitler. Roosevelt, despechado, se retira secamente de la escena. El día 28 de Septiembre, a las once, cuando todo el mundo miraba impotente avanzar el reloj camino de las dos de la tarde, hora límite marcada por Hitler a Benes, cuando todo parecía perdido, Mussolini envía a su embajador en Berlín, Attolico, a que diga a Hitler que "suceda lo que suceda estará a su lado", le pida retrasar en veinticuatro horas el plazo fijado y ofrezca su mediación. Una hora después llega Sir Neville Henderson, portador de un mensaje de Chamberlain:
Respuesta de Hitler:
Se ha evitado la guerra in extremis: unas horas más tarde, Daladier y Chamberlain son invitados por Hitler para entrevistarse con él y con el Duce en Munich.
Antes de salir hacia Munich, el diario oficioso del Partido Fascista II Popolo d'Italia publica una "carta abierta a Lord Runciman" [85], no firmada, que toda la prensa italiana atribuye a Mussolini, sin que éste desmienta o haga desmentir. Entre otras cosas se lee este párrafo significativo:
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La Conferencia de Munich determina, por fin, el retorno de los Sudetes a Alemania, y la celebración de un plebiscito en determinadas comarcas vecinas, en Bohemia, en todas las cuales, por cierto, los alemanes obtendrán mayoría. Abandonado a sus propias fuerzas, el estado checoeslovaco demuestra ser un "bluff". Sus fortificaciones inexpugnables, sus cuarenta divisiones. Su ultramoderna aviación, que no llega a despegar de sus aeródromos.
Checoeslovaquia la han mantenido, en lo interior, el terrorismo policiaco; en lo exterior, la Masonería. Roosevelt y su "Brain Trust" y los clanes belicistas de Londres y París. Pero Checoeslovaquia, per se, no es nada. Hitler accede en Munich a que una comisión internacional, designada por la S. de N. controle la ejecución de los acuerdos. Checoeslovaquia cederá a Alemania todo el territorio en que el Frente Nacional Sudete haya obtenido mayoría absoluta de votos en las ultimas elecciones. Las nuevas fronteras checas son reconocidas y garantizadas por los cuatro firmantes de Munich, pero bajo la condición expresa de que los checos solucionaran la cuestión de sus minorías nacionales, por vías pacificas y legales, y sin opresión.
Munich es la actualización del Pacto de los Cuatro, idea lanzada por Mussolini ya en 1934, cuyo principio fundamental es el revisionismo pacífico y método de colaboración organizada y permanente de las cuatro grandes poténcias occidentales. Munich condena formalmente la pulverización de Europa, establecida por los Tratados de Paz de Versalles y sus secuelas - Trianon, Sévres, Saint-Germain - y sistematizada por la S. de N.
En 1919, Europa se componía de 19 estados, tras la guerra, de 27, y se partía del principio que los pequeños estados tendrían los mismos "derechos" que los grandes. Los augures visibles de Ginebra eran Benes, el checo, Titulesco, el rumano, Politis, el griego; los augures auténticos, naturalmente, eran otros. El Pacto de Munich vuelve a colocar a la pirámide descansando sobre su base. Sigue la máxima de Celine, que dice:
Munich, en fin, reconoce la legitimidad de la expansión alemana hacia el Sudeste Europeo.
Se trata de una expansión ordenada por la Naturaleza. No hace falta haber leído a Hausshofer para comprender que, geopolíticamente, este hecho es innegable. El Danubio va de Oeste a Este.
Expansión que prosigue una corriente histórica: el III Reích comprende el camino que habían seguido cinco siglos antes los Caballeros Teutónicos; dos siglos antes los austríacos, y treinta años antes, Guillermo II. Expansión a la que nunca renunció ningún gobierno alemán: en Locarno, por ejemplo. Stresemann reconoció como definitivas las fronteras de Versalles para el Oeste del Reich, pero rehusó comprometerse a nada en cuanto a las fronteras orientales.
Expansión, para terminar, anunciada por Hitler en Mein Kampf:
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Cuando hablamos de conquistar nuevo territorio en Europa, sólo podemos pensar en la Rusia Soviética y en los estados limítrofes colocados bajo su dependencia".
Munich, en una palabra, marca el principio de una Nueva Europa. Tal vez de la Europa Unida del Nuevo Amanecer. Puede ser, para Europa, lo que el Compromiso de Caspe fue para España, la toma del poder por Napoleón para Francia, la marcha de Garibaldl para Italia o la promulgación de la "Carta Magna" para Inglaterra. Y, como colofón, Hitler y Chamberlain firman una declaración conjunta:
El gobierno de Praga no ha pedido siquiera que se le apoye frente a los polacos que, por cierto, han presentado sus demandas en forma brutal, como un hecho consumado y dando un plazo, en su ultimátum, notoriamente insuficiente. Comprenden los firmantes de Munich que no se puede ir contra Natura y que Checoeslovaquia sólo subsistirá, en las nuevas condiciones, mientras los eslovacos quieran. Chamberlain y Daladier habían sido recibidos entusiásticamente a su regreso a Londres y París. La paz había sido salvada. Salvo la minoría influyente de los miembros del clan belicista, no existía un sólo inglés ni un sólo francés que deseara ir a la guerra para salvar a un tiranuelo como Benes. Churchill, despechado refiere [89] que "turbas vociferantes aplaudieron a Chamberlain y a Daladier a su regreso de Munich”. Por cierto que resulta anonadante el concepto que de la Democracia tiene tan pulcro demócrata como Churchill.
Pasarse la vida loando las ventajas de la Democracia, para calificar despectivamente de "turbas vociferantes" a unos ciudadanos que no quieren seguirle a la guerra. Mientras tanto, otros "demócratas", los rusos soviéticos, habían recibido la noticia de los Acuerdos de Munich con sacrosanta indignación, y Chamberlain había sido quemado en efigie en la Plaza Roja moscovita. Litvinof asistió oficialmente a esa práctica "vudú" democrático-soviética. Que se sepa, el Gobierno inglés no presentó protesta diplomática alguna [90]. ¿Se imagina alguien el estruendo que hubieran organizado los medios informativos en todo el mundo si en Berlín se hubiera quemado en efigie, por ejemplo, a León Blum, cuando se firmó el Pacto Franco-Soviético?.
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El ataque de Polonia a Checoeslovaquia - "realizado con apetito de hiena", dijo el prediodista De Kérillls - es el golpe de gracia definitivo para el estado checoeslovaco. Si el Anschluss de Los Sudetes con Alemania representaba para el poder de Praga la pérdida del cuarenta por ciento de la Industria y eI tercio (el más activo) de la población, la perdida de Téschen, más que por su importancia estratégica o su interés económico significaba que Checoeslovaquia no inspiraba respeto a nadie. Y así, aunque en París la actitud de Polonia fue causa de un disgusto mayúsculo y empiezan las diatribas contra los gobernantes de Varsovia - que las necesidades de la alta política exigirán sean presentados como demócratas y como mártires unos meses más tarde - pronto aparecen nuevos motivos de preocupación. Hungría constata que, contrariamente a sus promesas y a los acuerdos que ha firmado en Munich, Checoeslovaquia no concede la autonomía administrativa interna a sus minorías magiares. En consecuencia se dirige a los gobiernos de las Cuatro Grandes Potencias instándoles a que fuercen a Praga a cumplir sus compromisos.Pero el estado checoeslovaco se desmorona definitivamente el 6 de Octubre, en que Eslovaquia proclama su autonomía, dentro del estado checoeslovaco. Praga reconoce al gobierno autónomo eslovaco, presidido por el Padre Tisso. El 10 de Octubre, en Uzhorod, se forma un gobierno autónomo carpato-ucraniano, presidido por Andrej Brody, que también es reconocido, de momento, por Praga. Una semana después, empero, Brody es detenido por la policía checa. El Doctor Hacha, que ha substituido a Benes en la dirección del estado, envía a un general checo, Leo Prchala a Bratislava, nombrándole miemembro de Gobierno Eslovaco. La medida es anticonstitucional. El 10 de Marzo, Praga descarga otro golpe contra los regímenes autonómicos que su Constitución garantiza; el gobierno de la Ucrania Transcarpática es destituido en bloque. Un día después es detenido el Padre Tisso, Presidente del gobierno autónomo de Eslovaquia, y dos de sus ministros. Los eslovacos se lanzan a la calle en Bratislava y hay numerosos muertos y heridos por ambos bandos. Bajo presión de la calle, Praga libera a Tisso encargándole que forme gobierno, pero éste se niega mientras la soldadesca checa ocupe Eslovaquia y Leo Prchala sea miembro obligatorio del gobierno eslovaco. Entretanto, tres gobiernos centrales del estado checoeslovaco, formados por Hácha, caen en el plazo de un mes.
A pesar de representar a un importante núcleo de población, Karmassín, líder de la minoría alemana de Bohemia (sólo en Praga viven casi doscientos mil alemanes) no es llamado para ocupar cargo alguno en esos tres gobiernos, pese a tener derecho a ello, de acuerdo con la Constitución Checoeslovaca.
Hitler interpreta todas estas medidas de Praga como una violación de los Acuerdos de Munich, donde se reconocieron las nuevas fronteras checas bajo la expresa condición de que los checos
El Estado Checoeslovaco se ha desmoronado. No existe. Incluso Polonia ha vuelto a movilizar dos reemplazos y concentra sus tropas en la frontera checa. Eslovaquia y Rutenia (Cárpato-Ucrania) se colocan bajo la protección del Reich. Es decir, conservan su plena soberanía pero firman unos acuerdos, con Berlín, que los colocan, a cambio de la protección política y militar de Alemania, dentro de la órbita de influencia germánica.
Como no podía dejar de suceder, enseguida se plantean fricciones fronterizas entre checos, por una parte, y eslovacos y polacos, por la otra. En vista de la agravación de la situación, el Doctor Hácha, y su Ministro de Asuntos Exteriores, Chavlkovski, solicitan ser recibidos por Hitler. Este les reprocha sus constantes incumplimientos de los Acuerdos de Munich relativos a la cuestión de sus minorías nacionales y le anuncia que, a primeras horas de la mañana siguiente, las tropas alemanas entraran en Bohemia-Moravia. Hácha se desmaya al oir estas palabras y debe ser atendido por el propio médico del Führer. Al volver en sí, su primera orden es para comunicar a Praga la noticia, y encarecer que no se ofrezca resistencia alguna. El Doctor Hácha firma entonces un documento según el cual "pone en las manos del Führer de Alemania el destino de la nación y el pueblo checo". Hitler se compromete a "acoger al pueblo checo bajo la protección del Reich y garantizar un desarrollo autónomo inherente a sus peculiaridades nacionales". [91].
A nosotros, al menos, no nos cabe la menor duda. El documento firmado por el Doctor Hácha no fue redactado por él. Hacha fue a Berlín a obtener un tipo de protección - y en política
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protección significa dependencia - similar al que obtuvieron eslovacos y rutenos. Pero se encontró con el hecho consumado de un "Protectorado", parejo a aquél en que se encontraba Marruecos, entonces, con relación a Francia y España. Hitler estaba irritado, con hartos motivos, con Praga, y se lo quiso hacer pagar. Esto fue, a todas luces, un error político.¿Imputable a Hitler? ¿Imputable a von Ribbentrop? Creemos, francamente, que a los dos, pero sobre todo al primero. Hemos dicho, y repetimos, que cuesta creer que Hitler en persona no redactara el documento firmado por Hácha. Para nosotros esta demasiado claro. El Doctor Hacha era un liberal; un liberal no habla del "Destino" en tal circunstancia histórica. Un liberal no alude a la nación y al pueblo, diferenciándolos. Finalmente, un Jefe de citado que va a pedir protección no se desmaya cuando su "protector" le anuncia que sus tropas van a atravesar la frontera para garantizar el orden.
En otro lugar hemos escrito:
"André-Francois Poncet, al que es imposible calificar de germanófilo, dijo:
Del mismo modo, cuando Polonia se apoderó de Téschen manu militari, Berlín hubiera debido impedirlo. Claro que igual hubieran debido hacer Londres y París y permanecieron impávidos.
¿Que hubiera sucedido si Berlín hubiera observado escrupulosamente los Acuerdos de Munich? Hubiera sido muy difícil para los gobiernos inglés y frances dejar que la situación se eternizara, ignorando las quejas de Tisso, Volozin, los húngaros y Hitler sin "perder la cara" ante el mundo. Hitler ya no debía sentir prisas, pues el grueso de la Comunidad Alemana en los Sudetes había sido rescatado del dominio checo y no corría peligro alguno. Pero quiso solucionar el problema a su manera y el estado checoeslovaco salto por los aires. Creemos, con Rassinier, con el propio A.J.P. Taylor [94] que el llamado "salto a Praga" fué un error político.
Aún cuando, como recordó el Führer, en Praga vivieran muchos alemanes y allí se hubiera fundado la primera Universidad germánica; aún cuando Bohemia y Moravia hubieran formado parte de estados alemanes durante siglos, persistía el hecho de que aquellos territorios ya no podían considerarse países alemanes. Hasta el "salto a Praga" Hitler podía presentarse, con toda justicia, como un defensor del derecho de Libre disposición de los pueblos. Después del "salto a Praga", ya no. El propio Doctor Hacha se presentó en Berlín, por su libre voluntad, para colocarse bajo la órbita política del Reich, en las mismas condiciones que lo hicieran eslovacos y ucranianos. Con el tiempo, y en paz, por simple osmosis socio-política, Chequia (Bohemia-Moravia) se hubiera fundido con Alemania. Las prisas, repetimos, fueron un tremendo error psicológico y político. No puede hablarse constantemente de Europa - y creemos que con sinceridad, como lo demostraría con hechos - y luego crear, en el corazón de la misma Europa, un Protectorado como si se tratara de bereberes del Mahgreb o de una tribu negra centroafricana. A la vista de lo expuesto en las páginas procedentes se comprende que Hitler estuviera harto de los políticos del castillo de Praga y que no se fiara de ellos. En un plano puramente moral, o particular, puede incluso justificarse el famoso "salto a Praga". En un plano político absolutamente no. Por una sencilla razón: Hitler no ganó nada con ello y en cambio
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perdió fuerza en su posición, hasta entonces inexpugnable, de campeón del derecho de libre disposición de los pueblos.Es posible, con todo, que el motivo que moviera a Hitler a anexionarse, aún cuando fuera en calidad de Protectorado, Bohemia y Moravia, no fuera otra que una consideración puramente estratégica de la situación. El "portaaviones checo" [95] era una cuna de casi quinientos kilómetros introducida en tierra alemana. Al mismo tiempo, dada la estructura interna democrática de la Checoeslovaquia residual (Bohemia-Moravia) nada garantizaba a Hitler que el Doctor Hacha no fuera substituido por un adicto de Benes y volvieran a surgir problemas, resucitando el viejo "porta-aviones". Esto, tras los Acuerdos de Munich, era gravísimo. En efecto, la URSS se sentía, con razón, amenazada por Alemania. La amenaza podía concretarse, tanto en un ataque militar directo, como en un bloqueo político-económico y una asistencia, directa o indirecta, de Berlín a los nacionalistas ucranianos. Esto estaba inscrito en sus grandes líneas en el Mein Kampf, y tras liquidar las cuestiones pendientes con el Oeste, Alemania se volvía hacia el Este. En Munich se llegaba a un acuerdo tácito: Europa para los europeos. Rusia, fuera de las discusiones entre europeos. Inglaterra y Francia se desentienden del Este Continental. Hungría y la nueva Eslovaquia se unen al Reich en un bloque político anticomunista, mientras Polonia - cuyas relaciones con Alemania son inmejorables y que ha colaborado con el Reich en el despedazamiento de Checoeslovaquia - acentúa su política anticomunista.
En el bloque centroeuropeo que se dibuja contra la URSS, dirigido por Alemania, Checoeslovaquia es un obstáculo. Es una piedrecita en el engranaje de la poderosa máquina bélica que se esta forjando. Ninguno de sus vecinos lamenta la desaparición del artificial estado y Hitler - esta vez, sí - aplica la política del hecho consumado. Todos sus generales lo aprueban.
A von Ribbentrop y a von Neurath, a los diplomáticos de carrera la medida - sin desaprobarla abiertamente - ya no les seduce tanto. En todo caso, Checoeslovaquia ha desaparecido, y la URSS se siente más que nunca en cuarentena. Chamberlain, en los Comunes, responde fríamente a una interpelación de Atlee, el líder laborista:
Hemos visto como, pese al fracaso de la Conferencia de Evian, las esperanzas de arreglo - más o menos racional; más o menos justo - persistían. Ahora bien, esas últimas esperanzas se desvanecieron con ocasión del asesinato del Tercer Secretario de Embajada del Reich en Paris, von Rath, por un joven isrealita polaco, llamado Herschel Grynzspan, el 7 de Noviembre de 1938. Se ha pretendido que tal asesinato no tenía nada de político y que no se trataba, en el fondo, más que de un banal asunto de "malas costumbres". En todo caso, se ha dicho, Grynzspan actuó por su propia iniciativa. Cuesta mucho creerlo. Lo mismo se dijo de Gavrilo Prinzip y de sus cómplices cuando asesinaron al Archiduque Fernando y luego se demostró que se trataba de una vasta conjunción política. Se trata de una regla general para los asesinatos políticos: son todos ellos - sin más excepciones que las rarísimas que confirman la regla - concertados, preparados y la mano del asesino o asesinos es, siempre, dirigida por grupos políticos. En todo caso, existe la confirmación del propio asesino, Grynzspan, que confesó que no tenía la intención de asesinar al Tercer Secretario de Embajada, von Rath, sino al mismo Embajador de Alemania en París.
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No era von Rath el primer funcionario nazi asesinado por judíos fuera de Alemania. Ya el 4 de Febrero de 1936. Wilhelm Gustlof, Jefe del Grupo Nacionalsocialista de Alemania residentes en Suiza fue asesinado por el hebreo Frankfurter. Y citaremos, pour mémoire, que Horst Wessel, el legendario héroe nazi, miembro de las S.A. fue igualmente asesinado por un Judío afiliado al Partido Comunista Alemán. También conviene tener presente que el Coronel Konovaletz, líder de los nacionalistas ucranianos, y protegido por el Reich, fue asesinado unas semanas antes del atentado contra von Rath y también en esta ocasión el victimario fue un hebreo, miembro de la G.P.U., llamado Wallach. La muerte de Konovaletz contrarió enormemente a Hitler, dada la personalidad del líder ucraniano, con la que contaba el Fúhrer en sus planes de la Drang nach Osten [96].Al conocerse la noticia del asesinato de von Rath, Alemania entera parece explotar. En Berlín, Munich, Nurenberg, Leipzig, Frankfurt, Colonia y Hamburgo, numerosas sinagogas son incendiadas, almacenes judíos arrasados y pillados. Parece fuera de toda duda razonable que la indignación popular fue canalizada por las S.A. La Kristallnacht se produjo tres días despues de los disparos de Grynzspan en París; diríase que es demasiado tiempo para poder creer en una cólera incontrolada del pueblo alemán. Cólera, sí; sin duda. Pero no incontrolada. Todos los indicios llevan a creer que Goebbels y Himmler apadrinaron la idea; a la que era contrario Goering. No obstante, fue el propio Goering quien, dos días después, imponía a la comunidad judía de Alemania una multa colectiva de mil millones de marcos. Goering hace más. Decide que, a partir del 1 de Enero de 1939, los Judíos alemanes no podrán dedicarse al comercio al detalle, ni ser jefes de empresa ni artesanos independientes. Goebbels, por su parte, les prohíbe el acceso a las salas de espectáculos [97].
Como los almacenes judíos habían sido la primera diana de los manifestantes, esa noche recibió el nombre de Kristallnacht (noche de cristal). 815 vitrinas de almacenes fueron destruidas, así como 171 domicilios judíos, 276 sinagogas, otros 14 monumentos de las comunidades israelitas. Hubo 36 judíos muertos y otros 36 heridos. Fueron detenidos - en muchos casos para evitar que fueran lapidados - unos 20.000 Judíos, así como 7 arios y otros 3 arios de nacionalidad no alemana [98].
Las autoridades principales del III Reich negaron siempre haber organizado esas manifestaciones y autorizado el cariz que tomaron luego. Naturalmente, no se les puede hacer un "proceso de intención". De tal clase de procesos ya hubo demasiados en Nuremberg. No obstante, según las apariencias, por lo menos, los aludidos altos jerarcas nazis parecen decir la verdad. He aquí como se desarrollaron los acontecimientos: El 9 de Noviembre de 1938, los principales miembros del Partido y del Gobierno se encontraban reunidos en Munich para conmemorar el "putsch" de 1923. Al atardecer, Goebbels fue informado que se habían llevado a cabo graves demostraciones antijudías en diversos lugares de Alemania, pero sobre todo en las provincias de Hesse y de Magdeburgo. Tras un breve coloquio entre Hitler y los principales dignatarios del Partido, Heydrich envió un telegrama a todas las comisarías de Policía de Alemania, ordenándoles de ponerse en contacto con los jefes regionales del Partido Nacionalsocialista para que los judíos no fuesen molestados y sus propiedades respetadas [99].
En cuanto a Julius Streicher, que se había ausentado de Munich anticipadamente debido a una indisposición, no se enteró de los sucesos hasta el día 10 por la mañana. El día 12 de Noviembre, por orden de Hitler, Goering reunió en una conferencia interministerial a representantes de los principales ministerios implicados en el asunto: Goebbels (Propaganda), Heydrich (Policía y Seguridad), Schwerin von Krosigk (Finanzas), Funck (Economía), Frick (Interior). Bien por razones materiales, como Goering, que afirmaba que los perjudicados no serían los Judíos sino las compañías de seguros alemanas - bien por razones morales, todos los presentes condenaron, no las manifestaciones en sí, sino el modo cómo habían degenerado en una explosión de pillaje y linchamientos. Todos los presentes, excepto el doctor Goebbels, que las excusó.
Ya hemos aludido a las medidas de tipo económico que, tras la Kristallnacht se tomaron contra los Judíos, por decisión de Goering y de Goebbels. Estas medidas parecen injustas - para
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nosotros, lo son - por parecerse demasiado a un garrotazo de ciego. Evidentemente, lo que sucedió fué que el Gobierno Alemán, o, más exactamente, dos o a lo sumo tres de sus miembros, Goebbels, Himmler y tal vez Heydrich, quisieron organizar una manifestación espontanea para intentar intimidar a los sionistas de Nueva York y Londres, dándoles a entender que sus correligionarios aún residentes en Alemania lo pasarían mal si continuaban las provocaciones y los asesinatos de personalidades alemanas en el Extranjero. Luego, como suele suceder, la masa se desmandó y sobrevino la tragedia. La caja de Pandora.Naturalmente, se tomaron medidas severísimas contra 174 miembros del Partido, especialmente de las S.A., así como seis comisarios de policía, que fueron mandados a campos de concentración. Los tribunales procedieron igualmente a dos condenas de muerte por homicidio, pero les fue conmutada la pena capital por la de reclusión perpetua. Tomamos esta aseveración del escritor alemán Roth, antinazi, en su obra Konzentrazionlager. El asesinato de von Rath obtuvo los resultados perseguidos. Los objetívos fijados por los autores o inductores de la provocación fueron plenamente alcanzados. El Presidente Roosevelt se apresuró a aprovechar ese pretexto para intervenir nuevamente en los asuntos europeos [100]. La Gran Prensa orquestó una campaña a nivel mundial.
Dice, a este respecto, Paúl Rassinier:
Suscribimos totalmente el punto de vista de Rassinier. Y nos permitimos añadir que, para el Sionismo, el empeoramiento drástico de las condiciones de vida de los Judíos alemanes, era un problema secundario. Toda guerra conlleva sus victimas, y el Sionismo, en guerra declarada con Alemania, debía contar con ello. En un momento en que los Acuerdos de Munich colocaban a Europa en el camino de la paz y autorizaban todas las esperanzas, al menos en el Este, las consecuencias del asesinato de von Rath por el joven Grynzspan coincidían demasiado con los objetivos perseguidos por el sionismo para aceptar alegremente que todo se debía a una coincidencia.
a) La totalidad del Partido Laborista inglés, con Atlee, Morrisson y Bevin a la cabeza.
b) El ala derecha de los Conservadores ingleses - los llamados "young conservatives", o jóvenes conservadores - con Churchill de cabeza de fila, secundado por Eden, Hore Belisha, Halifax, Lord Vansittart, Amery y Duff Cooper.
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c) La casi totalidad del Partido Socialista francés, dirigido por León Blum. Sólo Marcel Déat y sus seis diputados seguidores constituyen la excepción pacifista entre los socialistas galos.d) La totalidad del poderoso Partido Comunista francés.
e) Numerosas personalidades de todos los partidos franceses, tanto de la derecha (De Kérillis), como del Centro (Paul Reynaud) o de la izquierda "moderada" (Mandel).
f) La Franc-Masonería, tanto de obediencia inglesa como de la continental.
g) El "Brain Trust" del Presidente Roosevelt.
h) El Sionismo.
Todo esto puede representar un máximo de 300 ó 350 personas de cierto relieve político; muchas de ellas - y no ciertamente las de menor influencia - desconocidas del llamado "hombre de la calle", englobadas particularmente en los apartados f), g) y h).
El nombre del clan, que se le dio en Inglaterra, parece más atinado que el de "Partido" que se le adjudicó en Francia. Se trataba, en efecto, de un muy restringido clan, sin influencias directa en la calle. Pero con poderosísima influencia indirecta, pues la Alta Finanza - representa - da en todos los apartados, incluyendo el d) y personificada en él apartado h)- maneja los mass media y fabrica la Opinión Pública. Así se asiste a la paradoja de que, mientras Chamberlain y Daladier son aclamados por la multitud a su regreso de Munich, se lanza una gran campaña periodística criticándolos acerbamente por lo que Churchill califica, en el Parlamento, como "la mayor derrota diplomática de éste país". A continuación, para paliar los efectos de tal "derrota", Churchill propone la creación de una "Gran Alianza Ofensiva y Defensiva, entre Francia, Inglaterra y la URSS, que marcharía resueltamente hacia adelante". El caso de Churchill es, en verdad, tan aleccionador, que más adelante nos detendremos a analizarlo con la profundidad requerida. En todo caso, la propuesta del líder de los belicistas ingleses es rechazada, pero Runciman, el pacifista que acompañó a Chamberlain a Munich es defenestrado politicamente. Su puesto en el gobierno inglés pasa a ocuparlo Lord Vansittart, un germanófobo bien conocido.
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Napoleón decía que el Dinero era el nervio de la guerra. Si esto era cierto en los tiempos del Gran Corso, podemos decir que en la actualidad esa definición pecaría de excesivamente modesta, pues hogaño es, no sólo el nervio, sino incluso el alma. Ya a principios de 1938 tomó un redoblado impulso la campana belicista en Francia. El israelita Louis Louis-Dreyfus, el titulado "Rey del Trigo ", financia generosamente los periódicos belicistas de París. Además, se aprovecha de su cargo de Cónsul en Bucarest para intrigar contra Alemania en los Balcanes [102]. Emmanuel Beri, un periodista Judío denuncia, en su revista la existencia de un "Clan o Sindicato de la Guerra ". Afirma que su correligionario Robert Bollack, director de la Agencia de Noticias Fournier y de la Agencia Económica y Financiera, ha recibido treinta y dos millones de dólares, enviados desde América, para regar a la prensa francesa. De la noche a la mañana, determinadas publicaciones galas, hasta entonces pacifistas o neutrales, se vuelven furibundamente belicistas y germanófobas. "La acción de la Alta Finanza en el empeoramiento de las relaciones diplomáticas es demasiado evidente para que pueda ser disimulada " [103].Charles Maurras, germanófobo de toda la vida, y por tanto nada sospechoso de pro-nazismo, afirma, en su seminario L'Action Francaise que funciona un titulado, sotto voce, "Comité de la Guerra", en Francia y Bélgica, en coordinación con otro que actúa en Inglaterra.
