Al Sr. Berenbaum tuve la ocasión de recordarle algunos acontecimientos desastrosos
para la causa exterminacionista.
En 1968, en su tesis, la historiadora judía Olga Wormser-Migot había reconocido que
existía un "problema de las cámaras de gas" y había escrito que Auschwitz I estaba
"sin cámara de gas" (¡esta "cámara de gas" visitada por millones de turistas!)
[5].
En
1983, un británico, por otra parte defensor de la leyenda del exterminio, revelaba
cómo Rudolf Höss, antes de testificar ante el Tribunal de Nuremberg, había sido
torturado por miembros judíos de la Seguridad militar británica, y después había
confesado a fuerza de patadas, de puñetazos, de latigazos, de exposición al frío y de
privación de sueño [6].
En 1985, en el primer proceso de Ernst Zündel en Toronto, el testigo Nº 1, Rudolf
Vrba, y el historiador Nº 1 de la tesis exterminacionista, Raul Hillberg, se hundieron
ante el contrainterrogatorio llevado por el abogado Douglas Christie, al que yo asistí
[7].
En 1988, el historiador judio americano Arno Mayer, que afirmaba creer en el
genocidio y en las cámaras de gas, escribía:
"Sources for the study of the gas
chambers are at once rare and unreliable ... Besides, from 1942 to 1945, certainly at
Auschwitz, but probably overall, more Jews were killed by so-called 'natural' causes
than by 'unnatural' ones" (Las fuentes sobre el estudio de las cámaras de gas son, al
mismo tiempo, escasas y no fiables /.../. Dicho eso, de 1942 a 1945, ciertamente en
Auschwitz, pero probablemente también en todas partes, las causas llamadas
'naturales' mataron más judíos que las causas 'no naturales'" -subalimentacion,
enfermedades, epidemias, agotamiento)
[8].
En 1992 Yehuda Bauer, profesor de la Universidad hebrea de Jerusalén, calificaba de
"silly" (inepta) la tesis según la cual la decisión de exterminar a los judíos había sido
tomada el 20 enero 1942 en Berlín-Wannsee [9].
En 1993, J.C. Pressac evaluaba el número de muertos de Auschwitz (judíos y no
judíos) en un total de 775.000 y, en 1994, en una cifra comprendida entre 630.000 y
710.000 [10].
Este mismo año, el profesor Christopher Browning, colaborador de la Encyclopedia of
the Holocaust, declaraba: "Höss was always a very weak and confused witness" (Höss
siempre fue un testigo muy débil y confuso) y tenía el aplomo de añadir: "The
revisionists use him all the time for this reason, in order to try and discredit the
memory of Auschwitz as a whole" (Es por lo que los revisionistas lo utilizan todo el
tiempo, con el fin de tratar de lanzar el descrédito sobre la memoria de Auschwitz en
su totalidad) [11].
En Auschwitz, hasta el comienzo de 1990, todo el mundo podía constatar que, sobre
diecinueve placas de metal del gran monumento de Birkenau, estaba inscrito en
diecinueve lenguas diferentes que 4.000.000 de personas habían muerto en ese
campo; ahora bien, estas placas fueron retiradas hacia abril de 1990 por las
autoridades del museo de Auschwitz que, hoy todavía, no saben por qué cifra
reemplazar la cifra falsa ante la cual habían venido a inclinarse todos los grandes de
este mundo, comprendido el Papa Juan Pablo II.
En apoyo de su tesis, los revisionistas disponen de tres peritajes diferentes (F.
Leuchter, G. Rudolf, W. Luftl) e incluso del comienzo de un peritaje polaco; mientras
que los exterminacionistas no osan emprender un peritaje del arma del crimen.
Todos los supervivientes judíos de Auschwitz y, en particular, los "niños de
Auschwitz", es decir, aquellos que nacieron en el campo o que vivieron allí sus
primeros años, son pruebas vivientes de que Auschwitz no pudo ser nunca un campo
de exterminio.
No solamente no ha existido ni una orden, ni un plan, ni el menor indicio de una
instrucción o de un presupuesto para esta vasta empresa que habría sido el exterminio
sistemático de los judíos; no solamente no existe ni un informe de autopsia que
establezca la muerte de un detenido por un gas venenoso, ni un peritaje oficial del
arma del crimen, sino que tampoco existe ningún testigo de las cámaras de gas a pesar
de lo que algunos autores de best-sellers querrían hacernos creer.
En La Nuit (Night),
testimonio autobiográfico publicado en 1958, Elie Wiesel no menciona ni una sola
vez las cámaras de gas de Auschwitz; ¡dice que los judíos eran exterminados en
hogueras o en hornos crematorios! En enero de 1945, los alemanes le dejaron escoger,
así como a su padre, entre esperar a los soviéticos sobre el terreno o partir hacia el
corazón de Alemania. Tras madura reflexión, el padre y el hijo decidieron huir con
sus "exterminadores" alemanes antes que esperar a sus liberadores soviéticos. Esto se
encuentra con toda claridad en La Nuit, que basta leer con atención
[12].