Los fondos iniciales los había traído el financiero Pierre David-Weill, director de la Banca Lazard [104]. Según Maurras, el dinero era luego distribuído por Raymond Philippe, antiguo director de la banca precitada y por el ya mencionado Robert Bollack. Más lejos aún iba el viejo monárquico francés, pues acusaba a las ramas francesa e inglesa de la Casa Rothschild de participar en el movimiento [105].
El abogado judío Dr. Pierre Dreyfus-Schmidt, alcalde de Belfort, en Alsacia declaró, en Febrero de 1938, que se había formado un bloque económico entre Inglaterra, los Estados
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Unidos, la Unión Soviética y Francia. Su misión consistía en acrecentar el bloqueo y el boycot económico contra Alemania e Italia [106] Primeramente se acapararían las materias primas necesarias a esos dos países, y luego se les iría suministrando cada vez la menor cantidad posible de mercancías hasta que ambos países estuvieran económicamente arruinados. Por este procedimiento se confiaba en derrotar económicamente a Alemania y hacerla salir de su autarquía económica y su independencia financiera Esa información fue el complemento de una gacetilla publicada por el semanario inglés Sunday Chronicle [107] en la que se precisaba queBlum ya no es el Primer Ministro de Francia, pero el Presidente Lebrun es un mero figurón y Daladier es un ave de paso. León Blum es un Judío prominente, que cuenta....El será el Moisés que guiará a la nación francesa. ¿ Y Litvinoff ? El gran Judío que se sienta a la diestra de Stalin, el pequeño soldadito de plomo del Comunismo. Es el más importante de todos los camaradas... Inteligente, cultivado, capaz, Litvinoff ideó y promocionó el Pacto Franco-Soviético. Fue él quien convenció a Roosevelt de la bondad del régimen soviético. Fue él quien alcanzó el más alto rango de la diplomacia al lograr que los conservadores ingleses, con sus sombreros de copa y su estilo de Eton, estuvieran en los más amigables términos con la Rusia Roja...
De momento, ha transformado el Ejército Inglés, del desastre lamentable que era, en una maravillosa máquina de luchar.
"No les extrañe que esos tres grandes hijos de Israel organicen la alianza que mandará al infierno al fanático dictador que ha llegado a ser el mayor enemigo de los Judíos. Es bien cierto que esas tres naciones, ligadas por numerosos acuerdos, y en un estado de virtual aunque no declarada alianza, cooperan hombro con hombro para impedir los anhelos expansionistas de Hitler hacia el Este. Y cuando el humo de las batallas se disipe, cuando las balas cesen de matar, podrá verse un cuadro mostrando al hombre que quiso actuar como Dios, el Cristo de la Swástika, introducido brutalmente en un agujero en el suelo, mientras el trío de no-arios entona un extraño Réquiem, que recuerda sospechosamente a una mezcla de La Marsellesa, Dios Salve al Rey y La Internacional, acabando en un gran final, en un arreglo orgulloso, militante y agresivo de Eili. Eili. Eili (grito de victoria judío) " [109].
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El clan belicista dispone de dinero a manos llenas. Este dinero "riega" abundantemente a la prensa de todos los países. La labor de la Gran Prensa es doble: por una parte, desacreditar totalmente a la Alemania Nacionalsocialista, atribuyéndole todos los defectos - a su ideología - y todos sus fracasos - a sus realizaciones -, mientras, por otra parte, se asegura que Hitler miente siempre, y que su política es la del bluff. El mérito de la invención de la debilidad interna de la Alemania Nazi no se le puede discutir al escritor israelita, de nacionalidad alemana, y refugiado en Francia, Heinrich Mann:Para socorrerle, debemos abandonar una idea arcaica e impracticable. Se trata de la idea preconcebida de no mezclarse en los asuntos de los demás, es decir, en los asuntos internos de otros países. Las democracias deseosas de salvaguardar la civilización sólo tienen una opción: que Hitler desaparezca" [110].
En una carta abierta dirigida al decano de la Facultad de Letras de Bonn - aunque escrita, según es obvio, para el consumo de los lectores franceses e ingleses - Thomas Mann, el gran escritor, desarrolla con más galanura y estilo la tesis de su hermano:
Desde luego, en esta carta no falta nada. En ella se encuentra, no sólo - como en el artículo de su hermano Heinrich - la tesis de la debilidad política del Nacionalsocialismo y del hundimiento interior de Alemania en caso de guerra, sino también el esbozo de la teoría del bluff hitleriano y de sus embustes permanentes.
Pero no todos son Judíos, como los hermanos Mann o los habituales de las columnas del Droit de Vivre. Un emigrado, totalmente desconocido del gran público, juega un papel capital en la psicosis de guerra que se va formando en Francia. Se trata de Helmut Klotz, nacionalsocialista la primera hora, y más tarde social-demócrata; Klotz, a quien todos los partidos alemanes acusaron de malversación [112], cruzó la frontera franco-alemana en 1933, pero enseguida se trasladó a Praga, donde, subvencionado por Benes, escribió artículos antialemanes; luego estuvo en Suiza, como empleado de un consorcio bancario helvético.
Finalmente, regresó a París, donde publicó un libro titulado "La nueva guerra alemana". El libro fue recomendado oficialmente por Comert, un israelita que era Jefe del Servicio de Información y Prensa en el Quai d'Orsay, presentándolo a los periodistas acreditados en Paris como un libro hecho por el hombre mejor informado sobre las intenciones del Estado Mayor Alemán. "La nueva guerra alemana" iba a convertirse en la biblia de los belicistas franceses y de los periodistas extranjeros residentes en Francia. Según Champeaux [113] "Klotz estaba en contacto permanente con Mandel", el Ministro del interior, e israelita, como sabemos. Klotz da una tournée de conferencias, bajo el patrocinio oficial de Mandel. En ellas afirma que a mediados o a
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finales de 1938, Hitler estará a punto de atacar a Francia. El ataque se producirá sin provocación, sin haber entrado en discusiones políticas y en el momento en que parezca que las relaciones franco-alemanas son lo más cordiales posible. Unos días antes del ataque improvocado de la Wehrmacht, Hitler asegurará, en un discurso, que desea la paz con Occidente y tendera su mano a Francia e Inglaterra. El ataque, además, se producirá sin previa declaración de guerra. La guerra es fatal, e inevitable, según Klotz, y si Francia e Inglaterra cometen la necedad de no "detener" a Hitler, serán víctimas de un ataque por sorpresa.Los hermanos Mann excitan ideológicamente al pueblo francés a la "Cruzada Ideológica de las Democracias". Klotz le excita, teleguiado por Mandel que le comandita, a la guerra preventiva. Si los argumentos de los Mann y de Klotz se contradicen, las dos corrientes que provocan se unen y terminan por llevar agua al molino del clan belicista.
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Si la Prensa cobra una gran importancia en todas las democracias, su influencia llega a ser preponderante en las democracias llamadas "maduras", tal vez por que la madurez debe preceder a la podredumbre. Al dirigirse a un público cada vez más numeroso, es decir, a un lector medio de un nivel cada vez más bajo, los directores de los periódicos no se ven en la obligación de detenerse ante los escrúpulos. Conocido es el ejemplo del Times londinense, recogido por Dickens, al afirmar que ese periódico se escribía para unas mil personas, y que no aceptaba la publicidad de un medicamento si su eficacia no había sido comprobada, sin fallos, al menos durante un año. Pero en la década de los treinta empieza el fenómeno de idiotización general, descrito por el impar George Orwell [114] al presentir que se convertirá en un instrumento de esclavización mental de las masas."Pensar en el público". "Informar al público": he aquí la consigna que reciben y transmiten cada día redactores y editorialistas. De este modo, la demagogia de los parlamentarios más viles será siempre superada por la demagogia de la prensa. Pues la mayoría de los periódicos intentaran quitarles lectores a sus concurrentes directos mediante una puja desvergonzada en la simplificación de los problemas, la excitación de los instintos más bajos de la masa con su posterior explotación y capitalización y el halago más desenfrenado de sus más quiméricas ilusiones. Pero todos los lectores son electores. Esta frase del periodista Simón Blumenthal quedará impresa en multitud de cerebros e inspirará, en las siguientes elecciones, multitud de votos, y en ello piensa el diputado. Entre las fórmulas populacheras que le proponen los periódicos cada mañana, su instinto le sopla al diputado la que le propondrán, en la próxima reunión, los miembros de su comité [115] y, de inmediato, la lanza en derredor suyo, para comprobar el efecto que hace. De tal guisa, los mots d'ordre, las consignas de los periódicos son confrontados, diariamente, en los pasillos de los parlamentos y las cámaras, bajas o altas. ¡ Ah, esos pasillos parlamentarios ! ¡ Toda la Intrahistoria Contemporánea transcurre por ellos !. Los redactores de artículos políticos se informan cada día del resultado de la confrontación, y el resultado de ese partidillo, más o menos deportivo, influye, en parte, en el tono del artículo que escribirán el día siguiente. Así se establece, entre los parlamentos y periódicos, un constante intercambio de influencias. Las democracias occidentales eran ya, en los años treinta, un complejo de poder asentado sobre tres asambleas: una cámara alta, una cámara baja y la Prensa, aunque ésta gozaba de la ventaja, sobre las otras dos, de actuar a diario. En Francia, tanto Daladier como Reynaud, y no digamos ya León Blum, se entrevistaban, cada día, con los directores de la Agencia Havas, de la Agenda Fournier, y de los dos o tres principales diarios. En Inglaterra, Chamberlain recibía las visitas asiduas de Lord Beaverbrook, el magnate de la Prensa inglesa y de Lord Rothermere, el propietario del Daily Mail. Los papeles se invertían en el caso de Isaac Hammsworth, el editor del Times, a quien rendía visita el propio Primer Ministro. Así, la influencia de la prensa sobre las decisiones gubernamentales se ejercía de dos maneras: indirectamente, a través de los parlamentarios; y directamente por los contactos con los directores y propietarios de los grandes periódicos. Si esta Prensa representara, únicamente, intereses nacionales, ingleses o franceses, el mal sería relativo. Pero ella, en gran parte, estaba sometida a intereses y presiones extranacionales. En
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Francia, por ejemplo, a parte de L'Humanité que no era más que el órgano oficial del gobierno soviético o - si se quiere - de la Komintern, L'Epoque había sido fundada por De Kérillis, con dinero judío [116], Emile Buré, editor de L'Ordre estaba sostenido financieramente por el israelita Ebstein [117], confidente de la embajada soviética y, a la vez, de los banqueros israelitas Hambros, de Londres. Le Populaire, de otro israelita, Emile Kahn, contaba entre los "budas" de su comité de redacción nada menos que a León Blum, y seguía obedientemente los dictados de la Internacional Socialista [118].Aquí consideramos necesario un inciso, al tratar de la Prensa belicista francesa, para detenernos un poco en la figura de Robert Bollack, de quien ya hemos hablado como suministrador de fondos para el clan belicista francés, denunciado por su correligionario Emmanuel Berl y por Charles Maurras. Desde principios de 1938 Bollack no se recataba en afirmar que si hacían falta cien millones de francos para combatir el fascismo en Francia, él sabía dónde encontrarlos. Este Bollack es un personaje rocambolesco: recaudador de fondos entre los Judíos orientales para la instalación del Hogar Nacional Judío en Palestina, se le acusa de "ligereza" en la administración de tales fondos. Pero el Sionismo parece perdonarle este pecadillo, pues las bancas Rothschild y Lazard le apadrinan. Pronto llega a ser el propietario de la Agencia Económica y Financiera, así cómo director de la Agencia de Noticias Fournier. Dirige el comité electoral de Paúl Reynaud, y poco después éste accede a la presidencia del Gobierno.
No se sabe de dónde le llegan los fondos necesarios para comprar la Agencia Fournier, que pronto se convierte en el abanderado del antihitlerismo. Junto con Pierre Dreyfus, de la familia de los "reyes del trigo", el General Weiller y el abogado Henry Torrés, funda la "Union et Solidarité Israélites", que, a través de la emisora de "Poste Parisien" dirigida por el propio Bollack, participará en la campaña antialemana y belicista.
La campaña de los belicistas se agrava, oponiéndose, las más de las veces, a la política oficial que se sigue en Londres y en París. Los infundios más grotescos son difundidos para enervar a las masas. Así, por ejemplo, Geneviève Tabouis afirma, gravemente, que la Italia fascista amenaza a Francia. ¿ En Niza ?... "No. En Perpignan." En caso de un conflicto generalizado, Mussolini atacará a Francia, sin previa declaración de guerra, dirigiéndose hacia Perpignan, con la complicidad de Franco [119]. Julien Benda, otro israelita, en un artículo violentísimo, califica de "estado apache" a Alemania y de "gángster" a Hitler. Un correligionario suyo, Gabriel Péri, comunista, afirma que hay tres mil agentes nazis en Francia. Naturalmente, no se molesta en precisar las fuentes de tan estupenda y precisa información [120]. El 4 de Diciembre, Goering pronuncia un discurso en Nuremberg:
Traducción de Paris-Soir, de Ce Soir, de L'Ordre y de L'Oeuvre : "Esperamos acontecimientos inevitables" [122]. " L'Ordre, en subtítulos a cinco columnas: "Con gritos de odio, esperamos lo inevitable". L'Oeuvre coloca la frase falsificada sobre dos columnas en primera página. Ce Soir, en tercera página, pero a grandes titulares de última hora: " Golpe teatral en Nuremberg: Esperamos acontecimientos inevitables, proclama el Mariscal Goering ".
Hemos querido extendernos un poco sobre este caso de la venalidad y la mala fé de la Gran Prensa por considerarlo decisivo en la formación del clima belicista, sin el cual es imposible organizar una guerra. Hemos mencionado casos de financiación de campañas de prensa, pero sería preciso un libro dedicado exclusivamente al tema si quisiéramos tratarlo en profundidad.
Esta financiación puede llevarse a cabo de dos maneras: la primera y más corriente consiste en inflexionar la línea política de un periódico - de cualquier periódico - por el canal de la
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publicidad. Es un hecho conocido que cualquier periódico que vea cegada esa fuente de haberes se halla abocado, de inmediato, a la quiebra. Otra manera consiste simplemente en estipendiar a determinados periodistas de modo que se conviertan en verdaderos empleados de los que les pagan. Georges Champeaux cita el caso de la conocida periodista francesa, Geneviève Tabouis, cuyo sueldo por escribir un articulito semanal en el oficioso londinense Daily Express eran tan elevadamente desproporcionado que equivalía, lisa y llanamente , a un salario de agente inglés. Y, en efecto, mientras la política oficial inglesa consistió en contemporizar con Hitler (casos del Anschluss, de la Guerra de España y de los Sudetes) la Tabouis y otro colegas suyos se alinearon junto al Gabinete Inglés. En cuanto, por razones que analizaremos seguidamente, la política de Londres cambia - o debe cambiar ante ciertas presiones extranjeras - la Tabouis da un giro copernicano a la orientación de sus artículos [123].* * *
Ya hemos aludido, en diversos epígrafes anteriores, a la actitud belicista del Sionismo internacional. Conviene ahora insistir sobre el tema, dado el tremendo recrudecimiento de las actividades de tal fuerza política supranacional en los dos años inmediatamente anteriores al estallido de Septiembre de 1939.El Sionismo, aún cuando reuniera al "Congreso Mundial Judío" en Agosto de 1936 en Ginebra [124] y mantenga actividades en todo el mundo, asienta sus reales, especialmente, en Norteamérica, y es allí donde, a través del Presidente Roosevelt mueve la conjura contra la paz.
A principios de Marzo de 1937, el "Congreso Judeo-Americano" se reúne en Nueva York. El alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, un judío de Trieste y sionista ferviente, toma la palabra el 3 de Marzo. Su discurso es una sarta de bromas de dudoso gusto, a costa de Hitler. La Guardia propone, seriamente, que en la Exposición Universal de 1939 se instale una "Cámara de Torturas" en la que figurare la efigie de ese "fanático con camisa parda que amenaza la paz de Europa y del mundo". La reacción de los medios germano-americanos es tan viva [125] que el Secretario de Relaciones Exteriores Cordell Hull presenta excusas, oficialmente, al Embajador Alemán, que las acoge sin comentarios. Inmediatamente, el aludido "Congreso Judeo-Americano" organiza un mitin de protesta, en el cual, naturalmente, la vedette es La Guardia, el cual manifiesta:
No existe precedente, en toda la Historia Universal, de una serie de insultos lanzados por persona representativa y responsable; de una cantidad y calidad tal de epítetos malsonantes y de amenazas, contra un jefe de estado, connacional o extranjero, ni siquiera cuando media un estado de guerra. Puede añadirse que, ni aún dando por ciertas todas las exacciones que la propaganda atribuye a Hitler contra los judíos alemanes, admiten ellas comparación con el genocidio organizado que, desde 1917, se sucede sin interrupción en la Rusia Soviética, sin que promuevan tan bombástica escandalera. Muy al contrario, como hemos ya expuesto, es
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precisamente la Rusia Soviética objeto de la solicitud del Sionismo y de las grandes democracias occidentales para que se una a la coalición antialemana. La diatriba de La Guardia termina con la propuesta de una resolución, que será aprobada por aclamación:Finalmente, es, y aún más que ellos, antimilitarista. Por ejemplo, se le conoce este morceau de bravoure inaudito:
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...Pero volvamos a América, o, más concretamente, a las actividades del Sionismo americano.
En Agosto de 1936, tras el voto de la Convención de Filadelfia que le designaba como candidato del Partido Demócrata para presentarse a su reelección, Roosevelt debía pronunciar, en Chautauqua un discurso completamente monroviano, en el que proclamaba su intención de "mantener la neutralidad, fueren cuales fueren las presiones que sufra tanto desde el interior como desde el exterior", y remachaba:
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Sólo manipulando este slogan había podido Roosevelt ser reelegido. Naturalmente, sólo se trataba de un slogan. El "Brain Trust" es la verdadera oligarquía belicista en América. Su composición ha cambiado en el curso de 1936, pero, al igual que sucediera con los antiguos miembros, los nuevos han de ser homologados por el profesor judeo-vienés Félix Frankfurter, el hombre de confianza de Roosevelt y, por supuesto, del omnipotente y omnipresente Bernard Mannes Baruch, el titulado "Procónsul de Judá en América"; y Frankfurter sólo da su augusto placet a judíos o filosemitas indiscutibles. El profesor Moley, el único no judío que, en el precedente "Brain Trust" ha podido vanagloriarse de haber conseguido, en algunas ocasiones, de imponerse a las maniobras de sus colegas judíos, es despedido como una criada, sin explicaciones. A principios de 1937 los consejeros del "Brain Trust" son los hebreos Ben Cohen, Harry Hopkins, Sam Rosenman, Haroíd Ickes y Félix Frankfurter, más el medio-judío presidente del Tribunal Supremo, Jackson y el irlandés y pro-sionista Tom Corcoran.Pero, por encima del propio "Brain Trust" se sabe que funciona un mini-consejo que, en definitiva, decide, compuesto por Bernard M. Baruch, el Juez Louis D. Brandeis y Frankfurter, que actúa de enlace con el "Brain Trust". Es, precisamente, Frankfurter quien sugiere a Roosevelt, en Abril de 1937, de introducir en la Ley de Neutralidad, la cláusula "Cash and Carry", por la cual, las naciones beligerantes que compren mercancías en los Estados Unidos deberán pagar al contado y en dólares o en oro y transportarlas por sus propios medios. Esto equivale a darle una ventaja a Inglaterra, que es el único país que posee bastante oro y bastantes barcos mercantes para satisfacer a esa doble exigencia. Para Francia, la cláusula "Cash and Carry" (Pague y Lléveselo) presupone la certeza de su sumisión entera a Inglaterra, por ser sus reservas de oro y su marina mercantes muy inferior a las de Inglaterra. Para Alemania es una desventaja total. El espíritu de la Ley de Neutralidad, que permitió la reelección de Roosevelt, queda, así, vulnerado.
El diputado Ludlow, republicano, presenta un proyecto de ley que prevee un referéndum popular para decidir la entrada del país en una guerra. Súbitamente, se produce el incidente del "Panay", barco mercante americano que, el 11 de Diciembre es hundido en la rada de Nanking por la aviación Japonesa. ¿ La aviación japonesa ? El gobierno nipón lo desmiente categóricamente, y afirma que se trata de una provocación. Como más adelante tendremos ocasión de comprobar, cada vez que Roosevelt lo necesita, un barco americano es hundido y logra que sus propuestas sean aprobadas por una Cámara de Representantes en principio hostil a sus designios. El "Brain Trust" organiza una campaña violentísima contra el diputado Ludlow, a quien se acusa de ser un agente hitleriano. El "providencial" hundimiento del "Panay" inclina ligeramente la balanza, y el proyecto de Ludlow - tan democrático, pues si el pueblo no tiene voz ni voto para decidir si debe o no debe ir a la guerra, ¿ para qué le sirve la democracia ? - es rechazado por la Cámara de Representantes por 209 votos contra 188.
Un inciso: Roosevelt ha sido elegido en base a una impresionante propaganda pacifista; de otro modo, hubiera salido derrotado de las urnas. Pese a blasonar de democrático, le ha arrebatado al pueblo norteamericano, o, al menos, a sus representantes legales, nada menos que el derecho a votar sus propios impuestos; el derecho a hacer o no hacer el servido militar; el derecho a ser consultado sobre si deseo o no ir a la guerra contra una potencia extranjera; el derecho a comerciar o no con determinadas firmas de determinados países extranjeros. Ha sustraído a las cámaras - teóricamente los controladores oficiales del Gobierno en nombre del pueblo soberano - un sin fin de temas, especialmente los relativos a la política exterior, con la excusa de que se trataba de "materia reservada" al Presidente.
Con impar cinismo, ha calificado de "hitleriano" a todo opositor a su política dictatorial.
Así se ha irrogado los plenos poderes en materia de créditos al extranjero, a la facultad de legislar y de crear nuevos organismos, de nombrar, a dedo, colaboradores dotados de un poder
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omnímodo. Toda oposición es aplastada, sin reparar en medios. Más adelante citamos ejemplos más que reveladores. En nombre de la democracia, Roosevelt, se convierte en un autentico tirano, sin que la gran masa parezca darse cuenta del autentico golpe de estado que desde la Casa Blanca se ha perpetrado. Roosevelt exulta de satisfacción. En una carta que escribe a su anterior adversario electoral, Landon, manifiesta:En Febrero de 1938 empiezan las provocaciones yankis contra el Japón.
El embajador en Tokio, Grew, presenta una nota diplomática enviada por su Gobierno, en la que se piden al Gobierno Japonés precisiones sobre su programa naval: ¿ Cuántos acorazados piensa construir el Japón en los próximos dos años ? ¿ De qué tonelaje ? ¿Cuántos submarinos ? ¿Cuantos destructores ? ¿Qué hay de los cruceros pesados ? ¿ Cuántos buques mercantes y de qué tonelaje ? Roosevelt pasará a la Historia como el más increíblemente impertinente de todos los estadistas. Grew, su embajador en Tokio, es despedido de la audiencia oficial sin recibir respuesta alguna.
El Anschluss hace pasar al segundo lugar el ya llamado, por la Gran Prensa norteamericana, "problema Japonés". El Anschluss servirá de justificación a los adalides del intervencionismo universal. Justificará cualquier cosa, desde la ya aludida carta abierta a Landon hasta el también mencionado Discurso de la Cuarentena, que divide el mundo en buenos (las democracias, incluyendo la URSS y la China de Chiang-Kai-chek) y malos (básicamente Alemania, Italia, el Japón y cuantos países decidan mantener relaciones normales con ellos). El 5 de Mayo, Woodring, Ministro de la Guerra, declara ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos:
El 15 de Agosto, Cordell Hull, Secretario de Estado, pronuncia un discurso radiodifundido que, aún cuando expresado en términos más vagos, hace eco al pronunciado por Woodring.
Pero no pasa nada. Ni Hitler, ni Mussolini, ni Tojo, responden a las provocaciones del inquilino de la Casa Blanca. Por otra parte, el pueblo americano se opone resueltamente a verse
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envuelto, por segunda vez, en aventuras europeas. Que ello es así lo demuestran dos hechos irrebatibles:a) Para ser reelegido, Roosevelt debe prometer, en su campaña electoral [139] que mantendrá a los Estados Unidos apartados de las querellas de otros continentes. Está claro: "de otros continentes", es decir, no solo Europa, sino también de Asia ... y del África y de Oceanía.
Roosevelt se limita a actualizar la Doctrina Monroe: América para los americanos, que, naturalmente, significa "América para los norteamericanos".
b) El Instituto Gallup, al que ni remotamente podrá tildarse de pro-nazi (sus fundadores y las cuatro quintas partes de los miembros de su Consejo de administración son judíos) realiza una encuesta, en 1938, de la que resulta que el 83,5 % de los americanos son contrarios a la participación de los Estados Unidos en conflictos exteriores. Junto a algo más de un 10 % de abstenciones o respuestas vagas y dudosas, sólo un 5 % de la población es partidaria de tomar parte en guerras, aún cuando en ellas no se ventilen intereses vitáles para los Estados Unidos [140]. Y ello, a pesar de la solapada propaganda que el clan belicista lleva a cabo en el país. Un mísero 5 %. Y recordemos, pour mémoire, que la población Judeo-americana representa algo más del 4 % del censo.
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Para Roosevelt - al que un escritor de la talla de Abel Bonnard denominaba el Príncipe de los Fariseos - los Acuerdos de Munich fueron una humillación personal. Chamberlain, que no se fiaba de él, le había apartado de las negociaciones. Roosevelt se lo haría pagar. Literalmente.Cinco días después del regreso triunfal de Chamberlain a Londres, Joseph P. Kennedy, embajador norteamericano en la Gran Bretaña, comunicaba al primer ministro inglés que uno de los créditos concedidos, en dólares, no iba a ser renovado. Otros créditos serian renovados, pero a una tasa de interés mucho más elevada. Esto puede explicar, al menos parcialmente, el sorprendente cambio que se observa en la política exterior de Chamberlain una vez firmados los acuerdos de Munich.
Otra explicación, también parcial, pero muy digna de ser tenida en cuenta, es el cambio de actitud de los medios político-financieros genuinamente ingleses, no-Judíos, ante el viaje de Walter Funk, Ministro de Economía del Reich, a los Balcanes y Turquía. La primera etapa del viaje es Belgrado, donde preside, el primero de Octubre de 1938, un "Comité Mixto Germano-Yugoeslavo" cuya misión consiste en preparar un vasto acuerdo comercial. Funk habla muy daro:
Esta realidad ha hecho posible pensar en vastos planes de realizaciones económicas para los tres países... En líneas generales, queremos establecer relaciones económicas con estos países, y con otros de la misma zona geográfica, sobre la base de acuerdos válidos durante varios años, de manera que los productores de esos países puedan contar con entregas fijas a precios fijos."
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A consecuencia de los tratados comerciales que se firman, Alemania se convierte en el comprador del 50 % de las exportaciones yugoeslavas; del 65 % de las búlgaras y del 60 % de las turcas. Los tres países, por otra parte, pasan a ser clientes de Alemania por los dos tercios de sus necesidades.En otras palabras: Alemania ofrece precios mejores que nadie, es decir, que Inglaterra, principal cliente y proveedor de esos países. Las operaciones se harán por el sistema del trueque, o sea, sin intervenir créditos bancarios de entidades de la City; las pólizas de seguro las suscribirán entidades alemanas, y no Londinense "Lloyd's" cual es tradicional. Y hay más:
Hungría y Eslovaquia clientes naturales del Reich. Bohemia y Moravia son algo más que clientes, pues, a efectos económicos, forman parte del Reich. Checoeslovaquia, una tercera parte de cuyo comercio exterior se hacía con Inglaterra, pasa a la órbita comercial alemana. Por otra parte, aún cuando el rey Carol ha destituido al democráticarnente elegido Goga, pro-alemán, y ha permitido, sino ordenado, eI asesinato de Codreanu, consta que en cuanto pierda la corona, el pais se acercará a Alemania, y otro importante cliente será perdido por Inglaterra.
La City inglesa - ya hemos hablado de la City Judía, belicista - sostiene con menos fuerza a Chamberlain. Los prohombres de la Finanza Británica solo son partidarios de la libertad de comercio cuando ésta redunde en buenos 'business" para ellos. Pero cuando Hitler, haciendo uso de tal libertad de comercio les arrebata, lealmente, en competencia limpia, unos mercados que ellos consideran coto cerrado y particular, lo consideran unfair, sueltan lastre y sostienen cada vez más muellemente a Chamberlain. Insistimos, dejan de sostenerle con la fuerza que lo han venido haciendo hasta ahora, pero contínuan siendo pacifistas. O, más exactamente, antibelicistas, que no es lo en este caso. Por un lado, movilización general del clan belicista. Por otro lado, aparecen las dudas y las reservas mentales. Y Chamberlain, ante una atónita Cámara de los Comunes, si bien justifica su política que ha llevado a los Acuerdos de Munich, anuncia el rearme de Inglaterra y el fortalecimiento de su flota de guerra.
El clan belicista va marcando puntos en todos los terrenos. En cuanto a Francia, satélite inglés desde Waterloo, se limita a seguir el movimiento. La extrema derecha, girondina y patriotera, se pone al lado de los comunistas, que provisionalmente abandonan la bandera roja por la tricolor y desde ambos extremos del arco iris político se presiona a Daladier, el segundo de Chamberlain en Munich.
Hitler, en 1933, se hace cargo de una Alemania con seis millones de parados y de una economía en bancarrota. Pero ahora ha absorbido casi totalmente a sus parados e incluso da trabajo a belgas, franceses y polacos, que pasan diariamente la frontera para trabajar en Alemania. Hitler se ha reído del Patrón-Oro y ha instaurado el Patrón-Trabajo. Sin oro, y contra el oro, ha ganado la partida a la Finanza en el plano interior. Ahora, con el viaje de Funk, se la está empezando a ganar también en el plano exterior.
Sobre el plano político, el movimiento de expansión económica alemana hacia el Este (los Balcanes) se manifiesta con la concesión y garantía de una amplísima autonomía interna a la Ucrania Transcarpática y la apertura de negociaciones secretas con Varsovia. Es un hecho incontrovertible. Hitler sigue a pies juntillas su programa, expuesto en Mein Kampf. No engaña a nadie.
Dijo en su famoso libro que liquidaría las secuelas de Versalles y lo ha hecho (o lo está haciendo, pues aún queda el infausto "Corredor" de Dantzig). Dijo que lucharía contra el Oro y lo ha hecho. Dijo que los alemanes debían detener su marcha hacia Occidente y dirigirse de nuevo al Este, reviviendo la vieja tradición de los Caballeros Teutónicos de la Orden Hanseática, y lo está haciendo. Yugoeslavia, Bulgaria, Hungría, el nuevo Estado Eslovaco y el territorio autónomo de Ucrania Transcarpática se hallan en la órbita alemana y son anticomunistas. Este anticomunismo no es platónico, pues se halla materializado con pactos económicos, políticos y militares que ligan al Reich con esos países. Naturalemente, cabe añadir a ese bloque que se está formando, el protectorado de Bohemia y Moravia, e incluso la pequeña República de Lituania, que ha devuelto al Reich la ciudad y comarca de Memel, contigua a Prusia Oriental, de la que siempre formó parte [142]. Finlandia, a cuyo frente se halla el heroico Mariscal Mannerheim,
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inicia aperturas en dirección a Berlín para la conclusión de un pacto militar y económico. Así, desde el Mar de Barents hasta la Península de Anatolia - pues Turquía también se va uniendo al bloque que se configura - se crea un conglomerado político-económico bajo la dirección del Reich. Dos países quedan por unirse al mismo: Rumania y Polonia. Aquélla, es, de largo, el país más germanófilo de Europa. Sólo el Rey Carol mantiene al país alejado de toda relación cordial con Alemania, aún cuando mientras gobernó Octavian Goga, llevado al poder por los comicios populares, las relaciones germano-rumanas llegaron a su máximo apogeo. Carol destituyó a Goga, solapó, toleró u ordenó - nunca se sabrá - el asesinato de Codreanu y el encarcelamiento de los diputados de la Guardia de Hierro, elegidos por el pueblo "soberano". Pero Carol no es inmortal, ni física ni políticamente, y se teme, en su "entourage", un golpe de fuerza que le mande a reunirse con sus congéneres en el dorado exilio londinense [143]. Que Rumania entre en la órbita alemana, de manera pacífica y natural, es, sólo, una cuestión de tiempo. Por eso Hitler no trata de violentar la situación y las relaciones con Rumania - pese al bofetón diplomático de Carol al negarse a recibir a Funk - son todo lo cordiales que la situación permite.Queda Polonia. Ribbentrop se traslada a Varsovia, donde permanece cinco días. El clan belicista, desilusionado por la actitud polaca en contra de Checoeslovaquia, sobre la que se lanzó con "apetito de hiena" [144] para apoderarse de Teschen, cree inminente un entendimiento entre Varsovia y Berlín. Hitler es anticomunista, pero los nacionalistas polacos - pese a tener un pacto de no-agreción con la URSS - son anticomunistas y antirrusos, Todo lleva a creer en la fatalidad de la alianza germano-polaca. Pero la actitud anti-ucraniana de Polonia, así como el hecho de considerar a Lituania como territorio irredento de una hipotética "Gran Polonia" crea dificultades que, con el paso del tiempo, irán volviéndose insuperables. Es evidente que dentro de un mismo bloque no pueden coexistir naciones, o estados, que se niegan mutuamente el derecho a la existencia. Para Polonia, la Ucrania Transcarpática no es más que un apéndice de Galitzia, que el Tratado de Versalles le adjudicó a Polonia. Para los cápato-ucranianos, Polonia no es más que el opresor de Galitzia, al mismo titulo que la URSS, que oprime la religión de Kiew, y que Rumania, que oprime a Besarabia. Hitler, tras los Acuerdos de Munich, ha logrado que eslovacos, checos y ucranianos, convivan con húngaros.
La pequeña Lituania es demasiado débil para ponerle reparos a nadie. Pero está el Rey Carol y, sobre todo, está Polonia, dispuesta a engrandecerse a costa de la URSS, con la ayuda de Alemania, y de Lituania, sin ayuda de nadie, pero que no admite discusiones en cuanto a la intangibilidad del Tratado de Versalles en lo que se refiere a ceder una parcela de su soberanía, por mínima que sea. Y Ribbentrop debe regresar a Berlín con las manos vacías.
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En el momento en que Daladier, acosado por los antímunichois, belicistas de toda laya, con Jeroboam Rothschild (a) Mandel a la cabeza, cede terreno en beneficio de Paúl Reynaud - el hombre de los belicistas, precisamente - un político que había desaparecido del primer plano vuelve a escena. Se trata de Beck, Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, que toma posesión del cargo de campeón de las pequeñas naciones, que Benes había ostentado hasta Septiembre de 1938, antes de irse, tras los Acuerdos de Munich, a su dorado exilio londinense. Lo irónico es que este defensor de la ideología democrática en lo que tiene de más abnegado - es decir, el derecho de libre autodeterminación de los pueblos - sea, al igual que su predecesor, el portavoz de un estado construido sobre el principio de la opresión de las minoriás. Beck padece del mismo vicio que Reynaud: la megalomanía. En un país en el cual el último de los vagabundos revienta de orgullo - según reconoce el propio cantor nacional, Sienkiewicz - se ha manufacturado una excelente reputación de fatuidad. A su lado, Reynaud es una violeta [145].Pero el hombre, en política, cuenta menos que lo que representa. La mayoría de los historiadores y periodistas ha asociado su nombre, de una vez por todas, con el problema de
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Dantzig. Es preciso asociarlo, también, al problema ucraniano que, a partir de Munich, se convierte en el problema capital de la política europea.En otro lugar hablamos [146] del caso ucraniano y su planteamiento. Recordemos, simplemente, que Ucrania, con una extensión similar a la de Francia, y una población de unos 43,5 millones de habitantes, fui descuartizada, por el Tratado de Versalles y su apéndice de Saint Germain, entre Polonia (que se quedó con Galitzia), Checoeslovaquia (con la Rutenia Transcarpática, o Rumelia), Rumania (con Bukovina) y la URSS que, pese haber reconocido el propio Lenin, con su firma, la independencia de la llamada "Pequeña Rusia " (Ucrania Oriental), violó luego sus promesas y se apoderó de las tres cuartas partes del territorio ucraniano, reinando despóticamente, en 1938, sobre 35 millones de ucranianos. Recordemos, de paso, que los vencedores anglo-franceses, que tanto le discutían a Alemania cada palmo de terreno que está reclamaba, democráticamente y previo consenso popular, faltaron clamorosamente a sus compromisos con Ucrania, cuya existencia nacional habían reconocido el 7 de Noviembre de 1917, y no le prestaron ayuda de ningún género, ni siquiera moral, cuando las tropas de Trotzky y Gamarnik cayeron sobre los ucranianos.
Pese a todo, se movió, en Versalles, una activa delegación ucraniana, la cual obtuvo una serie de ventajas "de principio". Por ejemplo, el artículo 10 del Tratado de Saint-Germain, estipulaba que Checoeslovaquia se comprometía a organizar la Rutenia Transcarpática en una unidad autónoma. Ya hemos visto que nada de esto se hizo. El mismo Tratado, en su artículo 14, imponía las mismas obligaciones a Rumania con respecto a los ucranianos de Bukovina.
Tampoco se hizo. En cuanto a Galitzia (Ucrania Polaca), la Asamblea de Ginebra votaba, el 27 de Septiembre de 1921, la siguiente resolución:
Repetimos: para la S. de N. que - no lo olvidemos - es el inventor de la nueva Polonia [147]. ésta no pasa de ser un "ocupante militar y provisional" de Ucrania. Entre tanto, Polonia debía garantizar el libre desarrollo cultural de su porción ucraniana. No se hizo así. Los ucranianos fueron, en Polonia, aún peor tratados que en Checoeslovaquia aunque, por supuesto, corrieron major suerte que en Rusia, donde fueron exterminados por millones. En Galitzia, incluso el uso corriente de la lengua rutena es prohibido. Por eso, cuando Hitler garantiza la autonomía de la Rutenia Transcarpática, todos los ucranianos vuelven sus ojos hacia el Führer, en el que ven un libertador potencial. Pero Hitler, fiel a sus principios de Mein Kampf quiere, por encima de todo, acabar con el Bolchevismo, eliminarlo como peligro potencial para Alemania y para Europa y crecer, política y geográficamente, a su costa. No se trata de que deba crecer mediante una guerra, aunque tampoco se excluye tal posibilidad, del mismo modo que se excluye toda guerra contra Occidente.
Hitler está convencido de que, sin guerra, pero abandonado a su propios medios, el Imperio Soviético no tiene nada que hacer; se hundirá; se derrumbara con estrépito. Sólo la ayuda de Occidente le mantiene en pié. Desde 1926, en que se firma el Pacto RockefelIer-Stalin, hasta 1938, en que Harriman [148] pone en pié la red ferroviaria soviética, sin la ayuda del llamado “ Mundo Libre " la economía soviética se iría al garete [149]. Hitler espera que el derrumbamiento interno de la URSS, provocado por el cordón sanitario que, bajo patrocinio alemán, se implantará en sus fronteras occidentales, mientras el Japón, que se está imponiendo militarmente en China, le acosará económica y políticamente en sus fronteras orientales, se produzca de manera irremediable. Entonces será el momento de jugar la carta de las nacionalidades sojuzgadas en la URSS: georgianos, armenios, musulmanes del Asia Central y, por encima de todo, ucranianos. Alemania se hará pagar está ayuda, como es lógico, ampliando su zona de influencia y ganando tierras para su estallante demografía. Este es el plan.
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Naturalmente, no se excluye la guerra, por cuanto la URSS, al verse aislada, puede recurrir al último recurso para salvarse.Con la guerra se cuenta, aunque no se considera imprescindible [150]. Este es el plan hitleriano. Para él son precisos Rumania y Polonia. En última instancia, incluso puede prescindirse de Rumania, pero Polonia es imprescindible. El Plan requiere fronteras comunes con la URSS, tanto en el evento de una guerra como en el de una "paz armada". En última instancia, con o sin Polonia, el Plan puede continuar adelante, a base de promocionar el nacionalismo ucraniano, partiendo del embrión de estado que representa la Rutenia Transcarpática. Entonces empezaron las maniobras de Beck. Creyéndose el sucesor de Benes, prometió al Conde Csaki, Ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, el apoyo polaco en el caso de que Hungría reivindicara Rutenia. De está manera, Polonia y Hungría tendrían una frontera común. Los motivos de la generosidad de Beck hacia Hungría eran, ni más ni menos, que constituir entre Alemania y la URSS una especie de Europa Oriental de la que él hubiera sido el líder, por su calidad de promotor de la misma; hace salir a Hungría de la zona de influencia alemana, e impedir la liberación de los ucranianos de Rutenia, lo que no hubiera dejado de excitar el irredentismo de los ucranianos de Galitzia, sometidos al yugo de Varsovia.
Estos tres objetivos coincidían plenamente con el interés del clan belicista, interesado, por encima de todo, en salvaguardar a su criatura soviética. Ya nos hemos ocupado, en otras obras [151], de la cínica alianza capitalista-comunista. El clan belicista occidental, emanación del Capitalismo, protege a "su" creación, el Comunismo Oriental. Le interesa, por encuna de todo, constituir una barrera que impida el choque armado entre Alemania y la URSS, por constarle que ésta, abandonada a sus únicas fuerzas, está perdida. Por eso mueve a su criatura, Beck [152].
La negativa de Hungría ante las ofertas de Beck incita al clan belicista a explotar la megalomanía y el hiper-patriotismo polacos. Así, se dan a Polonia toda clase de garantías en cuanto a su seguridad. Curiosamente, el primero en hacerlo no es el Primer Ministro Chamberlain, que continúa hostil a la idea de un enfretamiento armado con Alemania, sino Churchill y Duff Cooper. Polonia, por cierto, todavía no ha sido amenazada por nadie. Pero el 19 de Noviembre de 1938, el Conde Potocki, embajador polaco en Washington, se entrevista con el poderoso y ya mencionado William C. Bullit. Este asegura a Potocki que, en casó de conflicto entre Alemania y Polonia, los Estados Unidos estarán incondicionalmente al lado de Polonia. Y cuando Potocki objeta que Alemania no ha presentado, aún, ninguna reivindicación a Polonia, Bullit le informó de los manejos alemanes en Ucrania, donde pensaban fundar un estado autónomo. Una tal Ucrania seria peligrosa para Polonia, pues no dejaría de atraer las simpatías de los habitantes de Galitzia [153]. El presidente polaco, Moscicki, informado por Potocki, se muestra reticente. Inmediatamente, Bullit promete ayuda financiera norteamericana para la construcción del puerto de Gdynia, el desecado de la zona pantanosa de la península de Hekla y la canalización del Vístula. A cambio, los Estados Unidos piden a Polonia que haga frente a cualquier demanda alemana, "especialmente si Hitler propone a Polonia una alianza contra la URSS" [154].
Un somero comentario. Bullit, diplomático de primerísimo rango, y miembro del omnipotente "Brain Trust" urge a Polonia que se oponga a los planes alemanes en Ucrania, especialmente si Hitler propone una alianza contra la URSS. Es obvio que lo que preocupa a Bullit es la seguridad de la URSS, y para ello, quiere erigir la barrera polaca que impida el choque germano-soviético o que, en última instancia, sirva de amortiguador del golpe que prevé contra la URSS. Para ello, el gobierno americano promete financiar importantes obras de carácter público programadas por el gobierno polaco.
Moscicki y Beck responden a Bullit asegurándole que Polonia hará frente a los designios alemanes en el Este de Europa. Y unos días después, se produce el golpe de teatro. Un comunicado oficial conjunto de Varsovia y Moscú confirma, con toda solemnidad, el pacto de no agresión polaco-soviético, que vencía dentro de seis meses y que, sólo tres meses antes, se daba por seguro que no iba a ser renovado. Beck ha sido el artífice de esta nueva maniobra, aunque es
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evidente que el inspirador ha sido Bullit y el embajador americano en Moscú, Davies [155].Beck declara, soberbio y suficiente, en una entrevista concedida al oficioso Times londinense que, con tal de impedir la realización de los planes alemanes en Ucrania, Polonia se aliará con quien sea, y acaba afirmando que Polonia tiene intereses comunes con la URSS [156]. Y, evidentemente, los tiene. Son los intereses de un condominio secular sobre el oprimido pueblo ucraniano...
La resistencia polaca a la Drang nach Osten fue precedida por la resistencia inglesa. Es decir, por la City, hasta entonces antibelicista. Ciertamente, la City ha sido presionada, como hemos visto, por el Brain Trust rooseveltíano. El 9 de Octubre, el diputado J.C. Wedwood hace una alusión al viaje de Funk a Ankara, Sofía y Belgrado. Si a la City le importa, en el fondo, muy poco, la dislocación de Checoeslovaquia, la pérdida de mercados tradicionales les hace muy poca gracia a los millonarios e influyentes miembros de la City. Pero no acaban aquí las malas noticias para esos prohombres, poco acostumbrados a ellas. El 12 de Octubre, un cuerpo expedicionario japonés desembarcaba en la bahía de Bias, a cincuenta kilómetros de la colonia británica de Hong-Kong. El Príncipe Konoye, Ministro de Asuntos Exteriores del Japón, mandaba una nota a las principales potencias europeas, la Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y la URSS, informándolas de que el objetivo de la acción era cortar la vía por la cual las tropas chinas de Chiang Kai-Chek recibían sus aprovisionamientos en municiones.
Ahora bien: esa vía era la de Hong-Kong a Hankeu, por Cantón. Es decir, que los Japoneses iban a aislar la plaza de Hong-Kong, última comunicación directa de la China con el mar, condenándola a una muerte por inanición, a mayor o menor plazo. En efecto, Hong-Kong sólo servia, sólo ha servido siempre, para entrar mercancías inglesas en el inmenso mercado chino. Inglaterra es, junto a los Estados Unidos, el principal abastecedor de municiones para Chiang-Kai-Chek. En sólo una semana, los japoneses ocupan Hankeu y Cantón. La toma de ésta última ciudad hace de Hong-Kong un puerto sin "hinterland". En cuanto a la caída de Hankeu - donde residía el gobierno de Chiang-Kai-Chek -, tendrá como consecuencia que solamente los mercantes japoneses podrán remontar el Yang-Tsé- Kiang y que Chiang-Kai-Chek, el hombre de Londres y Washington, no podrá recibir más armamentos ni municiones que a tan buen precio paga.
Churchill interpela violentamente a Chamberlain cuando este, al conocerse la noticia de la ocupación de Cantón manifiesta en los Comunes:
Churchill le responde que a él lo que le interesa es Inglaterra y no las relaciones entre los países democráticos y los totalitarios. Un diálogo de sordos.
Chamberlain suelta lastre. Si primero dejó que el clan belicista provocara la dimisión de Runciman, ahora permite que deba irse Sir Samuel Hoare, cuya frase "Inglaterra no hará la guerra por lejanos e ignorados metecos" le reprochaban idealistas del calibre de Churchill y Vansittart.
El 15 de Noviembre de 1938 el Rey Carol de Rumania llega a Londres. El amante de la hebrea Lupescu es aclamado por los antihitlerianos en Hyde Park. Pero nadie imagina que el monarca se ha desplazado a Londres únicamente por el placer de prestar su concurso a una manifestación filosemita. Carol representa la resistencia a la expansión económica alemana en el Sudeste de Europa. Carol se ha desplazado a Londres para entrevistarse con los banqueros de la City para combatir esa expansión. De tal modo que el sentido de su viaje será indirectamente desvelado por R. S. Hudson, miembro del Consejo de la Corona y Subsecretario del Comercio Exterior, en un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes el 30 de Noviembre. Sé trata de un discurso de capital importancia, que constituye una verdadera declaración de guerra económica a Alemania. Guerra económica que, en nuestros tiempos, suele preceder a la guerra total, política. Es un discurso que indica que una importante fracción de la City inglesa - insistimos que la City judía mantuvo su postura desde la llegada de Hitler al poder en Alemania
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- ha evolucionado, ya, en el sentido de los postulados de Churchill. He aquí un fragmento revelador del discurso de Hudson:Nuestro principal problema, hoy, estriba en saber cómo nos será posible enfrentarnos a la nueva forma de competencia alemana en todo el mundo ... Hasta donde nos ha sido posible constatar, la razón de la influencia económica de Alemania reside en el hecho de que ella paga a los países productores de Europa Central y del Sudeste de Europeo unos precios mucho más elevados que los que se practican en el mercado mundial ... Hemos examinado todos los procedimientos que nos sería posible aplicar.
El único medio consiste en organizar nuestras industrias de manera que se hallen en situación de oponerse a las industrias alemanas y decir a Hitler y los suyos: Si no os halláis dispuestos a poner un término a vuestra manera actual de proceder y a llegar a un acuerdo con nosotros según el cual os comprometáis a vender vuestras mercancías a unos precios que conlleven un beneficio razonable, os combatiremos y os venceremos con vuestros propios medios. Desde un punto de vista estrictamente financiero, nuestro país es infinitamente más fuerte que ningún otro país en el mundo; en todo caso, más fuerte que Alemania, y por tal motivo gozamos de grandes ventajas que determinarán que nosotros ganemos la batalla " [157].
Tras este discurso de Hudson, Inglaterra retira a Alemania los beneficios de la cláusula de "nación más favorecida" que, en sus tratos de comercio exterior, mantenía con Alemania desde 1927. Lo mismo hacen los Estados Unidos, con sospechosa coincidencia de fechas [158].
Un breve comentario: Inglaterra y los Estados Unidos, los campeones del liberalismo, tanto político como económico - los dos van indisolublemente ligados - se indignan porque Alemania, al vender sus productos más baratos, les arrebata mercados que tradicionalmente eran suyos. Esto es, sencillamente, inaudito. ¿Donde queda la famosa libertad de comercio? Hudson habla de competencia comercial desleal. ¿Porque desleal? Alemania puede vender sus productos más baratos por una razón. Una sola. Al no depender del Patrón-Oro, sus productos no se hallan gravados, en todos los escalones de su producción, con la pesada carga de los intereses financieros y bancarios. He aquí el verdadero motivo del giro copernicano operado en la City inglesa. La Economía Natural, orgánica, puesta en práctica por la Alemania Nacionalsocialista derrota, por simples razones aritméticas, a la Economía Clásica que impera en Inglaterra. La City judía, que ya odiaba a Hitler por motivos de mesianismos raciales, encuentra ahora un motivo suplementario para odiarle y empujar a la guerra.
Pero he aquí que se produce otro hecho que llevará a su colmo la irritación de la pléyade de banqueros, negociantes, armadores, aseguradores y capitanes de industria que pululan en el Strand, la City y Whitehall. El 10 de Diciembre de 1938, el gobierno mejicano firma con el Reich un acuerdo en virtud del cual entregará a éste, en el curso de 1939, petróleo por valor de diecisiete millones de dólares. Ese petróleo procede de unos pozos que un gobierno nacionalista de Ciudad de México ha expropiado a los judeo-yankis de la Standard Oil of Manhattan.
Esto es la gota de agua que hace rebosar el vaso. Se trata de un acuerdo de trueque. El Reich pagará en aparatos de irrigación, máquinas agrícolas, material de oficina, máquinas de escribir y aparatos fotográficos. Además, el acuerdo se concluye sobre la base de un precio del petróleo muy inferior a los cursos mundiales. Consecuencias de todo ello: Alemania obtendrá petróleo sin haber pasado por la Royal Dutch - del judeo-británico Samuel Deterding - ni por la Standard Oil - del judeo-americano Rockefeller. La transacción se hará sin que la City palpe ni un misero chelín por operaciones de crédito, de financiación, de garantía, de Warrants, de fletes o de primas de seguros. Será un sencillísimo trueque, garantizado por el propio gobierno alemán y los transportes se efectuarán en barcos alemanes. Para los prohombres de la City esto es sencillamente consternante. Pase que Hitler utilice esos procedimientos en los Balcanes o en Turquía; pase que los aclimate en Europa Central, pero al extenderlos a la América Central condena a Londres a una decadencia cierta e inevitable. Más aún cuando se pone de manifiesto que el Ministro Funk prepara un viaje a Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile. Todo
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esto es, para la City, el principio del fin. Como consecuencia de ello, nuevas e importantes fracciones de la plutocracia inglesa, racialmente anglosajona, se unen al campo de Churchill.Viaje de Funk al Sudeste de Europa; toma de Cantón y de Hankeu; acuerdo germano-mexicano; anuncio del viaje de Funk a Sudamérica; debilitamiento progresivo de la posición del Rey Carol de Rumania; pérdida del mercado de China; ocupación de Albania por Italia [159]; cada uno de esos acontecimientos provocó el abandono de una parte de las fuerzas pacifistas sobre las cuales Chamberlain había apoyado en Septiembre su política de conciliación. Cuando esas fuerzas actuarán abiertamente en beneficio de Beck, Stalin podrá respirar tranquilo. La marcha hacia el Este - la Drang nach Osten - esa marcha que, al mismo tiempo que daría tierra a los arados alemanes eliminaría al Comunismo como peligro potencial para Europa y el Mundo, deberá detenerse.
En verdad, quedan todavía, a principios de Diciembre de 1938, unos "businessmen " ingleses que forman el último reducto de la City que todavía se opone a la guerra. Pero su resistencia será barrida, como veremos más adelante, por una ofensiva del Sionismo Neoyorkino, encarnado en el "Brain Trust" del Presidente Roosevelt.
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El giro copernicano dado por la City se manifestó en las reticencias que acompañaron la ratificación del Pacto de los Cuatro por los parlamentos inglés y francés. Como sabemos, Chamberlain regresó de Munich con un Pacto de No-Agresión firmado con Alemania. Además invitó a Francia a hacer lo mismo, y ésta, siempre a rastras de Inglaterra, como un vulgar satélite, aceptó. Los comunistas galos organizaron una huelga general a través de sus sindicatos, pero ésta fracasó totalmente. Los setenta y tres diputados comunistas votan contra la ratificación del Tratado. Junto al socialista Jean Bouhey y al inevitable De Kérillis, el terceto Blum-Mandel-Reynaud juzga más político no enfrentarse de cara a la opinión pública, que exulta de satisfacción al ver que se ha evitado la guerra, y une sus votos a los del gobierno. Ese terceto no quiere provocar una crisis gubernamental que provocaría nuevas elecciones, de las que el gobierno saldría fortalecido y las Izquierdas perderían votos, así como deberían renunciar a los cinco ministerios que detentan en el gobierno Daladier. Los comunistas, naturalmente, no se preocupan de esas minucias: les consta que, en todas las ocasiones, pueden y deben alinearse tras los mots d'ordre de Moscú sin riesgo alguno. Profesores y artistas del Partido Comunista, como Joliot-Curie, Langevin, Picasso y Chagall [160], devuelven sus medallas y dimiten de los diversos institutos nacionales que una sociedad capitalista les ha confiado alegremente.L'Humanité se convierte en el botafumeiro de los belicistas. A su lado, insólitos compañeros de viaje: Esprit, del católico cripto-comunista Emmanuel Mounier, Ordre, de Emile Buré, Temps Présent, de Gabriel Marcel y, sorprendentemente, Montherlant, siempre original, patriotero, buen "derechista" que, en una interviú radiofónica, habla de "debilitamiento de la voluntad nacional".
Von Ribbentrop se presentó en París el 6 de Diciembre de 1938 para la firma del Tratado Franco-Alemán, Bullit se agita como un poseso [161]. Reynaud, Mandel, Blum, Moch y adláteres agitan, a su vez, desde la prensa y la radio. Finalmente, y pese a que el Gobierno había logrado en la Asamblea Nacional la ratificación del Tratado por una fuerte mayoría, de 535 votos contra 75 (73 comunistas, un socialista y un estipendiado, público y notorio, del Sionismo), las presiones políticas, desde fuera y desde dentro - desde Francia y desde el exterior son tan fuertes, que al final todo queda en una simple "Declaración Conjunta" -.
Una Declaración no es un Tratado. Los consignatarios del híbrido acto del 6 de Diciembre no asumen ninguna obligación. Se trata de una simple declaración de buenas intenciones. No obstante, afirman que "actuarán con todas sus fuerzas para desarrollar entre ellos relaciones pacíficas"; que
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"reconocen como definitivas las fronteras entre sus dos países" y manifiestan que "se consultarán mutuamente en el caso de que la evolución de las cuestiones que les conciernen directamente pudiera provocar dificultades internacionales". Si no hay un compromiso formal, por lo menos un compromiso táctico: a cambio de la renuncia formal y definitiva de Alemania a AIsacia-Lorena, Francia da un paso hacia la renuncia definitiva de la política de Richelieu. que durante tres siglos ha persistido hasta Barthou. Tener las espaldas libres para su política en el Este.Hitler no pide - ni nunca pidió - otra cosa a Francia. Basta repasar el Mein Kampf, en donde especifica que el acuerdo con Francia es imprescindible para la cobertura de la retaguardia alemana, en vistas a la ampliación de su hábitat, por medios políticos o militares, en Europa Oriental. Pero el acto del 6 de Diciembre contenía demasiadas reservas mentales. A petición francesa se insertó un párrafo sibilino (el párrafo 5):
En resumidas cuentas, la Declaración del 6 de Diciembre representaba una promesa equívoca, y el acento sobre la cual iba a ser formulada tenía más importancia que los mismos términos de la promesa. Los éxitos de la propaganda belicista, los "remordimientos" y reticencias del "muniqués-antimuniques" Daladier y el hundimiento de Bonnet, al que comunistas y socialistas (que representan el 48 % del censo electoral) tachan de "agente hitleriano", no permiten dar a esa Declaración el eco necesario. De manera que más que suscitar esperanzas de paz, la visita de von Ribbentrop provocará un crispamiento de la opinión pública.
El día siguiente a la firma de la Declaración, el Alcalde de París aconseja a von Ribbentrop que no deposite una corona de flores en el monumento al Soldado Desconocido, pues "muchos de mis administrados lo considerarían una provocación". Esto es una bofetada diplomática sin precedentes. El mismo día, von Ribbentrop, que acaba de ser recibido por el Comité Francia-Alemania y se dispone a visitar el Louvre, recibe un nuevo bofetón. Duff Cooper, ex Primer Lord del Almirantazgo, denuncia la política de Munich, jalea a "la raza que trajo el Cristianismo al mundo" (entemecedora modestia, si recordamos que Cooper es Judío), declara que la Wermacht y la Luftwaffe son un par de bluffs en el que sólo pueden creer los idiotas y, para terminar, critica la Declaración Franco-Alemana.
Von Ribbentrop coge el teléfono y habla con Berlín, de donde le llega la orden de encajar este nuevo bofetón [162], visitar el Louvre, dar la anunciada recepción en la Embajada de Alemania y regresar a la patria según previsto. A la recepción dada por Ribbentrop faltará el propio Ministro de Asuntos Exteriores francés, Georges Bonnet que, acusado de prohitleriano, no osa salir de casa y pretexta una gripe diplomática. Parece inaudito que un gobierno democrático, democráticamente elegido, y que logra que su política sea refrendada por el 88 % de su Parlamento, sin otra oposición coherente que la comunista, debe esconderse y cometer una grosería sin precedentes en los anales de la Diplomacia. ¿Son precisas más pruebas para demostrar que en las democracias, a la hora de las grandes decisiones, no cuentan para nada las divinizadas mayorías?.
Así ha fracasado la tentativa de ampliación del Acuerdo de Munich [163]. La estrella de Reynaud, el hombre de Moscú y el campeón de los trusts se engrandece en el horizonte.
Mientras von Ribbentrop regresa a Berlín, portador de un documento sin valor, Paúl Reynaud, al que Churchill califica de "primer estadista de Francia" - otra bofetada al vilipendiado Daladier, Jefe del Gobierno - prepara con el financiero Judío Mannheimer una operación que en una época normal, y en un país no mediatizado por la llamada política de partidos le costaría la cárcel, pero que, en la circunstancia dada, todavía aumenta su prestigio. El Poder Real que gobierna a Occidente tiene sus maneras de pagar a sus testaferros.
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Como hemos dicho anteriormente, Chamberlain ha debido dejar lastre. El 5 de Octubre de 1938 comete un error - ¿ o fue una indiscreción calculada, en la que son maestros los políticos ingleses ? - que influirá decisivamente en el comportamiento ulterior de Hitler. En efecto, el "hombre del paraguas" liga la aprobación de los Acuerdos de Munich a un programa de rearme que prevé la construcción de 300 aviones antes de fines de 1938 y de otros 8.000 en 1939; los créditos militares de la Gran Bretaña son duplicados y se decide el armamento de veintiuna divisiones, así como el fortalecimiento de la Flota. Este programa es aceptado por unanimidad, aún cuando Churchill decide insultar prácticamente a Hitler a quien trata de "tirano", Chamberlain no reacciona. No llama al orden al irascible orador de su propio Partido, recordándole que el Reich mantiene relaciones diplomáticas normales con la Gran Bretaña; que su gobierno ha firmado un Tratado de No-Agresión con su país, y que Alemania, mantiene la cláusula de "nación más favorecida en sus tratos comerciales con Inglaterra", aún cuando ésta acaba de derogar dicha cláusula en sus tratos con Alemania. El silencio de Chamberlain es demasiado elocuente para que en Berlín no tomen nota del mismo.En efecto, cuatro días después, en Saarbrucken, Hitler pronuncia un discurso en el que, sin ambages, se da por enterado de la sesión de la Cámara de los Comunes del día 5 de Octubre:
Entre tanto, como sabemos, se produce el asesinato-provocación de von Rath. Roosevelt aprovecha la oportunidad para hacer funcionar sus cajas de resonancia: prensa y radio, e inmediatamente vuelve a tomar la dirección de la por Champeaux llamada "Gran Cruzada de las Democracias", dirección que ya no abandonará hasta su muerte. El 14 de Noviembre, fundando su decisión sobre lo que acaba de suceder en Alemania, llama a su embajador en Berlín y anuncia que América pone en fabricación 10.000 aviones. Hace más: pide a los americanos que boycoteen los productos alemanes y ordena a su embajador Kennedy que presiona a Chamberlain para que abandone su política de conciliación para con Alemania. Quitándose ya decididamente la careta de su supuesta neutralidad pide al Congreso que modifique la Ley de Neutralidad que éste votó a petición suya en 1936 reemplazando la cláusula "Cash and Carry" por el sistema de "Préstamo y Arriendo", que aún beneficia más a Inglaterra, pues deja en manos del Presidente el poder vender a unos eventuales beligerantes y a otros no.
Admirémonos, de paso, de esta intolerancia "democrática", pues, en el mismo momento, los súbditos de la Alemania Nacional-socialista pueden vender sus productos - con la única excepción de los minerales estratégicos o de interés militar - a quien les plazca. De momento, el Congreso no sigue a Roosevelt y la Ley de Préstamos y Arriendos deberá esperar. En cuanto a Inglaterra, es evidente que va cediendo a las presiones de Roosevelt y su "Brain Trust", pero no con la celeridad que éstos desearían.
En Septiembre de 1939, entre los documentos que los alemanes encuentran en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Varsovia, hay una carta que el embajador Lukasiewicz mandó a su gobierno el 7 de Febrero de 1939. En dicha carta se afirma que Bullit, embajador norteamericano en París ha lamentado ante su colega polaco las reticencias de Chamberlain, añadiendo, literalmente:
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cuya amistad personal con Roosevelt es demasiado conocida. Este grupo de personas que ocupan los lugares de máxima preeminencia en el gobierno norteamericano se halla ligado con lazos indisolubles a la Internacional Judía" [165].Un incidente rarísimo contribuyó a arrojar aún más sombras sobre el panorama internacional. Como hemos mencionado anteriormente, por orden directa del Presidente Roosevelt, los Estados Unidos dejaron de suministrar gas helio - el único más ligero que el aire y no inflamable - cuyos principales centros de producción en todo el mundo se encontraban en Texas. A consecuencia de ello, los dirigibles "Zeppelin" debieron utilizar el hidrógeno que, como sabemos, es explosivo. El "Hindenburg" era el mayor de los "Zeppelin" e inaguró el servicio de pasajeros entre Hamburgo y Nueva York en 1936. Pues bien, copiamos de la Enciclopedia Británica:
La solicitud alemana de una encuesta oficial fué rechazada, insólitamente, por el gobierno norteamericano. No se puede afirmar que se tratara de un sabotaje. Sí que, según los alemanes, el fallo técnico estaba excluido, y que la extraña negativa de las autoridades norteamericanas daba pábulo a todas las suposiciones. En todo caso, a consecuencia de la negativa oficial norteamericana a abrir una investigación, los "Zeppelín”, dejaron de hacer escalas en los Estados Unidos, a partir de Noviembre de 1938, cuando Cordell Hull manifestó por telegrama a von Ribbentrop que "no había lugar" a investigación alguna.
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El giro copernicano de la City se completa cuando Halifax se traslada en avión a París y se entrevista con Georges Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores Francés. El día siguiente, éste manda una nota a von Ribbentrop comunicándole que "Francia no reconoce el Protectorado Alemán sobre Eslovaquia ni sobre Bohemia-Moravia". El mismo día, Bonnet, convoca a Suritz, el embajador soviético en París para decirle que "parece que ha llegado el momento oportuno para que París y Moscú se concierten para resistir a toda nueva tentativa de agresión por parte— 79 —
de Hitler" [167]. El día siguiente, 30 de Noviembre de 1938, Halifax y Cordell Hull entregan notas similares a Berlín, informándoles que no reconocen el Protectorado de Bohemia-Moravia ni la independencia de Eslovaquia [168]. Evidentemente, se trata de un plan concertado: es imposible tanta coincidencia en las fechas.Evidentemente también, el gobierno alemán rechaza los alegatos de los gobiernos francés, inglés y norteamericano, declarándoles desprovistos de fundamento. La respuesta de von Ribbentrop - probablemente inspirada, sino dictada, por Hitler - es tan lacónica como prudente.
El gobierno del Reich, que es representante de un país soberano y no de una colonia de cafres, podía perfectamente haber respondido a ingleses, franceses y norteamericanos que Alemania no reconocía el protectorado francés de Marruecos, ni la ocupación inglesa del Norte de Irlanda ni la soberanía norteamericana en las Filipinas o en Puerto Rico. La posición de jueces que desde 1933 parecen adoptar las democracias ante Alemania no por habitual aparece menos gratuita, improcedente y, en definitiva, impertinente.
Y las provocaciones siguen....El 18 de Marzo, Cordell Hull declara al Príncipe de Ligne, enviado especial del gobierno belga en Washington:
Y es entonces cuando se plantea el problema polaco.
El tan justamente denostado Tratado de Versaltes había otorgado a la resucitada Polonia la soberanía sobre un territorio costero que le permitiera una salida al Mar Báltico. En ese territorio se hallaba enclavada la ciudad de Dantzig. Dantzig, ciudad poblada casi exclusivamente por alemanes (la población polaca y judía no llegaba al dos por ciento de su censo) fue declarada Ciudad Libre el 15 de Noviembre de 1920. Seis días antes - el 9 de Noviembre - las relaciones entre Dantzig, Polonia y Alemania eran reguladas por el Tratado de París. La Delegación Alemana en Versalles había protestado contra esa amputación de territorio alemán. He aquí la respuesta de Clemenceau:
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Un breve comentario a las palabras de Tardieu, personaje enterado de los entresijos de la alta política de su época, si los hay. Tras reconocer que Dantzig es un territorio alemán y que es "muy lamentable" colocarlo bajo soberanía polaca, afirma que "es inevitable" si se quiere "elevar una barrera entre alemania y los bolcheviques". ¿Porqué esa barrera inevitable? ¿Para proteger a quién? ¿A Alemania, o a los bolcheviques? ¿Es concebible para que se preocupe de la protección de Alemania el girondino y patriotero Tardieu, siempre preocupado en buscar pretextos para perjudicar y sojuzgar al Reich ?¿ No es cierto que, desde Versalles, la política de Tardieu y de todos los políticos franceses de primer rango consiste en poner trabas a la recuperación de Alemania, mientras guardan distraído silencio cuando la URSS engulle a Ucrania, Carelia, las repúblicas musulmanas del Asia Central y Mongolia Exterior ? ¿ No es cierto que Francia, que en 1934 firma una alianza militar con la URSS, se vuelca en su apoyo económico y financiero a ésta, igual que Inglaterra y la América de Roosevelt ? Repetimos nuestra pregunta: ¿ Porqué esa barrera calificada de inevitable ? Con todo rigor lógico debemos deducir que si no es para proteger a Alemania - que a ningún político profesional francés importa un bledo - será para proteger a la URSS, criatura de la Alta Finanza que impone su ley no escrita en Occidente. ¿ O no ?....¿ Qué otra explicación puede haber para montar el gigantesco gazapo de Dantzig ?.
Por que Dantzig es un gazapo. Sobre esto, la unanimidad es total. Nada menos que Marcel Sembat, varias veces ministro, Vice-Presidente del "Grand Orient de France" y miembro prominente de la "Sección Francesa de la Internacional Obrera", así como fundador del llamado "Partido Socialista Revolucionario", es decir, no precisamente un "nazi", manifestó en su discurso del 4 de Septiembre de 1919, con motivo de la sesión de ratificación del Tratado de Versalles:
Nuestro Rapport dice: polonia quería Dantzig. No obstante, teniendo en cuenta a la población, no hay duda posible: Dantzig es una ciudad incontestablemente alemana.
Y también dice ese Rapport: No se trata de un enclave alemán inmerso en una región polaca. Desde Dantzig, siguiendo la costa hacia el Este, se llega, por un territorio puramente alemán, a la Prusia Oriental.
"He aquí, pues, dos afirmaciones contradictorias y difícilmente concillables.
Primera afirmación solemne: Dantzig es una ciudad alemana, y no tenéis derecho a arrebatársela a Alemania. Segunda afirmación: Polonia necesita un acceso al mar, que sólo Dantzig puede ofrecerle. ¿ Acaso es imposible encontrar una solución ? La solución del Tratado es detestable, puesto que olvida los derechos de las poblaciones.
¿ Me objetareis que convertís a Dantzig en una ciudad libre ? Esto equivale a violentar el sentido de las palabras. Dantzig, ciudad alemana, es proclamada ciudad libre en el mismo momento en que le rehusáis la libertad de continuar siendo una ciudad alemana. Por consiguiente, en realidad, violáis vuestros propios principios.
" ¿ Podíamos haber hecho otra cosa ? Si, y ello era muy sencillo. Se convertía a Dantzig en un puerto franco y se garantizaba a Polonia una vía férrea bajo su control y soberanía. Así habríais dado a Polonia su acceso al mar. En vez de ello, habéis cortado en dos a Alemania, separando a la Prusia Oriental del resto del país ".
Un historiador de la talla de Jacques Bainville subraya magistralmente las contradicciones de la política de Clemenceau, con su famosa frase: "La paz era demasiado dulce si se la comparaba con la dureza de sus condiciones". En efecto, si los Aliados de la Primera Guerra Mundial tenían la intención de dejar vivir a Alemania, no era posible intentar destruir, en el Este, la unidad alemana. En Versalles se había osado reconstruir, en el Este de Europa, un Estado desaparecido a principios del siglo XVIII; un estado que ni siquiera la pequeña Prusia de Federico el Grande había podido soportar, y menos aún la Rusia de los Zares (por no mencionar la Rusia comunista que en 1920 estuvo a punto de engullir nuevamente a tal estado). Una vez más, anulando de un plumazo varios siglos de historia, el Tratado de Versalles convertía en una isla a Prusia Oriental, sin tener en cuenta a Koenigsberg, el terruño de Kant, la villa en que Federico el Grande se coronó a sí mismo Rey de Prusia [171]. Sea como fuere, Polonia había resucitado. Ciertamente, había pronto gastado el caudal de paciencia de todas las potencias aliadas, exceptuando a Francia, siempre dispuesta - desde Richelieu - a colocar "gendarmes" en las fronteras alemanas. Ciertamente, también, sus 32 millones de habitantes comprendían un 44 % de elementos halógenos hostiles, destacando entre éstos cuatro millones y medio de
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alemanes y seis millones y medio de ucranianos; halógenos a menudo oprimidos y, en el mejor de los casos, ignorados. Pero, ¡ qué importa !, Polonia existe. Tras resistir, merced a la ayuda francesa, los embates del Ejército Rojo, se apresura a firmar con la URSS un tratado de "Amistad". Con quien no firma semejante tratado es con Alemania, ni con Lituania, ni con Letonia, ni con Estonia, ni mucho menos con Checoeslovaquia, a la que reclama, basándose en el "principio de las nacionalidades" el ducado de Teschen, del que, como hemos visto, terminará por apoderarse cuando se derrumba el estado checoeslovaco.Polonia ha sido cebada [172] con otros territorios geográfica y étnicamente alemanes, a parte de Dantzig: la región de Posen (Posnania) y la rica cuenca minera de la Alta Silesia. Tal como había previsto Lloyd George, la cuestión de las minorías nacionales no ha cesado de complicar la vida de Polonia desde el primer día. Los sucesivos gobiernos polacos, ciertamente, han intentado, durante años, solucionar el espinoso problema. Sikorski, primer Presidente de la República de Polonia dejaba entender claramente que el primer objetivo del gobierno polaco debía ser
Tras quince anos de lucha más o menos desleal, en la que la buena fe polaca "había brillado por su ausencia" [174] la declaración germano-polaca de 5 de Noviembre de 1937 había tratado de poner término a un intercambio de recriminaciónes muy vivas, que se había ido agravando con el paso del tiempo. En el curso de las negociaciones, Alemania había sido siempre el demandante. Había pedido que se instituyera una Comisión Mixta ante la cual se pudieran presentar las quejas de las minorías. El gobierno polaco no había aceptado esa petición; sólo una simple declaración conjunta germano-polaca, dejando a cada parte la competencia para asegurar "en el marco de su soberanía" la observancia exacta de sus compromisos. No obstante, sigue un período de relativa paz, que dura hasta Abril de 1938, en que la prensa minoritaria alemana de Polonia se queja de los "abusos polacos". Deplora el licenciamiento de 1.100 mineros alemanes en la Alta Silesia y su substitución por polacos. Se irrita al constatar que la aplicación de la llamada "reforma agraria" polaca en las provincias occidentales se dirige sistemáticamente contra los propietarios alemanes. Y se indigna, sobre todo, del cierre de numerosas escuelas alemanas.
El líder de la Jungdeutschepartei en Polonia reclama para la minoría alemana la consideración de Volksgruppenrecht, es decir, de "grupo étnico diferenciado", de acuerdo con los términos del Tratado de Versalles. Las manifestaciones antialemanas de Varsovia llevan la situación a un grado de tensión desconocido hasta entonces [175].
El nuevo gobierno polaco, es decir, el triunvirato Moscicki-Beck-Rydz Smigly, está convencido de que si permite que los alemanes de Polonia obtengan la autonomía interna que derivaría de la consideración que reclaman de Volksgruppenrecht, ucranianos, lituanos y bielorrusos van a seguir su ejemplo sin tardanza. El estado polaco, así, vería puesta a debate incluso su propia existencia. Los polacos representan el 56 % de la población de su estado, contando a su importante colonia judía. Sin ella, no llegan al 47 %.
El caso polaco no es un caso tan flagrante de invención histórica como el caso checoeslovaco, pero se le asemeja mucho. En todo caso, los sucesores de Pilsudski en la dirección de la política polaca, siguen sus directrices. Pilsudski había, incluso, en 1923, preconizado la anexión de Prusia Oriental; si ello no se había llevado a cabo fue por haber puesto el veto Inglaterra, que no deseaba que Polonia, aliada de Francia, se engrandeciera demasiado. Ello hubiera comprometido el famoso "equilibrio de poder" en que todavía creían los políticos ingleses de los años veinte. Prusia Oriental, aislada del resto de Alemania por el "Corredor de Dantzig", debía tener - por una especie de ley de la gravedad histórica - tendencia a reunirse de nuevo con el resto de la Madre Patria, borrando el absurdo "Corredor". La mejor manera de evitarlo, - discurrían los poco inspirados triunviros - consistía en suprimir a Prusia Oriental. Esta aspiración polaca persistirá, más aún, se acentuará con el paso de los años. Y, en realidad, tal aspiración no es criticable. Una vez reconocido el estado polaco, tal cual queda configurado por el Tratado de Versalles, todo lo que suceda a continuación no es más que la
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consecuencia lógica del mismo. Un estado digno de tal nombre difícilmente podrá aceptar particularismos dentro de sus fronteras, por cuanto dichos particularismos debilitarán fatalmente su estructura interna. Por otra parte, las minorías nacionales - sobre todo si tienen conciencia de pertenecer a naciones de primer rango - tampoco aceptarán de buen grado el quedar sometidas al arbitrio de otro estado. De ahí el convencimiento general, expresado por figuras políticas de primer rango, de que Versalles - y, concretamente, por lo que se refería a Polonia - había alumbrado la guerra perpetua. El antagonismo germano-polaco era algo fatal, inevitable. Los promotores del infausto Tratado lo sabían y de ello han dejado numerosos testimonios.* * *
Como hemos dicho, al mandar a Ribbentrop a Varsovia, aún cuando éste sólo consiguiera una simple "Declaración Conjunta", Hitler buscaba liquidar, de una vez, el contencioso germano-polaco, limando aristas que permitieran el establecimiento de un clima apropiado para tratar con Polonia sobre su participación o, al menos, su benévola neutralidad, en la Drang nach Osten. Las relaciones, efectivamente, mejoraron, hasta alcanzar cotas de cordialidad inexistentes hasta entonces en las relaciones entre ambos países. Nada menos que André Francois-Poncet, varias veces ministro y embajador de Francia en Berlín desde 1931 hasta 1938, nos lo confirma:
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férrea, que harían comunicar directamente Prusia Oriental con Prusia Occidental, es decir, con el resto de Alemania". [179].El día 24 de Septiembre, cuatro días más tarde, Lipski transmitía el mismo mensaje a Ribbentrop que, sobre la marcha, respondía que el Reich no veía inconvenientes a que Polonia aprovechara la crisis de los Sudetes para reclamar Teschen y que la oferta polaca sobre la solución del problema del Corredor era aceptable para el Reich [181].
Esto es muy importante. Es básico para comprender el problema y su ulterior desarrollo.
Lo que proponía Lipski, por encargo de su gobierno y que Ribbentrop, sin duda razonable, aleccionado por Hitler, aceptaba, era el retorno de la "Ciudad Libre" de Dantzig al Reich y la creación de una autorruta y una vía férrea extraterritorial a través del Corredor. Esto es, todo lo que entonces reivindicaba Hitler y, no pudiendo adivinar que el Coronel Beck cambiaría de opinión, era sincero cuando decía a Chamberlain que "los Sudetes eran la última reivindicación territorial que le quedaba por formular en Europa". Por otra parte, la posición de Hitler ante Polonia es bien conocida: piensa que querer incorporarla al Reich sería un absurdo. Que debe subsistir como "estado tapón" entre Occidente y el eslavismo. Que la Drang Nach Osten se hará por el Norte, partiendo de los tres pequeños estados bálticos hacia Leningrado y más allá, si se llega a una solución militar, y también por la cuna rutena, por el Sur, pero que, en cualquier caso, Polonia debe subsistir. Que Polonia, a pesar de haber sido "cebada" - como dice Churchill - con abundantes territorios no-polacos, no es un estado artificial como lo fuera el estado checoeslovaco, puesto que su personalidad ha resistido a tres repartos en el curso de la Historia.
Y que los problemas de Dantzig y del Corredor deberán solucionarse un día, pero que ello deberá realizarse amistosamente. En este último punto, acaricia la esperanza de poder dar a Polonia una parte de la Ucrania bajo yugo bolchevique, en compensación de un arreglo bilateral que no comprometería para nada su desarrollo económico, y a condición de que los ucranianos vieran respetada su personalidad histórica y cultural. Todo esto ha sido escrito en Mein Kampf, y se lo ha repetido a Karl Burckhardt, Alto Comisario de la S. de N. en Dantzig [182].
Ambas partes estaban, pues, de completo acuerdo. La vuelta de Dantzig al Reich y el permiso de construcción de una vía férrea y una autorruta extraterritorial que atraviesen el Corredor, hacen desaparecer la artificial insularidad de Prusia Oriental. Alemania vuelve a formar un bloque, cuya parte geográficamente más cercana a la URSS quedará directamente comunicada con el núcleo central del país. Ello representa un aumento de poderío extraordinario, y así lo comprenden las pequeñas - pero estratégicamente importantísimas Letonia y Estonia - cuando en Febrero de 1939, ante los insistentes rumores de la entente germano-polaca y el fin de la perenne crisis del Corredor, proponen ellas mismas al Reich la firma de un Tratado de Amistad, complementado con un Acuerdo Económico bilateral, idéntico al que Alemania ya ha firmado, unos meses atrás, con Lituania. Y unos días después sigue Dinamarca.
En estos momentos, pues, toda Europa Central y Oriental, con las únicas excepciones de Grecia y Rumania, donde la diplomacia británica mantiene viejas posiciones junto a los monarcas - posiciones que en Londres intuyen no durarán mucho tiempo, pues tanto Antonescu como Metaxas, los políticos con más futuro en esos países, se inclinan resueltamente hacia Alemania - y Suecia que, de hecho, colabora comercialmente con Alemania, sin renunciar a su vieja neutralidad "formal", prácticamente toda Europa Central y Oriental, pues, incluyendo incluso a Turquía, forma un bloque político-diplomático con el Reich. Este bloque aísla a la URSS, y el Führer está convencido de que, sin guerra, el Bolchevismo se hundirá. Cree que sólo la cooperación económica de Occidente - de hecho, un verdadero subsidio permanente - ha permitido paliar los sucesivos fracasos de los Planes Quinquenales. Que este aislamiento y sus consecuencias puedan traer una guerra con la URSS está previsto, y las perspectivas no pueden ser más halagüeñas.
Para completar el plan, en la Wilhelmstrasse se prepara activamente un Memorándum con las propuestas a presentar a Polonia. Sólo se le pedirá, al estado polaco, el permiso para la
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construcción de una autorruta y la vía férrea extraterritoriales y su anuencia a que se celebre en la "Ciudad Libre de Dantzig" un plebiscito democrático, controlado por la S. de N. y las autoridades alemanas y polacas, para decidir si la ciudad continúa siendo libre o si pasa a la soberanía del Reich. A cambio, Alemania reconocerá como definitivas sus fronteras - lo que equivale a decir que le asegura su apoyo militar contra una eventual agresión rusa - y le propondrá un Tratado Comercial idéntico al que está en vigencia con los demás países de la zona. Como colofón, ambos países prorrogarán su vigente Tratado de Amistad y No-Agresión.El pensamiento de Hitler, expuesto en Mein Kampf parece ya plasmado en la realidad. El Führer ha debido sacrificar sus fronteras orientales con Polonia pero ha logrado cristalizar sus planes, la realización de los cuales - ya se sabe - conlleva sacrificios. Estos sacrificios se los ha impuesto el bien conocido patriotismo polaco, que se aterra al hecho consumado de sus fronteras de Versalles.
Ambas partes parecen estar de acuerdo. Pero, cuando el 21 de Marzo de 1939 von Ribbentrop propone al embajador polaco Lipski iniciar conversaciones diplomáticas formales con objeto de oficializar este acuerdo, Lipski se va a Varsovia, y regresa cinco días después, el 26 de Marzo, con una respuesta negativa. La sorpresa en los medios diplomáticos berlineses es total. Ribbentrop habla, incluso, de "estupor", en su autobiografía Zwischen London und Moskau, a pesar de que, para dar el máximo sentido a esa negativa, el 24 de Marzo, von Moltke, embajador de Alemania en Varsovia, advertía a Berlín de los rumores alarmistas que corrían en Polonia relativos a las intenciones alemanas contra Polonia. Y a pesar, también, de que el 25 de Marzo, el Almirante Canaris anunciaba la movilización de tres quintas ordenada a toda prisa por el gobierno polaco, así como la concentración de tropas polacas alrededor de Dantzig.
¿Qué había ocurrido ? Debemos hacer mención a una de las más sombrías maquinaciones que registra la Historia. Una maquinación que hará estallar el detonante y provocará la realización del sueño del Clan Belicista, y, con él, la Segunda Guerra Mundial y el hundimiento político y cultural de Europa.
* * *
Tilea, embajador de Rumania en Londres, ha sido encargado por su gobierno de negociar un empréstito con Inglaterra, de diez millones de libras esterlinas. Es el clásico diplomático "cabeza loca" y no sabe como llevar a cabo su misión. Entretanto, en Bucarest, se llevan a cabo negociaciones entre Alemania y Rumania. El 16 de Marzo, Tilea, aprovechando el desconcierto general provocado en la City por el desmenbramiento de Checoeslovaquia, se presenta en el Foreign Office para informar a Lord Halifax de que la Delegación Alemana en Bucarest ha presentado a la Delegación Rumana unas proposiciones, redactadas en un tono tal, que equivalen a un ultimátum. Aún cuando advierte que no actúa oficialmente, sino oficiosamente, en nombre de su gobierno, Tilea pregunta si, en caso de agresión por parte de Alemania, Inglaterra estaría dispuesta a consentir a Rumania un empréstito de diez millones de libras esterlinas para comprar armas.Es absurdo. Alemania y Rumania no tienen fronteras comunes y se hallan separadas por unos 450 kilómetros. Un conflicto germano-rumano es casi tan improbable como un contencioso hispano-suizo, para usar un símil geográfico próximo. Pero Lord Halifax toma el asunto en serio. Le consta que la City, que tenía intereses en Bohemia, los tiene aún mayores en Rumania, en cuyos petróleos detenta participaciones mayoritarias. Halifax sabe a qué punto es sensible la City a todo lo que sucede en Bucarest y que, apoyándose en ese tema, le será fácil alertar a la llamada "Opinión Pública". Como ya hemos visto, Halifax es un tránsfuga del campo pacifista; es un antiguo "supporter" de Chamberlain que, aunque continúa en el gobierno, le ha abandonado. Ahora es un belicista convencido [183]. Halifax, "gato viejo" de la política, sabe de qué pié cojea Tilea, "la incapacidad y la ambición personificadas" [184]. Por eso le dice que si le
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confirma lo que le acaba de decir, Inglaterra concederá el crédito solicitado a Rumania, sin intereses. Tilea, sin consultar con su gobierno, se lo confirma el día 17 de Marzo.El día siguiente, 18 de Marzo, los oficiosos The Times y The Daily Telegraph anuncian la noticia. Se ha dicho que fue Halifax quien comunicó la noticia a los periódicos; también se ha afirmado que fue Vansittart, otro maníaco de la germanofobia. En Bucarest, esto cae como una bomba. Gafencu, Ministro de Asuntos Exteriores, desmiente oficialmente:
Esta cascada de rectificaciones, desmintiendo la falsa noticia, no es comunicada a la prensa. Los periódicos norteamericanos, ingleses y franceses, sin excepción, más los "oficiales" Pravda e Izvestia, de Moscú, anuncian a sus lectores que "la entrada de las tropas alemanas en Rumania es inminente". Como el noventa y nueve por ciento de los lectores de periódicos no sabe geografía, y, en cambio, es un idólatra de la palabra impresa, todo el mundo cree esa noticia absurda.
El 18 de Marzo, Sir Eric Phipps, embajador británico en París, se presenta en la Cámara de los Diputados y pide ver, con extrema urgencia, a Daladier. Nadie sabe, ni nadie sabrá, probablemente, lo que hablan estos dos hombres, pero lo que sí se sabe es que Daladier convoca inmediatamente a sus ministros y les informa de que "la Gran Bretaña ha decidido garantizar las fronteras de Rumania", explicándoles las razones de tal acto:
Cuanto más a fondo hemos estudiado todo el proceso generador de la Segunda Guerra Mundial, más hemos llegado al firme convencimiento de que los políticos de primer plano, o eran venales y estaban sometidos a otros poderes fácticos, mediante la corrupción o el chantaje, o bien eran unos simples testaferros, que no tenían ni siquiera una remota idea de lo que se debatía.
Cuando el embajador de la Gran Bretaña le suelta a todo un Presidente del Gobierno Francés, que el día en que Alemania controle el petróleo rumano será invencible, y ninguno de los dos se ríe - cuando menos, sonríeo bien, son unos ignorantes de tomo y lomo, o bien son unos impúdicos farsantes.
Ninguno de los dos puede ignorar que, entonces, en 1939, la Luftwaffe, sin recurrir a los petróleos rumanos, y basándose exclusivamente en los carburantes sintéticos que, a partir de la regeneración del carbón, se fabrican en Alemania, es una fuerza de primer orden. Sin necesidad de comprarle su petróleo a Rumania, el parque automóvil de Alemania es el primero de Europa, y las divisiones de tanques con que se ha dotado a la Wehrmacht no cuentan con el hipotético petróleo de Ploesti. Pero hay más: Se nos ocurre preguntar, ¿ qué representan los petróleos rumanos, al lado de las yacimientos del Irak, de la Arabia Saudita, del Caucase, de Norteamérica y de todo el mundo, que controla la "Standard Oil of New Jersey" ? No representan ni el dos por ciento. ¿ Cómo puede un embajador de Su Majestad Británica, sin haberse bebido previamente tres botellas de whisky, afirmar que Alemania, por el simple hecho de controlar - lo que aún queda por demostrar - el dos por ciento del petróleo que controlan sus hipotéticos adversarios será invencible ante los mismos ? Esta pregunta no parecen planteársela los ministros franceses pues, insólitamente, deciden alinearse tras la actitud inglesa.
Pero lo inaudito es que todo es un inmenso calembour, un gigantesco fraude. No es verdad que la Gran Bretaña haya decidido garantizar las fronteras rumanas. Precisamente el Primer Ministro, Chamberlain, está descansando unos días en su casa de campo. Rumania no ha pedido ningún tipo de protección ni de ayuda a Inglaterra. Si Tilea ha sido enviado a Londres a solicitar un empréstito, es, más que nada, para contrarrestar el efecto que en Londres puede hacer la
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visita de la Delegación Alemana a Bucarest. Y el Consejo de Ministros inglés que estudia la cuestión sólo se reúne el día siguiente, 19 de Marzo. Todo ha sido una hábil maniobra del pariente por alianza de Lord Rothschild, Halifax, secundado por Vansittart y - naturalmente - por Churchill y Eden, aprovechando la monumental gaffe diplomática del inexperto y corrupto Tilea. En el Consejo de Ministros del día 19 de Marzo, Halifax manifiesta que ha enviado a Sir Eric Phipps a entrevistarse con Daladier, lo que provoca un altercado tremendo con Chamberlain, al margen completamente del asunto, y declara que la política de conciliación ha fracasado. Afirma que no debe haber un "Munich polaco" (cuando nadie pretende, todavía, que Polonia este amenazada) y que es preciso "comprometerse en el Este de Europa, garantizando las fronteras de Rumania y Polonia, aún cuando fuere inspirándose en el proyecto de Gran Alianza preconizado por Churchill". Chamberlain se opone. Tras él se colocan cinco ministros.Pero ocho, incluyendo al propio Halifax, Vansittart, Churchill y Eden logran que el Consejo adopte ese punto de vista.
Un inciso. Anotemos que Lord Halifax, el hombre vinculado familiarmente a Rothschild, haciendo caso omiso a los desmentidos que le mandan sus propios embajadores que se hallan sobre el terreno, en Bucarest, finge creer en la burda patraña de Tilea para forzar una garantía inglesa a Rumania, a pesar de que el propio gobierno rumano la rechaza, lo que constituye un caso sin precedentes en la Historia; uno más en esa carrera hacia la Segunda Guerra Mundial.
Pero hay más, a pesar de que nadie ha mentado a Polonia, Halifax la mete, de matute, en esa garantía no solicitada.
Sin pérdida de tiempo, Halifax envía una nota a los gobiernos de París, Varsovia y Moscú, pero no a Bucarest, pues le consta que todo es una superchería y que, por consiguiente, el gobierno rumano la rechazaría, para invitarles a consultarse mutuamente
El día veinte de Marzo, Lord Halifax declara ante la Cámara de los Lores que
El 21 de Marzo, Albert Lebrun, Presidente de la República Francesa, y su Ministro de Asuntos Exteriores, Georges Bonnet, llegan en visita oficial a Londres: Halifax les presenta su plan, y Bonnet, que ha presentado otro similar a Suritz, embajador soviético en París, da su asentimiento unánime para introducir a los asuntos europeos a la URSS ... que en Munich había sido apartada de los mismos.
La propuesta de garantía inglesa llega muy oportunamente a Polonia. Si Alemania ofrece el reconocimiento de unas fronteras, un pacto de Amistad y un Tratado Comercial, a cambio de una vía férrea extraterritorial y una autopista, así como el paso de la "Ciudad Libre de Dantzig" al Reich, Inglaterra ofrece más; es decir: la garantía de las fronteras polacas y un préstamo de veinticinco millones de libras sin intereses, a devolver en diez años, mientras los Estados Unidos, por intermedio de su embajador itinerante William C. Bullitt, ofrecen financiar, casi gratuitamente, la puesta a punto de la minería polaca y de su incipiente industria química [192].
Polonia no deberá tolerar el tránsito alemán por su territorio y Dantzig continuará siendo libre.
Aunque, con el tiempo, tal "libertad" es imposible, y más teniendo en cuenta que, rodeada por territorio de soberanía polaca, la tendencia natural será, irreversiblemente, de convertirse igualmente en posesión polaca. En una palabra, la propuesta de garantía inglesa le llega al Coronel Beck con gran oportunidad y ve enseguida las ventajas que puede obtener: escapar a las conversaciones con Hitler y, en vez del apoyo alemán, obtener el apoyo inglés, francés y ruso, más el no-oficial, pero seguro, apoyo de la América de Roosevelt. De manera que el 24 de Marzo, encarga a Raczinsky, su embajador en Londres, que diga a Halifax:
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Y el 26 de Marzo, Lipski, embajador de Polonia en Berlín, que se encuentra en Varsovia desde el día 21, regresa a Berlín con una respuesta negativa. Esta es la explicación del radical cambio de postura del Coronel Beck. Y mientras en Berlín intentan comprender qué ha sucedido, el 31 de Marzo, Chamberlain anuncia en la Cámara de los Comunes:
Si releemos atentamente el texto de la declaración de Chamberlain observaremos que el Imperio Británico se pone en manos de Polonia. "En caso de una acción cualquiera, que pusiera en peligro la independencia polaca, y a la cual el Gobierno Polaco considerara de su interés resistir....el Gobierno de Su Majestad se consideraría obligado....a socorrer inmediatamente, con todos sus medios, al Gobierno Polaco".
Desafiamos a cualquier historiador a que nos cite otro caso, en toda la Historia Universal, de un estado soberano que se atara de tal manera a otro. Sólo puede hallarse parangón en los tratos unilaterales mantenidos en la Edad Media por los soberanos con algunos señores feudales, o en la Edad Moderna en las estipulaciones dictadas por Londres a algún obscuro sultán de la India. En el bien entendido que el papel de soberano medieval o de Londres lo desempeña Polonia, potencia de tercer orden, mientras el orgulloso Imperio Británico juega el papel de mini-príncipe feudal o de reyezuelo indio. Inconcebible, desde un punto de vista puramente histórico. Nunca un estado soberano se ha atado de esa manera a otro estado, con el cual no le ligan lazos especiales de ninguna especie. ¿ Qué puede importarle a la protestante y anglosajona Inglaterra la católica y eslava Polonia, para arriesgar una guerra en su defensa, cuándo y cómo ésta quiera ? Se ha dicho que Inglaterra ansiaba una guerra con Alemania y que la garantía dada a Polonia no fue más que un pretexto para tener esa guerra. Pero ni siquiera ésto es verosímil.
Que Inglaterra buscara - y hallara - pretextos, pase. Pero que pusiera en manos de un tercer estado el momento en que debiera ir a una guerra, es inconcebible. La única explicación plausible que nos queda es que Inglaterra, es decir, la élite custodia del destino nacional inglés, no quería ese pretexto, o sea el pretexto polaco. Ya hemos visto como Halifax, el hombre de Rothschild, prácticamente a espaldas de su Primer Ministro, le coloca ante el hecho consumado de una garantía a Rumania y a Polonia, en el momento psicológico en el que los intereses de la City han recibido varios golpes económicos y en que se les menta a Ploesti; en el momento en que Bullit, el infausto hombre de Roosevelt en Europa aprieta las clavijas, financieramente a Inglaterra. Pero es que, paralelamente, es el momento en que Alemania va a lograr el acuerdo de Polonia para entrar a formar parte del bloque objetivamente anticomunista que se va formando.
La URSS está en cuarentena. La Alta Finanza se agita, y la City arrastra al enfermo y vacilante Chamberlain, sin agallas para desautorizar ante el mundo a Halifax, el hombre de Rothschild, desde que ha emparentado con él. La Alta Finanza coloca entre Hitler y Stalin la barrera polaca.
Citaremos, más adelante, testimonios incontrovertibles que lo demuestran sin dejar resquicio alguno a la duda razonable.
* * *
Tras el fuerte golpe diplomático que acaba de recibir, Hitler intenta, aunque, al parecer, sin grandes esperanzas, algunas gestiones directas con el Coronel Beck, al cual éste responde— 88 —
con evasivas. Finalmente, el 28 de Abril, convencido de que pierde su tiempo, pronuncia un discurso en el cual denuncia, a la vez, el Tratado Germano-Polaco del 26 de Enero de 1934 y el Pacto Naval Anglo Alemán del 18 de Junio de 1935. En el mismo discurso, responde a una de las intervenciones más impertinentes que ha llevado a cabo el Presidente Roosevelt, dos semanas antes, el 14 de Abril de 1939.¿ Qué nueva jugarreta se le ha ocurrido al incansable Presidente norteamericano ? Esta vez ha escrito una carta, dirigida a Hitler y a Mussolini, pero no por la vía diplomática normal, sino que la ha comunicado a los periódicos. Se trata de una carta abierta. En ella, tras afirmar que "he oído rumores, que yo espero sean infundados, según los cuales se preparan nuevas agresiones contra otras naciones independientes", les pregunta a Hitler y Mussolini:
Y Roosevelt enumera treinta y una. Para terminar formulando la esperanza de que "tal promesa podría representar la seguridad de diez años de paz; tal vez de veinticinco años de paz", y en caso de respuesta afirmativa, prometía
Inaudito también que la carta no se dirigiera a Stalin, que se había anexionado, por la fuerza, más territorios que Hitler y Mussolini juntos, por medios pacíficos.
Robert Sherwood, escritor panegirista de Roosevelt, pretende que, en el pensamiento del Presidente, "la frontera de los Estados Unidos se encontraba en el Rhin" [197], y que lo que más temía era "un nuevo Munich, a expensas de Polonia" [198]. Curioso, como este viejo francmasón se preocupaba de la católica Polonia. Extraños novios le salían, de pronto, a Polonia..! Mussolini se hallaba reunido en Roma con Goering y el Conde Ciano cuando le fue entregada la carta de Roosevelt y es entonces cuando pronunció su célebre diagnóstico: "Efecto de la parálisis progresiva..." a lo que respondió Goering, haciéndole eco: "Principios de enfermedad mental" [199].
La reacción de Hitler no se hizo esperar. El día 17 de Abril, hizo preguntar a todos los estados citados por Roosevelt (exceptuando naturalmente a Polonia, cuyas intenciones conocía, así como a Francia, Rusia y la Gran Bretaña, cuyas intenciones le habían sido reiteradamente y públicamente manifestadas por Churchill, Halifax y compañía) la doble cuestión siguiente:
Por unanimidad, los veintisiete estados interpelados respondieron con un doble "No".
En su discurso, en el Reichstag, el 28 de Abril, dio lectura, una por una, a las veintisiete respuestas, en medio de risas y de atronadores aplausos, renovando sus propuestas de conferencia internacional para revisar el Tratado de Versalles en el marco de un acuerdo general. Y como el Presidente Roosevelt había querido justificar su carta con el párrafo "la posibilidad de un conflicto constituye una seria preocupación para el pueblo norteamericano en cuyo nombre hablo", Hitler manifestó, irónicamente:
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Por ridicula que haya sido la intervención de Roosevelt, una cosa es clara e innegable.Roosevelt sólo busca un pretexto para intervenir en Europa contra Alemania e Italia. Efecto casi inmediato de la carta del Presidente americano. El 6 de Mayo von Ribbentrop viaja a Milán, donde se entrevista con el Conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores de Italia, el cual, en nombre de Mussolini, le propone la firma de una alianza militar entre ambos países.
Recordemos que Alemania e Italia son consignatarios del Pacto Anti-Komintern y que tienen en vigencia un pacto de Amistad. Un año antes, en Mayo de 1938, von Ribbentrop había propuesto un pacto militar a Ciano, que lo había rechazado en nombre del Duce. Pero esta vez la carta de Roosevelt había traído como consecuencia echar definitivamente a Mussolini en brazos de Hitler, cuando precisamente Francia e Inglaterra hacían lo posible por separarle de él [201].
El Pacto de Acero que concretiza esa Alianza, se firma en Berlín el 22 de Mayo de 1939. Su artículo 3 dice que "Alemania e Italia se comprometen a ayudarse militarmente sin paz separada ni armisticio en caso de complicaciones guerreras con una o varias potencias y ello, inmediatamente y con todas sus fuerzas militares". Había, no obstante, una restricción importante: la consulta recíproca y previa de ambas partes [202].
Aunque ya el 30 de Mayo Mussolini escribe una carta a Hitler en la que manifiesta que las potencias del Eje necesitan de un período de paz no inferior a tres años, y que, en caso de guerra, que él considera inevitable, solamente habrían posibilidades de victoria si ésta estallaba en 1943.
Es decir, Italia no se encuentra preparada para una guerra. Continuando su rearme - todos se rearman, ya, abiertamente - podrá estar a punto en 1943. Pero Hitler, en la conferencia con sus jefes militares del 5 de Mayo de 1937 (los Documentos Hossbach de que hablaremos más adelante) no cree estar a punto antes de 1944. He aquí pues la situación tras el cheque en blanco dado por el gobierno inglés a Polonia:
a) Hitler ha roto con Polonia y con Inglaterra (denuncia del Pacto Germano-Polaco de 25 de Enero de 1934 y del Pacto Naval Anglo-Alemán de 18 de Junio de 1935).
b) Mussolini denuncia el Tratado Franco-Italiano de 8 de Enero de 1935 y se alia militarmente con Alemania.
c) Chamberlain y Daladier, en nombre de Inglaterra y Francia, garantizan las fronteras polacas y prometen acudir en ayuda de Polonia en el momento en que ésta decida que se halla en peligro.
d) Roosevelt manifiesta que sostendrá a "las democracias".
e) Londres, París y Varsovia, amén de Washington, hacen clarísimas aperturas en dirección a Moscú.
f) Pero Hitler, para romper el cerco diplomático-militar, debe dar un giro de noventa grados a su política e inicia, igualmente, la carrera hacia Moscú.
g) Habida cuenta del tono que la carta de Roosevelt a Hitler y Mussolini había dado a la discusión, no quedaban muchas posibilidades para un nuevo Munich: los deseos de Roosevelt, según su biógrafo y panegirista Sherwood, habían sido colmados; si ese era el objetivo que se había fijado, lo había conseguido plenamente. La situación se había convertido en explosiva.
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Se ha dicho que uno de los motivos que impulsaron al gobierno británico a dar su cheque en blanco a Polonia fue la existencia de importantes intereses ingleses en aquél país. Es decir, que los malvados capitalistas ingleses arriesgaron una guerra para salvar sus intereses en Polonia. Pero por obtusos que fueran tales capitalistas les debía constar que sus inversiones polacas no podrían ser salvadas, pues la parte que no fuera destruida por la contienda no podría escapar a la subsiguiente confiscación por el enemigo. Por otra parte ¿ era el capital británico en Polonia suficientemente importante para justificar el riesgo de una guerra con Alemania, incluso si existieran posibilidades de evitar su destrucción ? Un economista judío, Welliscz, afirma [204] que, en 1937, menos del 6 por ciento del capital extranjero invertido en Polonia era "británico"; el 27 por ciento era "francés" y el 19 por ciento era "norteamericano". Ese economista nos deja sospechar que una gran parte de esos intereses "británicos", "franceses" y "norteamericanos" eran judíos. Por ejemplo, afirma que la conocida empresa de Seguros "Prudential Assurance Company" (cuyas conexiones israelitas eran tan poderosas que hizo un préstamo de medio millón de libras a la ciudad judía de Tel-Aviv en Palestina) era propietaria de la "Prudential Assurance Cy." de Varsovia, que a su vez poseía intereses en las principales empresas industriales de Polonia. Pero incluso desde el desalmado punto de vista de un capitalista internacional, sus intereses en Polonia no valían la pena de una guerra que, a parte de no asegurarle que podría conservarlos, le traía el riesgo de aumentar sus problemas en otros lugares.Aunque la guerra estallaría a resultas de la disputa entre Alemania y Polonia, no fue por Polonia que Inglaterra fue a la guerra. Creemos haber demostrado que el cheque en blanco dado por Inglaterra a Polonia - y los acuerdos que seguirían y que posteriormente analizaremos - es inexplicable a menos que hubiera un factor no-británico determinante. Ese factor no-británico sólo pudo ser el poderío financiero judío actuando, no sólo en favor de sus intereses financieros, sino para asegurarse de que Inglaterra entraría en guerra para proteger la existencia como grupo organizado en el Este de Europa de los judíos orientales, aunque ese factor era, igualmente, secundario. Lo esencial, como prueban los testimonios que hemos presentado y que presentaremos en el curso de esta obra, era erigir una barrera entre Alemania y sus aliadas y la URSS, criatura de la Alta Finanza a la que era preciso salvar. Pero también - aunque, repetimos, secundariamente - debía contar el hecho admitido por el propio Times londinense de que
Finalmente, el escritor judío Dr. Litauer aseveró en 1938 [207] que entre los quince primeros capitalistas de Polonia, once eran judíos, y que los judíos constituían ellos solos el 62 % de los profesionales del comercio y que sólo un 23,5 % de ellos eran trabajadores manuales.
Polonia era una especie de "último refugio" de los Judíos y su habitualmente importante colonia hebrea se había casi duplicado con la llegada de los que no habían querido permanecer en Bohemia, Austria y Eslovaquia cuando los alemanes empezaron a sentar sus reales en tales territorios.
Este breve análisis de la situación demuestra que Polonia era más bien una inversión, o un interés judío, que no una inversión o un interés británico. Pero insistimos: este factor de interés local judío es secundario. El factor esencial era erigir una barrera entre Alemania y la URSS.
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Aún cuando Dantzig no es más que un pretexto para hacer estallar la guerra, es preciso, aún cuando sea con brevedad, estudiar la problemática de la "Ciudad Libre", pues incluso un pretexto tiene gran importancia cuando de el se deriva la hecatombe de una guerra mundial.Hemos dicho "Ciudad Libre", y así es, al menos en teoría, pues Dantzig, creada por la S. de N. e institucionalizada por el Tratado de París el 9 de Noviembre era declarada "estado soberano" el día 15 de Noviembre de 1920. El citado Tratado de París regulaba sus relaciones con Polonia. Esta tenía derecho aI usufructo, pero no a la propiedad, del puerto de Dantzig, el más importante del Báltico. El gobierno polaco representaba diplomáticamente a la "Ciudad Libre" en eI Extranjero, y los gastos de representación diplomática y consular de la misma así como la protección de sus nacionales en el Extranjero corrían a cargo de Polonia. El gobierno polaco no podía concluir ningún acuerdo o tratado internacional que concerniera a la Ciudad de Dantzig sin consultar previamente con los órganos de gobierno de ésta. El resultado de ésta consulta debe ser comunicado por ambas partes al Alto Comisario de la S. de N. En todos los casos, dicho Alto Comisario tiene el derecho a oponer su veto a todo acuerdo internacional, si estimaba que sus cláusulas se hallan en contradicción con el estatuto de la "Ciudad Libre".
Dantzig tiene derecho a negociar empréstitos exteriores, pero necesita el asentimiento del gobierno polaco. En caso de no lograrse tal consentimiento, ambas partes se someten al arbitraje del Alto Comisario de la S. de N. "La Ciudad Libre" tiene derecho a usar un pabellón comercial para su flota, así como de dos cañoneras que constituyen su minúscula flota de guerra. Los navíos de pabellón polaco gozan en el puerto de Dantzig de los mismos derechos que los navíos de la "Ciudad Libre". En cuanto a la Zona Franca del Puerto de Dantzig se encuentra bajo la administración y el control de un "Consejo del Puerto y de las vías fluviales de Dantzig".
Dicho "Consejo" está formado por representantes del gobierno polaco, de la "Ciudad Libre" y de la S. de N. Toda modificación a realizar en el Puerto o su reglamento deberá ser aprobada por el "Consejo". Si una decisión del "Consejo" relativa al Puerto no era del agrado del gobierno de la Ciudad Libre o del gobierno polaco, éstos tenían quince días para interponer recurso ante la S. de N. Dantzig y Polonia forman una unión aduanera, sometida a la legislación y las tarifas polacas. No obstante, Dantzig constituye, desde el punto de vista aduanero, una ciudad administrativa confiada a funcionarios de la "Ciudad Libre".
La policía de extranjeros sobre el territorio de la "Ciudad Libre" es ejercida por el gobierno de ésta. El Capítulo III del Tratado de París se refiere a la institución y a las atribuciones del Consejo del Puerto y de las vías fluviales de Dantzig. Ese Consejo comprende un número igual de comisarios polacos y dantziqueses, escogidos respectivamente, con un mínimo de cinco por bando, por el gobierno y por el de la "Ciudad Libre". El Presidente era un suizo, designado por la S. de N., a la que debía rendir cuentas. Las vías férreas de Dantzig dependían de la "Ciudad Libre", pero dentro del recinto de Puerto dependían del "Consejo". Las restantes vías férreas, los tranvías y toda otra vía de comunicación que sirviera a las necesidades de la "Ciudad Libre", quedaban bajo control polaco y a cargo de Polonia iban igualmente los gastos incurridos por tales servicios.
Correspondía al Consejo entenderse con el gobierno polaco para armonizar, dentro de lo posible, el régimen del río Vístula colocado bajo administración del Consejo y el régimen del Vístula polaco. Era igualmente el Consejo quien debía percibir los derechos, impuestos, cargas, estadías y demás beneficios derivados del uso del Puerto, excluyendo las Aduanas, pero al mismo tiempo debía asegurar el mantenimiento, la explotación, el desarrollo, las reparaciones y las mejoras del mismo. Los beneficios y las pérdidas debían ser repartidos entre Polonia y la "Ciudad Libre", en una proporción que debería fijar el Comisario de la S. de N. El Consejo, además, garantizaba a Polonia el libre uso del Puerto sin restricción alguna para las importaciones y las exportaciones polacas.
Polonia disponía, en el Puerto de Dantzig, de un Servicio de Correos. La "Ciudad Libre" disponía de otro servicio postal propio. El V y último capítulo se refería a las disposiciones diversas que concernían, entre otras cosas, a la protección de los derechos de las minorías en Dantzig. El artículo 39 estipulaba que todas las diferencias que pudieran producirse entre Polonia y la "Ciudad Libre", referentes al Tratado, serían sometidos a la decisión del Alto Comisario quien, si lo consideraba necesario, podía llevar el asunto ante el Consejo de la S. de N.
Creemos que sería excesivo, tal vez, - aunque no demasiado - decir que el Tratado de París organizaba el conflicto permanente entre Polonia y Dantzig. Pero también creemos que sería exacto manifestar que multiplicaba las ocasiones de conflicto: primero, por que era farragoso, barroco y complicado en grado superlativo; y segundo, por que estipulaba con imperfección, dejando a negociaciones ulteriores el cuidado de resolver.
El Estatuto de Dantzig, en efecto, era una verdadera viña para los juristas, y especialmente para los especialistas en Derecho Internacional. De hecho, no hay ni un sólo punto de los
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previstos por las convenciones de París que no haya dado lugar a interminables querellas jurídicas. La razón, en el fondo, era una. Una sola: la repugnancia de los dantziqueses a vivir bajo la dependencia de Polonia y, recíprocamente, la repugnancia de los polacos a admitir, bajo su soberanía más o menos parcial - con mil considerandos y subterfugios - a los dantziqueses.La lista de las acciones legales llevadas ante el Alto Comisario de la S. de N., en virtud del Artículo 39 - que preveía el arbitraje entre polacos y dantziqueses - es elocuente:
Sólo en el periodo comprendido entre el 4 de Febrero de 1921 y el 15 de Noviembre de 1924, es decir en poco más de tres años y medio, se ejercitaron 44 acciones legales ante el Alto Comisario de la S. de N. Cada una de las 44 decisiones del Alto Comisario era apelada por la parte que se consideraba desfavorecida - o por las dos partes, a veces - ante el Consejo de la S. de N. [208] En los tres años siguientes el número de litigios aumentó en otros 53. De manera que la S. de N. tenía constantemente, sobre la mesa, un - o varios - problemas relacionados con la administración de Dantzig. Al vencer los socialistas en las elecciones de Noviembre de 1927, las relaciones de Dantzig y Polonia mejoraron algo, debido a que la nueva administración marxista de la "Ciudad Libre" cedió constantemente a las demandas polacas. A simple vista parece extraña esta complacencia de los marxistas dantziqueses para con los polacos. En aquél momento gobernaba Polonia, con mano de hierro, el dictador Pilsudski. Pero, como es sabido, basta que algo disguste a los nacionalistas para que enseguida le parezca excelente a los socialistas. El idilio polaco-dantziqués fue de muy corta duración. Los socialistas fueron barridos en las elecciones dantziquesas celebradas en Marzo de 1931. Los nacionalsocialistas, con 38 escaños sobre 72 posibles, lograron la mayoría absoluta. Los nacional-alemanes, con 4 escaños, se aliaron con ellos. Los socialistas, con 13 escaños, los centristas, con 10 y los comunistas, con 5, completaban el abanico electoral. Los nacional-polacos obtuvieron sólo 2 escaños [209]. Hay que tener presente que socialistas, comunistas y centristas dantziqueses esgrimían programas netamente germanistas, nacionalistas y contrarios a la presencia polaca.
De no haberlo hecho así su representación electoral hubiera sido aún menor.
Volvieron, pues, los problemas polaco-dantziqueses, mientras el Comisario de la S. de N., por muy suizo que fuera, no lograba contentar ni a unos ni a otros. El problema de Dantzig no era un problema político: era un problema biológico. Era una simple cuestión de anticuerpos; un organismo rechazará la inserción de otro organismo extraño en su ámbito vital. Partiendo de ese problema biológico, los incidentes eran inevitables y, en el fondo, simples pretextos. En Febrero de 1933 se produjo el incidente de Westerplatte.
En efecto, aunque la "Ciudad Libre" era independiente, el 22 de Junio de 1921 el Consejo de la S. de N. adoptó una resolución que convertía a Polonia en garante de la independencia de Dantzig. Esto es una prueba más del irrealismo y artificialidad de los organismos como la S. de N. y su sucesora, la O.N.U. Decían los romanos: "Protego, ergo obligo". Te protejo, luego te mando. El protegido depende realmente, físicamente, del protector. Y el protegido depende gramaticalmente del protector. Y si depende, no es independiente. Si la "Ciudad Libre" hubiera sido realmente independiente, los estados democráticos, que controlaban realmente la S. de N. - como hogaño USA y URSS controlan la O.N.U. - hubieran permitido que, democráticamente, por plebiscito, la población de Dantzig decidiera sobre su destino. Pero siempre lo impidieron.
Como lo impidió Polonia, la garante de la independencia (sic) de Dantzig.
Pues bien, para "garantizar" la independencia de Dantzig, Polonia había obtenido de la S. de N. la libre disposición de la isla de Westerplatte, en la desembocadura del Vístula y dentro del recinto de Dantzig. En Westerplatte había instalado Polonia un destacamento militar y un polvorín. Guardaban ese polvorín 88 soldados polacos. Durante doce años, el Senado de Dantzig había pedido la supresión del polvorín, situado a quinientos metros del barrio de pescadores de Dantzig. Pero el gobierno polaco se había negado, manifestando simplemente que pagaría los daños habidos en caso de explosión de las municiones.
Al ganar las elecciones los nazis en la "Ciudad Libre", el gobierno polaco, amparándose en que había oído rumores sobre un golpe de mano del gobierno dantziqués, permitiendo una acción de incontrolados contra Westerplatte, envió un destacamento de 120 soldados para reforzar los efectivos de la pequeña guarnición habitual. Se trataba de una violación flagrante del estatuto de la "Ciudad Libre", y en consecuencia Dantzig recurrió al Alto Comisario de la S. de N., quien obligó a Polonia a retirar los refuerzos. Esto fué considerado en Polonia como una derrota nacional, y las banderas de los edificios públicos fueron puestas a media asta.
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Cuando, el 25 de Mayo de 1933, los nacional-socialistas hubieron terminado la conquista de todos los organismos políticos de Dantzig, cuatro meses después de haber obtenido el mismo éxito en Alemania, el clima de tensión llegó a alcanzar tal punto que se creyó que el enfrentamiento era inevitable. Ante la sorpresa general, se produjo lo contrario. El 3 de Julio de 1933, Rauschning y Gieiser, los nuevos jefes (nazis) del Senado de Dantzig se desplazan a Varsovia para limar asperezas y para concluir un tratado con el gobierno polaco sobre la utilización del Puerto de Dantzig y su cuota de participación en el comercio naval polaco. En efecto, en la zona del "Corredor", y al Noroeste de Dantzig, el gobierno polaco construyó, en 1924, en la ciudad de Gotenhafen, viejo puerto de pescadores, un puerto comercial. La ciudad cambió su nombre por el de Gdynia. La población era, en un 63 %, polaca, y un 37 % alemana; caso único en toda la zona del "Corredor", donde la mayoría oscilaba entre el 70 % y el 93 %, siendo la ciudad de mayor población alemana, precisamente, Dantzig, como hemos visto, con un 97 % [210]. El gobierno polaco procuraba favorecer a Gdynia con respecto a Dantzig, siempre que le era posible.Esa cuestión de la construcción del puerto de Gdynia y su utilización cada vez mayor por parte de Polonia era, sin duda, la que suscitaba un más vivo resentimiento por parte de los dantziqueses. Cuando en 1919 Polonia obtuvo por el Tratado de Versalles el famoso "Corredor" en el litoral del Báltico, Dantzig era el único puerto que allí había. Pero los polacos debieron descubrir súbitamente que tenían una tradición marinera ancestral y pensaron que Dantzig sería pronto insuficiente para cubrir sus futuras necesidades portuarias. La construcción del puerto de Gdynia fue encomendada a un consorcio francés, que lo terminó en ocho años. Para los dantziqueses, se trataba de una violación flagrante del Tratado de Versalles; afirmaban que sí, con objeto de conceder un acceso al mar a Polonia se había instituido el "Corredor" y la Ciudad Libre, cuyo puerto había sido considerado por los propios polacos como el único adecuado, de ello se deducía que Polonia tenía la obligación legal de utilizar el puerto de Dantzig hasta sus últimas posibilidades. Y Dantzig podía muy fácilmente, gracias a sus instalaciones, asegurar todo el tráfico de Polonia hacia el mar; podía incluso absorber un tráfico superior al que Dantzig y Gdynia juntos habían cubierto en 1932. Los dantziqueses se quejaban de que el tráfico de mercancías, de diez millones de toneladas en 1924, había descendido a siete millones en 1930 y a cinco en 1932, mientras Gdynia había pasado de sus míseras diez mil toneladas en 1924, cuando se inició la construcción de su puerto, hasta 3,6 millones en 1930 y 4 millones en 1932. Dantzig podía asegurar servicios hasta unos 14 millones de toneladas.
En 1930, el informe de los expertos de la S. de N. concluía, por unanimidad, que Polonia debía utilizar, obligatoriamente, el puerto de Dantzig hasta su extremo límite.
Para Polonia, la construcción del puerto de Gdynia era un contrasentido económico. Pero era el anillo de la cadena de un conflicto político, tendente a arruinar, paulatinamente, la Ciudad Libre de Dantzig. Esta era el nervio de la resistencia alemana en medio del "Corredor"; si se dominaba a los dantziqueses, arruinándoles, quitando trabajo a su puerto y haciendo invendibles sus mercancías por la manipulación aduanera polaca, Dantzig se hundiría; los elementos más activos de la población emigrarían a Alemania y Polonia finalmente absorbería Dantzig. El conflicto, repetimos, era básicamente político; en vista de la atmósfera de las relaciones polaco-dantziquesas, Varsovia quería reducir al mínimo el papel de Dantzig en la vida económica polaca. Los viejos arsenales, diques y puertos construidos por la experiencia de generaciones de dantziqueses, apoyándose sobre antiquísimas tradiciones marineras se veían súbitamente amenazadas por la bancarrota, a causa de la construcción - costosísima - del puerto de Gdynia. En esa lucha desigual, Dantzig debía llevar la peor parte. Gdynia, puerto de estado, era administrado desde un punto de vista puramente político, mientras que Dantzig era un puerto privado ... ¡ un puerto en cuya Comisión gestora el adversario tenía voz preponderante y derecho prioritario !... Por otra parte, la unión aduanera entre Polonia y Dantzig fue muy a menudo utilizada como un arma económica contra la Ciudad Libre. Mediante un sistema sutil de disposiciones excepcionales relativas a las aduanas y a los impuestos, Polonia perseguía "el estrangulamiento de las industrias y del comercio dantziqués, mientras favorecía, en su territorio, la implantación de empresas polacas que hacían la competencia" [211]. Existía incluso una "Liga para el Aprovisionamiento Nacional" subvencionada por el Gobierno Polaco, cuyos objetivos declarados consistían en boycotear el uso del puerto de Dantzig.
Había, aún, otro motivo de preocupación y de malestar para los dantziqueses: el mal estado de entretenimiento del Vístula. Polonia había reivindicado Dantzig - según su tesis oficial
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- por que su puerto se hallaba en la desembocadura del Vístula, el llamado río nacional polaco, y era lógico suponer que Varsovia haría todo lo posible por animar la navegación por tal vía fluvial. Pero la realidad fué lo contrario. "El Estado Alemán consagraba cada año, antes de la guerra, veinte millones de marcos oro para el entretenimiento del Bajo Vístula. El presupuesto polaco prevé hoy (1930), 800.000 zlotys - medio millón de marcos - es decir, cuarenta veces menos", afirmaba el historiador francés Martel [212]. Polonia no canalizaba nuevas zonas del río y no reparaba las zonas ya canalizadas; no se ocupaba del dragado de aluviones ni de la conservación de las vías de comunicación ni de los puentes. De lo único que se ocupaban las autoridades polacas era de desviar el curso de los numerosos riachuelos y torrentes, afluentes del Vístula, cuyos meandros pasaban originalmente, ya por el territorio de la Ciudad Libre, ya por el de Prusia Oriental. De manera que "territorios que antes eran muy fértiles, han debido ser hoy abandonados por sus pobladores, alemanes y cachubes, por su sequedad" [213].El Tratado de Versalles había consentido a Prusia Oriental un acceso al Vístula. Dicho acceso consistía en un camino de unos cuatro metros de ancho.
A pesar del desastroso estado de las relaciones polaco-alemanas, tanto en el plano económico como en el psicológico y en el político, la llegada al poder del Canciller Hitler provocó una cierta distensión. El Führer había comprendido que una discusión constante de la cuestión germano-polaca no haría más que mantener en Europa un estado de tensión permanente. Por tal razón firmó el acuerdo con Polonia que establecía el statu quo por diez años, y por la misma razón igualmente presionó a Rauschning y a Gieiser para que se trasladaran a Varsovia a pactar con el gobierno polaco. El 5 de Agosto de 1933 se firmaban los acuerdos polaco-dantziqueses que, además de regular diversas cuestiones pendientes relativas al régimen de escuelas, a los derechos de asociación y a la calificación y competencia de las diversas autoridades administrativas que repartían el poder de la Ciudad Libre, establecía una cuota de utilización de los pueblos polacos de Dantzig-Gdynia, en una proporción de cinco a dos.
Dantzig aseguraría las cinco séptimas partes del comercio exterior polaco, y Gdynia las dos séptimas partes restantes.
Pero, según el historiador - por cierto izquierdista - francés, Ludovic Naudeau [215], Polonia incumplió clamorosamente estos acuerdos, especialmente el relativo a la cuota Dantzig-Gdynia, hasta el punto de invertir la proporción a la que se había comprometido.
Dantzig, en suma, no era, políticamente hablando, ni polaca ni alemana, ni libre. Era como un grano alemán en carne polaca; como un grano polaco en carne alemana, falsamente libre pero con las responsabilidades de la libertad. Dantzig era un engendro de la Política Ficción inventada en Versalles. Dantzig era, en una palabra, inviable. Sólo había sido creada con una finalidad: servir de mecha para la siguiente explosión programada en el ámbito europeo. Para desactivar esa mecha Hitler mejoró notoriamente las relaciones germano-polacas, por un lado, mientras por otro aconsejaba a las autoridades de Dantzig la máxima paciencia en sus relaciones con el gobierno de Varsovia. La actitud de éste, en cambio, no varió gran cosa. Continuaron las provocaciones contra la "Ciudad Libre", y continuó el boycot al puerto de Dantzig mediante una desaforada protección al de Gdynia. De tal modo que si las relaciones germano-polacas, en bloque mejoraron notablemente desde la llegada de Hitler al poder, la situación de Dantzig continuó siendo mala. Si no se produjeron muchos incidentes fue por haber seguido el gobierno de la "Ciudad Libre" el consejo hitleriano de no responder a las provocaciones y a los incumplimientos de Varsovia. El tono general mejoró, con vistas a buscar un acuerdo global con Polonia, reduciendo a un mínimo vital [216] las demandas alemanas; plebiscito en Dantzig y derecho a la construcción de un ferrocarril y una autorruta a través del "Corredor". Ya hemos visto que el Coronel Beck, primero con Goering y luego con Hitler, dio su acuerdo previo a esa solución. Y también que el inaudito "cheque en blanco" arrancado por Halifax, el pariente por
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alianza de Rothschild, a Chamberlain, aprovechando el pretexto del affaire Tilea, cambió, totalmente, los datos del problema. Los Poderes Fácticos que gobernaban a Occidente - y a Oriente - tenían, por fin, en sus manos, el detonador que iba a hacer saltar por los aires a Europa.Como diplomático de carrera, le constaba que los problemas deben ser estudiados en serie.
Sabía que era en Europa donde existían los mayores riesgos de guerra; para él, el problema japonés era una derivación (y así era en realidad, aún cuando Roosevelt lo utilizara como trampolín para mezclarse en los asuntos de Europa). De ahí la idea papal de intentar solucionar, de entrada, todos los litigios europeos entre europeos.
El discurso de Hitler del 28 de Abril de 1939, en respuesta al de Roosevelt, le había convencido de la urgente necesidad de actuar. Como Padre Espiritual de más da 500 millones de hombres que constituían una fracción importante, cuantitativa y cualitativamente, de los países incriminados, se consideraba en el deber moral de hacer todo cuanto estuviera en su mano para evitar el desencadenamiento de la guerra que para él, supondría un rudo golpe a la Cristiandad.
Los estados europeos que tenían, entre ellos, litigios pendientes eran cinco: Alemania, Italia, Inglaterra, Francia y Polonia [217]. Alemania con Polonia; Italia con Francia (antiguas reivindicaciones sobre Djibuti, Niza, Córcega y Túnez, amén de la hostilidad casi patológica de los frentepopulistas franceses contra el Duce]; Inglaterra con Alemania (garantía británica a Polonia, denuncia alemana del Pacto Naval de 1935) y con Italia (trabas inglesas al uso del Canal de Suez por los buques italianos que se dirigían a Eritrea y Somalia); Francia con Alemania (garantía francesa a Polonia), y Polonia con Alemania (Dantzig y el infausto "Corredor").
Alemania e Italia no pertenecían a la Sociedad de Naciones; por consiguiente la solución de los litigios en cuestión era imposible dentro del ámbito de la misma. Quedaba solamente, como única solución posible, la Conferencia de los Cinco, augurada por el Sumo Pontífice, usando de su autoridad moral ya como arbitro, ya como moderador.
Los adversarios de Pío XII, desde el sectario Rolf Hochhut, autor del libelo antipapal El Vicario, hasta el Presidente Truman, pasando por el bien conocido sionista Saúl Friedlander [218] han criticado a Su Santidad que excluyera de esa proyectada Conferencia de los Cinco a la URSS y a los Estados Unidos. Han dicho que el motivo era su aversión al Comunismo, justificando la primera exclusión, y a la Masonería, tan fuertemente enraizada en el gobierno de Roosevelt, motivando la segunda. Es posible que esos hayan sido secundarios. Más bien nos inclinamos a creer que el motivo principal no era otro que el deseo de Pío XII de circunscribir la solución de los problemas europeos exclusivamente a potencias europeas. Puede argüirse que la URSS es, geográficamente, un estado europeo, al menos en parte. Pero el argumento no es válido, por cuanto la URSS no tenía litigios pendientes con los cinco estados a cuyos gobiernos pensaba apelar Su Santidad. Por esa misma razón fueron ya excluídos los extraeuropeos URSS y USA en la Conferencia de Munich. En suma, Pío XII buscaba un nuevo Munich, pero esta vez definitivo; buscaba precisamente aquello que más temía Roosevelt y las Fuerzas Políticas que a éste movían.
Con prudencia de verdadero diplomático, Pío XII, con objeto de asegurarse de que no heriría las susceptibilidades de ninguna de las partes implicadas, antes de someter su proyecto a los intensados, hizo proceder a sondeos previos a sus servicios diplomáticos. He aquí como se desarrollaron los acontecimientos:
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a) El 1 de Mayo de 1939, Mussolini recibe al Padre Tacchi Venturi, jesuíta, amigo personal suyo desde la infancia. Tacchi Venturi viene a sondearle en nombre de Pío XII. " ¿ Estaría Mussolini dispuesto a participar en una Conferencia de los Cinco para resolver los litigios pendientes en Europa ? ". Mussolini pide veinticuatro horas de reflexión. El 2 de Mayo, como ha prometido, da su respuesta. Esta es positiva. El Duce está de acuerdo en participar en esa Conferencia, sin reservas de ninguna clase. El enviado papal le pregunta cómo, a su juicio, va a responder Hitler a esa misma pregunta. Mussolini responde que a su juicio Hitler estará de acuerdo, y recomienda que cuando se le someta esa cuestión se le precise claramente que "se trata de resolver pacíficamente los puntos de litigio entre los cinco países y los problemas conexos" [219].b) En vista de ese éxito inicial el día siguiente, 3 de Mayo, Monseñor Maglione, Secretario de Estado del Vaticano, somete la proposición papal a los nuncios de Berlín, París, Varsovia y Londres. El primero en contestar es Hitler. El día 5 de Mayo recibe a Orsenigo, el Nuncio papal en Berlín, en Berchtesgaden. Para recalcar la importancia que se concede a la entrevista, el Ministro de Asuntos Exteriores, von Ribbentrop asiste a la misma. El Führer afirma que no cree en un verdadero peligro de guerra, ya que
Es decir, que el 5 de Mayo el asunto se plantea de la siguiente manera:
Mussolini ha aceptado la proposición del Papa. Hitler no ha formulado objección alguna y ha dicho que, antes de responder afirmativamente de manera oficial, debía consultar a Mussolini. En otras palabras: por lo que se refiere a las dictaduras el asunto se halla en buen camino.
c) El 6 de Mayo, el Nuncio en París, Monseñor Valerio Valeri, es recibido por Georges Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores, que, tras escucharle, le dice que debe consultar con su Jefe de Gobierno, Daladier, y con el Secretario General del Quai d'Orsay, Alexis Léger [221].
Cuatro horas después llama al Nuncio, le hace presentarse en el Ministerio, haciendo caso omiso del protocolo, y le dice que
d) Monseñor Godfrey, Nuncio de Su Santidad en Londres, ha sido recibido por Lord Halifax, el 5 de Mayo: respuesta de Halifax:
e) El Nuncio Papal en Varsovia es recibido por el Coronel Beck, que le contesta que no puede responder sin antes haberse concertado previamente con Londres y París. Beck ha tardado diez minutos en dar su respuesta al Nuncio. En consecuencia:
El día 8 de Mayo, exactamente en nueve jornadas, las respuestas de Londres, París y Varsovia destruyen todas las esperanzas que las de Italia y Alemania habían hecho nacer en el espíritu del Secretario de Estado, Monseñor Maglione, y de Pío XII.
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Afirma Paúl Rassinier:Esta prueba, hecha, sin quererlo ni buscarlo, por Pío XII ha traído como consecuencia la hostilidad que los belicistas del período 1933-39 manifestaron siempre, hasta su muerte, contra dicho Pontífice. Dicha hostilidad, desde su punto de vista, es perfectamente comprensible; la finalidad perseguida por tales individuos no era la solución de los litigios europeos, sino el hundimiento del régimen nacionalsocialista en Alemania, y les constaba que esto no podrían conseguirlo si no era recurriendo a una guerra generalizada. Por tal razón no querían, a ningún precio, un nuevo Munich. Pero les interesaba poder continuar pretendiendo que era por culpa de Hitler y, en menor grado, de Mussolini, que no podía llevarse a cabo contactos internacionales normales. Naturalmente, tras la intervención de Pío XII, ya no podían continuar pretendiendo eso. Por tal motivo, y por las ulteriores intervenciones de Pío XII en favor de la paz - de las que más adelante hablaremos -, ese Papa ha sido uno de los más calumniados de la Historia, casi tanto como León XIII, el apodado "Papa Boche" de la Primera Guerra Mundial.
Así se montaría, en los años sesenta, la denominada por Rassinier Operación Vicario [226], tendente a calumniarle y desacreditarle ante la opinión pública mundial.
Los aprendices de brujo de Versalles habían colocado a cuatro millones y medio de alemanes bajo soberanía polaca. Otros cuatro millones de alemanes habían quedado aislados, por vía terrestre, del resto de Alemania con la creación del artificial "Corredor". Finalmente, en la "Ciudad Libre" de Dantzig, otros ochocientos mil alemanes se hallaban, física y moralmente cercados por Polonia. Si el Reich hubiera sido una potencia de tercer orden y Polonia de primero, no se hubiera planteado problema alguno: los halógenos alemanes en Polonia, los habitantes de Dantzig y los incomunicados de Prusia Oriental, hubieran sido englobados, a la corta o a la larga, en el estado polaco, probablemente sin necesidad de recurrir al uso de las armas, y ello por un simple fenómeno de simbiosis histórica. Ejemplos existen de sobras a lo largo de la Historia. Pero, desgraciadamente para la tranquilidad de Europa, era precisamente Alemania la potencia de primer rango, y Polonia la de tercer rango, con el agravante de creerse más fuerte de lo que era en realidad, de confiar en la alianza anglo-francesa que ningún socorro inmediato podía aportarle (y para cerciorarse de ello les bastaba a sus gobernantes con echar una ojeada al mapa), de creer en la vigencia de su Pacto de No-Agresión con la URSS y, en suma, de estar gobernada por un clan de patrioteros que tomaban sus deseos por realidades y creían que la prestigiosa caballería polaca se impondría a los tanques alemanes [227].
Polonia, con una población inferior a la mitad de la del Reich, con un ejército cualitativa y cuantitativamente inferior al alemán, cometió - lo cometieron sus gobernantes y coadyuvaron a que lo cometieran las masas de su pueblo - el pecado mortal político de creer que una alianza es un matrimonio. Y, además, un matrimonio muy bien avenido. Cayó en lo que en Política debiera ser llamado "el pecado contra el espíritu", consistente en tomar los propios deseos por la realidad. Beck, Moscicki y, en menor grado, Rydz-Smigly, evaluaron así la situación: de un lado, Alemania, cuyas exigencias son el retorno a su soberanía de la Ciudad Libre de Dantzig, teóricamente libre, y el derecho a un ferrocarril y una autorruta extraterritoriales a través del Corredor. Del otro lado: El Estado Polaco, con un ejército que sus líderes creen magnífico, olvidándose de que el 40 % de sus reclutas serán, en caso de movilización general, halógenos indiferentes en el mejor de los casos, cuando no declaradamente hostiles; más Inglaterra, con su Flota y los recursos de su Imperio; más Francia, con el que se supone, desde 1918, primer ejército continental, con otro poderoso imperio colonial y la tercera flota de guerra mundial; más el apoyo moral y material [228] de los Estados Unidos, y la garantía del Pacto Polaco-
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Soviético, que aseguraba la retaguardia polaca. Es decir: del segundo lado no sacaremos más que ventajas, discurren los señores de Varsovía: Dantzig dejará de ser (aunque sea teóricamente) libre, para englobarse, por simple inercia geopolítica, en el Estado Polaco; a mas largo plazo, seguirá la Prusia Oriental; además, Inglaterra y América nos ofrecen préstamos a tan largo plazo que equivalen a graciosas donaciones. No cabe duda: nos interesa más la segunda alternativa, concluyen Beck y sus acólitos.Además, para forzar más la situación, deciden utilizar una carta que ellos creen decisiva: cuatro millones y medio de alemanes residentes en Polonia más los ochocientos mil prácticamente cercados en Dantzig. En menor grado, pero con virtualidades semejantes, los cuatro millones de alemanes de Prusia Oriental, incomunicados por tierra con el resto del Reich. Los señores de Varsovia exultan: creen que su posición es solidísima e inician una campana premeditada de vejaciones contra la minoría alemana mientras "aprietan las clavijas" más y más en Dantzig. Si hasta entonces (principios de 1939) la situación de la minoría alemana en Polonia no ha sido precisamente fácil, y en todo caso se ha hallado constantemente sometida a una inquietante precariedad, dependiendo siempre de los movimientos de humor de las autoridades polacas, cuando se produce el espectacular e inesperado golpe de timón de Varsovia provocado por la "garantía" anglo-francesa, tal situación se torna insoportable.
He aquí algunos de los incidentes que, en los meses que preceden al desencadenamiento de la guerra, se producen en Polonia:
1) El 26 de Marzo, manifestación antialemana organizada por la oficiosa "Asociación Polaca del Oeste". Los manifestantes profieren gritos de “¡ Fuera Hitler", "Queremos Dantzig" y "Queremos Koenigsberg". Dicha Asociación Polaca extrema su boycot contra comerciantes y artesanos alemanes en la región de Thorn.
2) El 28 de Marzo, fue irrumpida violentamente una reunión legal de alemanes en la aldea de Liniewo, por turbas polacas. Resultaron destruidos emblemas alemanes, banderas del Reich y un retrato del Führer. La protesta del Cónsul alemán en Thorn, Herr Graf, fué desatendida por las autoridades polacas.
3) El 30 de Marzo, incidentes similares en Bromberg, en la región de Pomerelia (Prussa Occidental, o "Corredor"). Protesta del embajador alemán en Varsovia, Moltke, ante el Vice-Ministro polaco Szembek, que promete ocuparse del asunto, y alega ignorancia total de los hechos, lo que es inconcebible por haberlo mencionado incluso la "Associated Press".
4) El mismo 30 de Marzo, agresión contra un ciudadano alemán en Jablonowo. Ese ciudadano, propietario de un restaurante, fue apaleado, y su establecimiento destruido. Según el cónsul alemán, Graf, la policía polaca, que fue avisada a tiempo, no hizo acto de presencia.
Incidentes similares en Bromberg y Graudenz.
5) El 31 de Marzo, el Cónsul Alemán en Posen, ciudad de mayoría de población alemana y que los polacos han rebautizado Poznan, se queja de la propaganda antialemana que ha alcanzado en los últimos días una virulencia inaudita. Los comercios de los alemanes son regularmente apedreados sin que la policía polaca intervenga ni las compañías de seguros polacas indemnicen a los damnificados. "El ambiente de hostilidad (organizada) ha llegado hasta la última aldea", concluye la nota diplomática del Cónsul Walther a von Ribbentrop.
6) El 2 de Abril, von Ribbentrop Instruye al embajador alemán en Varsovia, von Moltke, para que proteste enérgicamente ante las autoridades polacas por los actos de violencia física y moral perpetrados por las turbas y también por asociaciones paramilitares, oficiales u oficiosas polacas, contra la minoría alemana en Polonia, sin que las autoridades polacas intervengan efizcamente en su protección. La nota alemana alude a la Declaración Germano-Polaca sobre Minorías y a la propia Constitución del Estado Polaco.
7) El Cónsul alemán en Posen manda una nota a von Ribbentrop informándole de agresiones contra alemanes en Wongrowitz, Zabczyn, Gollantsch, Wollstein, Margonin, Waldthal, Lipiagora y Klecko. Se registran, como mínimo, tres heridos muy graves. Los daños materiales son considerables. Continúa la acción de boycot contra los comercios alemanes.
Piquetes de la entidad, legalmente registrada, "Asociación Polaca del Comercio y la Industria", impiden a los polacos, y a los propios alemanes, comprar en los comercios propiedad de alemanes en Wollstein. La nota en cuestión está fechada el 4 de Abril.
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8) El mismo día, el embajador alemán en Varsovia, von Moltke, manda a von Ribbentrop el siguiente comunicado que transcribimos íntegramente, dada la importancia y significación que, en nuestra opinión, posee:1.- Todos los polacos que compren en tiendas alemanas o que frecuenten establecimientos alemanes serán señalados nominalmente.
2.- En las casas no pueden ser consumidos productos de origen alemán.
3.- Las mujeres no pueden comprar en los mercados ningún producto a los agricultores alemanes.
4.- Los polacos no pueden suscribirse a ninguna revista alemana.
5.- Todas las casas polacas se obligan a dar ocupación únicamente a jóvenes y obreros polacos.
6.- Los funcionarios y obreros del Estado y del Municipio, así como todos los empleados y funcionarios de empresas particulares, deben emplear exclusivamente, en sus relaciones con personas de nacionalidad alemana, o de origen alemán, el idioma polaco.
7.- Todos los letreros y anuncios en Idioma alemán deberán desaparecer.
8.- Los polacos no deben utilizar los servicios de los bancos alemanes.
9.-Aspiramos a:
a) Conseguir que se suprima el derecho según el cual los alemanes pueden adquirir propiedades inmuebles y obtener concesiones.
b) Impedir a todas las casas alemanas cualquier suministro para el Estado y la Administración.
c) Limitar el franqueo concertado a la prensa alemana y a las editoriales alemanas en Polonia.
d) Conseguir la prohibición de las películas alemanas en Polonia.
10.- Exigimos la entrega de las iglesias alemanas superfluas.
11.- Exigimos la liquidación del excesivo número de escuelas alemanas en Polonia, tanto de las estatales como de las particulares.
El ponente de la Embajada ha llamado la atención al Representante del Ministerio de Relaciones Exteriores en la Comisión Gubernamental Polaca de que la proclama en cuestión confirma irrefutablemente la opinión alemana sobre los efectos perjudiciales de la propaganda antialemana general sobre las relaciones económicas germano-polacas. Aparte de esto, reclamaré también ante el Ministerio de Relaciones Exteriores en lo referente al aspecto político del asunto. Firmado: von Moltke ".
9) El 13 de Abril, el Cónsul General Alemán en Dantzig, von Janson, informa a von Ribbentrop de que en numerosas poblaciones de Pomerelia han aumentado las manifestaciones antialemanas. Señala numerosas agresiones de obra en el distrito de Berent. Los alemanes no se atreven a salir de sus domicilios y entierran sus enseres más valiosos. Unos cien alemanes han huido de Pomerelia y se han refugiado en Dantzig.
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10) El 18 de Abril, el Encargado de Negocios Alemán en Varsovia, Krümmer, se queja oficialmente al Ministerio de Relaciones Exteriores de Polonia, por los excesos cometidos contra miembros de la minoría alemana con motivo de las elecciones municipales polacas, impidiendo a los alemanes su derecho constitucional al sufragio, y de presentarse tanto como electores como candidatos. El mismo día, el Cónsul alemán en Thorn, von Kuchler señala nuevas exacciones contra la minoría alemana e informa que la titulada " Asociación Polaca del Oeste "está llevando a cabo una " Semana de Propaganda Pro-Boycot" contra comerciantes y agricultores alemanes. Dicha propaganda se realiza por medio de oradores, de la radio, de la prensa y de manifestantes con altavoces. Se citan más apedreamientos de particulares y de comercios alemanes.11) El Cónsul alemán en Kattowitz, Nöldeke, se queja del boycot antialemán, propiciado por las autoridades polacas, las cuales
12) El día 24 de Abril el mismo Nöldeke señala once casos, nombrando a las víctimas y sus circunstancias, de agresiones contra alemanes y alemanas en esa región, sin intervención de la policía polaca, que parece estar sometida a un estado de catalepsia, algo sorprendente si se tiene en cuenta que tanto la Justicia como la Policía Polacas tiene fama de ser las más expeditivas de Europa, en la época [229]. El informe de Nöldeke a von Ribbentrop señala que la Liga Juvenil "Campo de la Unificación Nacional", del propio partido gubernamental polaco, ha declarado, sin ambages, que
13) El 28 de Abril vuelve a la carga Nöldeke, con un informe a von Ribbentrop que consideramos útil reproducir íntegramente:
1.- Desde el día de hoy no está permitido escuchar ninguna estación de radio alemana.
2.- Todos los miembros de la Sección deben denunciar inmediatamente a las personas que sientan inclinación por los alemanes, a las que escuchen estaciones de radio alemanas, a las que pertenecen a organizaciones alemanas, a las que hablan alemán, así como dónde trabajan, y a las que se manifiestan favorables a Alemania y a las que propagan falsas noticias.
3.- La orden anterior debe ser obedecida exactamente. Firman Woznica y Szweda ".
Según el informe de Nöldeke, Woznica es un funcionario de Hacienda en Rybnick y Szweda es un enfermero en el hospital de aquella población y es conocido ya por sus distintos excesos cometidos contra los alemanes de la región.
14) El 6 de Mayo, otra nota de Nöldeke informando sobre las incautaciones perpetradas por las autoridades polacas contra periódicos y escuelas alemanas. Se insiste en los apedreamientos de comercios y casas particulares alemanas [230]. Y se señala de nuevo el papel
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jugado por la prensa, tanto privada como gubernamental, en la excitación al odio contra la minoría alemana en la Alta Silesia.15) El 8 de Mayo, el Cónsul alemán en Lodz, von Berchem, informa de los vejámenes sufridos por los alemanes en esa región, incluyendo a los niños que asisten a escuelas alemanas, e incluso a los niños alemanes que asisten a escuelas polacas, y que son maltratados por sus condiscípulos, azuzados por los propios maestros polacos. Indica que las fincas de dos agricultores alemanes fueron incendiadas por el populacho, pereciendo todos los ocupantes.
"Sólo el ganado pudo salvarse". El informe acaba:
16) El mismo día, von Moltke manda el siguiente informe a von Ribbentrop:
Continuamente pueden observarse grandes grupos de personas estacionadas ante él que discuten las nuevas perspectivas que resultan de ahí para Polonia".
17) El 11 de Mayo, ven Ribbentrop instruye al embajador alemán en Londres para que informe al Gobierno de Su Majestad sobre los vejámenes que deben soportar los alemanes en Polonia. Añade que la censura polaca ha clausurado los escasos periódicos alemanes que aún se editaban en aquél país.
18) El 12 de Mayo, los representantes de la minoría alemana en Polonia mandan una instancia al Presidente de la República, Moscicki. Se trata del Senador Erwin Hasbach y del Ingeniero Rudolf Wiesner, representantes oficiales, elegidos por sufragio universal. Tras exponerle los hechos anteriormente citados, se pide al Presidente que haga lo necesario a fin de que su Gobierno respete su propia Constitución, que garantiza el libre desenvolvimiento de las minorías nacionales en Polonia. La instancia termina con este párrafo:
El silencio de Moscicki es la única respuesta que obtienen los representantes de la minoría alemana. Esto, desde el punto de vista legal; porque desde el punto de vista de los hechos...
19) El 15 de Mayo, el Cónsul alemán en Lodz, von Berchem, manda una nota diplomática a los Servicios de von Ribbentrop, informando de que en la localidad de Tomaschow-Mazowiecki (unos 42.000 habitantes, de los que unos 3.000 son alemanes) se ha producido un verdadero "pogrom" antialemán. Durante tres días, los alemanes fueron apaleados con el beneplácito de la policía polaca. Hubo más de dos centenares de heridos; dos de ellos muy graves, y una mujer alemana, muerta. En la población de Lodz fueron atacados establecimientos alemanes, todos ellos apolíticos.
20) El 18 de Mayo, von Berchem manda más datos acerca del "pogrom" de Tomaschow. El número total de los gravemente perjudicados se cuenta por millares, pues llegan noticias de que los aldeanos alemanes que viven aislados en el campo han sufrido numerosas exacciones. El número de heridos graves asciende, ya, a diez, sólo en el hospital de Tomaschow.
21) El Cónsul alemán en Kattowitz, Nöldeke, informa a von Ribbentrop de un largo centenar de casos de exacciones contra miembros de la minoría alemana en Alta Silesia. La relación se refiere a detenciones arbitrarias y sin orden del juez, secuestros, multas, agresiones, incautaciones de periódicos, cierre de iglesias, tanto católicas como protestantes, clausura de
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escuelas alemanas, proclamas antialemanas y despidos en gran escala de miembros de la minoría alemana colocados en las explotaciones industriales. Fecha: 19 de Mayo.22) El Cónsul alemán en Posen, Walther, informa a Berlín del cierre, por las autoridades polacas, de tres escuelas alemanas en Gnesen, Birnbaum y Wollstein. Fecha: 22 de Mayo.
23) Von Moltke informa a von Ribbentrop, el mismo 22 de Mayo, de los malos tratos sufridos por la población alemana en la región de Volynia, en el Este de Polonia. La mayoría étnica del país es ucraniana, y sufre una cruel persecución por parte de las autoridades que apoyan a la población polaca. Pero también los alemanes son maltratados: cinco escuelas han sido cerradas por la policía, y 250 familias alemanas debieron malvender sus bienes en la esperanza de emigrar al Reich, atravesando toda Polonia. No obstante, se les impidió emigrar y fueron internados en el campo de concentración de Bereza-Kartuska. Según el informe de von Moltke,
24) Infructuosa protesta del Senador por la minoría alemana en Polonia, Hasbach, en el sentido de que se impide a los estudiantes alemanes cursar sus estudios en la Universidad de Posen. (25 de Mayo).
25) El Cónsul en Kattowitz, Nöldeke, denuncia a von Ribbentrop 48 nuevas agresiones contra alemanes en Alta Silesia (30 Mayo).
26) Damerau, Cónsul alemán en Teschen, denuncia el cierre de tres entidades recreativas alemanas, el 2 de Junio. El hecho tiene mayor sabor si se recuerda que Teschen, en la Rutenia ex-checoeslovaca, sólo pudo ser anexionado por Polonia con la anuencia de Hitler. El día siguiente, el mismo funcionario denuncia la incautación, en Karwin, de los locales de la "Asociación Alemana" y del "Banco Nacional Alemán", de Teschen. Las reclamaciones hechas por el Consulado quedan sin respuesta por parte de las autoridades polacas.
27) El Cónsul Alemán en Thorn, von Kuchler, informa de que en vista de que continúan las exacciones y arbitrariedades contra los comercios, artesanos y agricultores alemanes en Pomerelia, la población de origen alemán abandona sus negocios y sus hogares y se refugia, ora en Dantzig, ora en el Reich. En el mismo informe se precisa que las autoridades polacas están cerrando todas las farmacias alemanas. Esta nota diplomática termina con la frase:
28) El 7 de Junio, informa el Cónsul de Alemania en Lodz, von Berchem, de un nuevo "pogrom" antialemán en Konstantynow, asi como de una nueva variante en la persecución que contra los alemanes, y con la benevolencia de las autoridades, llevan a cabo las turbas incontroladas polacas: amenazas de muerte; robos de madera; tala de árboles frutales, envenenamiento de perros; incendios provocados, etc. Ante esta situación los alemanes de esa región venden a precios irrisorios o simplemente abandonan sus domicilios y propiedades y tratan de ganar la frontera alemana. No obstante
Parece que ya hay centenares de alemanes en las cárceles polacas por haber pretendido atravesar sin permiso la frontera "
29) El 16 de Junio, Walther, el Cónsul alemán en Posen, informa de que un liquidador polaco, sin alegar motivo alguno, ha procedido a la incautación del "Albergue para Enfermos de la Iglesia Evangélica", así como de un hotel propiedad de un alemán, y del "Teatro Alemán". Al mismo tiempo han clausurado el " Casino Alemán ", de Lodz, la " Casa Alemana " de Tarnowitz, el " Banco Alemán del Comercio y la Industria ", de Posen, y una serie de pequeños comercios alemanes de esa última ciudad, a cuyos propietarios se les ha dado un plazo de tres días para desalojar.
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30) Nueva nota de Herr Walther a von Ribbentrop, el 19 de Junio, mencionando 52 casos de malos tratos a alemanes en su región.31) Nota de Nöldeke sobre " numerosos excesos " contra alemanes en la región de Kattowitz. Fecha: 22 de Junio.
32) El 23 de Junio, el " Voivoda " (Gobernador Civil) de Pomerelia ordena la incautación del Hospital de las Juanistas, perteneciente a la Orden de San Juan, en Dirschau, así como de otro hospital, de la misma Orden, en Driesen. Las monjas alemanas que se ocupaban de esos hospitales fueron expulsadas en un plazo de dos horas.
33) El 24 de Junio llegan noticias de que en Pabianice, cerca de Lodz, fueron apaleados ciudadanos alemanes y destruida una sala de gimnasia, una escuela y un templo protestante alemán.
34) El 26 de Junio, Nöldeke, Cónsul alemán en Kattowitz, informa a von Ribbentrop de que en su región las autoridades polacas proceden a forzar el despido de los últimos alemanes que aún habían podido conservar sus puestos de trabajo. Numerosas asociaciones patrióticas polacas, cuyas actividades son toleradas, cuando no alentadas por las autoridades, una vez conseguido el despido del último alemán en cada empresa u explotación agrícola, analizan las nóminas y exigen igualmente medidas contra ciudadanos polacos que: a) pertenezcan o hayan pertenecido a organizaciones alemanas; b) envíen o hayan enviado a sus hijos a la escuela alemana; c) asistan o hayan asistido a oficios divinos en alemán o sean miembros de las librerías populares alemanas; d) hayan ingresado en organizaciones profesionales polacas pero que, por su conducta y por su pasado, deban ser considerados como pertenecientes a la minoría alemana.
35) En vista del curso que van tomando los acontecimientos, una nota diplomática del 26 de Junio, enviada por Ministerio de Asuntos Exteriores alemán al embajador en Varsovia, Moltke, indaga sobre la conveniencia de tomar alguna medida de retorsión contra la minoría polaca en Alemania (por cierto muy escasa: unas 35.000 personas). La nota sugiere la incautación de la "Dom Polski", (Casa Polaca) de Buschdorf, cerca de Flatow. La respuesta de Moltke se produce el día siguiente, afirmando que no cree que las represalias tengan el menor efecto, y que hasta es posible sean contraproducentes, desde todos los puntos de vista.
36) El 3 de Julio, el Ministro de Agricultura polaco, Poniatowski, anuncia en un discurso, pronunciado en Gdynia, que se va a proceder a la "reparcelación" de las tierras de Pomerelia, concretando que dicha reparcelación va a afectar a las tierras de los alemanes (que constituyen el 78 % de los habitantes de esa región). Poniatowski dice también que va a proponer al Parlamento que se adopte una ley por la que se prive de la nacionalidad polaca y se confisque la fortuna de los ciudadanos polacos (alemanes) que han huído al Reich.
37) En una nota enviada por von Moltke a von Ribbentrop el 5 de Julio, se informa de la expulsión del Párroco evangelista Kleinsdienst, cuya familia vivía en Volynia desde doscientos años, señalando al mismo tiempo diecisiete casos de agresiones contra ministros de la Iglesia, tanto católicos como protestantes, alemanes residentes en Polonia.
38) El 10 de Julio, el Cónsul en Posen, Walther, informa del cierre de sesenta cooperativas lecheras pertenecientes a alemanes, en su región. Dichos cierres se han producido sin sentencia de juez, sin alegar motivos y sin indemnización, llevando a la ruina a numerosas familias alemanas.
39) El informe que llega a Berlín el mismo 10 de Julio sobre la situación en Thorn es el más alarmante hasta la fecha. Ya se habla literalmente de "campaña de exterminio contra la minoría alemana", a la que se somete a vejaciones, se la expolia y, eventualmente, se la asesina, sin dejarle siquiera el recurso de abandonar el país. El Cónsul en Thorn agrega que la situación debe ser, aún, peor que lo que él expone, pues le consta que los alemanes que se quejan al Consulado ven redoblar sobre sus cabezas las sevicias iniciales.
40) El 11 de Julio, von Moltke se entrevista con el representante del Ministro de Relaciones Exteriores, Conde Szembek, ante quien eleva una enérgica protesta por el asesinato
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del súbdito alemán Alois Sornik. En una nota enviada a von Ribbentrop dándote cuenta de la entrevista, von Moltke afirma que está persuadido de que no es posible garantizar vidas y haciendas alemanas en Polonia, pues los polacos, con la Carte BIanche inglesa se sienten tan seguros que dan la sensación de no buscar más que provocaciones y, al mismo tiempo, aumentar su patrimonio nacional con el de la rica y hacendosa minoría alemana en Polonia.41) 12 de Julio: Walther, Cónsul en Posen, informa del cierre de otras trece escuelas alemanas en su región. Recordemos que la Constitución Polaca garantizaba la protección cultural a sus minorías étnicas, y, expresamente, las instituciones docentes.
42) El 15 de Julio se clausura la "Sociedad Teatral Alemana" de Teschen, mientras llegan noticias de sevicias, con muertos y heridos, contra la minoría alemana y ucraniana en cinco poblaciones de Volynia: Ochocin, Wicemtowka, Stanislawka, Stray Zapust y Podhajce.
43) Entre el 20 y el 24 de Julio, los Cónsules alemanes en Thorn y en Kattowitz informan de doscientas y de treinta agresiones, respectivamente. La absoluta falta de cooperación de las autoridades polacas impide precisar el número de muertos y de heridos.
44) Versión literal del comunicado del Cónsul en Thorn a von Ribbentrop, el 25 de Julio:
"Tengo noticias de gran número de casos en que las patrullas polacas hacen parar a los alemanes de ésta minoría. Si los militares polacos constatan en estos casos que los alemanes no dominan perfectamente la lengua polaca, les hacen casi siempre objeto de amenazas y les maltratan de obra ".
45) El Cónsul alemán en Lemberg, Seelos, informa, el 9 de Agosto, del estado de absoluta ruina de la minoría alemana de Galitzia, de unas 55.000 personas, la mayoría ricos labradores afincados allí desde varias generaciones. El pueblecito de Schönthal, cuyos vecinos son casi todos alemanes, ha sido incendiado. En otro pueblo los polacos pegaron fuego a las cosechas.
46) La Delegación Superior de Hacienda de Graudenz ordena a todos los Jefes de sus Subdelegaciones que extremen el rigor fiscal contra las minorías, y especialmente contra la alemana, no concediendo rebajas, exenciones, desgravaciones, y rechazando facilidades de pago y concesión de plazos para el pago de contribuciones atrasadas. Esta medida es particularmente odiosa si se tiene en cuenta que los contribuyentes han sido previamente arruinados por medidas - legales e ilegales - de las autoridades polacas, o de entidades paramilitares solapadas o incitadas por las mismas autoridades.
47) El 12 de Agosto, Walther, desde Posen, anuncia el cierre de todas las librerías alemanas en la región.
48) El 16 de Agosto, detenciones de varios centenares de alemanes en Beuthen, cerca de Kattowitz.
49) La Universidad Teológica de la Iglesia Evangélica Unificada de Polonia ha sido clausurada por un Decreto del Ministro de Confesiones Religiosas y de Enseñanza Pública del 11 del corriente, que regirá a partir del 1 de Enero de 1940. Como pretexto de la clausura se alega que la Universidad no ha cumplido la condición de que la mayoría de los profesores de la misma tuviera la suficiente aptitud para la formación científica. Con toda objetividad parece increíble que Polonia que es, en la época, el país científicamente más atrasado de Europa, exceptuando, tal vez, a Albania, decida cerrar una Universidad alemana bicentenaria, en su territorio, alegando falta de formación científica de su profesorado.
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50) Los cónsules alemanes en Teschen y Kattowitz mandan, el 17 de Agosto, sendos comunicados al Ministerio de Asuntos Exteriores, denunciando doscientas detenciones en el primer caso, y un número Indeterminado, en el segundo. Según von der Damerau, el Cónsul en Teschen,51) El 20 de Agosto, el Departamento Político del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich publicaba 38 casos recientes de alemanes gravemente maltratados, heridos o muertos por la soldadesca o las turbas polacas, incluyendo casos de violación y sevicias graves.
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No queremos extendemos más. La prensa de la época habla de miles de casos en que los polacos, con anuencia de su gobierno, si no con la incitación de éste, abusaron gravemente de sus minorías, especialmente de la alemana, aunque también los ucranianos y los lituanos debieron padecer lo suyo. Los polacos se sentían seguros; algo absolutamente nuevo para ellos.Todo el mundo democrático parecía preocuparse por Polonia; el mayor Imperio que la Historia ha contemplado les entregaba un cheque en blanco; Francia, la comadrona de Polonia en Versalles, endosaba el cheque; la Judería Internacional, ¡ oh, paradoja de las paradojas !, ponía los recursos inextinguibles de los Estados Unidos a disposición de Polonia, la tierra de los "pogroms" y el país más antisemita (por motivos religiosos o pseudo-religiosos) de todo el orbe.
Un país cuyas clases dirigentes son, tradicionalmente, "las más ignorantes y orgullosas de Europa" [231], con un megalómano como Beck dirigiendo su política exterior, mientras la Gran Prensa Mundial llena de piropos al ejército polaco y a su "invencible caballería"..... Demasiadas tentaciones juntas para tan poca entidad.
En efecto, ¿ qué era Polonia, en 1939 ? Un país pobre, poblado por un largo cuarenta por ciento de individuos halógenos, entre cuyo cuarenta por ciento se debía contar a los más ricos (los judíos), los más laboriosos (los alemanes) y los más valerosos suboficiales y oficiales de su famosa caballería (los cosacos ucranianos). Un país odiado por los Poderes Fácticos, pero al que se debía utilizar como "tapón" entre Alemania y Rusia y, al mismo tiempo, como casus belli contra Alemania. Churchill, en un arranque de fugaz sinceridad, le dijo una vez a Beck:
No se puede hacer una descripción mejor ajustada a los hechos. Aunque la realidad es que, mas que precipitar a Europa en el caos, lo que hicieron los pobres gobernantes de Varsovia fue dejarse arrastrar por los aludidos Poderes Fácticos, de los que su definidor Churchill era uno de sus más brillantes testaferros. Polonia debía ir a la guerra, y ello por una simple razón de inercia política. Le cabía la alternativa de aliarse con Alemania, o con dos lejanas potencias que ninguna ayuda podían aportarle. En ese último caso, sería presa segura de los rusos, en caso de victoria de aquéllas potencias. Eso lo comprendió así hasta el propio Mariscal Rydz-Smigly, que le dijo a Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores Francés, "Con Alemania perderemos nuestro cuerpo, pero con Rusia perderemos nuestra alma" [233]. Pero no fueron ni con Alemania ni con Rusia. Y perdieron su cuerpo y su alma, aún cuando en Potsdam, en 1945, se resucitara un estado vasallo llamado Polonia, trescientos kilómetros a Poniente del anterior y efímero - como siempre - estado nacional polaco.
Tal como se ha expuesto en el epígrafe "El Cheque en Blanco", la situación política europea había dado un giro de ciento ochenta grados en el momento en que Lord Halifax, el pariente por alianza de los Rothschild de Londres, utilizando como palanca al insignificante Tilea, había dado a los chauvinistas de Varsovia una garantía unilateral, poniendo en el disparadero de la guerra a todo el Imperio Británico, según los imprevisibles movimientos de humor de Beck, Moscicki y
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compañía. Antes del célebre "cheque en blanco", las líneas directrices de la gran política europea del momento eran claras.Por una parte, Alemania, que, según las directrices trazadas por Hitler en su Mein Kampf, orienta su política hada el Este, una vez solventadas sus diferencias con Occidente: la Drang Nach Osten. Esta política, como toda auténtica política, no busca la guerra, sin excluirla por otra parte. La guerra, ha dicho Clausewitz, es la continuación de la política con otros medios. La política de Hitler, la Drang Nach Osten, cree firmemente en que el aislamiento político-económico de la URSS, ciudadela del Comunismo, provocará su hundimiento, sin necesidad de una guerra generalizada. A lo sumo, el colapso bolchevique propiciará alzamientos en las nacionalidades oprimidas de la URSS, sobre todo en Ucrania, cuya carta juega a fondo, desde un principio, el Führer.
En Berlín no se ignora algo fundamental, que la Propaganda a escala mundial ha logrado soslayar ante las masas ignorantes de Occidente, es decir, que desde el Pacto de Rapallo, auspiciado por Rathenau, hasta la Ley de Préstamos y Arriendos, arrancada por Roosevelt al Senado norteamericano, pasando por los pactos Rockefeller-Stalin y Harriman-Stalin, sin la masiva ayuda del Capitalismo Occidental el Bolchevismo implantado en la URSS se hubiera venido abajo tiempo ha [234].
De ahí la estrategia que monta Hitler desde 1933 hasta Julio de 1939: una Alemania fuerte, que se ha librado de las peores ataduras impuestas por el Diktat de Versalles, dirige una coalición de estados a los que ha atraído hacia su órbita económica en virtud de su ventajosa politice del barter, liberada del Patrón-Oro. Junto a Alemania está la antigua Checoeslovaquia, repartida entre Hungría, Polonia, la propia Alemania y el estado independiente de Eslovaquia, unido política y económicamente a Alemania; más la Rutenia Transcarpática, autónoma y ligada a Alemania, representando un centro de atracción para los demás ucranianos. También están Hungría, Bulgaria, Dinamarca, Finlandia, los tres estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, más Yugoeslavia y, naturalmente, Italia con su flamante Protectorado de Albania. Rumania, pese al Rey Carol, se halla a punto de incorporarse a ese complejo político-económico, del que, con ciertas reticencias - debido a la influencia inglesa - inferiores en todo caso al peso de la Geopolítica, forma igualmente parte Turquía.
Hasta Marzo de 1939 se contaba con integrar en ese bloque a Polonia, pero ya hemos visto cómo el plan se va al garete con el infausto "cheque en blanco". Pero Polonia es necesaria, si no cómo aliada - su peso específico desde el punto de vista militar tampoco es decisivo - sí al menos como colaboradora, como "base de tránsito", y para eliminar una posible escapatoria a la presión que sobre la URSS se está empezando a ejercer, desde el Cabo Norte hasta el Mar Negro [235]. Polonia no solo escinde la línea de bloqueo sobre la URSS, sino que además concita sobre sí la animadversión de los lituanos, y sobre todo, de los ucranianos que son - éstos últimos - desde siempre, la carta maestra del plan hitleriano. Sin el "cheque en blanco" dado a los gobernantes de Varsovia, ésta se hubiera incorporado - estaba prácticamente hecho - al Plan y sus diferencias con lituanos y ucranianos se hubieran podido, indudablemente, solventar, compensando a Polonia las autonomías a Galitzia y Wilna con territorios en Bielorusia [236].
La Drang nach Osten es, pues, una orientación de la política alemana hacia el Este, tras solventar las diferencias pendientes con el Oeste (el Sarre, Rhenania). No es un plan de conquista militar; es un plan político que, como tal, puede tener, en su punto de máxima tensión, implicaciones militares. Se trata, básicamente, de eliminar el Bolchevismo, haciendo desaparecer esa Espada de Dámocles que pende sobre los pueblos de Europa [237]. Hitler ha comprendido que reducida a sus propias fronteras y sin posibilidad de penetración ideológica entre sus vecinos, la URSS se momificará [238], al menos en el plano político. Cercada, también,
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económicamente (ni Alemania ni el Japón, con sus respectivos satélites políticos comercian, tampoco con la URSS) no le quedará al régimen instaurado en Moscú por el Gran Capitalismo otra fuente de subsistencias que la financiación directa, el subsidio permanente de los plutócratas de Washington. Evidentemente, ésta no puede ser una solución a largo plazo.Roosevelt y su "Brain Trust" no pueden ser eternos y en Norteamérica hay una creciente oposición a su política prosoviética. El Marxismo práctico se ha revelado como un "fiasco" sin precedentes en la Historia. Tomando en cuenta todos esos datos, Hitler estructura las grandes líneas de su política hacia el Este. Es posible que, antes de hundirse, el Bolchevismo instaurado en Rusia recurra a la guerra, la última ratio regís en política.
En Georgia, en Armenia, en las "repúblicas" soviéticas del Asia Central, en Carelia, en Carelia Oriental, en Crimea y, sin duda, en Ucrania, se producirán alzamientos cuyo carácter será, a la vez, antisoviético y antirruso. Dichos alzamientos serán más o menos discretamente apoyados por Alemania (la política pro-ucraniana del Reich no es un secreto para nadie), y se producirá el hundimiento del Bolchevismo. Rusia volverá al seno de las naciones civilizadas y el precio que pagará serán los territorios que desde Lenin se ha anexionado en Europa y en Asia y, por supuesto, Ucrania que, ya bajo forma de Protectorado, ya de territorio o provincia autónoma, o simplemente de estado asociado, pasará a la órbita alemana. Es incluso posible - las circunstancias lo irán determinando - que Ucrania se convierta en un estado plenamente independiente y Alemania se cobre su participación en el territorio de Petersburgo y los aledaños del Lago Ladoga, donde existe, desde tiempos lejanos, una colonia racialmente germánica. Ello presupondría la reactualización del Tratado de Riga, firmado en 1919, por el que, Letonia y Estonia se integraban en el Reich cómo provincias autónomas. Finlandia recuperaría Carelia Oriental; Rumania, la Transnistria y, junto a Ucrania, Crimea, Armenia y Georgia alargarían el espacio vital de Europa, prácticamente, hasta el Ural.
Y resucitaría la vieja Rusia, en sus límites naturales, anteriores a la expansión paneslavista de Pedro el Grande, pero liberada del yugo bolchevique. Esta es la idea maestra de Hitler. Naturalmente, como hemos dicho y repetido, la defección de Polonia, con la que se contaba como aliada natural, deja un vacío tremendo en el centro del dispositivo. Y no sólo esto: al negarse a negociar sobre Dantzig u oponerse a la construcción de la autorruta y el ferrocarril extraterritorial, Polonia perpetúa la división de Alemania, con lo cual la presión que ésta pueda ejercer, a través de los tres pequeños estados bálticos, sobre la URSS, pierde gran parte de su fuerza.
Una cosa es una Alemania prácticamente vecina de la URSS, cuya provincia limítrofe [239] comunica con el resto de la metrópoli, y una cosa muy diferente una Alemania cuya aludida provincia (Prusia Oriental) se halle incomunicada por tierra con el resto del país. No nos olvidemos de que estamos hablando de 1939 y de Alemania, una potencia naval de segundo orden, y que en tal momento y circunstancia es impensable el transporte de un gran ejército de invasión contra Rusia, por barco, desde Stettín hasta Koenigsberg. Y una cosa será la actitud rusa ante una Alemania cuyas tropas se encuentran acantonadas en Koenigsberg junto a las - políticamente hablando - vasallas Lituania, Letonia y Estonia, y otra la actitud ante una Alemania cuyas fuerzas se hallan ochocientos kilómetros más al Oeste. O tal vez más lejos aún pues la nueva actitud de Polonia hace, prácticamente, bascular los tres estados bálticos en la zona de influencia soviética. En Política, ha dicho Yockey [240] las virtualidades logísticas y estratégicas inciden decisivamente en la Táctica y, en definitiva, en las decisiones a tomar por los estadistas. La presencia de un Cuerpo de Ejército en Koenigsberg, disponiendo de una carretera, un ferrocarril y un puerto a sus espaldas, es una cosa; el mismo cuerpo de ejército privado de comunicaciones regulares es otra; entonces la amenaza real hay que localizarla en Stettin, y todo el planteamiento cambia, máxime si los tres estados bálticos quedan, en la práctica, incorporados al glacis de protección de la URSS.
Hemos utilizado, adrede, la palabra amenaza. La mera posibilidad de que un Cuerpo de Ejército se instale junto a un país determinado es una amenaza política; siempre ha sido así y siempre lo será en éste Planeta. Los hechos son tozudos. Todos los países tienen plazas fuertes en sus zonas fronterizas o en territorios que la geopolítica determina fatalmente como puntos débiles. Pero la actualización de tal posibilidad no implica necesariamente una amenaza directa de guerra, tal como hoy día dirían los tristes escritorzuelos de los grandes rotativos internacionales o los pobres individuos que, manejados como peleles por los Poderes Fácticos,
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aparecen en las candilejas de la escena política internacional. Una amenaza virtual no es una amenaza formulada. Poniendo un símil sencillo, diríamos que, en el caso que nos ocupa, un Cuerpo de Ejército en Koenigsberg o un Cuerpo de Ejército en Stettin significan la misma diferencia que, en un tablero de ajedrez, disponer o no disponer de la dama, aún cuando ésta permanezca inactiva durante toda la partida. Su simple existencia es una amenaza virtual y decisiva. En Política, lo que cuentan son los hechos. Es una prueba flagrante de la irrealidad y la memez de ciertos historiadores y críticos actuales el haber acuñado una frase tan estúpida como "la fuerza política de Francia ...o de Inglaterra, o de Suiza". La Política es como la Esgrima: naturalmente requiere habilidad, pero, por encima de todo, requiere un sable. Por tal motivo, presuponer que la Drang nach Osten significaba la guerra necesariamente, es tan irreal y tan estúpido como afirmar que aseguraba la paz perpetua. Las tantas veces aludida Drang nach Osten era una política, la cual implica, por su mera esencia íntima, la posibilidad de guerra.Toda política implica, esencialmente, un riesgo de guerra, incluyendo la llamada (mal llamada) política pacifista, siendo el pacifismo, como bien dice Yockey [241] "el belicismo de los débiles" o - pudiera haber dicho - "de los hipócritas". Y para todo estado, la política es como la respiración para un ser vivo. El estado que deja de hacer política, desaparece [242], aún cuando conserve sus líneas fronterizas, sus aduaneros y sus líderes políticos nominales: no importa, la política la harán otros por él - la Política repugna el vacío, como la Naturaleza - y sus subditos pasarán, nominalmente o no, pero en todo caso, realmente, bajo otra soberanía táctica.
Es, pues, tremendamente ingenuo - o tremendamente malvado - afirmar que la Drang nach Osten era una política agresiva. Ello implica, por encima de todo, desconocer totalmente el significado de la Política que es "actividad con relación al Poder" [243]. Toda política es agresiva, lo cual no implica que busque la guerra por principio. Hablar de Política agresiva, o de "Power Politics", como dicen los anglosajones de su actual período de decadencia, es como hablar de "Estética de la Belleza", "Moralidad de la Etica", "Economia del Provecho" o "Consanguinidad de los Hermanos"; es una redundancia. Y si no, es una tontería. En el período que nos ocupa - mediados de 1939 - cada potencia seguía una determinada política: Inglaterra, la de mantener su Imperio Colonial e imponer en Europa la vieja y clásica two power standard.
Francia, anquilosada desde Sedán, mantener su Imperio y procurar limitar el aumento de poderío de su vecina Italia. Japón, extendiéndose por el Continente Chino y apuntando al petróleo de Siberia. Los Estados Unidos, vieja colonia, incrementando su Imperio Colonial y soñando con arrebatarle el suyo a Inglaterra. Stalin, reactualizando la política de Pedro y Catalina, pero en beneficio del Bolchevismo, y no necesariamente de Rusia, tomándola en un concepto puramente geográfico. El Sionismo, por su parte, seguía su política secular [244]. Italia buscaba en África y los Balcanes (Albania), espacio para su estallante demografía. Alemania, finalmente, ponía en práctica la Drang nach Osten, anunciada, en sus grandes rasgos, en Mein Kampf. Esos ocho poderes fácticos practicaban, conscientemente o no, ocho políticas adecuadas a su propia estructura interna, a sus intereses vitales permanentes y a sus respectivas posibilidades y virtualidades.
Dos de ellos eran, políticamente, sanos, es decir, independientes: Alemania y el Japón. Un tercero, Italia, lo era casi también, aún cuando los hechos probarían posteriormente, infiltraciones del Sionismo, directa o indirectamente, a través de ciertos organismos rectores y concretamente de su Casa Real. Pero los demás: Inglaterra, Francia, URSS y USA, padecían lo que Yockey denomina un caso de patología cultural, a cargo de un cuerpo extraño, el Sionismo, que los manipulaba en su propio beneficio. Eso era particularmente exacto en el caso de USA y URSS, mientras en Inglaterra los infeudados al Sionismo, manejando al clan belicista, inflexionaban en el sentido por ellos patrocinado la política del país, apartándola de los verdaderos intereses vitales de Inglaterra; Francia, por otra parte, seguía a remolque de Inglaterra, de la que no era más que un brillante satélite desde Waterloo.
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Por un lado, pues, se hallaba Alemania, Italia - con un peso específico político que se revelaría muy inferior al supuesto - y un grupo de estados de Europa Central y Oriental, todos ellos apuntando hacia el Este: la Drang nach Osten. En el Lejano Oriente, el Japón representaba una amenaza estática contra la URSS, pero no contra los USA, aún cuando el grupo que manejaba a Roosevelt quisiera utilizar a aquélla potencia como trampolín para entrar en la inminente guerra, contra Alemania, y debiera, así, pretender que el Japón era una seria amenaza para los Estados Unidos [245]. En todo caso, como los hechos demostrarían cumplidamente, el Japón hacia su guerra, haciendo oídos sordos a diversas sugerencias de coordinación política, táctica y estratégica propuestas por Alemania.Por otro lado, el Sionismo, arrastrando cada vez más a situaciones extremas, en contra de Alemania, a los gobiernos de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La URSS, que desde la llegada de Hitler al poder se siente amenazada, discierne claramente que lo que le interesa es que estalle la guerra entre democracias y fascismos, en el Occidente Europeo. Por eso multiplica sus provocaciones, mientras inicia clarísimas aperturas en dirección a Alemania. Llega, entonces, la garantía Inglesa a Polonia, que, apoyada por la tradicional miopía política y xenofobia de los gobernantas polacos, hace cambiar de bando a Polonia, erigiéndola en barrera entre el Reich y la URSS.
Pero hay más: ese espectacular cambio de bando [246] no sólo disloca el dispositivo político-estratégico de la Drang nach Osten, sino que además:
a) Deja en manos de unos gobernantes ineptos y enloquecidos por la soberbia 5.300.000 rehenes alemanes, tal como hemos descrito en el epígrafe precedente (4.500.000 en territorio polaco, más los cada vez más cercados 800.000 dantziqueses), y que llevan varios meses sufriendo un trato incomparablemente peor que el de los Judíos en Alemania a los cuales, en todo caso, les está permitido, e incluso aconsejado emigrar, mientras a los esquilmados alemanes de Polonia que intentan huir a Alemania se les ametralla o se les instala en el campo de concentración de Bereza-Kartusca;
b) Pone sobre el tapete la reivindicación polaca sobre Prusia Oriental, reivindicación infundada, pero lógica desde un punto de vista geopolítico si se admite como definitivo el "Corredor" con el consiguiente aislamiento de Dantzig. A consecuencia de ello, otros cuatro millones de alemanes quedan - si no como rehenes - sí al menos en situación de precario;
c) Reconstruye, de golpe, inopinadamente, la situación de cerco de Alemania, que desde Richelieu hasta Barthou han puesto en práctica los políticos franceses, desde principios de siglo empujados por los ingleses. Y como la URSS tiene pactos con Polonia y con Francia, el Reich se encuentra, una vez más, en la posición de 1914: Inglaterra y Francia, con sus colonias y los satélites que puedan ir arrastrando, por un lado; la URSS y Polonia, por otro. Alemania no cuenta, como en 1914, con un frente sur - el de Italia -, ahora aliada, pero en cambio, y al revés que en 1914, los Estados Unidos, ahora ya primerísima potencia, se ponen, sin rebozo alguno, aún cuando con una neutralidad nominal, al lado de los enemigos de Alemania;
d) En última instancia, Polonia, que en la gigantesca partida de ajedrez político que se está jugando, representa un insignificante peón - pero un peón situado en el centro del tablero, es decir, importante por su ubicación - ha cambiado de bando, y ese ya aludido cambio de bando debe ser, en rigor lógico, multiplicado por dos, pues de "peón" aliado se ha convertido en "peón" adverso.
En una palabra, la situación ha cambiado radicalmente. No se trata ya sólo de que la Drang nach Osten ha sufrido un frenazo en su marcha; sencillamente, ha debido detenerse, pues en las coordenadas políticas del momento, Alemania no puede volver a entrar en una guerra de dos frentes, algo contra lo que ya se avisa perentoriamente en Mein Kampf. Diríase que la política de Stalin - desviar hacia occidente el rayo de la guerra aleman - la hacen los políticos anglo-franco-americanos que empujan a sus países hacia una situación de irreversible hostilidad contra Alemania. En efecto, el propio Stalin declara, sin rebozo, ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, que
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ataque imperialista fascista, bajo ciertas condiciones ".El 22 de Mayo de 1939, ante el Comité ejecutivo de la Internacional Comunista (Komintern), Stalin declara:
Khaganovich, cuñado de Stalin y tal vez el hombre de mayor influencia en el Politburó, le sucede en el uso de la palabra:
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Aún cuando Francia tenía un Pacto de alianza con la URSS, dicho Pacto era unilateral; es decir, París y Moscú se comprometían mutuamente en socorrerse en caso de enfrentamiento con una tercera potencia, pero no en caso de que ese enfrentamiento se realizara por el auxilio de uno de ambos a otra potencia. Es decir, Rusia se comprometía a apoyar a Francia en caso de guerra con Alemania por haber sido atacado por ésta, pero no porque Francia rompía las hostilidades con Alemania para honrar su pacto de asistencia mutua con Polonia. La URSS, por otra parte, tenía un pacto de Amistad y No-Agresión con Polonia, pero en dicho pacto no se preveían cláusulas militares prácticas, tales como, por ejemplo, las preveía el "cheque en blanco" anglo-frances, al estado polaco.Para dar una virtualidad práctica a los tratados que unen a Francia y la URSS por una parte y a la URSS y Polonia con otra, para ensamblarlos en un conjunto armónico y operativo, empiezan, el 14 de Abril de 1939, es decir, apenas tres semanas después del "cheque en blanco", unos contactos político-militares entre la URSS, por una parte, e Inglaterra y Francia, por otra.
Litvinow, el finísimo delegado soviético, pone una condición sine qua non: la autorización del paso de las tropas soviéticas sobre el territorio polaco y el territorio rumano. Es perfectamente lógica la pretensión soviética: si deben, los rusos, ayudar a los polacos y/o a los rumanos, lo primero que debe hacerse es permitírseles libremente el paso por los territorios a los que deben aportar su ayuda. Esto es muy lógico. Por lo menos, en el caso de Polonia, con quien los rusos ya tienen, en plena vigencia, un Pacto de Amistad y No-Agresión. El caso de Rumania es distinto: el único pro-británico, o pro-sionista en el país es el Rey Carol y una reducidísima camarilla. Pero ni siquiera el Rey Carol es pro-soviético. Rumania, cada vez más inclinada hacia Berlín, responde que no necesita ni desea la protección soviética y que, naturalmente, queda excluída la posibilidad de permitir el paso de tropas soviéticas por territorio rumano [249]. No así el caso polaco. Lógicamente, si Polonia cree de verdad en la vigencia de su pacto con la URSS, ¿ qué cosa más lógica que permitir el paso de sus futuros y eventuales protectores por su territorio ? Pero no: el Mariscal Rydz-Smigly -- que con Beck y Moscicki forma parte del triunvirato gobernante en Varsovia -- no quiere saber nada de tropas soviéticas penetrando en Polonia.
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Durante su estancia en Berlín, mientras finge una profunda amistad con alto jerarcas nazis, y concretamente con Goering, no cesará de alimentar la tesis de la "debilidad interna" del Nacionalsocialismo, de las tremendas diferencias entre el Partido y el Ejército [252] y de la impopularidad de Hitler. Los usos de la Diplomacia han querido siempre que los embajadores acreditados en un país -máxime en un país de primer rango- simpatizen, al menos, con la manera de ser y de estar de ese país, en una palabra, con su Cultura peculiar. Los ejemplos típicos abundan a docenas: ahí tenemos a Sir Walter Starkie, el primer hispanista de habla inglesa, embajador en Madrid, o de su predecesor, Sir Samuel Hoare, autor de monografías sobre personajes cervantinos; ahí está el caso de Monsieur Piétri, profesor de castellano en la Sorbona y embjador de Francia en Madrid; el Duque de Alba, anglofilo hasta la médula y con sangre inglesa en sus venas y embajador de Espada en Londres; al propio von Ribbentrop, uno de los que más influyó en la política pro-británica de Hitler y que, antes de llegar a Ministro de Relaciones Exteriores del Reich fue embajador en Londres; a Attolico, embajador de Italia en Berlín, apasionado de la música alemana (que ya es decir, para un italiano) y wagneriano empedernido.....
¿ Cómo es posible que un gobierno mande como embajador a un país poderoso y vecino, luego, potencialmente, enemigo [253] a un psicópata incapaz de discernir la realidad ? Por que, al menos para el Autor, Lipski es un psicópata -la precedente alternativa entre traición y estupidez la hemos planteado a efectos puramente filosóficos- pues un gobierno que se deja engañar durante cinco años por un embajador en un país vecino (y no de las Antípodas) tiene que estar formado, a su vez, por traidores o por estúpidos. En otro caso nos inclinaríamos por la tesis de la traición colectiva, pero para eso hace falta un grado de astucia e inteligencia impensable en los gobernantes polacos de la pre-guerra. Si algo nos consta es el hiper-patrioterismo de los líderes polacos de la época. Hiper-patrioterismo que les hace ver deformada la realidad. Un psicópata toma sus sueños por realidades. Lipski se cree todavía en Tannenberg, seis siglos atrás, en que la caballería polaca hizo trizas a los prusianos, y creo que esa victoria (la
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única, prácticamente, pues Polonia, el país europeo que, en razón a su tiempo de existencia oficial, más tiempo ha pasado en guerra, y siempre a acabado siendo aplastado por prusianos, rusos, lituanos, austríacos y suecos) va a repetirse en el conflicto, para él inminente e inevitable, entre alemanes y polacos. Se lo cree porque le gusta creérselo, algo muy humano, demasiado humano. Creemos, en verdad, que será difícil encontrar en toda la Historia un caso análogo de incompetencia política, de ausencia más flagrante de simple sentido como se manifiesta en la actuación de los políticos polacos desde que Francia impone la resurrección de Polonia en Versalles hasta que los soviéticos la convierten en un estado vasallo en 1945, Excusándonos por el inciso -que hemos considerado necesario- sobre la personalidad y actuación de Lipski, volvamos al instante en que ingleses y franceses, tras más de treinta ásperas conferencias, logran imponer a los polacos la aceptación del derecho de tránsito de los rusos por suelo polaco.Aceptación que se logra pese a la estimativa [254] de Rydz-Smigly, que sabe que si los rusos entran en Polonia, ya no saldrán de ella. Pero los políticos del Kremlin son mucho más largos y más finos que los occidentales. No les importa el tránsito libre por Polonia, o, más exactamente, no les importa sólo eso. Polonia es, para ellos, un objetivo secundario. Así, al obtener el solicitado derecho de tránsito por Polonia, Litvinow hace hincapié en la negativa rumana, en las reticencias polacas (que son ciertas) y en la fortaleza del Ejército Alemán, muy superior a lo que cree Gamelín, el Generalísimo de los Ejércitos Franceses, cuya frase
1) Derecho de libre tránsito de las tropas soviéticas por todo el territorio polaco, sin consulta previa con las autoridades de Varsovia.
2) Reconocimiento de que los tres estados bálticos, Estonia, Lituania y Letonia, forman parte de la " esfera de intereses de la URSS y que podrán integrarse libremente en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas".
3) En ampliación al punto anterior, libertad de tránsito del Ejército Rojo a través de esas tres pequeñas repúblicas.
4) Reconocimiento por las democracias occidentales de que Finlandia, a la que se define expresamente como "ex-provincia rusa", se halla en el mismo caso que los aludidos estados bálticos.
5) Reconocimiento, por parte de las potencias occidentales, del derecho de la URSS a " tratar libre y directamente con Rumania sobre la devolución de la provincia de Besarabia a la URSS".
6) Reconocimiento, por parte de las potencias occidentales, del derecho de la URSS a que "los estados limítrofes con la Unión Soviética tengan regímenes que no sean hostiles a la misma ".
7) Manos libres a la URSS para que "arregle sus diferencias con Turquía en la cuestión de Armenia".
8) Reconocimiento del derecho de la URSS a un acceso al Mediterráneo a través de los Dardanelos.
9) Asistencia diplomática de las potencias occidentales para que el Irán conceda a la URSS el derecho a la construcción de una carretera y un ferrocarril extraterritoriales hasta un puerto en el Golfo Pérsico, en el cual la URSS dispondrá de una Zona Franca.
10) Manos libres a la URSS para una "expansión colonial en Asia". No se especifican los territorios asiáticos a que alude la URSS, pero se supone que, como mínimo, se trata del Afghanistán y del Turkestán Chino.
Es decir, la URSS exige, para formar parte de la Cruzada de las Democracias contra Alemania, cuatro países europeos (Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia), dos asiáticos ( Afghanistán y parte de China), territorios en Rumania y Turquía, la salida al Mediterráneo
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conculcando para ello la soberanía turca en los Dardanelos; libre paso y zona franca a través del Irán hasta el Golfo Pérsico; derecho a ocupación militar sin consultar siquiera con las autoridades locales, en Polonia.....En una palabra: a las democracias occidentales, para que éstas puedan resistir a las demandas alemanas de construcción de una vía férrea y una carretera a través de territorio polaco y de un plebiscito en Dantzig, la URSS les exige, como precio de su ayuda: una vía férrea y una carretera a través del Irán, cuatro países europeos, dos asiáticos, porciones de otro país europeo (Rumania), de otro asiático (la Armenia Turca) y la seguridad de contar con regímenes afines (comunistas) en sus fronteras europeas. Aún más, al darse cuenta los soviéticos de las reticencias polacas a dejarles transitar por su territorio, cuando los polacos, presionados por Londres y París, se avienen, de muy mala gana, a ceder ante tal exigencia, entonces los soviéticos exigen que dicho tránsito pueda efectuarse sin previa consulta con las autoridades de Varsovia: en una palabra, los señores de Moscú imponen una verdadera ocupación militar.
Las peticiones soviéticas son tan absurdamente desmesuradas que las Cancillerías occidentales quedan perplejas, pero Roosevelt, a través de su embajador Bullitt [256] insta a los gobiernos inglés y francés para que las acepten.
Más cada vez que los occidentales dan muestras de acceder a las pretensiones de los soviéticos, éstos se descuelgan con nuevas demandas, ahora de tipo militar y estratégico. De toda evidencia, Moscú quiere alargar las conversaciones.
Londres y París, no se dan cuenta -o no parecen darse cuenta, o no quieren darse cuenta- que Moscú solo busca un pretexto para romper las conversaciones. Desde el 14 de Abril hasta el 24 de Julio de 1939, cada vez que los occidentales ceden ante una demanda del Kremlin [257] éste, impertérrito, presenta otra, esperando que ingleses y franceses no podrán aceptarla y que así podrán echar sobre los anglo-franceses la culpa del fracaso de las negociaciones.
En vano: arrojando al cubo de basura todo orgullo y toda dignidad, los negociadores occidentales lo van aceptando todo, incluyendo la tesis soviética de la "agresión indirecta" [258]. Cada vez que Chamberlain, harto de exigencias, quiere romper las negociaciones, Joseph Kennedy, embajador norteamericano en Londres
El 24 de Julio, el Coronel Beck, en un rapto de fugaz lucidez, comunica a Londres y a París que, contrariamente a lo que primero había prometido, no está dispuesto a dejar circular libremente, y sin consulta, a las tropas rusas por territorio polaco. Lord Halifax y Georges Bonnet suplican a Beck de que reconsidere su decisión y éste, en efecto, dice que consultará con su E